08 junio 2008

Con la bitácora en el alma

Por José Alberto Medina Molero

“Mi único padre es el deseo
y mi madre la angustia del huérfano en la tierra...”

Eugenio Montejo



¿Escribir para qué? ¿En cuántas ocasiones se les ha preguntado eso a los escritores? Las respuestas son tan amplias, inacabadas y diversas como las que surgen de preguntar a lo Becker: ¿ Qué es la poesía?

Tal vez deberíamos abordar el terma preguntándonos ¿De qué esencia benditamente mágica están hechos los seres que borroneando y borroneando, van produciendo en la prevenida cuartilla, en la pantalla del ordenador, en la hoja que tiembla, ese conjunto de frutos y verdades insospechadas que llaman escritura que luego se derrama a través de nuestro ojos y son bálsamo e inquietud, iluminación y desasosiego? De esa sublime esencia de creador sin límites, de orfebre de la palabra estaba hecho nuestro gran poeta Eugenio Montejo. Ahora que comienza, a raíz de su fallecimiento, su viaje fecundo a la eternidad, también comienza a resplandecer más que nunca su obra escrita.

Montejo, irónicamente (sobre todo en un país que no está acostumbrado a leer) logró notoriedad no por su Premio de Poesía Octavio Paz (2004), sino por los versos de su autoría que el actor Sean Penn recitó en la cinta denominada “21 gramos”. Eugenio Montejo desplegó en sus poemas esa aquilatada función del alquimista , así como la hermosura del trabajo del alfarero. Tradujo las angustias que nos habitan con persistencia y sin treguas. Tomo prestado el título de esta nota de un magnifico ensayo breve de Eduardo Casanova sobre este poeta, que creo refleja muy bien la labor luminosa encarnada en los versos de Montejo. Esos versos que ojala nos enseñaran a apreciar desde los primeros grados de la escuela, desde esos años en los cuales todo es mágico, todo es real y desde los cuales pudiéramos levantarnos como seres más completos, menos mezquinos, más dados a entregarnos en servicio como lo ha hecho durante los setenta años que vivió entre nosotros un gran escritor, un gran poeta, Don Eugenio Montejo.

Buen viaje maestro. Viaja usted con la bitácora en el alma.

Aquiles, hijo de las violetas y de los ratones

Por José Alberto Medina Molero

“Todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro
todos los siglos son un solo instante."

Octavio Paz



El pasado 17 de mayo hubiese cumplido 88 años, pero un accidente automovilístico lo separó de la tierra perfecta, donde un caballo bien bonito comía flores y un inocente ruiseñor cantaba a la fantasía y el amor que encierra el amor.

Poco es lo que puede agregarse acerca de la figura de Aquiles Nazoa, pero tal vez precisamente a que todo esta dicho sea pertinente recordar (solo hacerlo) la manera sencilla, pero profunda, terminante pero tierna, austera pero generosa en la que se prodigó en vida y luego de muerto, pues sus poemas y relatos, hilados con la hermosa hebra de los sueños más puros y nobles, nos siguen acompañando, y de cuando en cuando nos recuerdan que es mejor ser que tener, mejor sentir que razonar, mejor brindar una sonrisa solidaria que dar miles de admoniciones y sabios consejos, mejor maravillarnos ante el vuelo del ave que ante la rapidez de un computador portátil.

Aquiles, ese que se asomaba a nuestros hogares a comienzos de los setenta a través de la pantalla de dos tonos, y que nos relataba con una cándida erudición los misterios del juego de perinola ó de la rueca que hace brotar hilos de oro, o la piedra de donde salen disparadas estrellas de colores hacia los ojos más desprevenidos, era un Aquiles relativamente cercano, distinto al escritor que por la secular costumbre del venezolano de no pasear la vista por los textos , no era para nada conocido por las mayorías. Nos lo hacían leer en un apretujado bachillerato y entre guiños y complicidades comenzaba a colarse como el viento entre las piedras merideñas, como el agua que baña el delta del Orinoco, con belleza y naturalidad, con fuerza y candor de alma grande. El Credo que nos dejó escrito bajo la piel de las emociones, reconforta de manera distinta al tradicional, mientras aquel nos recuerda la parte espiritual, divina, que mora en nuestros nudosos recovecos, el del Poeta Nazoa evoca la esencia buena de la humanidad, ennoblece la imperfección y dulcifica los excesos, calma las severidad cruel de nuestras criticas, y nos da la felicidad de gozarnos en lo trivialmente bueno, para sí soñar con esa simplicidad perdida a lo largo de los años. Su Credo ahuyenta el cinismo y la burla y nos congracia con la humildad contemplación del deleite de vivir montados en patines de metal , correteando divertidos, como niños...

29 abril 2008

A diez años de la despedida de Octavio Paz


Por José Alberto Medina Molero

Un gran pensador Mexicano y Latinoamericano.
A diez años de su partida a la eternidad. Sus reflexiones son aplicables a cualquiera de los países del subcontinente.

Fragmentos de "El laberinto de la soledad"

"Si somos un pueblo ritual, sensible y despierto, no podemos ser un pueblo de solitarios. La soledad de un poeta no configura la soledad de un pueblo. Observamos nuestras fiestas civiles y nuestras fiestas religiosas. Danzas, ceremonias, fuegos de artificio, trajes insólitos de colores violentos -para que se vean-, plazas y mercados pletóricos de compradores y de simples paseantes, calendario poblado de días de asueto para celebrar una victoria militar, el día del trabajo, la Virgen de Guadalupe o la Constitución de 1917. Celebramos en nuestras ciudades y pueblos, con unción y periodicidad, el día del santo patrón. Los barrios se engalanan con sus festejos religiosos y las ferias dejan oír mariachis, cohetes, silbidos, canciones rancheras y balazos al aire. Si México fuese un país de solitarios, México no estaría en fiesta permanente." "Yo diría que derrochamos energías en saraos y convivios. Somos ricos en compadres y comadres. Exhibimos abundancia de sociabilidad, porque somos hombres de ágora y no de reclusión solitaria. Decir que "la Fiesta es un regreso a un estado remoto e indiferenciado, prenatal o presocial"……”Gracias a las fiestas el mexicano se abre, participa, comulga con sus semejantes y con los valores que dan sentido a su existencia religiosa o política. Y es significativo que un país tan triste como el nuestro tenga tantas y tan alegres fiestas. Su frecuencia, el brillo que alcanzan, el entusiasmo con que todos participamos, parecen revelar que, sin ellas, estallaríamos. Ellas nos liberan, así sea momentáneamente, de todos esos impulsos sin salida y de todas esas materias inflamables que guardamos en nuestro interior. Pero a diferencia de lo que ocurre en otras sociedades, la fiesta mexicana no es nada más un regreso a un estado original de indiferenciación y libertad; el mexicano no intenta regresar, sino salir de sí mismo, sobrepasarse. Entre nosotros la fiesta es una explosión, un estallido. Muerte y vida, júbilo y lamento, canto y aullido se alían en nuestros festejos, no para recrearse o reconocerse, sino para entredevorarse. No hay nada más alegre que una fiesta mexicana, pero también no hay nada más triste. La noche de fiesta es también noche de duelo….”

Octavio Paz

21 abril 2008

Los "Cecilios" del ahora


Por José Alberto Medina Molero


El ex Presidente Caldera, en su libro titulado “De Carabobo a Punto Fijo: Los causahabientes”, refiere un aspecto medular del siglo XIX venezolano: la encarnizada lucha política que libraban conservadores y liberales, teniendo como testigo impotente y dolido al ilustre escritor, periodista y sobre todo gran patriota que fue Don Cecilio Acosta.

Como telón de fondo del drama estaban sus propuestas, especie de rogatorias para reenfocar la accidentada vida nacional. Observaba Acosta con angustia, como se invertían esfuerzos y recursos en destruir al “enemigo”, al “rival político”, aniquilando en ese trance las posibilidades de evolución del país, los espacios para crecer a la vera de la unión bien entendida y mejor practicada. Para 1948, un aciago 24 de Enero, el Congreso de la República fue asaltado por fuerzas aupadas y organizadas por el Ejecutivo, con saldo de varios diputados muertos. Ese fue para hombres de la talla de Jaun Vicente González, Fermin Toro y el propio Cecilio Acosta , un signo macabramente material de la pugna, la configuración en la práctica de la negación de la conseja según la cual “la sangre no llega al río”.

Casi a mediados del siglo XX, llegó al paroxismo está aniquilante manera de llevar la política: dos golpes de estado (1945 y 1948) representaron la suma de todas esas costumbres autodestructivas. Diez años después, hace exactamente medio siglo, se constituyó un pacto que remediara esa secular tendencia nacional. El mismo duró en el tiempo, tal vez más de los que sus arquitectos pensaron, sin embargo de una década hacia acá, resurge el síndrome de la intolerancia y la degollinas (que siempre está allí, dormido en el alma nacional). Un lado la propugna, el otro en lugar de combatirla con políticas constructivas, se engolosina con elecciones regionales, dejando perplejos y cubiertos de una pegajosa pátina de escepticismo a los “Cecilios” contemporáneos.

