02 febrero 2008

Buscando guerra

Por Liliana Fasciani M.

Esto es lo que pasa cuando el pueblo se equivoca, cuando vota con el estómago, con la bilis o con la hernia cerebral causada por las aparatosas decepciones. Peor aún cuando no piensa su voto. Aparece un guripa revoltoso y enciende la pradera. Después, no alcanza el Orinoco para apagar el fuego que devora y chamusca todo lo habido y por haber.

Decencia, respeto, conciencia…, solamente cenizas y humo negro. Deformados los valores, se invierten los papeles: los malos son los buenos, y viceversa. Rueda libre al desorden, al terrorismo, a la miseria. Tras las rejas del miedo se confina al inocente. La ignorancia, como es tanta y tan masiva, predomina y es rasero para igualar las desigualdades. La sabiduría resulta mala consejera porque perjudica el embrutecimiento.

Vista la situación desde su opuesto: es un pecado burgués ser muy faculto. El bien común y el propio exigen deshacerse de remilgos morales y de devociones religiosas, que únicamente sirven para ventilar culpas y abandonar la fe en el líder supremo. La libertad individual libera de ataduras mendicantes y desprestigia los favores del jefe. Cualquier aspiración, especialmente política, es una competencia desleal contra el siempre asfixiante incompetente, que impone respirar en el monóxido de sus carburaciones izquierdistas. A ver si por fin se enteran de que el cielo está en el infierno, y al revés. El imperio del mal queda al otro lado del Río Grande, allá donde huele a azufre y crujen los bolsillos de los condenados, según dice.

El reino de Dios, en cambio, tiene su sede en Cuba, una sucursal en Venezuela y una oficina de servicios especiales en la selva colombiana. No hay, pues, que dejarse adoctrinar por los demonios de la sensiblería, ni escudarse en la entelequia de los derechos humanos. El humanismo ya está bien representado en esa trinidad hamponil que no es un misterio, sino un ministerio sin ánimo de lucro, «bolivariano, beligerante y respetado» –comandante dixit–. La iglesia revolucionaria necesita expulsar de sus templos a los mercaderes, precisa vacunar a los infieles para propagar el catecismo socialista, el secuestro no es más que un retiro espiritual y el narcotráfico, un acto de caridad hacia los adictos... Puro canje bestiario.

En caída libre vamos, nosotros y los vecinos, con esta pandilla de bandidos que se afanan en arruinar a nuestros países y provocar un conflicto internacional con bélicas y sangrientas consecuencias. Cuando hablan tanto de paz, es porque están buscando guerra.

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