
Discurso pronunciado por Mario Vargas Llosa con ocasión de recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, el 7 de diciembre de 2010.
Texto completo Fuente: Fundación Nobel.
Texto completo Fuente: Fundación Nobel.






Tengo los ojos enfermos,
deslumbrados, de mirarte
día tras día en la mesa,
donde viniste a sentarte,
frente a mi inocencia blanca
de niño con cuerpo grande.
Tengo la boca reseca
y los labios anhelantes
de juntarse con los tuyos,
que enseñan cuando los abres,
esa lengua pequeñita
en su cárcel de corales.
Tengo el sentido perdido
por el ansia de estrecharte
fuerte, fuerte, entre mis brazos
que alguna vez tú tocaste,
entre risas, distraída,
sin saber que en mí dejaste
temblores de pasión y fuego
en la esperanza de amarte.
Tengo febril como el sol
mi cuerpo que busca el tuyo,
tal como el buey busca el yugo
que esclaviza y da pavor,
tu cuerpo, vida y calor,
que no será mío, amor.
Sólo por divertirse suelen los marineros
cazar albatros, grandes pájaros de los mares,
que siguen, indolentes compañeros de ruta,
al barco que resbala sobre amargas vorágines.
Apenas los colocan sobre la ancha cubierta,
estos reyes del cielo, torpes y avergonzados,
abaten tristemente sus grandes alas blancas
como dos remos rotos que arrastran a sus lados.
¡Qué débil y que inútil es este viajero
que si tan bello fue se convierte grotesco!
Uno quema su pico con su pipa encendida,
otro intenta imitar, cojeando, su vuelo.
El Poeta es igual a este rey de las nubes
que ríe de las flechas y vence el temporal;
desterrado en la tierra y en medio de las gentes,
sus alas de gigante le impiden caminar.
Que el verso sea como una llave
que abre mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando.
Cuanto miren los ojos creado sea
y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra.
El adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como algún recuerdo, en los museos.
Mas no por eso tenemos fuerza.
El vigor verdadero
reside en la cabeza
¡Por qué cantáis la rosa, oh, Poetas!
Hacedla florecer en el poema;
Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el Sol.
El poeta es un pequeño Dios.
Mira: tengo en las manos un jarro de ternura,
ya no sé si es alegre o es triste estar contigo;
siento la lengua como a una chepa y no te digo
nada que signifique lo que nuestra aventura;
y estar juntos parece la creación entera,
cuánta creación debajo de nuestras cuatro sienes;
a ti y al tiempo tengo, a mí y al tiempo tienes:
somos ricos y pobres, como lengua sincera;
como lengua sincera destruimos, levantamos,
vivimos densamente y nos enamoramos
densamente, en silencio, sufriendo de emoción;
estar juntos parece morir juntos, parece
un jarro de ternura, muy frágil, que estremece
de noción de principio y de fin a la creación.


Si solamente vinieses a visitarme,
si llegases al menos una vez
con un cuenco de espigas en las manos,
con un cesto de sonidos
de campanas al alba a despertarme,
a tocarme el pelo, a pellizcarme
las mejillas con tus dedos blancos,
a besarme los labios y a llamarme cobarde.
Si solamente vinieses una vez
con los pájaros sonámbulos de la noche
a dar sentido al destierro,
a ofrecerme el olor a barro y a lluvia,
a pan caliente de la canal de tus pechos,
a violentar el silencio
y la luz cansada de estas nubes bajas.
Si vinieses al menos una vez
a traerme tabaco de mendigo pobre
y un puñado blanco de azahares
con que ahuyentar el olor
a dalias viejas de mi almohada.
Ven vestida de muerte al menos,
blanca por el camino intransitable de la fiebre,
a llenar de escalofríos el corazón
dormido en las ascuas de unos zapatos rotos.
Ven desnuda
a dormir conmigo bajo la tempestad y la niebla,
a partir el espejo obstinado del insomnio,
a que bebamos juntos por una noche siquiera
el vino salvaje
y hostil de los solitarios.
Es inútil, le dije.
Escribir.
Escribir es inútil.
Ya, me contestó.
Ya lo estaba yo pensando
el otro día.
¿Y a qué conclusión llegaste?
Pues eso. Lo que dices
tú. Que carece por completo
de sentido.
Sólo que...; bueno,
también poner ladrillos
es inútil.
Sirve para construir casas...,
y paredes. Paredones, también.
Quizá se trate de eso.
¿De qué?
Un oficio, joder, un
oficio. Ni más ni menos
que un oficio.
¿Como decía Pavese?
No, como Pavese no. Como ese músico
de jazz. ¿Te acuerdas?
Freddie Green.
Llega, toca, lárgate.

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros:
¡Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.
Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo.
Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.
A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.
Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.
También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.
Esta angustia cabalgante,
salitrosa,
esa que me conduce al sinsentido,
al verde abismo de las cataratas de miedos,
de pastosos pensamientos. Es la angustia
que miro en los ojos de la rutina de los otros,
en sus gestos de violencia silente,
en la esperanza ausente,
en lo estéril del territorio,
en la torpe mirada de mis pasos
que solo las manos de tu ternura
centran y aligeran como una nube de azúcar.

Nosotros esperamos
envueltos por las hojas doradas.
El mundo no acaba en el atardecer,
y solamente los sueños
tienen su límite en las cosas.
El tiempo nos conduce
por su laberinto de hojas en blanco
mientras cae el otoño
al patio de nuestra casa.
Envueltos por la niebla incesante
seguimos esperando:
La nostalgia es vivir sin recordar
de qué palabra fuimos inventados.

Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.