¿Dejarán Los “Cecilios”, su ciclo vital sin saber lo que es una República civilizada, tolerante y verdaderamente democrática? ¿Continuaremos sin erradicar, de raíz, esa falencia que, nos ata a ciclos perdidos, al atraso elíptico de nuestras miserias, a la sempiterna manera de ver como el futuro se evapora entre las manos, que solo pugnan por entredevorarse inútilmente?

07 abril 2008

Así como entonces


Por José Alberto Medina Molero

A los que aún sueñan


“Entre siempre y jamás
el rumbo, el mundo oscilan
y ya que amor y odio
nos vuelven categóricos
pongamos etiquetas
de rutina y tanteo...”


Mario Benedetti


Hace cuarenta años intereses injustos, criminales y para nada progresistas (en el sentido más humano posible) acabaron con la vida, que no con las ideas, del Dr. Martín Luther King, el mismo que en 1963 había electrizado a su sociedad y al mundo con un luminoso discurso: “Yo tengo un sueño”.

Parafraseando esa pieza única, cualquier habitante de esta dolida tierra caribeña podría decir que luego de 178 años de estructura republicana, el pobre sigue siendo pobre (en todos los sentidos), la educación sigue siendo pésima ( no enseña a pensar ni a empinarse como ciudadanos),la justicia sigue siendo de los poderosos, los políticos siguen siendo eficaces depredadores, la nación sigue sin horizontes, los prohombre siguen recluidos en sus torres de marfil, los opositores calculan y recalculan en sus mezquinos intereses, los excluidos siguen siendo utilizados con cada campaña, la esperanza sigue siendo vana, la rutina alrededor del circulo vicioso de nuestras falencias sigue siendo gravosa.

La triste sensación de Sísifo sigue latente en los pocos que sueñan con un país mejor, la salida al túnel de nuestros atrasos sigue siendo utópica. La nada, salpicada de picardía y rapacidad, sigue siendo nuestra divisa, la angustia nuestro lema. El pesimismo nuestro aliento.

Pese a todo, debemos soñar y luchar por una nueva realidad, por un país como el soñado por el Dr. King, con una tierra, con un nuevo día donde: “todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado: Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino...”

28 marzo 2008

Villalba, un balance positivo

Por José Alberto Medina Molero

Si alguien merece, con sobrada razón, que se haga a la distancia de cien años de su nacimiento, un balance de su acción para el país, es ese gran luchador que fue Jóvito Villalba. No puede ser otro el arranque de este apretado paseo por sus logros, que el de su bautizo político: la generación del 28.

Hace 80 años, junto a un lúcido y valeroso grupo de estudiantes, dieron un aldabonazo a los días de modorra y conformismo que se vivían bajo la égida del ambicioso y ladino Benemérito. Ese atrevimiento le valió cárcel y duros e infames grilletes, pero en ningún momento lo arredaron, más bien le sirvieron de curiosa fuente de combustible de ideales, para ocho años después, cuando los hechos que se sucedían con la rapidez del polvorín, a raíz de la muerte de Gómez y ascenso al poder de López Contreras, necesitaron de su verbo inflamado de pasión y amor por Venezuela, para orientar, para ser conductor de hombres y mujeres que querían dignidad sin saber concebirla conceptualmente, que deseaban el progreso y libertad que no habían conocido, pero que intuían detrás de las ardorosas intervenciones que Jóvito Villalba les dirigía, como ese primer gran líder de masas del siglo XX venezolano.

Su tercera contribución al quehacer del país, se produjo en 1952, con motivo de la celebración de elecciones de diputados a la Asamblea Nacional Constituyente. Su olfato político le permitió comprender que debía participar (pese a la opinión del resto de las fuerzas opositoras, encabezadas por AD y su conductor, Rómulo Betancourt). Pese a que no le fue reconocida la victoria por un nuevo zarpazo de la dictadura de Pérez Jiménez, sentó un valioso precedente en esa lucha cívica, que contra el régimen fue dándose en forma organizada a través de la Unión Patriótica, órgano en el que sus orientación política fue tanto valiosa como difíciles eran los momentos de represión que se viván. Para finales de ese gobierno, convencido de los errores de 1948, de esas canibalescas luchas que se libraron entre grupos con el objetivo común de establecer un régimen de libertades, participa activamente en la elaboración de un Pacto Político sin precedentes. Un pacto que estabilizó la naciente democracia venezolana.

Quizás el último de sus aportes pasó desapercibido. Villalba, quien conocía muy bien el monstruo del sistema democrático, que fue evolucionando en la Venezuela de los 60 y 70, sus verrugas, sus falencias, trató de proponer correctivos que impidieran el colapso del mismo, profundizando sus innegables bondades y abriendo espacios para una mayor participación de la gente. Tal vez de haber sido oído por tanto jerarca ebrio de poder y riquezas, todo lo que ha sucedido a partir de 1989 (justamente el año de la muerte de Jóvito Villalba), se hubiese podido conjurar, reestructurando ese sistema que derivó en lo que Carlos Capriles llamó una vez, la exhibición perpetúa de un cadáver al que se creía vivo, al maltrecha y devaluada democracia representativa, que hizo implosión en los albores del siglo XXI.

Mucho se habla de su poca fortuna para coronar sus aspiraciones políticas, probablemente se deba a un sinnúmero de factores, que no es el caso recapitular en esta líneas, sin embargo como en esas narraciones Homéricas, los “Dioses” no siempre le sonrieron de un todo. Lo importante, en todo caso, lo medular es que sin haber sido Presidente de la República, influyó en buena parte del destino de Venezuela por más de 50 años, tiempo en el que brindó una cátedra de cómo hacer política sin volverse un mercenario y sin organizar partidos como Sociedades anónimas. Fue un hombre talentoso, digno y honesto. ¿Puede exhibirse algo mejor en el balance de una vida dedicada a transformar a la sociedad en la que le tocó vivir?

Jóvito Villalba, elipse de una ambición de poder


Por Teódulo López Meléndez


El deseo de robarle el título a Ramón Díaz Sánchez fue lo primero que me vino a la mente después de aquella conversación con Jóvito Villalba. Le había propuesto escribir su biografía y le había dicho las condiciones. “Grabaremos todas las horas de conversación que hagan falta, consultaré sólo lo que me interese, tengo libertad plena de interpretar los hechos, no acepto modificaciones ni sugerencias que vayan sobre mis criterios y opiniones referentes a los episodios históricos que abordemos”. La respuesta de Villalba fue tajante: “Maestro, de acuerdo”. Villalba me manifestaba así su confianza. En buena medida me había adoptado. Yo no era militante de su partido, nuestra amistad había surgido de las circunstancias de la política venezolana.

No recuerdo donde y cuando lo conocí, pero ciertamente nos comprendíamos a punta de inteligencia. Trataba de procurarme un grabador y suficientes cintas para lo que me esperaba serían sesiones maratónicas, cuando recibí una llamada suya “ordenándome” (esa era su tono cariñoso) que me presentara en la casa de su partido en San Martín para la celebración de un cumpleaños más. “Viene el presidente Herrera y tienes que estar allí”. Allí estuve y me perdí de escribir un libro memorable, de lo cual todavía me arrepiento. El querido Luis me reclamó que estuviese en Caracas pues según él ya debería estar en Lisboa. Con mi habitual malacrianza de aquellos años le respondí que aprendiera que las órdenes presidenciales no se cumplían y que hasta el momento no había recibido nombramiento ni pasaporte ni viáticos para marcharme a la capital de Portugal. No pasaron cuatro horas sin que todo estuviera listo, pero fue la última vez que vi a Villalba y se desvanecieron las oportunidades de meterme en la biografía de uno de los más grandes hombres del siglo XX venezolano.

Confieso que Jóvito Villalba ha sido uno de los hombres más inteligentes que jamás he tenido enfrente. Su talento no tenía límites y su capacidad perceptiva sobre el devenir político venezolano era simplemente extraordinaria, pero tenía –al mismo tiempo- un “defecto” gravísimo: siempre andaba adelantado, siempre estaba varios años delante del momento que le tocaba vivir. Semejante divorcio entre la realidad del momento y lo que visualizaba lo condujo a ser –a la manera del título de Díaz Sánchez- elipse de una ambición de poder.

