04 febrero 2013

Del Golpe de 1992 al Golpe de 2013



El 4 de febrero de 1992 en la madrugada un intento de Golpe de Estado nos arrancó del sueño, nos sacó de la cama y nos plantó frente al televisor para ver cómo un grupo de militares insubordinados se habían alzado contra el Gobierno constitucional del entonces Presidente Carlos Andrés Pérez. 

Recuerdo una tanqueta subiendo los escalones de la entrada del Palacio de Miraflores; recuerdo al golpista Jessy Chacón uniformado y con boina, acostado en el suelo con un arma apuntada a su cabeza cuando lo sometieron; recuerdo haber visto las imágenes que transmitían los canales de televisión de tanques de guerra en la ciudad, soldados con fusiles, gente corriendo, carros quemándose, aviones sobrevolando la capital, muros, puertas y ventanas destrozados a tiros, personas heridas, venezolanos muertos... Recuerdo a Carlos Andrés Pérez de pie en un escenario improvisado que tenía una cortina azul al fondo, cuando se dirigió al país para decir que todo estaba ya bajo control. Y después, mucho después, todos vimos al responsable de aquella insubordinación, al responsable de aquel caos terrible, al responsable de la muerte de más de un centenar de venezolanos; todos vimos al golpista principal, un teniente coronel de nombre Hugo Chávez Frías que vestía uniforme de campaña y boina roja, y al que le permitieron hablar ante los medios de comunicación, a las puertas del Museo Militar, para decir que "lamentablemente" los objetivos que se habían propuesto no pudieron cumplirse.




Y después, en 1994, todos esos golpistas, cuyas manos quedaron manchadas con la sangre de tantos venezolanos, fueron indultados por el entonces Presidente Rafael Caldera, a quien no se le puede perdonar que haya tomado la decisión más oportunista de su vida política en pleno ejercicio del poder.

Y después, en 1998, aquel teniente coronel golpista fue electo Presidente de la República a pesar de haberse alzado contra un gobierno legítimo y contra la Constitución, a pesar de tener en sus manos -aunque no en su conciencia, porque carece de ella- la sangre de más de cien venezolanos.

Y después, entre 1999 y 2012, aquel teniente coronel golpista investido de Jefe del Estado se esmeró en dividir al pueblo y en destruir el país.

Y hoy, 4 de febrero de 2013, 21 años después, aquel militar conspirador y golpista, habiendo sido reelecto, ya no es Presidente, porque está ausente del país desde hace casi dos meses, y no tomó posesión del cargo ni se juramentó. Así, pues, que no hay gobierno en Venezuela, sino un auténtico e incuestionable vacío de poder. Quienes se han impuesto de facto para llenar ese vacío son unos cuantos civiles que el 10 de enero de este año se alzaron contra la Constitución vigente apoyados por la Fuerza Armada Nacional y por el Tribunal Supremo de Justicia, y que aun habiendo cesado en sus funciones, usurpan actualmente el poder político en forma irregular e ilegítima. Por lo tanto, todas sus decisiones son nulas, completamente nulas, absolutamente nulas, impepinablemente nulas. Pero tal parece que tamaña irregularidad le importa a poca gente. Al 55% de los venezolanos no les importa; a los mandatarios de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Nicaragua no les importa; al Secretario General de la OEA no le importa.

Y a usted, ¿le importa?  

    

20 diciembre 2012

El árbol democrático

Foto de Jay Govind

¿Cómo habría que formular la pregunta que genera tantas y tan disímiles opiniones? ¿Por qué gano Chávez? ¿Por qué perdió la oposición? Debe de haber más de una manera de explicar lo que sucede en la conciencia de los venezolanos antes de acudir al centro de votación y en el momento preciso de ejercer el voto.
El resultado de la elección presidencial del 7 de octubre de 2012 dejó al descubierto una realidad político-social imposible de eludir, pero las elecciones regionales del 16 de diciembre de 2012 confirmaron que esa realidad está hecha de vicios. El problema, entonces, no es político, ni económico, ni social; el problema es moral. ¿Se estarán pudriendo las raíces de nuestro árbol democrático?

¿Cuál es la mayor fortaleza de Hugo Chávez?
La verdadera fortaleza de Chávez es él mismo. Después de casi cinco lustros en el poder, Chávez ya no se ve a sí mismo como una persona, sino como un personaje, y es así como lo ve también la mayoría de la sociedad venezolana, incluso desde algunos sectores de la oposición. Un personaje que está convencido de que debe realizar una misión heroica y cuyo fin último es abrirse lugar en una página de la Historia.

Enfocado en esa meta, Chávez se ha ocupado durante años en delinear las características de su personaje, que es, además, indiscutiblemente humano, dado que conserva sus rasgos naturales. Un individuo con cualidades y defectos, con pasiones y aversiones, compasivo en el amor, irreductible en el odio, con estados de ánimo variables, sin reparo para mostrarse colérico y soez cuando está alterado, o apesadumbrado y lloroso cuando está deprimido. De modo que Chávez aparece ante el país como alguien común y corriente, sobre todo porque despliega sus emociones, cuando lo políticamente correcto es que un gobernante sepa controlarlas en público.

La empatía entre Chávez y la mayoría de los venezolanos radica en que éstos lo consideran uno de los suyos. Él se parece en casi todo a la mayoría de la gente que lo apoya, ya sea porque se comporta como ellos, ya sea porque comparte sus debilidades, ya sea porque los mima o los regaña en el tono y con el lenguaje que ellos entienden, ya sea porque se hace el desentendido frente a la corrupción que, como suele suceder, beneficia más a unos y menos a otros. Quizá por eso le perdonan y justifican sus equivocaciones, que prefieren endosar a sus ministros, gobernadores y alcaldes. Chávez les agrada, les cae bien, les inspira confianza, les llama por sus nombres, les echa chistes, les cuenta cosas de su vida, les hace partícipe de su rutina familiar, y les habla de sus planes de gobierno con la misma fanfarria que emplearía cualquier vecino al comentar su idea de montar una bodega.

¿Por qué la mayoría votó por Chávez?
Dado que los electores no constituyen grupos homogéneos, conviene establecer ciertas categorías del voto, con el fin de explicar de algún modo razonable cómo entiendo que funciona el proceso de elegir a un candidato o de no elegir ninguno. Sin ánimo de adjudicarme el rol de sociólogo ni de psicólogo político, he elaborado cuatro categorías en las cuales encuadrar a la población electoral en general, que aplicaría igual en todos los casos, es decir, tanto para quienes votaron por Chávez como para quienes votaron por Capriles o por algún otro.

a) Voto estimulado
Llamo voto estimulado el que resulta de una decisión electoral basada en un estímulo emocional o racional, positivo (recompensa, beneficio) o negativo (pérdida, castigo).
En esta categoría incluyo a los electores que se identifican con Chávez, los que están convencidos de que él los toma en cuenta, los entiende, se interesa por sus problemas y conoce sus necesidades, los que tienen sembrada su esperanza en él y confían en sus promesas. Se trata de un vínculo personal y cuasi religioso en el que la ideología es un factor con poca o ninguna relevancia y la revolución no es más que un modo de cambiar el orden de las cosas. Son los que esperan pacientemente su turno en el sorteo de los beneficios procedentes de las Misiones y otros programas sociales. Son, también, los que no reconocen los errores de Chávez, los que no se atreven a criticarlo y tampoco admiten que otros lo critiquen. Son los chavistas de corazón, aman a su líder, rezan por su salud, lloran por sus padecimientos y creen devotamente en él, tal cual quedó evidenciado hace algunos años en aquel eslogan «Con hambre y sin empleo, con Chávez me resteo».

b) Voto militante
Denomino voto militante el que obedece a un proceso racional que define los principios, creencias y convicciones (morales, políticos, religiosos, etc.) afianzados en el individuo de tal manera que lo dirigen en todos los aspectos de su vida. En esta categoría incluyo a los electores que adhieren a las ideas políticas que propugna Chávez, ya sea porque militaron o militan actualmente en algún partido tradicional de izquierda, ya sea porque se han formado en la militancia del PSUV o de alguno de sus partidos satélites. A este grupo pertenecen los socialistas y comunistas que divulgan con encendida radicalidad las ideas de Marx, Lenin y el Ché Guevara, los utopistas y los idealistas de la nueva izquierda, los que anhelan realizar la revolución al estilo soviético, chino o cubano, los que están dispuestos a tomar las armas y piensan que se debe armar al pueblo para defender esta revolución. En fin, los chavistas ideológicos.