Conversé con Jóvito Villalba muchas horas. De sus labios escuché vivamente narrados muchos episodios. Le escuché de la lucha contra Gómez, de los años con grillos en el Castillo de Puerto Cabello, de su liderazgo estudiantil, del primer exilio, de la anécdota de su regreso de Trinidad, de su enfrentamiento con López Contreras, de sus desavenencias con Rómulo Betancourt y –en la historia que nos tocó vivir- de las reuniones con Caldera y Betancourt, del absolutamente necesario pacto de Punto Fijo –satanizado en intento por este régimen presente-, del rompimiento con ese gobierno cuando Ignacio Luis Arcaya se niega a la condena contra Cuba, de Alirio Ugarte Pelayo, de sus participaciones en varios gobiernos democráticos. Sí, tuve la suerte de haber paseado por la historia venezolana de mano de uno de sus protagonistas esenciales que, por fortuna del destino, me dio su afecto.

No obstante, si bien aquellas conversaciones no fueron mero recuento anecdótico, sino profundas enseñanzas sobre el comportamiento de la política y de lo político, lo que siempre me intrigó era esa relación amor-rechazo de Villalba con el poder. En varias ocasiones lo tuvo enfrente, sólo tenía que cruzar la calle, pero nunca lo hizo. Nunca se trató de una decisión personal, más bien de un mecanismo internalizado en su psicología. Terminó obteniéndolo a través de personas interpuestas que fueron ministros en diversos gabinetes –y que no siempre se comportaron a la altura- pero que eran simples delegatarios, beneficiarios de otro temor que siempre le asaltaba: la posibilidad de derruirse, de ser echado del juego, de verse quizás humillado por una reducción en el drama histórico. Villalba quería sobrevivir, mantenerse, y eso quizás explica muchos de sus comportamientos.

Recuerdo aquellos años donde se le acusaba con la palabra en boga, “camburero”, a él, uno de los protagonistas fundamentales de un siglo nuestro, uno de los creadores de la moderna democracia en Venezuela, uno de los hombres del que los habitantes de este país tenemos que sentirnos orgullosos. Es, pues, en su psicología, donde debemos ir a buscar que este magnífico líder jamás tuviese el poder. Si lo hubiese tenido, si hubiese sido presidente, se hubiere producido el choque inevitable entre un país y un conductor donde existía un abismo de al menos 20 años. Quizás podamos hacer trabajo ucrónico imaginándonos a ese Jefe de Estado implementando las reformas institucionales y los trastoques de conducta política que se le venían a la mente como cataratas desbordadas de una inteligencia irreductible.

Por allá por los años 80 me llamó Villalba para ordenarme que estuviese listo pues partíamos hacia Punto Fijo. Me explicó que iniciaba un peregrinaje por todo el país para exponer la necesidad urgente de una reforma del Estado. “Esto no aguanta más – me dijo- o reformamos en profundidad o la democracia perecerá y tendremos un rebrote decimonónico en la bota de un caudillo militar”. Exactamente 19 años después eso sucedió. Para mi sorpresa dijo que hablaríamos él y yo. De manera que produje un discurso sobre la reforma del Estado. Al fin y al cabo durante el largo viaje por tierra me había explicado todas sus ideas. “Ahora hablaremos en el Colegio de Abogados de Maracaibo”, ordenó con su voz chillona, la misma que sabia modular a la perfección cuando se paraba en una tribuna y se convertía en el más estupendo orador que jamás haya escuchado este cronista.

A Villalba nunca se le hizo caso. Recuerdo ahora su advertencia famosa, “aquí va a pasar algo”, hasta que se produjo el desbordamiento del Caracazo. Si en aquellos años más que crear instituciones para estudiar las reformas se hubiesen implementado otra sería nuestra historia presente. Villalba, en el fondo, me demostró que la inteligencia es un obstáculo a la hora de la política, quiero decir una desbordada como la suya, pues lo primero que debe aprenderse cuando se tiene una de tal magnitud es a domeñarla y mucho me temo que Jóvito no lo logró.

Ahora se cumple el centenario del nacimiento de este singular tribuno, de este constructor de democracia, de este insólito líder que nuestro país fue capaz de poner sobre el escenario histórico. Más que un juicio de valor sobre su personalidad –controversial, polémica, a ratos inexplicable- prefiero limitarme a darle las gracias por su afecto, por las lecciones que me dio sobre el comportamiento político de los hombres y sobre el entendimiento que sembró en mí sobre un sinnúmero de episodios de nuestra historia. Cien años de Jóvito Villalba, protagonista elíptico de una ambición de poder. Ya es hora de que se le haga justicia.

El mundo de Onetti

Por José Alberto Medina Molero

Al Dr. Xavier Méndez

“Escribir bien no es algo
que el auténtico escritor se propone.
Le es tan inevitable
como su cara y su conducta.”

Juan Carlos Onetti


Muy probablemente no cumple con la condición de clásico en lo tocante a la unanimidad en la preferencia de su lectura, más si cumple (en forma parcial, hendiendo su esencia con la fuerza de los colosos de la palabra) con la definición de Borges en cuanto al término: “Libro que una nación o un grupo de naciones o el largo tiempo, han decidido leer como si en sus páginas todo fuera deliberado, fatal, profundo como el cosmos y capaz de interpretaciones sin término”.

Su Prosa si posee la hondura, la originalidad y sobre todo el sentido universal, característica impresa, como marca de hierro al rojo vivo desde su primera novela (El Pozo, 1939). Hago referencia al escritor Uruguayo, Juan Carlos Onetti, nacido en Montevideo hace casi un siglo (1 de Julio de 1909) y de su cuya desaparición física se cumplirán 14 años en apenas dos meses. En una apretada entrevista para EL POPULAR, suplemento cultural de Montevideo, exclamó sin cortapisas: “El único compromiso que acepto es la persistencia en tratar de escribir bien y mejor y encontrar con sinceridad cómo es la vida que me tocó conocer y cómo es la gente condenada a convertirse en personajes de mis libros”.

Lo destacable en la obra de Onetti, más allá del preciosismo y alto nivel de su escritura (que poseía en frondosas cantidades), es el universo que creó (una de las más maravillosas experiencias del escribidor en general y de sus afortunados lectores) en un reducto de su mente y de las páginas, que emergieron como flotas de barcos en el mar de Los Sargazos,puesto que como en el famoso mar, su obra forma grandes conjuntos enmarañados, un conglomerado de porciones que se mantienen a flote con su propia temperatura, con su particular densidad. Su escritura es la crónica de seres autodesterrados, esos seres que sienten la “tristeza cómica” al mirar lo absurdo de la sordidez de su entorno, el placer perverso de la existencia rutinaria, la “indiferencia apacible” ante días que se suceden como lentos aguaceros. Onetti articuló dentro de los límites del pueblo de Santa María un particular cosmos tropical, trasladable a cualquier latitud, a cualquier época.

Un mundo habitado por seres, que al igual que nosotros, padecen y se alegran con esa parsimonia sincrética del teatro de la vida, con la gimnasia de las emociones bullentes, sombrías, opacas, según el caso. Logró brillantemente lo que pocos: triturar los sentires, dispersarlos de sus elementos en atmósferas de denso desasosiego, filtrarlos a través de los lectores, para que luego de tamizados por éstos, escarben en sus predios, acusando facturas del espíritu, congraciándose con sus propias penas en una catarsis de frases, de momentos, de instantes reveladores al contrastarlos con la decepción de los años y con la comprensión, su esperanzador antídoto. Cinceló en la página como el mismo afirmó: para él Para su placer. Para su vicio. Para su dulce condenación. ¿Puede agregarse algo más? Probablemente si, no obstante ésta maceración existencial que provoca su obra es la gran virtud de la escritura de Onetti, vertida en obras como: La vida breve (1950), Los Adioses (1954), El Astillero (1961), Juntacadáveres (1964) y Cuando ya no importe (1993), entre otras.

Onetti, es un autor para disfrutar y padecer, para abismarse y reflexionar, para enfrentar, con no poco temor, al espejo borgeano y sentir (sí es que ello es posible del todo) nuestra propia desnudez.

23 febrero 2008

Rómulo Betancourt

Por José Albero Medina Molero


"...El logro de estas conquistas significan el desplazamiento del poder de todo hombre o partido de raíces militaristas y latifundistas, pues, como lo tienen demostrado cien años de fracaso de los ideales democráticos, terratenientes y generales son enemigos históricos de la cultura y mejoramiento de las masas."
PLAN DE BARRANQUILLA

“Estoy y estaré siempre en las trincheras del pueblo. Lucho y lucharé siempre en las filas porveniristas de La Izquierda. Empero, propugnando para Venezuela la solución de sus problemas nacionales impuesta por la estructura del país y por el clima histórico que vive. Esas soluciones son tan diferentes de las mediocres panaceas del Liberalismo, inoperante e históricamente agotadas, como de las fórmulas soviéticas”.
“PROBLEMAS VENEZOLANOS”. Rómulo Betancourt


La Historia de la humanidad registra, de cuando en cuando, sus casos: personas de extracción humilde, de estudios de alta dificultad, con un fuego interior inapagable, una pasión que no cesa en la búsqueda de transformar las estructuras anacrónicas de su tiempo. Personas, que encarnan el ideal de su pueblo, convencen a compañeros de lucha con el ejemplo, con la ardiente palabra, con esa luz que los cobija y que sale de dentro, del espíritu henchido de deseos de dar un salto hacia delante. Este, es el caso de un venezolano nacido hace ya una centuria: Rómulo Ernesto Betancourt Bello. Su biografía es harto conocida, sus principales hechos estudiados, sus luchas contra la dictadura de Gómez, sus dos Presidencias ( 1945-1947 y 1959-1963), el famoso atentado en su contra, su papel como líder instaurador de la democracia, al punto de ser considerado el padre de la misma. Todos estos son hechos, que la historiografía ha recorrido no sin cierta fruición de epopeya.