c) Voto comprometido
Entiendo por voto comprometido el que resulta de un compromiso asumido por disciplina partidista, o por obligación, o por temor a las consecuencias.
En esta categoría incluyo a los empleados de la Administración Pública (cuyo número alcanza a 2,5 millones de electores); a los militares, que a partir de la Constitución de 1999 tienen derecho a votar (la Fuerza Armada Nacional tiene entre 250.000 y 350.000 combatientes activos, incluidos los “reservistas” de la Milicia Bolivariana); a los beneficiarios de las Misiones y otros programas sociales; y a las personas que están relacionados, en forma directa o indirecta, con el Estado por medio de contratos de algún tipo. Son los electores que temen perder su empleo, su carrera, su prebenda o su contrato si no votan, o si votan por un candidato distinto del que Chávez propone.

d) Voto utilitarista
El voto utilitarista se concreta en función de una estimación de la utilidad, cualquiera sea su género, a partir de un ejercicio racional de análisis comparativo, en el que sin duda también influye el aspecto emocional, según sean las condiciones del entorno. En esta categoría incluyo a los electores que, independientemente de sus preferencias políticas, prestan atención a las campañas electorales de los distintos candidatos, ponderan las propuestas de cada uno, probablemente dudan de todos ellos, no se identifican especialmente con ninguno, y llegado el momento es posible que voten por aquel cuya oferta electoral haya logrado incentivarlos, o que voten nulo, o que sencillamente se abstengan de votar. El voto utilitarista se caracteriza, además, por ser un voto susceptible de cambio entre un evento electoral y otro; esta circunstancia lo aproxima a la categoría del voto estimulado, cuando el principio utilitario que rige la decisión del elector halla correspondencia en un estímulo determinado.
Suponiendo que mis categorías estén bien definidas, entonces es factible que los mencionados grupos de electores encajen en ellas; lo que no puedo asegurar es que todos los electores de cada uno de esos grupos hayan votado de acuerdo con tales premisas, porque es bastante probable que haya habido más de un voto transversal.

¿Cuáles fueron los motores de la campaña de Chávez?
Lo que impulsó la campaña oficialista fue una serie de motores alineados en perfecta formación: la indisimulada laxitud del CNE ante el uso ilegal de los recursos del Estado en la campaña del oficialismo y ante los excesos cometidos por el candidato y el partido oficialistas, la sumisión del Tribunal Supremo de Justicia en sus sentencias indiscutiblemente sesgadas, y la implacable ferocidad de los medios de comunicación del Estado. Si a todo esto se suma el dineral de las arcas públicas que se empleó descaradamente en propaganda electoral, repartición de bienes de toda clase -desde viviendas, dinero contante y sonante, y artefactos de línea blanca-, está claro que no hay manera de lograr una competencia equilibrada.

Aun así, pienso que Hugo Chávez no venció a Henrique Capriles con la holgura que aparentan los resultados; a su victoria se le ven las costuras. En un país cuya población electoral raya los 19 millones de ciudadanos, es un triunfo a medias que uno de los candidatos sea electo con 8.062.056 votos (55,14%) y que su adversario político haya obtenido 6.468.450 votos (44,24%). La sociedad venezolana continúa dividida, no sólo en cuanto a la cuestión política, sino en casi todos los demás aspectos, un ramaje de valores e intereses distintos y opuestos que en el transcurso de 14 años han puesto en peligro de extinción a nuestro árbol democrático.

Sin embargo, el candidato electo -por cuarta vez consecutiva- no ha tenido oportunidad de celebrar, como en los eventos anteriores, su victoria, debido a su mal estado de salud, que no le fue posible ocultar durante la campaña electoral y que hace apenas unos días admitió, in extremis, públicamente. Y también in extremis y hasta el 10 de enero delegó ciertas funciones en el Vicepresidente Nicolás Maduro. 

04 febrero 2012

Los niños son las armas de la revolución de Chávez

A la inocencia la visten de soldado
Los venezolanos tenemos que temblar de pena e indignación, de vergüenza y arrechera, de angustia y rebeldía al ver cómo el régimen personalista, militarista y autoritario de Hugo Chávez promueve y refuerza el poder de la violencia y el vejamen de la sumisión en todos los sectores sociales del país, sin control y sin límite, al extremo de involucrar hasta a los más pequeños, como esta niña que aparece en la foto vistiendo un uniforme militar de campaña y una boina roja, mientras hace un saludo militar.

La imagen fue captada por el fotógrafo Jorge Silva de Reuters en el acto que hizo hoy el gobierno para celebrar lo que nadie, en su sano juicio, puede considerar digno de celebración: la rebelión armada de un grupo de militares insensatos, la muerte innecesaria de soldados llevados bajo engaño a combatir contra sus propios compatriotas, el asesinato de civiles inocentes. Porque eso fue lo único que dejó el frustrado golpe de Estado el 4 de febrero de 1992 dirigido por Hugo Chávez y sus compañeros de armas. Eso, y un país desorientado que terminó de irse a pique cuando eligió como gobernante a un golpista.

Ahora, esta preciosa niña, en su más pura inocencia, desconoce por completo las implicaciones de todo tipo que tiene su disfraz. Desconoce, también, los planes que quizás sus padres, tan revolucionarios como el que más, tienen pensado para ella en las filas de la revolución, de otro modo no se explica que hayan uniformado así a su pequeña hija.

Miro con estupor esta imagen y confirmo cuán peligrosa es esa secta cuasireligiosa, cuyo terrible mensaje contra la Ley, la tolerancia y la paz, penetra en todas partes, en las calles y en los hogares, en las escuelas y en los parques, en la mente y en el espíritu de tantas personas, y los convierte en serviles multiplicadores y defensores a ultranza de un dogma amoral, antisocial y destructivo.

Hace algunas semanas, los medios de comunicación venezolanos publicaron unas imágenes que dieron la vuelta al país y al resto del mundo, donde aparecen niños -no adolescentes ni jóvenes, sino niños- menores de 10 años de edad, con los rostros medio cubiertos por pañuelos con insignas y, lo más grave, con armas de guerra en sus manos. Las fotos corresponden a la celebración de un acto organizado por un grupo que se hace llamar Colectivo La Piedrita y que se identifica con la revolución que lidera Hugo Chávez. En dicho acto estuvieron presentes nada menos que un sujeto "supuestamente" solicitado por las autoridades y un diputado oficialista.

Niños venezolanos con armas de guerra
El gobierno, a través de distintos voceros, entre ellos el Ministro de Justicia, Tarek Al-Aisami, en varias ocasiones ha declarado su preocupación al respecto, mas no porque el tipo sobre el que pesa una orden de captura se muestre tan campante a la luz pública, ni porque un parlamentario se deje fotografiar a su lado, y muchísimo menos porque una decena de niños hayan sido obligados a ponerse un pañuelo a modo de pasamontañas y a portar unos fusiles más grandes y pesados que ellos mismos. ¡No son esos los motivos de su preocupación!

En realidad, lo que ha molestado al gobierno ha sido la divulgación de las imágenes, los reportajes que sobre ellas han hecho los periodistas, las críticas que han suscitado en la opinión pública y la repercusión internacional que ha tenido la escandalosa noticia, porque ha puesto en evidencia uno de los objetivos más abyectos de Hugo Chávez y su descalabrada revolución: adoctrinar en el odio y la violencia a los más inocentes y cándidos, para asegurarse una próxima generación de incondicionales defensores de su proyecto.

Las verdaderas armas de guerra que prepara el régimen de Hugo Chávez para la defensa de su revolución no son las chatarras que les compra a los rusos, sino un montón de niños venezolanos a los que disfrazan de soldados para que empiecen a sentirse parte del gran escenario bélico, a los que se les pone un pañuelo en la cara para que empiecen a asumir la guerrilla como un destino, a los que se les prestan fusiles para que pierdan el miedo y aprendan a "jugar" con ellos.

¿Qué dicen los jueces de menores de este país? ¿Qué dice la Defensora del Pueblo? ¿Qué dicen las organizaciones no gubernamentales que defienden los derechos humanos de los menores de edad? ¿Qué dice la Comisión Interamericana de Derechos Humanos? ¿Qué dice Human Rights Watch? ¿Qué dice el Vaticano, la Conferencia Episcopal Venezolana y los curas de las parroquias donde viven esas criaturas? ¿Qué dicen los maestros de esos niños? ¿Qué dice usted? 