En esta breve semblanza, vale la pena destacar otros aspectos no tan conocidos, no tan surcados por el vendaval de tinta de los curtidos analistas de nuestra historia contemporánea. Aspectos que, por importantes, pero no tan parangonados, han permanecido como en un cuadro, formando una pintura debajo, a escasos milímetros de la pintura que exhibe.

El hombre que tendió el puente definitivo entre esa Venezuela precaria, unipersonal, que no terminaba de abandonar el siglo XIX, y ésta, que con sus fallas y rémoras se aproxima al arquetipo de un país con visos de civilidad (lo que en su obra Carrera Damas titula: “el paso de una República Liberal autocrática a una República Liberal Democrática Moderna”), tenía una cualidad-defecto, según acertase o errase: la precocidad política combinada con justeza con la audacia de propósitos. Esta dualidad, que siempre funcionó al unísono (y que generalmente se presenta en los políticos en forma separada) le proporcionó conquistas pero también desaciertos. A ello sumó una impenitente vocación por el estudio de nuestra historia, para de allí destilar la esencia de los problemas que nos aquejaban (y que acostumbraba discutir con un numeroso grupo de expertos que supo granjearse a su alrededor). A este actividad, donde el intelecto le fue con creces propicio, dedicó (cuando la epístola, otra de sus incansables actividades de adoctrinamiento, proselitismo y orientación política le permitía) buena parte de su tiempo. Precisamente de estas lecturas, análisis, reenfoques y diagnóstico fue donde salió aquel magnífico (e inédito en estas lides) documento conocido como “El Plan de Barranquillas”. Para la época (1931) Betancourt contaba apenas con 23 años de edad, era ese el tiempo en el que asilado con Raúl Leoni en esa calurosa población Colombiana, lo describe la magistral prosa de García Márquez (“Confieso que he vivido”) dándose baldazos de agua con su compañero de luchas. Rómulo, desde esa ese tiempo dedica la obra de su vida a la fundación de una agrupación política, a partir de la cual girasen los cambios que era urgente realizar en el depauperado país, lo que nos remite a esa segunda característica suya: la enorme capacidad de organización política que poseía y que insuflaba en sus compañeros como aire fecundo y esperanzador a través de arengas y documentos imbuidos de una prosa vibrante e inspiradora. Valgan estas líneas escritas en la mala hora del derrocamiento de Gallegos, fruto (en parte) de errores y sectarismos suyos y de su partido:

“Acción Democrática en su hora solemne de su aniversario, con millares de hombres suyos en las cárceles , recién cerradas las tumbas de sus muertos , con sus dirigentes clandestinos amenazados por el crimen oficializado, con centenares de dirigentes en el exilio, no hace un llamado a la retaliación, ni a la venganza . No adopta tampoco la arrogante posición de exhibir sus credenciales de lucha como letra de cambio girada hacia el futuro. Con profunda, sintética y patética emoción venezolana llama a cerrar filas a hombres de la calle y a hombres de los cuarteles, a ciudadanos sin partido y a militantes de organizaciones políticas, a todos cuanto sientan a la patria como responsabilidad y deber, para estructurar el frente de la libertad. Estamos plena y absolutamente convencidos de que bastará una acción planificada y resuelta de ese frente, una vez que integre y articule, para que desaparezcan de la vida pública los soportes actuales del régimen despótico. Y Venezuela volverá a ser patria de todos, amable y venturosa, digna de su historia fascinante, heredera de la que forjaron con su cerebro y con su brazo los hombres de la generación libertadora”.

A este cúmulo de rasgos y características, Betancourt agregó una prodigiosa capacidad para descifrar las angustias y expectativas del colectivo, conceptualizando sus demandas y aspiraciones, y una hipnotizante manera de transmitir sus ideas en forma oral a través de Los mítines y concentraciones que organizaba. A la par era infatigable columnista en los diarios que AD logró colocar en circulación. En ello buena parte de su ideario político fue vertido con amplitud y constancia de propósitos.

Nada de esto, ni siquiera la escritura de un libro fundamental para esta tierra como “Venezuela, Política y Petróleo”, hubiese sido suficiente de no haber existido en el alma de Betancourt, en esa esencia interior que recibe tantos nombres según las diversas creencias, sin que hubiese anidado la llama perenne de la vocación por el poder. Del poder para transformar positivamente. Hay dos anécdotas que, reflejan vivamente este marcado aserto. En la primera de ellas se discutía, a raíz de la caída de Pérez Jiménez, la elección del Candidato de Acción Democrática para las elecciones de diciembre de 1958. En virtud de la virulencia (tan parecida a la fuerza de adhesión que también generaba en otros segmentos) que despertaba Betancourt en algunos sectores desde la época del trienio adeco. Algunos delegados eran cautos en el CDN (Comité Directivo Nacional). En uno de las intervenciones finales, un secretario pidió la palabra para señalar, que en virtud de que el “Compañero Betancourt no podría ser candidato “proponía a fulano de tal. Se hizo un silencio mientras Betancourt se ponía de pié y rompiendo su pipa contra la mesa increpaba al secretario diciéndole: ¿ Quién te dijo a ti , que yo no podía ser Candidato ?. De inmediato, todos en el pleno partidista supieron que tenían abanderado para las elecciones presidenciales. La otra anécdota fue referida por Luis Beltrán Prieto Figueroa. Cuenta el maestro Prieto, que el día del atentado (24 de Junio de 1960) que casi le cuesta la vida a Betancourt, salió presuroso al Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria, al enterarse que allí había sido llevado el Presidente. Accedió al cuarto de la cura que se le estaba practicando, con las manos y rostro quemados, sin posibilidad de administrarle anestesia, el labio inferior colgándole. Ante ese cuadro el Maestro Prieto no pudo reprimir un gesto de piedad. Rómulo lo vio y en lugar de amilanarse, como sería lo lógico en tan dolorosas y estresantes circunstancias, le dijo: “ ¡No seas pendejo negro, anda a Miraflores a cuidarme el coroto ! ”.

El aspecto que finalmente coronó esa personalidad fundamental, que llevó a Herrera Luque a considerarlo uno de los cuatro artífices (Reyes de la baraja para ese autor) de la Venezuela independiente, que surge después de la emancipación, fue el rechazo a todo tipo de regimenes autoritarios, consagrado continentalmente como “Doctrina Betancourt”. Tuvo la perspicaz visión de intuir que la tolerancia con este tipo de gobiernos, los va robusteciendo y propagando, sobre todo en un subcontinente en el que la democracia se degrada al mero populismo y este empuja a los pueblos a los brazos de redentores autoritarios y propiciadores de involuciones republicanas. Tal vez alrededor de este rasgo populista y a la consabida e inherente corrupción, se constituye el reclamo básico que pueda hacerse al diseño Betancourista . Por esa falencia, no prevista ni atajada a tiempo, se fue escapando en buena medida ese proyecto político, que tan tesorera y audazmente fue cimentando en sus primeros sesenta años de existencia ese personaje, ya mítico, conocido bajo el nombre de Rómulo Betancourt.

EN cualquier caso, el balance de su vida, pensamiento y obra es altamente positivo, prueba de ello es que no puede hablarse de la historia de Venezuela, desde que Colón pisó tierra en Macuro , sin tener que mencionar entre los grandes constructores del país a este personaje nacido en Guatire, a orillaa del río Pacairigüa , un 22 de Febrero de 1908. ¿Acaso no fue esta excepcional mezcla de condiciones la explicación más palmaria de por qué Rómulo Betancourt se distinguió de los dirigentes contemporáneos de su tiempo?

Venezuela necesita de líderes con la raigambre, garra y empuje de un Rómulo Betancourt, para construir el País que todos merecemos y que tristemente ha sido postergado en variadas ocasiones.

22 febrero 2008

Betancourt: una vida de lucha a través de sus citas

Por José Alberto Medina Molero

a María Teresa Romero


“Betancourt siente, piensa
y habla en venezolano”.