No vale la pena preguntar qué dicen los padres de estos inocentes, porque la respuesta de todos ellos es una sola, la que aparece nítidamente expresada en esas imágenes.



10 enero 2011

El paradigma Vogue y las víctimas de la moda

Parece que en la sociedad actual la infancia y la adolescencia son etapas de la vida contra las que se libra una lucha implacable y peligrosa. Los niños pierden bruscamente la inocencia frente al televisor y a la computadora, de los cuales absorben, como esponjas, todo cuanto ven y escuchan. Aprenden de sus héroes y heroínas, humanos y virtuales, cómo hablar, gesticular, vestirse y comportarse. Quieren ser como ellos. Y sus padres, que por diversas razones (ocupaciones laborales, compromisos sociales, cansancio, o negligencia) delegan en los programas televisivos y en los videojuegos buena parte de la formación de sus hijos sin el mínimo control sobre dichas herramientas, permiten y en muchos casos refuerzan esa imitación, sin ninguna recomendación al respecto.

Pero eso no es todo. Hay padres que persiguen con desesperación el éxito laboral o profesional para satisfacer, además de las necesidades domésticas básicas, otras ambiciones de confort y placer, sacrificando con otras personas y en otros espacios las horas que deberían dedicar a sus hijos en el hogar. Son padres que dan prioridad a la familia en términos materiales más que emocionales, convencidos de que dar cosas es más fácil y apreciado que dar consejos y cariño. Los chamos, que nacen con el chip de la manipulación hiperdesarrollado, se aprovechan del sentimiento de culpa de los padres para fortalecer sus exigencias personales, lo que equivocadamente se entiende como que están dispuestos a subsanar sus carencias con caprichos, cuando en realidad de ningún modo se sienten compensados.

El entorno justifica la construcción de estos sucedáneos del amor y la comunicación, pero asimismo modifica los valores. En la actualidad, las familias se desenvuelven en diversos estratos de sociedades altamente competitivas en todos los aspectos. Uno de los cuales tiene que ver con la apariencia personal. La búsqueda de la perfección anatómica, la dependencia casi adictiva de la moda, la imitación al calco de los iconos de pasarela, la importancia exagerada que conceden a los personajes del espectáculo y del deporte, son factores condicionantes de la personalidad y de un determinado modelo ideal de individuo cuya más admirable cualidad no es la inteligencia, ni la cultura, ni la moralidad, sino la belleza.

El culto, en algunos casos enfermizo, a la belleza arrastra sin contemplaciones a personas de todas las edades, exponiéndolas a situaciones incontrolables hasta la fatalidad, pues, hoy en día, la estima que un individuo tiene de sí mismo depende mucho más de su apariencia que de su esencia. El hombre y la mujer modernos invierten más tiempo y dinero en su aspecto físico que en su aspecto intelectual, si calculamos que media docena de libros cuesta menos que un vestido o unos zapatos de una marca determinada; y que una entrada al teatro o al museo también cuesta menos que un tratamiento cosmetológico; y que la matrícula de un año en alguna universidad privada cuesta algo menos que una cirugía plástica.

Las referencias dominantes son gente de la farándula: las mujeres quieren parecerse a Angelina Jolie, a Jenniffer López, o a Giselle Bundchen; los hombres quieren parecerse a David Beckham, a Brad Pitt, o a Cristiano Ronaldo. Los niños y los adolescentes crecen en medio del bombardeo mediático de tales influencias en la casa, en la escuela y en la calle, de manera que no tiene nada de raro que también ellos quieran parecerse a Miley Cyrus, a Shakira, o a los Jonas Brothers.

Las imágenes siguientes, aparecidas en la última edición de la revista Vogue París, no dejan lugar a dudas. Niñas de ocho años y medio vestidas, peinadas, maquilladas y posando como top models adultas. ¿Por qué no dejan que los niños sean niños? ¿Por qué se empeñan en enturbiar la inocencia? ¿Acaso esto no es abuso infantil?








24 diciembre 2010

Carta de Navidad

Yo quiero un verso azul en cada esquina
Y una canción de amor en cada plaza
Un beso de la boca que me inquina
Y una sonrisa de la que me amenaza

Lo que yo quiero es una calle abierta
Y una cafetería sin mendigos
Una mirada lúcida y despierta
Y un país sin pobres ni enemigos

Quiero una rosa blanca y no una espada
Un buen amor y una vida buena
Toda esta tierra fértil cultivada
Toda esta patria mía de paz llena

En esta carta-poema expreso lo que deseo para mi país y para cada uno de mis compatriotas, pero no solamente porque estamos en Navidad, aunque este año, desgraciadamente, no tenemos motivos para celebrarla, sino porque estamos en un momento de profunda crisis moral en el que necesitamos fortalecer nuestros valores para luchar contra los antivalores.

19 noviembre 2010

Así estamos en el país que tenemos

Abro los grifos y no sale agua corriente. Oprimo los interruptores y no encienden las luces. Me conecto a Internet y se interrumpe la conexión. Hablo por teléfono y se corta la llamada. Voy al supermercado y no encuentro los productos que busco. Entro en la web de alguna institución gubernamental y el enlace que requiero no abre. Intento entrar o salir de algún vagón del Metro y el gentío me lo impide. Recibo un mensaje en mi celular mientras voy en el carro y no puedo verlo sin correr el riesgo de un atraco. Viajo de una ciudad a otra en autobús y, a medio camino, la unidad se descompone. Ya no puedo viajar en avión de la capital a mi ciudad porque hace más de un año suspendieron los vuelos. Viajo por carretera y dudo mil veces antes de reducir la velocidad en las alcabalas o de surtir el tanque de gasolina. Si acampo en una playa o en un río, me asaltan, o me violan, o me matan. Si vuelvo a casa de madrugada, estoy loca de metra. Si camino por la calle a cualquier hora del día, tengo que llevar ojos hasta en la nuca. Si me visto a la moda, o calzo ciertas marcas de zapatos, o uso joyas, o conduzco un carro nuevo, estoy provocando al prójimo. Si necesito divisas para viajar al exterior, debo participar mi salida y mi retorno. Si gasto mi dinero en otro país, debo rendir cuenta de mis gastos. Si me quejo de la deficiencia de los servicios públicos, soy una sifrina. Si marcho en una manifestación, me agreden. Si digo lo que pienso, me insultan. Si voto contra el oficialismo, el gobierno me castiga. Si no voto, la oposición me critica. Si exijo que respeten mis derechos, se burlan. Si cumplo mis deberes, me tildan de gafa. Si voy a la policía a poner una denuncia, no me paran. Si denuncio a un funcionario público, me persiguen. Si se me cae el rancho, me abandonan en un galpón. Si compro un inmueble, me lo expropian. Si alquilo un apartamento, los reales no me alcanzan para pagar el canon. Si arriendo un apartamento, no puedo sacar al inquilino. Si tengo un negocio, el SENIAT me sanciona. Si solicito un préstamo en la banca privada, me lo niegan. Si solicito un préstamo en los bancos del Estado, no hay plata. Si voy a un hospital, no hay con qué asistirme. Si tengo que hacer un trámite burocrático, me devuelven cien veces por falta de algún requisito. Si estudio en una institución pública, me adoctrinan. Si busco empleo en el sector público, me preguntan sin firmé. Si trabajo en una oficina pública, me obligan a inscribirme en el PSUV. Si trabajo en una empresa privada, me dejan en la calle en cuanto la confiscan. Si soy mensajero, me roban la moto. Si conduzco un carro, las motos se me atraviesan. Si soy peatón, ni los motorizados ni los conductores me ceden el paso. Si soy taxista, me asesinan. Si soy pasajera, me asaltan. Si vivo en la indigencia, me ignoran. Si vivo en la opulencia, me extorsionan. Si soy de clase media, me secuestran. Si soy político, me acusan de corrupta. Si soy apolítica, me acusan de ni-ni. Si ejerzo un cargo público, dudan de mi competencia. Si renuncio a un cargo público, me enjuician por desleal. Si me destituyen de un cargo público, me envían de embajadora a alguna parte. Si soy diputada oficialista, me dictan la plana. Si soy diputada opositora, no me dejan hablar. Si soy juez y sentencio a favor del gobierno, me ratifican en el cargo. Si soy juez y sentencio ajustada a Derecho, me meten presa. Si soy juez y difiero las sentencias, me jubilo con el máximo sueldo. Si soy ministra y obedezco siempre al jefe, ocupo todos los ministerios. Si soy ministra y doy mi punto de vista, me regañan públicamente. Si soy una ministra competente, me relegan. Si soy una ministra incompetente, me premian. Si soy gobernadora o alcalde del oficialismo, el gobierno central llena mis arcas. Si soy gobernadora de la oposición, no recibo ni medio del gobierno central. Si juro patria, socialismo o muerte, soy militante, miliciana y militar. Si no juro, soy una traidora. Si siendo militar me caso con el jefe y su revolución, me ascienden a general en jefe. Si me cago en la revolución del jefe, la fiscalía general me imputa... y me encarcela.