Francisco Herrera Luque


La enorme personalidad de un hombre como Rómulo Betancourt ha gravitado sobre la vida venezolana por más de 70 años, su quehacer infatigable ha significado para el país no pocas transformaciones, las más de ellas provechosas. Pocos elementos definen mejor al hombre (solo superado en esencia y contundencia por sus ejecuciones) que sus pensamientos, los cuales en un político “fundador” de nuevas estructuras y movimientos son más que emblemáticos y esclarecedores, por lo que tienen de lenta maduración conceptual y de carga idealista y constructiva. En discursos, misivas, artículos, libros y ponencias, fue Rómulo Betancourt, de quien celebramos cien años de su nacimiento, pródigo y coherente (aunque en ocasiones por naturaleza humana tenga que contradecirse), penetrante y racional, ardoroso y reflexivo, valiente para reconocer yerros y para enfrentarse a las calamidades, humano para dolerse de la situaciones más disímiles y amargas. Sirvan las siguientes citas para ilustrar estos adjetivos, y para hacer una especie de Zapping a la vida de luchas constantes de este personaje fundamental de Venezuela (combatido por muchos y seguido por otros tantos en esa gesta de transformación por él iniciada). Un personaje creativo y ardiente como la palabra que hace vivir y desear nuevas y mejores realidades.

“Nuestra revolución debe ser social y no meramente política. Liquidar a Gómez y con él al gomecismo, vale decir, al régimen latifundista-caudillista, entraña la necesidad de destruir en sus fundamentos económicos y sociales un orden de cosas profundamente enraizado en una sociedad donde la cuestión de la injusticia esencial no se ha planteado jamás”.
(1931, en el texto del llamado Plan de Barranquillas).

“Si contra estos sectores, nativos e injertados en nuestra sociedad insurgimos, si contra lo que significa hoy o mañana, arbitrariedad y explotación insurgimos, es interpretando lealmente las apetencias populares, las necesidades y anhelos de la multitud. Con ellos estamos”.

(1932, “Con quién estamos y contra quién estamos")



“Yo no escogí la política, la vida me echó ahí… y ahí vamos para adelante”.

(1936)

“Nuestro movimiento (ORVE) no suscita y se opone enérgicamente a que se plantee en Venezuela la antítesis de militarismo contra civilismo. El ejército deber uno de los instrumentos más eficaces de la necesaria unificación nacional. Queremos para las Fuerzas Armadas como cuerpos representativos y responsables de la defensa nacional, una modernización técnica que las haga más eficientes. El pueblo debe ver en su Ejército-que no está ni debe estar al servicio de ningún grupo social ni político determinado- el brazo vigilante de la Nación”.
( 1936 )

“Crear una economía nuestra, vitalizando la producción agrícola y ganadera mediante la reforma agraria, el crédito barato, las seguridades del mercado y la dirección técnica del Estado; impulsar la industrialización del país; romper progresivamente las ligazones que nos atan y subordinan, como Nación y como Estado, a la alta finanza internacional y rescatar de la miseria, la explotación y el abandono a las clases trabajadoras del país”.

(1940, de uno de sus discursos recogidos en un libro durante su exilio en Chile)


“Nos reincorporamos a la actuación pública sin rencores personales contra nadie, menos impulsivos que ayer, compenetrados mejor de la realidad venezolana, más saturados del sentido de nuestra responsabilidad social. Empero, animados de la misma pasión de justicia, de la misma fe en Venezuela, de la misma vocación democrática, de la misma convicción profunda de que el pueblo será el principal artífice de una patria lograda, que dio sentido a nuestra labor política en el ya histórico 1936”
( 1941, mitin de lanzamiento de AD)

“Nunca nos hemos arrepentido quienes fuimos actores en el episodio del 18 de Octubre de 1945 de nuestra participación en él. Creemos, además y así será generalmente reconocido cuando se enjuicie en perspectiva de tiempo la labor del gobierno surgido de él, que será apreciado ese período como un hito de progreso en la historia nacional y como un cambio hacia lo mejor que estaba reclamando el país”.
(1948)

“Hubo errores y hasta injusticias en los procedimientos aplicados, aun cuando la iniciativa misma era raigalmente justo y respondía al reclamo de la mayoría determinante de los venezolanos”

(1948, en ocasión del tercer año de La Junta Revolucionaria de Gobierno)

“Resulta evidente que América no puede adoptar una actitud de distraída indiferencia ante el auge de regímenes totalitarios…mientras no hay sinceridad democrática y efectividad del régimen representativo de gobierno en todos los países, el sistema panamericano carecerá de adhesión colectiva”.
(1948)

“Te escribo en una de las horas peores de mi vida. Le he pedido a los compañeros que me dejen solo, y no quiero hablar ni pensar, sino estar conmigo mismo, rumiando esta áspera tristeza. Pero me he puesto a escribirte..Por eso puedo hablar contigo a distancia y consolarme yo un poco tratando de consolarte a ti. Tengo fama de duro, y acaso la necesidad de cumplir una tarea venezolana me impuso la obligación de serlo. Pero detrás de ese robot para la exportación hay un sentimental. Un poco como era Alberto. Y por so te aseguro que cuanto pierden Venezuela y el partido con su muerte se me desdibuja ante la idea de que he perdido a mi mejor amigo”.

(1953, carta en oportunidad de la muerte de Alberto Carnevali)

“ Hay mayor paralelismo entre la salida de escena de Perón y la de Benito Mussolini. Y ello a nadie puede sorprender. El histrión rioplatense vio siempre su arquetipo político en el Histrión mediterráneo. Tenorio éste, payador aquél: insondablemente cínicos y definitivamente cursis los dos: ambos con la cabeza llena de cucarachas “doctrinarias” y de un intelectualismo ramplón, y uno y otro simulando siempre lo que nunca tuvieron: vocación para la vida heroica. Les interesaba el Poder como oportunidad para disfrutar de ventajas materiales y para abrirle cauce a una enfermiza megalomanía exhibicionista. Y como no tenían fe en ellos mismo , ni eran sinceros cuando oficiaban de Mesías ..dieron ambos menguadas pruebas de cobardía en las horas postreras de u vida política.”

( 1955, Fragmento de un artículo sobre la caída de Juan Domingo Perón )



“Esas relaciones estuvieron teñidas de una desconfianza de Gallegos hacia mi tan infundada como deprimente, para él que la sentía como para mi que apreciaba en forma de hechos reiterados y visibles. Y no me cabe la menor duda de que alguna parte del éxito de la militarada se debe a la brecha que los enemigos de la democracia y de la decencia pública y de las libertades civiles lograron introducir entre Gallegos y yo …Frente a la exigencia de Gallegos adopté una actitud absurda, políticamente , pero explicable por el fondo de hombre sentimental que hay en mí, oculto tras una máscara de dureza, y hasta de rudeza..En vez de dar la pela y plantear el problema a la dirección del Partido y quedarme en Venezuela, me fui como huido. Ni siquiera por La Guaira quise salir para evitar despedidas…”

(1956, en una carta a su compañero de Partido, Ricardo Montilla ).


“ Nos hemos convencido todos que el canibalismo político, la encendida pugnacidad de la lucha política, le barre el camino a la barbarie para que irrumpa y se apodere de la República (…) quisiera opinar que ha llegado el momento de que los problemas de Venezuela, sean estudiados y analizados por un equipo de personas de todas las ideologías políticas, asesorado por técnicos capaces , por economistas, por sociólogos, por ingenieros y que ese quipo elabore un plan escalonado para muchos años, de la sobras, jerarquizándolas por su necesidad , en fin , planificar a fin de forjar una Venezuela para siempre y no una Venezuela transitoria, asentada sobre la movediza arena de una sustancia que se agota, el petróleo.”

(1958, Discurso al regresar al país )

“Desde el hospital (…) adonde me habían hecho curas de urgencia y después de haberle descubierto a la vida una dimensión nueva, animal sano como siempre había sido, la del dolor físico, me hice trasladar a Miraflores (…) en una camilla, ambas manos como guindajos de carne quemada; la cara deforme; escasa la visión; oyendo poco (…) Le había pedido a mis médicos (…) que buscaran la forma de contrarrestarme los efectos de la morfina y otros sedantes. Necesitaba llegar alerta, lúcido a Miraflores (…) Esa misma mañana (..) hice el esfuerzo laborioso de grabar un mensaje al país, para ser radiado. El labio superior tenía una herida y al modular las palabras sentía un dolor agudo. El mensaje pudo salir al aire, sin embargo”.

(“El atentado de Los Próceres” perpetrado en 1960 y descrito por Betancourt en el libro de ese título ).




“La seriedad y magnitud de las divergencias internas de nuestro partido son inocultables. Pero más que esas enconadas pugnas nos está corroyendo, y amenaza con desintegrarnos, la quiebra de los valores éticos que han dado fisonomía inconfundible, y suya a nuestra organización. La falta de ética, sucia marca que pudrió al autenticismo cubano, al M.N.R. boliviano, está penetrando, o ha penetrado ya, en diversos niveles organizativos de AD”

( 1967, Carta dirigida a dirigentes del CEN de AD).