24 octubre 2010

Adán, Eva y el Leviatán

Pensaba que sí, que son tiempos raros o, como dijo alguien, tiempos "maleducados", que la sociedad moderna -¿postmoderna o submoderna?- centrifuga sus conflictos políticos, sus rollos mentales y sus ratones emocionales en una misma olla de presión; que el estruendo de la música, de los discursos y de las balaceras apaga la voz del corazón y solivianta los niveles de tolerancia de la psiquis, en un remolino cuya espiral se traga hasta la mínima sensación de éxito. Los terrícolas de hoy quieren ser famosos, poderosos, invencibles. Y ya sea porque lo intentan y lo consiguen, o porque lo intentan y no lo logran, o porque ni siquiera se atreven a intentarlo, joden a otros y se joden a sí mismos. ¡Pum! ¡Zuás! ¡Caput!

Suponía que entre Ifigenia (una niña decente) y Lady Gaga debía de haber una brizna en común, una pestaña al menos, aunque fuera una sola, a través de la cual ambas miraran hacia un mismo punto en cualquier dirección. Después de todo, Ifigenia se aburría bárbaramente y Lady Gaga se aburre también, bárbaramente. Pero me he dado cuenta de que el aburrimiento no es, en absoluto, un estado anímico, sino una condición del orden social que apretuja y despelleja el alma.

Entonces tiene mucho sentido que el ser humano se aburra con frecuencia y recurra al ruido para no pensar, que Dios sea un problema de Estado y la causa preferida de los soldados del mundo, que no haya un rincón en la Tierra donde se respire un átomo de paz, que la anorexia sea un modelo de belleza y el crimen un método anticonceptivo, que el "Leviatán" de Hobbes se haya convertido en un gigante idolatrado y el "Contrato" de Rousseau en poesía ornamental.

Creía que era yo, que me había tocado nacer en la época equivocada, vivir en el país equivocado, pertenecer a la especie equivocada. Ahora sé que estaba equivocada. La culpa de que el mundo esté hecho mierda la tienen Adán y Eva.

13 junio 2010

A prisión, en prisión...Todos presos

En el título de este artículo, la única diferencia entre las preposiciones "a" y "en" es meramente semántica: "a" significa hacia y "en" significa dentro. La oración completa es el reflejo de la situación en que vivimos los venezolanos. El país entero es una cárcel con calabozos de todo tipo: penitenciales, mentales, emocionales, laborales, familiares, sociales. Todos estamos en prisión, sólo que algunos lo están más que otros.

Los presos políticos están en celdas de 2 x 3 metros cuadrados, sin derechos, sin libertad, sin luz natural y algunos de ellos con condenas injustas e insólitas, mientras los otros esperan indefinidamente una audiencia o una sentencia.

Los demás que, aparentemente, permanecemos fuera, en realidad, también estamos dentro, ya sea en casas enrejadas, en comercios enrejados, en oficinas enrejadas, en centros comerciales enrejados, en escuelas, liceos y universidades enrejadas, en campos deportivos enrejados, en sitios nocturnos enrejados, en hospitales y clínicas enrejadas, en templos religiosos enrejados, en abastos y supermercados enrejados, en hatos y granjas enrejadas, en hoteles enrejados, en cafeterías y restaurantes enrejados, en parques y plazas enrejadas, hasta en playas enrejadas...

En este último grupo no son pocos los que están en la mira del Presidente y sus esbirros quienes, tarde o temprano, harán cualquier cosa, desde inhabilitar hasta crear delitos, por llevarlos hacia las celdas donde no penetran los rayos del sol, ni la Ley, ni la justicia.

Quien crea que porque no se mete en vainas, ni critica al gobierno, ni marcha en las manifestaciones, ni expresa lo que piensa, ni vota en las elecciones tiene su libertad garantizada, comete una garrafal equivocación. El silencio y la neutralidad son cárceles mucho peores que las de concreto y acero.

Por otra parte, también son cárceles las limitaciones cotidianas, como el racionamiento de electricidad y de agua, el desabastecimiento, la criminalización de las protestas, las expropiaciones-confiscaciones, la indisponibilidad del dinero propio para adquirir divisas, las alcabalas en las carreteras, la impunidad ante la inseguridad, las cadenas presidenciales...

27 millones de venezolanos somos prisioneros de la arbitrariedad de un solo hombre, pero seguimos pensando que, como aún podemos hacer algunas cosas, vivimos en libertad.

Y usted, ¿se siente bien en prisión?


05 mayo 2010

Régimen militar, ni zurdo, ni diestro

Hay un interesante debate en uno de los foros de Noticiero Digital acerca de los éxitos y los fracasos de la dictadura perezjimenista, la democracia puntofijista y el actual régimen militarista-comunista. Para quienes tengan interés en conocer las opiniones allí expresadas, el foro se titula ¿Por qué la juventud admira al General Marcos Pérez Jiménez?

La mayor parte de los libros de Historia y de los testimonios de quienes disfrutaron y de quienes padecieron la miel y la hiel del régimen de Pérez Jiménez, dicen que fue un dictador, como todos los dictadores de América Latina y de cualquier otro país en el mundo, insensible y ajeno a los derechos de los ciudadanos, que suprimió las libertades, que persiguió, encarceló, torturó y asesinó a cantidad de disidentes, y que al ser derrocado, el 23 de enero de 1958, huyó en un avión llamado "La vaca sagrada" con una maleta llena de dinero.

De la lectura de esos libros, de las expresiones de tantas personas y de buena parte de la infraestructura que me rodea y de la que me sirvo, deduzco que su visión del país que quería construir, su resolución para ejecutar obras de gran envergadura y su determinación para enrumbar a Venezuela hacia el progreso, sólo es comparable a la visión y determinación del "Ilustre Americano", Antonio Guzmán Blanco, quien, al margen de sus excentricidades, importantísimos aportes hizo en su momento.

Por su parte, la democracia puntofijista, pese a sus múltiples fallas y vicios, durante la primera mitad de su periodo realizó diversas obras en todo el territorio nacional, pero lo más relevante, en mi opinión, es que nos permitió vivir en condiciones más amplias de libertad individual y entender el valor del sufragio en tanto que expresión de nuestras decisiones políticas.

En poco más de una década del régimen autocrático actual, ya deberíamos saber cuál es la diferencia entre un gobierno democrático imperfecto y una dictadura militar, sea ésta de derecha o de izquierda.

Ambos militarismos persiguen, encarcelan, torturan, desaparecen y matan si se les resiste políticamente, pero mientras el militarismo comunista, además, empobrece a las personas, destruye materialmente al país y moralmente a la sociedad, el militarismo capitalista suele garantizar el derecho a trabajar y a generar riqueza, mediante la estimulación de la producción y el impulso industrial.

En algunos casos, el militarismo de derecha monumentaliza su poder ejecutando grandes obras de infraestructura y ornamento público; el de izquierda, monumentaliza la figura del líder desdeñando la capacidad del individuo y colectivizando el miedo y la miseria.

Frente a las opciones que hoy día se me presentan, no dudo en afirmar que prefiero un gobierno democrático falible, pero perfectible, que un régimen castrense y castrador casi perfecto, indiferentemente de que sea zurdo o diestro.

Plugo porque NUNCA MÁS un militar, activo o retirado, ni por medio de la fuerza, ni por la vía electoral, vuelva a ser Presidente de mi país.