“Por mi parte, lo único que políticamente me interesa es que ustedes encuentren una fórmula de avenimiento, por el bien del País y de AD. No aspiro a posiciones ni honores de ninguna clase. Mi puesto en la historia-grande, mediano o pequeño- ya lo tengo adquirido, “lo bailado no me lo quita nadie” para decirlo con la malicia gaucha de Martin Fierro…Lo cierto hoy es que el Partido está dividido y dándole al país el feo ejemplo de su anarquía interna, yo he tenido y tengo un dolo intimo mezclado de vergüenza..yendo dos candidatos de AD las elecciones se perderían y ambos grupos, por el carnaval de injurias que escenificarían, quedarán cubiertos de descrédito . Todo ello dando por sentado que un nuevo 24 de Noviembre no ponga cese a la guachafita.”

(1967, en carta que respondía una misiva que le fue remitida por Luis Beltrán Prieto Figueroa ).

19 febrero 2008

Tres invaluables pérdidas

Por Alberto Baumeister Toledo

Dentro de este triste panorama que representa la destrucción de toda una sociedad ante la incapacidad, el desorden y caos político provocados por un gobierno incapaz y sin rumbo, para no decir la extinción de nuestra sagrada patria, cabe de vez en cuando asomar la nariz, para dar un respirito y pensar que alguna vez hubo una Venezuela mejor, donde existían ciudadanos serios y capaces, dignos y ejemplares, quienes compartían en ambientes donde cuando menos se procuraba hacer valer la sensatez y la justicia, el respeto social, la educación y quienes luchaban por una patria mejor, sin por ello desconocer tampoco que nos les correspondió dentro de su devenir soportar problemas y desventuras propios de las diversas épocas y lugares en que trascendió su vida. Esas especies de oasis lo representan signos brillantes del acontecer social, político, educacional o profesional que debemos reconocer han existido y seguirán acompañando la marcha de un país.

Me toca hoy referirme a tres muy especiales de esos casos, y quienes representan tres diversas etapas etariales. Vengo con ello a honrar, hasta donde me es dada la memoria de tres venezolanos que terminan de abandonar su tránsito vital y ya no compartirán más con nosotros ni las alegrías ni el desasosiego que continuaremos soportando a los que debemos continuar viviendo. Sus vidas nos han dejado un invaluable ejemplo de su respectivo acontecer humano. Se trata de tres buenos ciudadanos que marcaron huella en su tránsito temporal por esta tierra e intempestivamente, como suele suceder en todos estos casos, nos parece no hay justificación que explique su abrupta retirada de esta vida.

Me refiero en primer lugar a la reciente desaparición física de un ilustre médico otorrinolaringólogo, excelente amigo, docente universitario, buen hípico, pero por sobre todo afable y educado ciudadano. Se trata del Dr. Leopoldo Larrazábal Eduardo, quien con toda dignidad y clase se distinguió en su trascender vital como buen estudiante, excelente profesional y ejemplar amigo de todos los que tuvimos la buena dicha de compartir con él. Al Dr. Larrazábal lamentablemente le correspondió soportar fuertes y tristes momentos en su vida familiar, como lo fueron la pérdida de varios de sus familiares muy allegados y en especial la muerte sobrevenida e intempestiva de su segunda esposa, distinguida dama que lo acompañó un buen trozo de su última etapa vital y le contribuyó a su felicidad. Leopoldo se nos fue sin dejarnos decirle un buen ni merecido adiós, callada e inesperadamente. Testimonio aquí la despedida que no le pude dar personalmente y extiendo mis condolencias a sus familiares, colegas y compañeros amigos. Su buen recuerdo nunca nos hará olvidarlo.

También dejó su tránsito vital recientemente, otro hombre que contribuyó a marcar como trascendental parte de su vida ciudadana y profesional. Me refiero ahora a un larense, abogado, quien fuera un digno y ejemplar miembro de la magistratura, durante unos cuantos años en tiempos que algunos de los que como yo nos correspondió conocer la llamada época de oro de la gestión judicial en Venezuela. Me refiero ahora al Dr. Aníbal Aldazoro Delepiani. Callado, probo y ejemplar magistrado quien se desempeñó sin mácula en el cargo de Juez Tercero de Primera Instancia en lo Mercantil de la Circunscripción Judicial del Distrito Federal y Estado Miranda. Aldazoro, al igual que mi buen respetado profesor y amigo Dr. Pedro A. Zoppy, y mis muy estimados maestros Gonzalo Pérez Luciani y Gonzalo Parra Aranguren, entre otros, pues justo es reconocer que tampoco fueron los únicos, son la viva muestra de que en un país sí puede y tiene que existir un Poder Judicial digno, eficiente, capaz y honesto, de los que sí saben hacer justicia. Paz y respeto a la partida de ese otro buen venezolano y ojalá que, como debe ser, su ejemplo de vida, sirva de infinito semillero para la crianza de otros venezolanos que deban iniciar el tránsito ciudadano, profesional o judicial en nuestra hoy tan venida a menos Venezuela.

Por último, no puedo dejar tampoco de lamentar el corto tránsito vital de un amigo y compañero de escuela y universidad, humilde, afectuoso, noble con los ideales que lo inspiraban y los que seguía y aupaba si bien los demás no compartiéramos. Me refiero ahora a Carlos Felice Castillo, abogado, educador, de buen estilo y talante, y ferviente amante de su Venezuela; un político escaso, no de esos que se hacen ricos medrando en el tesoro. Tuvo un especial desempeño en el área del deporte, donde a pesar de no haber destacado físicamente en ninguna de sus disciplinas, sí procuró dejar su marca personal imponiendo orden, regulaciones hasta entonces inexistentes y un poco de decencia en el tramite administrativo y público de la gestión deportiva. Carlos dejó cumplida esa difícil parte de la vida de todo hombre pleno, vivió, amó, disfrutó de su patria, de su música y de las letras y escribió, con éxito, un libro sobre el Derecho y el Deporte que me atrevo a destacar único en la materia. Mi ahora reseñado amigo resultó ser uno de esos seres también difíciles de emular: buen compañero, humilde y amantísimo hijo y admirador de su padre, otro buen venezolano que dejó huella en su tránsito por ésta, su patria, el Dr. Carlos Felice C., otro larense, abogado, legislador, académico y destacado político.

En nombre de los que fuimos sus compañeros de curso, mi eterno adiós y mi reconocimiento por la buena amistad que siempre nos supo brindar.

02 febrero 2008

Alcibiades

Por Nelson Maica C.

“Mientras más corrupto es el Estado,
más numerosas son las leyes."

Tácito


Militar y político griego (Atenas, h. 450 - Melisa, Frigia, 404 a.C.). Fue educado en Atenas por su primo Pericles y compartió amistad con Sócrates. Entró en política adoptando un discurso demagógico para rivalizar con Nicias, quien tenia el apoyo del partido aristocrático; denunció la política pacifista de éste (paz de los cincuenta años, 421 a. C.) como reflejo de una actitud favorable a Esparta. Y así consiguió que Atenas se comprometiera en una serie de alianzas que la llevaron de nuevo a la guerra y a la consiguiente derrota frente a Esparta en la batalla de Mantinea (418) y consiguió, de esa manera, Alcibíades, ser nombrado estratega junto con Nicias.

En el 415 a. C. promovió una expedición para liberar a las ciudades sicilianas de la hegemonía de Siracusa. Pero su ausencia de Atenas fue aprovechada por sus enemigos para acusarle de sacrilegio (por la mutilación de las estatuas de Hermes y la parodia de los Misterios de Eleusis). Enviada una galera para conducirle a Atenas, consiguió huir y se colocó bajo la protección de Esparta. Desde entonces se convirtió en enemigo de Atenas e impulsó a Esparta a una actitud belicista (Guerra de Deceia, 413 a. C.); pero también de allí tuvo que huir, por los recelos que despertaba entre los generales espartanos e incluso en el rey Agis, a cuya mujer había seducido.

Esta vez buscó la protección de los persas, a quienes aconsejó fomentar la enemistad entre Atenas y Esparta, apoyando alternativamente a ambas, para aprovecharse de su mutuo debilitamiento. Mientras tanto, siguió intrigando para reconquistar el poder en su ciudad: conspiró con el partido oligárquico hasta lograr el establecimiento del Consejo de los Cuatrocientos (año 411 a. C.); pero más tarde, furioso porque dicha institución no le invitaba a regresar, se pasó a las filas de la oposición democrática.

Aprovechando la rebelión del ejército ateniense en Samos contra el régimen oligárquico, se hizo elegir estratega de dicha ciudad y dirigió sus fuerzas en una campaña que le llevó de victoria en victoria hasta la entrada triunfal en Atenas en el 407 a. C. La reconquista de Bizancio y Calcedonia restableció la hegemonía ateniense en el Egeo; pero hubo de enfrentarse a la oposición de la clase política en su conjunto, que aprovechó la derrota naval de Nocio para derrocarle en el 406 a. C.

Nuevamente exiliado, esta vez se refugió en Tracia y en Frigia, donde fue asesinado por orden del sátrapa persa -instigado por los espartanos-, que hizo quemar su casa. Su vida fue recreada por Plutarco y por Cornelio Nepote, quienes destacaron el contraste entre el talento y la educación de Alcibíades y su deslealtad y falta de escrúpulos.

Algunos pasajes de la vida de este ciudadano sin contar la formación intelectual por supuesto, como por ejemplo las traiciones a la patria, a los principios, a las personas, ¿se le parecen a alguien, ahora? ¿Qué tal la falta de escrúpulos? ¿Con Dios y con el diablo a la misma vez y al mismo tiempo? ¿Le aguardaría otro sátrapa?

14 enero 2008

El creador de José María Pumar

Por José Alberto Medina Molero

Hace prácticamente un mes se despidió, quedamente, de entre nosotros un gran venezolano y un sobresaliente narrador. Un ser que, conjugó honestidad y amor a su tierra, al campo, a la medicina y a las letras, las cuales movía con esa sapiencia del orfebre y la maestría del ceramista. Hablamos del Dr. José León Tapia, barinés de pura cepa y, por más señas, autor de una novela emblemática: “Barinas, tierra de Marqueses”.

Testigo de muchos de los avatares de nuestro convulso siglo XX, pues había nacido en la capital barinesa, en el no menos emblemático 1928. El Dr. León Tapía, logró llevar a la página el curso de la historia nacional de mucho tiempo atrás, novelando acontecimientos e incitando a la lectura en un país, que precisamente no se distingue por esa actividad del espíritu y del intelecto. De su pluma amena y talentosa salieron también: “Por aqui pasó Zamora”, “El Tigre de Guaitó” y la muy famosa en este régimen, “Maisanta, el último hombre a caballo”.

En palabras de Carlos Bermúdez, prologuista de “El Tigre de Guaitó”, se palpa la recreación novelada, que de la historia oculta tras la apergaminada, cincela el escritor: “Algo parecido hizo Sarmiento con Facundo Quiroga y los rastreadores y baquianos de las pampas argentinas. Y acá en Venezuela, el general Tosta García, cuando mezcla en la misma hazaña a Bolívar y Páez con “Malbañao” y “Cantabonito”, héroes también de Carabobo".

Su obra le valió ganar el Premio Nacional de Literatura (al cual renunció, por desacuerdos con el uso que se haría de su nombre por parte del gobierno al recibir el galardón). Esta, además de su faceta de médico con amplia figuración en su región llanera, le valieron siempre el reconocimiento de sus coterráneos, y en general del país, aunque dicho sea de paso éste último debió ser más caluroso y justo de lo que fue. Quiera Dios que nuevos venezolanos se acerquen a esa obra sencilla y compleja a la vez, sentida como el amor y dura como la vida.

Los miles de lectores que dejó, lo recordaremos siempre por haber creado al Márques José María Pumar, ese personaje de vida tan larga “que se escapaba de los recuerdos”.

Un gran adiós y un claro hasta luego al Dr. José León Tapia.

25 noviembre 2007

Vinicio Romero: murió el amigo de Bolívar

Por Germán Novelli

Con tristeza recibí la noticia del fallecimiento de Vinicio Romero Martínez, con quien, más allá de los desencuentros políticos, mantuvimos una sólida amistad, solamente perturbada por el mal que mantiene enfermo a la mayoría de los venezolanos: el maniqueísmo impuesto.

A Vinicio lo conocí en Carúpano, cuando en 1984 dictó una conferencia sobre Bolívar y el Poder Moral, desde el primer encuentro nos hicimos aliados de sueños hasta convertir al “Rey Zamuro” en una opción electoral, que creímos capaz de derribar al modelo político que gobernaba y gobierna a nuestro país.

Recorrimos juntos a Venezuela, en cada pueblo visitado sosteníamos que “Bolívar tiene mucho que hacer en América todavía”. Las propuestas de Confianza Electoral, con Vinicio Presidente, fueron expuestas en los más disímiles escenarios, desde una sencilla capilla evangélica hasta en un salón colmado por empresarios, estudiantes, historiadores, profesores, sindicalistas, cantantes y actores. Muy pocos venezolanos nos premiaron con su confianza, pero nos quedó la tranquilidad de haber trabajado para evitar que Lusinchi fuera presidente.

Creí y sigo creyendo que Vinicio fue un hombre dedicado a las causas patrias, un venezolano integral, quien escribió miles de paginas para plasmar en nuestros corazones el recuerdo imborrable de los mejores amigos de la patria: sus héroes, sus mártires.

Para Vinicio la historia fue un asunto de patria, de vida, jamás de muerte, por ello dedicó especial atención a escribir, en el lenguaje de los niños, a todos los venezolanos e hispanos, la biografía de Venezuela que, en Bolívar, comienza y germina.

De su propia boca, en la última navidad, me enteré sobre su disgusto, por el maltrato que ha sufrido la memoria del “Catire” Páez. Me contó sus intentos por persuadir al presidente Chávez, de salir del error de acusar de traición al general llanero por la salida de Bolívar del país.

Vinicio sintió en carne propia la división reinante en el país. Conservo en mis archivos la carta que envió a sus familiares, a sus hermanos, en la que sirve de fiador, usando sus siempre presentes convicciones democráticas como aval, para defender a su amigo, su gobierno, su presidente. Vinicio no le sirvió a Chávez, le sirvió a Venezuela, su gran pasión, pero no se le puede criticar que fue un servidor leal y si estuvo al lado de Chávez no era ni por dinero ni por prestigio sino que vivió y murió creyendo en Chávez, a quien consideró como la mejor opción para el país.

Para Carmen su compañera de caminos, y para cada uno de sus hijos, nuestra sentida palabra de condolencia y para el país el luto por haber perdido a uno de sus mejores hijos.

Otro oportuno centenario


Por José Alberto Medina Molero



De seguro a Jóvito Villalba se le recordará por haber sido el gran líder de los sucesos de comienzos de 1936, enarbolando las banderas del país civil, que comenzaría por vez primera a afirmarse en Venezuela.

Otro decantarán su remembranza hacia el hecho, de haber sido uno de los firmantes del fundamental Pacto de Punto Fijo; sin embargo cobra fuerza en estos instantes otra de las acciones de Villalba, de quien en marzo próximo estaremos celebrando 100 años de su natalicio, en las tierras risueñas y cálidas del espejeante Pampatar. Hacemos referencia a las elecciones celebradas en 1952, con motivo de la selección de los diputados que conformarían la Asamblea Constituyente.

Para los comicios de Noviembre de 1952, la tradicional agudeza de Rómulo Betancourt no atinó a interpretar el momento político, y giró instrucciones para que la militancia de AD se abstuviese. Villalba por su parte, vislumbró un camino y decidió participar con URD. La población que pareciera (en ocasiones) tener una intuición más allá de todo elogio decidió secundar a Jóvito, quién con su partido ganó holgadamente la consulta. Embriagado con la victoria, el líder margariteño no acierta a comprender que, el régimen Perejimenista no aceptaría la derrota. Éste, en un rapto de autoritarismo, donde las pocas caretas democráticas cayeron al tropel, desconoce el triunfo opositor. Se expulsa a Villalba del país y comienza por la calle del medio la profundización de la dictadura.

El aporte de Jóvito Villalba a la historia fue el de participar, desenmascarar, colocar la piedra fundacional del 23 de enero. Un precedente, un ejemplo. Una apuesta democrática.

13 noviembre 2007

El camino perfecto de Briceño Iragorry

Por José Alberto Medina Molero

¿Qué
hace
aquí
colgada de un látigo
la palabra amor?
Rafael Cadenas (El discurso del poder)


En la magnífica biografía que de Don Mario Briceño Irragorry hizo la Dra. Laura Febres, se plasma el ideario espiritual y político del gran venezolano que fue el trujillano. En un revelador párrafo la biógrafa apunta: “Nuestra sociedad carece de conciencia moral. No tiene idea del significado de esa palabra porque no posee ninguna estructura que intente dirigir la conducta individual y social hacia valores espirituales superiores. Para Briceño Irragory... La fe, un orden sobrenatural, era indispensable para lograr un orden en la sociedad humana y concretamente en la venezolana, pues sin Dios ésta iba a ser conducida al caos”.

De igual forma agrega: ”... el deber de los cristianos es hacer de este mundo un lugar donde se practiquen las normas de la caridad. Sin embargo, esto no ocurre porque el mundo contemporáneo tiene “EL Cristo Prohibido”. EL materialismo existente le impide llevar a cabo las enseñanzas dadas por el evangelio”. El camino que trazó Briceño Irragory (y que por diversas razones no pudo concretar) estaba basado en la solidaridad, en ese sencillo (y complejo) postulado del Rabí de Galilea al pedir el amor al prójimo.