13 abril 2010

Razones para quedarme... o para irme

Por mucho que intento no hacer caso a las continuas ocurrencias del dictador (entendiendo por tal: "En la época moderna, persona que se arroga o recibe todos los poderes políticos extraordinarios y los ejerce sin limitación jurídica / Persona que abusa de su autoridad o trata con dureza a los demás", según el DRAE), no hay manera de que me sustraiga de ellas, porque son inmediatamente legisladas, judicializadas y ejecutadas con asombrosa diligencia por sus subalternos.

Al menos yo, cada día me siento más restringida en mis acciones y en mis expectativas de progreso personales, profesionales y económicas. Gracias a Dios, la impotencia frente a las arbitrariedades e injusticias, lejos de paralizarme, causa en mi el efecto contrario. Sin embargo, no es fácil derribar los ingentes límites que me rodean. Empiezo a sentirme asfixiada y hasta a lamentar haber tomado ciertas decisiones (enseñar Derecho en un país donde ahora rige una dictadura), o no tomar otras (marcharme del país), o apostar a la suerte (suponer que hallar una luz al final del túnel depende de un evento electoral completamente impredecible). Mi intuición me dice que en alguna parte hay un error.

Lo habrá, en todo caso, si el oficialismo obtiene la mayoría en la Asamblea Nacional ,o si en 2012 este gobierno no es relevado por otro distinto.

Cuando veo que el régimen está adoctrinando a niños, adolescentes y jóvenes en la ideología del odio y la exclusión, y con ellos se crean "Comandos de Guerrilla Comunicacional"; cuando veo que uniforman y arman a campesinos, obreros, desempleados, jubilados y hasta a indigentes y los concentran en contingentes "milicianos" y "reservistas"; cuando oigo al dictador impartir órdenes de "armar al pueblo" y sé que ese "pueblo armado" es uno del cual no formo parte y que, además, no sólo me desconoce como ciudadana, sino que me considera "el enemigo"; cuando tomo conciencia de que vivimos en un campo minado, donde la muerte nos pisa los talones, y es esa nuestra única certeza; cuando entiendo que no tiene sentido hacer planes para más allá de una semana, porque a diario hay un terremoto de resoluciones que nos deja colgando de la brocha; cuando me doy cuenta que casi siempre llegamos demasiado tarde o que casi nunca estamos donde deberíamos estar para impedir las violaciones de nuestros derechos; cuando descubro que quienes fungen de líderes y defensores de la democracia, están fingiendo hacer más de lo que hacen y menos de lo que todos esperamos, mientras el verdugo de la patria nos rebana en pedacitos y nos lanza al foso de los desahuciados (entendiendo por desahucio "quitar a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea", según el DRAE), recuerdo que mi intuición raramente se equivoca.

Entonces, ¿para que enseño algo que no existe más que en el papel?, ¿por qué no lío mis bártulos y me voy? Quizás porque cada una de aquellas situaciones es una razón suficiente para que albergue alguna esperanza de que mi pueblo despierte del letargo, se sacuda el hechizo y, aunque nada más sea con la última neurona sana que le quede, entienda que ese hombre, enajenado y perverso, que maldice, insulta y castiga a su capricho, le está haciendo más daño que bien al país; que con armas no se levanta un pueblo, más que para matar o morir; que con odio no se atan lazos de amistad, sino cadenas; que con miedo no se inspira respeto, sino desconfianza; que con dinero se compran intereses, pero nunca nobleza.

Quizás porque en las noches o en la madrugadas, cuando me voy a dormir, no dejo de pensar en el sacrificio de los hombres y mujeres que, a la misma hora en que escribo estas reflexiones y a la misma hora en que tú las lees, están en la oscuridad de un calabozo, solos y lejos de los suyos, sufriendo toda clase de necesidades, privados de su libertad por defender la nuestra, privados de sus derechos por cumplir con su deber.

Es esa minúscula, pero poderosa esperanza -que tanto dolor al fin valga la pena- la que todavía me mantiene dentro de estos linderos. Es la afirmación galleguiana acerca del llamado de la tierra la que resuena en mi cabeza todo el tiempo. Y debe de ser cierta, porque es la savia de esta amada tierra la sangre que corre por mis venas y son sus raíces el cordón umbilical del que jamás desearía desprenderme.

Si tuviese el talento creativo de Zapata, de Rayma, o de Edo, intentaría representar gráficamente la noción de esperanza.

07 abril 2010

La lluvia y la montaña




Llueve con cierta timidez. Una garúa lenta y silenciosa cae sobre la ciudad como si quisiera pasar desapercibida. El Ávila se ha puesto una capa neblinosa y húmeda sobre sus espaldas. Acaso intenta protegerse del fuego. Quizás desea conjurar los maleficios que incendian su frágil monumentalidad y despellejan su piel arbórea. La montaña le teme -y con razón- a la candela, porque chamusca sus poros, seca sus venas, asfixia sus pulmones, destruye su belleza y la transforma en una inmensa mole cenicienta y yerma.


Un helicóptero-cisterna no basta para apagar las llamas devoradoras que asolan extensiones de su cuerpo y aniquilan la vida que late en sus entrañas. El esfuerzo de unos cuantos bomberos valientes y arrojados apenas consigue aliviar su trepidante dolor.

El centinela gigante y silencioso de Caracas es un ser indefenso ante la inconmensurable agresividad humana. La lluvia es su única aliada. Sólo el agua del cielo puede salvarlo. Pero es toda nuestra la responsabilidad de sembrar conciencia acerca de cómo cuidarlo.








18 marzo 2010

El futuro se oculta detrás de una nube


Es difícil la vida en medio de un conflicto, sobre todo cuando éste se ha hecho permanente. Trato de mirar hacia delante y lo que veo es una densa neblina de incertidumbre cubriendo el horizonte. Supongo que lo que hay detrás debe de ser mejor o, al menos, distinto, porque al otro lado de esa inmensa nube está el día siguiente, el mes próximo, el futuro. Y resulta que ahora no sé nada al respecto. Ni siquiera consigo convencer a mi imaginación de que realice un ejercicio hipotético de opciones, de estimación de probabilidades. Desde donde estoy ahora, todo a mi alrededor es blanco o negro. Los matices han desaparecido.

Planificar, en estas condiciones, es una estupidez. El plan más ambicioso apenas alcanza hasta un par de semanas. No hay manera de extender el plazo, porque no es posible saber cuántas cosas habrán cambiado en ese breve tiempo. En un país sin estabilidad de ninguna naturaleza, es temerario apostarle al éxito de una meta cuya realización depende más de circunstancias externas que de uno mismo. Asumir compromisos que comportan obligaciones y responsabilidades (comprar un inmueble, emprender un negocio, invertir en activos, mantener el patrimonio, aumentar la familia, estudiar una especialización...) es asumir el riesgo de ser afectado, directa o indirectamente, por decisiones políticas y judiciales que transforman y, con frecuencia, trastornan lo social y lo económico en nuestra vida.

Algunos de mis amigos se han dado cuenta de esto y han enviado a sus hijos a otros países. Esa es una de las pocas decisiones que -todavía- les pertenecen. Lo que para ellos representa un sacrificio personal, familiar y económico, significa para los más jóvenes una oportunidad de conocer otro estilo de vida, de formarse académica y profesionalmente con otros principios, de madurar como seres humanos con otros valores, de lograr la independencia mediante la responsabilidad de sus actos y, fundamentalmente, de disfrutar la libertad fuera de los linderos del miedo, la censura y la represión. ¡Ojalá entiendan cuán afortunados son! Porque la mayoría de los adolescentes y jóvenes venezolanos no tiene la posibilidad de vivir una experiencia semejante.

Si lo que debería mantenerse estable sigue cambiando y lo único que debería cambiar se mantiene estable, el futuro de quienes permanecemos aquí en casi nada se diferenciará de nuestro presente.

16 octubre 2009

Una experiencia difícil

Estar "aquí y ahora" tecleando en mi apreciada Robotina es casi un milagro. Lo digo porque podría no estar aquí ahora, sino en algún hospital, o clínica, o módulo de Barrio Adentro, o en la morgue -¡Dios me proteja!-.

Esta mañana, cerca del mediodía, circulaba en mi carro por la autopista Francisco Fajardo, a la altura del Parque del Este, en un tramo donde, generalmente, el tráfico se congestiona y apenas es posible avanzar a más de 0,5 kms. por hora. De repente apareció un motorizado zigzagueando velozmente entre mi auto y otro que se hallaba casi detenido a mi derecha. El motorizado sorteó el angosto espacio y, sin reducir la velocidad, atravesó por delante de mi carro justo cuando yo me disponía a avanzar unos metros más en la cola.
Su maniobra me tomó por sorpresa, así que le di un toque de bocina. Un gesto más bien instintivo para llamar su atención acerca de su abusivo comportamiento. Un breve y único toque de bocina que, en mi opinión, ni daña ni ofende. Pero esta mañana me vi obligada a cambiar esa opinión, porque el motorizado se dio por aludido, frenó en medio de la autopista, se volvió de medio lado desde el asiento de su moto, se abrió la chaqueta de blujean y se llevó la mano izquierda a la culata de un arma que llevaba en la pretina del pantalón.
Por un instante, la vida se congeló dentro de mi. Cuanto me rodeaba, desapareció completamente hasta el instante siguiente, cuando el motorizado torció una sonrisa burlona y aceleró de nuevo para irse.

Gracias a Dios, puedo compartir esta desagradable experiencia con ustedes. No con la intención de sumar un ejemplo más a sus muchos motivos para sentir miedo en un país atormentado por la inseguridad, sino para invitarlos a reflexionar juntos acerca de las acciones y reacciones que, en un momento dado, pueden provocar nuestra desgracia o salvarnos la vida.

Conviene que estemos conscientes de nuestra vulnerabilidad, porque es el estado actual en el que todos convivimos. La vulnerabilidad afecta a unos y a otros de distintas maneras. A los motorizados, porque se sienten rechazados; a los delincuentes, porque se sienten envalentonados; a los conductores, porque se sienten agredidos; a los pobres, porque se sienten ignorados; a los ricos, porque se sienten envidiados; a los oficialistas, porque se sienten apoyados; a los oposicionistas, porque se sienten excluidos; a los ninis, porque se sienten criticados; a los políticos, porque se sienten acorralados; a los estudiantes, porque se sienten perseguidos; en fin, a la sociedad toda, porque se siente impotente frente al peligro, a la arbitrariedad y a la impunidad.

Vivimos en un país donde la ley se aplica a discreción de la autoridad. Somos parte de un pueblo que intenta sobrevivir a la deriva de sus emociones. En estas circunstancias, la racionalidad -y no el racionamiento de lo racional- es lo que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.


10 octubre 2009

El Estado, el Gobierno y el Pueblo

Por Liliana Fasciani M.


No me explico por qué insisten en hablar constantemente de los problemas del país, en enunciarlos una y otra vez, en referirse a ellos como si se tratara de problemas nuevos, recién surgidos, como si hicieran hallazgos inéditos, cuando en realidad llevamos con ellos tanto tiempo que forman parte de nosotros. Ni el gobierno ni la oposición han aprendido, en todos estos años, a pensar en esos problemas como suyos también. Siguen refiriéndose a ellos en tercera persona, como si pertenecieran solamente a los demás e insisten en explicar las causas en vez de buscar las soluciones.

Diría que el más grave de todos los problemas es no pensar en ellos como fenómenos sociales que debemos solucionar, sino como meras consecuencias de las acciones y omisiones gubernamentales –del pasado y del presente– frente a la degeneración de los valores morales. El problema es, por tanto, que no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo para ejecutar las soluciones, lo que hacemos es dar vueltas alrededor de los problemas, como si con enunciarlos conjuráramos un maleficio.

En vez de buscar culpables o de culpar a otros, el paquete discursivo debe contener propuestas y convocar a los ciudadanos a trabajar por éstas. Si en su resbaladiza retórica los políticos se abstuvieran de señalar a otros con el dedo, de fanfarronear, amenazas y dirigir un coro de eslóganes estériles, si en cambio plantearan sus puntos de vista acerca de cómo y cuándo resolver tal y cual problema concreto, si con toda claridad gobierno y oposición admitieran que solos no pueden llevar a cabo semejante empresa; si en su larga y tediosa espera por una ayuda o por un milagro, el pueblo asumiera su cuota de responsabilidad ciudadana, es probable que llegara a sentirse motivado para participar en el esfuerzo, porque tendría conciencia de que el goce de sus derechos depende del cumplimiento de sus deberes y apreciarían que se les tratara como adultos capaces y no como minusválidos sociales.

Salvo unos pocos concejales, alcaldes y gobernadores que arañan a duras penas sus exiguos recursos y han logrado el respaldo de sus comunidades para realizar un trabajo conjunto, el resto del país se descalabra ignominiosamente.

Las soluciones a la mayoría de nuestros problemas no las tiene el Estado, las tenemos nosotros. El Estado lo que tiene es dinero, pero la riqueza petrolera no es para repartirla graciosamente, sino para reinvertirla y distribuirla a través de servicios públicos de calidad, oportunidades de estudio, fuentes de empleo, seguridad y desarrollo. Seremos auténticamente libres e independientes cuando el gobierno propicie las condiciones necesarias para que las personas tomen sus propias decisiones respecto de cómo desean vivir y qué quieren hacer para mejorar su calidad de vida. Seremos un país autónomo y próspero cuando los esfuerzos particulares de los ciudadanos encuentren respuesta adecuada en los esfuerzos del gobierno por garantizar a la colectividad los mismos derechos y exigir las respectivas bligaciones. Pero mientras se pretenda hacer del Estado un monstruo omnipotente y omnisapiente, desbordado en su capacidad y en sus atribuciones, el pueblo seguirá siendo una masa informe y desordenada de hombres y mujeres sin incentivos, sin bienestar y sin responsabilidad

08 junio 2008

Políticos de micrófono y camarita

Por Liliana Fasciani M.

Aunque la política se desarrolle, en parte, con reglas propias de juegos, no es un juego. La vida de un país, de los ciudadanos de un país, no debe jugarse en la ruleta de la suerte. La competencia electoral no es un maratón en el que los corredores mojan sus camisetas para marcar un récord y recibir un premio con que decorar la sala de la casa.

La política es uno de los oficios más serio y de mayor responsabilidad que existen. Es, además, un arte. No cualquiera tiene el talento y la habilidad para dedicarse a ella con éxito. Por eso, no todos los que "hacen" política, "son" políticos. Por otra parte, es impensable dedicarse a la política y, simultáneamente, negar que se quiere hacer o que se está haciendo política.

Ciertas características especiales debe tener quien decide hacer de la política su oficio. Entre las principales figura ser un buen ciudadano; conocer la Historia, las costumbres y tradiciones, las leyes y, sobre todo, los problemas del país; tener un genuino interés por la gente y sentir el deseo de ser útil; tener un ideal y, si es posible, una ideología, pero mejor aún es tener ideas buenas y ejecutables. Las ideas acerca de lo que conviene hacer para resolver los problemas y satisfacer las necesidades de una sociedad aparecen cuando se piensa el país, mediante el análisis de su situación, el diagnóstico de sus causas y el avalúo de sus consecuencias.

Sin embargo, ese conocimiento del país es dudoso en un político que no mantiene contacto con la gente, que no entra en los pueblos, en los barrios, en los hogares, que no utiliza alguna vez los servicios de un hospital, que no asiste en alguna ocasión a las clases de una escuela pública, que no es usuario de los autobuses y del metro, que no hace la compra en un mercado municipal, que no pone una carta en la oficina de correos, que no hace cola para renovar la cédula de identidad o el pasaporte, que no se come un perro caliente en cualquier esquina, que no reclama por un error en la factura telefónica, que no se ve obligado a llenar el tanque de agua de su casa pagando al conductor de un camión cisterna, que no camina sin escoltas por los callejones de alguna zona roja, que no se ve afectado por el aumento del precio de la carne, en fin, hay que dudar de cuánto sabe un político que se entera de la realidad solamente a través de los medios de comunicación.

En Venezuela, la política hace tiempo dejó de hacerse en la calle; ahora se hace en la televisión y en la radio. A cuenta de que son medios que penetran en la mayoría de los hogares y de los vehículos durante más horas de las recomendables, el set de televisión y la cabina de las emisoras son los escenarios de acción y atracción de los políticos actuales.

La calle ya no son "las calles", sino un espacio determinado, cuidadosamente seleccionado, reservado para presentaciones puntuales -marchas y manifestaciones- estratégicamente organizadas, previo cálculo de las probabilidades. La calle ya no son los campos, los barrios, los caseríos, las urbanizaciones, los parques y plazas, ni siquiera las universidades. Se teme a los delincuentes y a los fanáticos, lo que justificaría, en cualquier caso, la prudente decisión de no entrar en ciertos territorios, porque aunque siempre ha habido delincuentes y fanáticos en todas partes, hoy en día son mucho más numerosos y, también, mucho más violentos.

Sin embargo, hay formas de contrarrestar esa amenaza y de vencer la inseguridad, como lo han demostrado algunos políticos cuando les ha parecido oportuno y conveniente penetrar en las zonas de alto riesgo.

La evidente complicidad entre desidia oficial e inseguridad

Por Alberto Baumeister Toledo

Me voy a referir hoy a algo que resulta imposible o inimaginable creerlo, salvo que estemos viviendo en la insólita Venezuela y bajo el perverso gobierno que dice guía los rumbos del país y ha demostrado la mas absoluta incapacidad para hacerlo siquiera medianamente bien, no obstante contar con los mas grandes recursos económicos en la historia de Venezuela.

Desde ya hace meses vienen acaeciendo en la ciudad de Caracas hechos y denunciándose públicamente atrocidades delictuales que toman forma recurrente, planificada, y repetida, de modo tal que ello ocurre así, en tanto el hampa común segura está que la lenidad de la autoridad en nada obstaculizará sus desmanes, o que ella forma parte veladamente de las mismas organizaciones que preparan y ejecutan dichos actos.

Se habla en el día a día de la prensa, no precisamente mediática ni desestabilizadora que hay zonas, lugares y procedimientos hamponiles que ocurren a la luz del día, repetitivamente y cada vez con mayor incremento en zonas tales como los túneles de la autopista a La Guaira, la zona de la autopista frente a San Agustín, Cota Mil, etc. Ya es tal el desmadre y desorganización policial, que no hay miramientos en cuanto a las horas en que suceden los hechos, al contrario, pareciera mejor que los mismos se acometan a la luz del día, en pleno despelote del tráfico infernal que ahora nos agobia también por la insensatez y desidia de la autoridad, pues con ello se facilitan la escapada y ocultamiento de los delincuentes.

No puede caber en ninguna cabeza humana que a pesar de conocerse el lugar y técnicas con las cuales se realizan tales hechos delictivos la autoridad no tome medidas de especie alguna para proteger a la ciudadanía y reencauzar el orden público. Por el contrario, se puede predecir sin posibilidad de errores, que tales hechos incrementaran en volumen y técnicas, con la seguridad de que nadie los impedirá.

Añádase a todo lo dicho que el sistema de atraco, secuestro, o vandalismo en el pobre y abandonado Estado Vargas, ocurre con motivo y en atencion a la presunción de que las víctimas, turistas o recién reingresados al país, por el Puerto y Aeropuerto Principales de Venezuela, vienen con dinero y mercancías suficientes para abastecer el apetito de los delincuentes.

Como es de esperar, las víctimas, turistas a visitantes, al fin y al cabo, ajenos a que en este país los nacionales ya estemos acostumbrados y somos tolerantes con las fechorías de gobierno y delincuentes, ni pueden entender ni lograr asimilar estas aventuras y simplemente abandonan Venezuela como destino turístico y así lo trasmiten a sus con-nacionales o viajeros frecuentes que conozcan.

Venezuela tiene una desgracia de gobierno, pero mayor desgracia aún tiene el Estado Vargas, al cual, “Don Regalón” definitivamente le tiene hecha la cruz. Si nada quiso saber de esos venezolanos con el deslave que le empavó su ascensión al trono, menos querrá saber que el hampa ahora los vapulee y haga suya esa tierra como guarida.

No puedo concebir como las autoridades policiales, llámense Policía Metropolitana, Policía Nacional, Estadales, Municipales, Cuerpos Científicos de Investigación o Policías Políticas represivas, no puedan siquiera atisbar a copiar el protocolo con los cuales actúa eficientemente el hampa, para a su vez lograr mayor efectividad en la prevención de los delitos.

Si las cosas, evidentemente ocurren en el mismo lugar, a horarios casi matemáticos y con protocolos repetitivos en la ejecución de las acciones delictivas, en igual forma debe cumplirse la acción policial con la casi absoluta seguridad de que eficientemente serán repelidos los delitos y anti-conductas. No hay que ser genio para seguir tan simples fórmulas.

Pero si todo ocurre como si nada pasara, y por el contrario el accionar de los delincuentes se incrementa y se arropan con ellos las fechorías tenemos el derecho a pensar que las autoridades son conniventes en esas conductas delictuales o que tienen claras instrucciones de dejar hacer y dejar pasar las cosas como si nada ocurriera. Lo último es aberrante, pero ya hemos visto procedimientos similares de Don Regalón con ocasión de asuntos tanto o más delicados que lo de los atropellos del hampa.

Para la próxima les tengo muy buenos cuentos de las notas estructuradas, investigaciones dispuestas sobre los comerciantes de dólares, etc.

Los pobres de espíritu

Por José Alberto Medina Molero

En su siempre lúcida y puntillosa manera de tratar los temas el Dr. Simòn Alberto Consalvi nos regaló en su columna del domingo 11-05-08 una idea que no tiene pérdida alguna: aquellos que esperan mesías políticos son pobres de espíritu.

¿Cómo no estar de acuerdo con un pensamiento de esas dimensiones y poder de síntesis?, Por supuesto que hay pobreza de espíritu en ello. ¿Qué duba puede caber?

Sin embargo esta idea no engloba todo el panorama de lo que sucede a nivel de triste tragicomedia en esta Venezuela de los albores del siglo XXI. ¿Qué elementos faltan para completar una visión completa del panorama?

En primer lugar que esa pobreza de espíritu, ha sido incubada por los dirigentes que han permitido que el nivel de educación de la gente sea el más paupérrimo, el menos formador de ciudadanos en la mayor extensión del término. El otro factor que pude completar el panorama es el siguiente: las encuestas muestran el profundo sentimiento de desconfianza, que una porción nada desdeñable de la población venezolana tiene respecto a sus líderes oposicionistas. En ello se observa el escepticismo que se siente en algunos sectores, al advertir actitudes y mensaje erróneos en las filas opositoras, falencias como las que propiciaron (entre otras cosas) un régimen como el actual. Lo más lamentable, es que lejos de hacer un diagnóstico y una especie de reingeniería política, se duelen del electorado y los acusan de inmadurez, de no comprender sus circunstancias, de portaestandartes de la antipolítica. Ello pareciera muy fácil para los conspicuos dirigentes en lugar de hacer las correcciones a que hubiera lugar.

Mientras tanto el drama continua.

ABC, Ciudadanía

Por Nelson Maica C.

"La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía."
Simón Bolívar


¿Se considera usted ciudadano(a)? ¿Ha examinado detenidamente este concepto? ¿Comparte la siguiente acepción?: Ciudadanía es un status jurídico y político por medio del cual una persona tiene derechos como individuo (civiles, políticos, sociales, económicos, ambientales, de salud, religiosos, etc) y unos deberes (impuestos, servicio militar, respeto, fidelidad, etc) dentro de una colectividad política (un estado, una nación, un país, un pueblo) de su elección y/o por nacimiento y/o por circunstancias. Este status jurídico y político esta muy ligado históricamente a la democracia liberal y plural.

Resaltamos un poco esa condición del individuo como miembro de una comunidad política (estado) a la que esta jurídicamente vinculado por el mero hecho de la pertenencia casual y/o electiva.

Frente a la supuesta universalidad de los derechos fundamentales del hombre y del ciudadano, la ciudadanía da acceso al disfrute de los derechos políticos, jurídicos y económicos reconocidos por la colectividad estatal a la que se adscribe el ciudadano. Recíprocamente, no obstante, la relación entre ciudadano y estado también implica que el ciudadano debe cumplir con una serie de deberes hacia la comunidad.

Esas obligaciones se concretan, según sea la concepción (punto de vista o ideología: conservadora, liberal, socialista comunista, póngale usted el nombre) poniendo énfasis respectivamente en la defensa de la patria, el civismo individual y/o plural o la supuesta solidaridad socialisante y comunista. Por ahora en el ámbito de la Unión Europea existe una extensión supranacional de los contenidos de ciudadanía y, como concepto, casi se solapa con el concepto de nacionalidad. El tema se discute con cierta periodicidad.

En su origen, ciudadanía, estuvo vinculada a la ciudad griega, al imperio romano, y para determinados habitantes. En la antigua ciudad griega en donde vivían gran cantidad de esclavos, el ciudadano era quien podía desarrollar una actividad política gracias a su pertenencia económica y familiar. En Roma, los vínculos familiares y económicos circunscribían la ciudadanía y la actividad política a los individuos que gozaban de la “tria nomina” (tres nombres): praenomen (nombre que se usaba en la pila de bautismo, para la familia y amigos allegados), el nomen (nombre hereditario del clan al cual pertenecía el individuo) y el cognomen (nombre hereditario de la rama del clan a la cual pertenecía el individuo, era el que usaba con mas frecuencia; en las ceremonias y en momentos formales se usaban los tres nombres).

Gracias a la revolución liberal y su creación de los estados nacionales, el concepto de ciudadanía adquiere las características actuales y modernas en contraposición a las ideas de súbdito propias del absolutismo, socialismo, comunismo, nazismo, autoritarismo, caciquismo, etc. A partir del 28/05/08 según gaceta oficial de Venezuela 38940 que contiene una ley de inteligencia y contrainteligencia sacada de una sola voluntad y contraviniendo disposiciones expresas constitucionales, parece una copia combinada del nazismo, estalinismo y castrismo y se pretende, sobre todo, que los ciudadanos venezolanos regresemos a ser súbditos y, además, incriminadores por orden del gobierno y delatores… ¡no faltaba mas!... ¡y nuestros políticos…! ¡Y nuestros lideres…! ¡Y nuestros bríos y pulmones para oponernos…!

La extensión de los derechos políticos y jurídicos del ciudadano, ganados con la revolución liberal es progresiva. Se inicio con una definición restringida para quienes conformaban la nación con escasa participación al sufragio, luego, desapareciendo, paso a paso, igualmente, las versiones restringidas sobre los criterios aristocráticos, la limitación censataria por razones de genero y económicas y, así, sucesivamente. Todo concepto rémora asociado a la opresión contra el ciudadano se fue eliminando gradualmente gracias a la revolución liberal durante todo el siglo veinte y, seguramente, continuará en lo que va del siglo veintiuno. La concepción liberal es una realidad viviente, pésele a quien le pese.

Se ha reforzado el concepto de ciudadanía y hoy día es prácticamente un titulo para acceder a muchos derechos económicos y sociales que le son propios al estado de derecho y bienestar, producto, precisamente de la revolución liberal.

Una mentira conveniente

Por Juan José Garrido Koechlin

“La verdad tarda, pero llega”, alega un refrán. Sabemos que no siempre es así. A veces, esta verdad -si bien se descubre- no llega a cubrir adecuadamente a la población afectada, lo cual permite que la mentira y el fraude queden como sabiduría convencional, y añadiríamos indeterminadamente. “Miente, miente, que algo queda”, afirma otro. Éste es el caso del último fraude perpetrado por el movimiento ecologista-progresista en la cháchara del calentamiento global.

La letanía en formato documental –Oscar y Nóbel incluídos- clama con escenas horrendas el supuesto antropogénico -añaden que con carácter de irreversible- en el ecosistema terráqueo, siendo la escena más notable aquella que parecía salida de la hollywoodense “El día despues de mañana”, donde los glaciares se derrumban secuencialmente, y la voz engolada del trucho Al Gore nos presagia los últimos días antes del ocaso final.

Bueno, pues resulta que el parecido no era tal. La escena fue extraída de las grabaciones de la película en cuestión, y esto –que ya de por sí suscita al menos un ajuste en la veracidad del supuesto documental, toda vez que no hacen mención alguna de ello- no es lo peor del embuste propogado. La escena se construyó íntegramente por computadoras. Así como lee. Es decir, no ocurrió, nunca existió, es un truco, un montaje. Un cartoon.

Ciencia es la creencia relativa, en base a evidencia disponible, sujeta a cambio; es decir, se trata de investigar y estar dispuestos a cambiar el paradigma frente a nueva data. No se trata de ajustar la realidad a tus creencias, a tus deseos, a tus intereses o a tus caprichos. Eso es delusión. Las causas antropogénicas no están –para nada- probadas; más bien, queda cada día más claro que es la mayor y menor actividad solar la que determina los ciclos de calentamiento y enfriamiento que sufre la Tierra –y Marte, y otros planetas- desde hace millones de años. Esta treta demuestra eso: que a falta de data consistente, bien vale una maquilladita.

No es casualidad que los mismos que se rasgan las vestiduras por el calentamiento global aparecen siempre en la postura anticapitalista, proponiendo pararlo todo. Ya sabemos a donde llegamos con eso, y como afecta a los más necesitados. Como bien dice H.L. Mencken, “la urgencia para salvar a la humanidad es siempre un falso frente que persigue la urgencia de controlarlo todo”. Como las sandías: verdes por fuera, rojas por dentro.

07 abril 2008

¿Es importante el español para los angloparlantes?

Por José Brechner

El inglés es el idioma más importante del mundo. Si tu lengua madre no es el inglés, no importa dónde vivas, te conviene aprenderlo porque es la jerga comercial, científica, tecnológica, diplomática y cultural de esta era. Pero si tu lenguaje es el inglés, ¿qué idioma te conviene aprender? Esta pregunta fue encarada científicamente en el Einstein´s Office, tomándose como referencia tres diferentes parámetros de importancia para su estudio: la demografía, el impacto personal y los factores económicos.

La demografía te indicará si vas a utilizar el idioma activamente, pero la demografía considerada únicamente como el número de personas que hablan una lengua, no significa nada, porque si bien los chinos y los indios son los más numerosos del planeta, el Mandarín sólo lo puedes practicar en China, y saber Hindi no te va a llevar muy lejos ni siquiera en la India, donde el inglés es más importante. El impacto personal indica el efecto que tiene el habla en el estudiante del idioma, qué herramientas le brindará para conocer otras lenguas, y los beneficios generales que le darán, más allá de una cultura más desarrollada. El factor económico es de enorme influencia porque dependiendo de las habilidades comunicativas pueden abrirse mayores oportunidades comerciales.

La demografía es el primer factor que la gente trae a colación cuando se trata de aprender un idioma, sin embargo su importancia es sólo del 40%. Saber italiano o turco es básicamente lo mismo desde un punto de vista práctico. El español es más importante porque lo hablan 350 millones de personas en 21 países. El francés, pese a que lo platican sólo 130 millones, tiene presencia universal. En muchas partes se usa como segunda lengua y está posicionado en 39 territorios. Fue por mucho tiempo el idioma de la diplomacia y el cimiento para el aprendizaje de las lenguas romances. Demográficamente, el swahili es más importante que el portugués porque se emplea en más países. El portugués, utilizado por 190 millones de brasileros, se habla además en Portugal, Mozambique y Angola.

El impacto personal es el de mayor consideración para los angloparlantes, porque en realidad no necesitan saber otros idiomas, y su importancia es del 40%. El francés se lleva los galardones en esta categoría por sus raíces latinas que permiten discernir la etimología de las palabras; inclusive 30 por ciento de las inglesas provienen del latín. El francés fue la lengua privilegiada de Europa por más de mil años y su relevancia cultural es indiscutible. El español ocupa el segundo lugar, porque su influencia se vio permeada por las lenguas nativas de América y por el inglés mismo. El italiano, siendo directo descendiente del latín, juega un rol apreciado en el manejo del vocabulario, pero su uso pierde ante el francés y el español.

El factor económico es el que más incide en el aprendizaje de un idioma, y siendo el inglés el más destacado en ese ámbito, la importancia de una segunda lengua para un angloparlante es sólo del 20%. El francés es conveniente para hacer negocios en África y Francia. El español sirve como medio de comunicación para el comercio con Latinoamérica y España. Le siguen el alemán, el japonés el mandarín y el ruso.

Según los tres parámetros estudiados, las lenguas de mayor jerarquía para los angloparlantes en orden de utilidad comunicativa son: francés, español, árabe, alemán, ruso, italiano, hindi, mandarín, portugués, swahili, japonés y turco. Aunque para los norteamericanos el español está cobrando preeminencia por su relación con México, Latinoamérica, y los 43 millones de hispanoparlantes que habitan en Estados Unidos.

De acuerdo a Saint George Weber en “Las lenguas más importantes”, los resultados obtenidos fueron similares, tomando como referencia la comunicación lingüística y su influencia en la raza humana, negocios y cultura. En orden sucesivo, después del inglés, vienen el francés, español, ruso, árabe, chino, alemán, portugués e hindi.