El régimen que impera en Venezuela se ha situado, con su discurso y proceder, en las antípodas de ese precepto anhelado por Don Mario. Precisamente, basado en la inexistencia de esa estructura que dirija los valores espirituales y culturales (que es responsabilidad de décadas, muchas décadas de desatención al colectivo) ha venido afincando su preponderancia en el tiempo.

El país (ese país descuadernado) se encuentra en vilo, a la espera de un Referéndum que selle buena parte de su futuro próximo. Ante éste y pese al manifiesto ventajismo del gobierno, los venezolanos debemos expresarnos, aunque tengamos discrepancias con una dirigencia opositora que debió consensuar una posición, en nombre de los altos intereses de la nación (como hace casi 50 años se hizo en el “Pacto de Punto Fijo”, bueno en esencia y degradado posteriormente con las ya sabidas desviaciones).

Debemos, a partir de la participación civil y madura, votar. Es probable que así logremos comenzar el proceso de construcción del camino recto y justiciero que preconizaba Briceño Irragory. Aquella raza que, aludía ese otro gran compatriota que fue Rómulo Gallegos, en las líneas finales de “Doña Bárbara”, sigue sufriendo, amando y esperando. Aún se está en deuda con ese colectivo (y con los que, teniendo recursos, mantienen otras prioridades) para poder elevarlo en lo material y en lo espiritual.

O los venezolanos nos empinamos hasta estadios superiores o seguiremos dando tumbos, en el dramático círculo de los pueblos que no aprenden, y que viciosamente se van enredando en su propio cúmulo de errores.

Con nuestras habilidades, decisión y la fe en El Altísimo, debemos empinarnos en la búsqueda del camino perfecto.

07 octubre 2007

Don Mariano

Por José Alberto Medina Molero

"Civilizarse es necesitar y exigirse más,
no resignarse a lo que descuidadamente nos arroja la vida”
.
Mariano Picón Salas


De la esencia de los hombres necesarios, imprescindibles en una nación, fue Don Mariano Picón Salas (Mérida 1901- Caracas 1965). Así, con tratamiento respetuoso, incluso al escribirlo.

Perteneció Don Mariano, a esa estirpe de pensadores que, mucho bien hizo a la naciente Venezuela de mediados de los treinta, la que de acuerdo a sus propias palabras, se asomaba al Siglo XX con la aurora del año 1936. Su refinada inteligencia produjo muchas obras, las que realizó a lo largo de su discurrir como novelista, cuentista, Director de Revistas Culturales, Historiador y sobre todo ensayista. De igual forma, Don Mariano Picón Salas, no sólo se quedó en la palabra escrita, teorizando, sino que participó activamente en el devenir político en Venezuela, prestando su valioso intelecto para la fundación del partido Acción Democrática.

Es a través del ensayo, esa ardua manera de desgranar los temas que importan y son trascendentes (y que van sin destino cierto pero con una carga sagrada de intencionalidad), que Don Mariano aportó más a su país. Al decir de ese egregio compatriota: “La fórmula del ensayo- ¡qué sencillo parece apuntarlo! -sería la de toda la literatura: tener algo que decir; decirlo de modo que agite la conciencia y despierte la emoción de los hombres, y en lengua tan personal y propia, que ella se bautice así misma”. Con esa intención y lenguaje propios de su sabiduría, logró Don Mariano ir diseccionando, paso a paso, la mayoría de nuestras falencias como pueblo, pero también las oportunidades de redención (para que fuese una verdadera obra en positivo) que teníamos como nación. Cuando se leen sus escritos, muchos de ellos resumidos en su libro póstumo “Suma de Venezuela“, asistimos a esa penetrante visión de problemas y alternativas, de trances y desencuentros, de la radiografía de ese país que nos recordaba a cada paso como un “cuero seco que se pisa por un lado y se levanta por el otro”.

Entre sus principales libros cabe la pena mencionar: “Viaje al Amanecer” (1943), “Comprensión de Venezuela" (1949), “Crisis, cambio y tradición” (1955) y “Regreso de tres mundos: un hombre en su generación" (1959) y “Suma de Venezuela”, del que se cumplen cuarenta años de publicado. Lamentablemente, somos un pueblo que no lee, y menos a sus grandes pensadores. Esta es una grave desventaja, cuando se trata de evaluar realidades y orientarse con un buen baqueano. No terminamos de responder la pregunta del capítulo inicial de la Obra cumbre de Gallegos: “¿Con quién vamos”? Hombres como Don Mariano, (que por desgracia no abundan en nuestro azaroso presente) son necesarios para hacer patria, en su real sentido de progreso, libertad, respeto y confraternidad. Hombres, para hacer realidad lo que preconizaba Don Mariano cuando apuntaba: “…y todo el tiempo que los venezolanos dedicamos a lamentarnos, a ser los Narcisos del propio dolor, bien vale la pena señalar y alentar esta hora de estímulo”.

Hay que procurar su lectura, por parte de las nuevas generaciones de venezolanos. Que lean esas páginas escritas con tanta pasión e inteligencia. Falta que les emocione y agite su conciencia, para así emprender la obra que se amerita realizar. A nada más y a nada menos aspiraba ese gran venezolano que fue Don Mariano Picón Salas.

28 septiembre 2007

Las orquestas juveniles e infantiles

Por Marcos Carrillo Perera

Anthony y Samuel son dos niños a los que tengo el privilegio de conocer bien. Tienen nueve y doce años respectivamente. El primero vive en El Guarataro y el segundo viene de La Silsa, son excelentes estudiantes y se están formando como músicos en distintos núcleos del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela.

La orquesta no sólo es su pasión sino que ha creado una disciplina de trabajo que se extiende a su familia y amigos, quienes los apoyan, ayudan y admiran por su dedicación a todas las cosas que hacen. Son evidentes los beneficios, las alegrías, el sentido de responsabilidad y de inclusión que la orquesta ha ayudado a tener a Anthony, a Samuel y a los suyos, y sin duda generan un cambio positivo en su entorno. Esto se ha dicho mucho y comprobado suficientemente.

Pero un aspecto que se debe resaltar particularmente es la extraordinaria vocación de servicio, la admirable fe en lo que hacen, de aquellos que tienen a su cargo la formación de esos niños. Los jóvenes directores y profesores de los núcleos que, día a día, insisten en construir un espacio para la convivencia y la tolerancia, en la formación de jóvenes con una perspectiva más amplia del mundo que los rodea, con disciplina y exigencia. Son ellos los verdaderos guerreros que Venezuela necesita. Civiles armados de instrumentos con la convicción de que Mozart y Beethoven son más útiles para la humanidad en general, y para nuestro país en particular, que cualquier "prócer" de inútiles guerras y guerrillas que sólo generaron sufrimiento y divisiones en el mundo.

La inquebrantable tenacidad del equipo que ha seguido el ejemplo del Maestro José Antonio Abreu ha llenado al país no sólo de orquestas sino, más importante aún, de fe en que las cosas hechas con trabajo duro, amor y dedicación rinden frutos, que están a la vista tanto en Venezuela como en el mundo entero.

Resulta increíble ante lo abrumador de los hechos concretos, de la realidad tangible, de la aclamación de los más grandes genios vivientes de la música universal, que haya mezquinos que pretendan enlodar esta enaltecedora realidad. Es inverosímil que habiendo orquestas en Calabozo o Trujillo, en Güiria o El Vigía, existan personajes que han tratado inútilmente de descalificar casi lo único que hoy en día tiene para mostrar este decaído pedazo de tierra.

Es tan pobre de espíritu el miope que pretende que tan magna obra no reciba apoyo del gobierno más millonario que se haya conocido en el país, como el ciego que pretende hacer creer que esto es obra de Chávez.

La única realidad es que si hoy tenemos un país algo mejor no es por sus gobiernos sino por sus orquestas. Una tierra en la que se puede llegar a cualquier estado de Venezuela y ver un concierto de buen nivel por las sinfónicas regionales (formadas por niños, jóvenes y adultos de gran altura artística) o unos niños "tocando y luchando" por hacer lo mejor que su edad les permite. Hoy en día Venezuela no sólo exporta peloteros sino músicos, y todos los grandes directores de orquesta del mundo coinciden en que el país es una referencia musical universal.

Sólo se le tira piedras al árbol que da frutos. Si no lo creen pregúntenle a Abbado, Baremboim, Rattle o, mejor aún, pregúntele a Anthony y a Samuel si prefieren ensayar horas y horas o ver TV. Las orquestas infantiles y juveniles son metáfora y realidad impulsadas por la fe, el amor y la dedicación.

23 septiembre 2007

Silencio para el silencio



23 de septiembre de 2007, 09:19 AM

PARIS (AP) - Marcel Marceau, quien revivió el arte de la pantomima y le imprimió poesía al silencio, ha fallecido, informaron el domingo medios franceses. Tenía 84 años.

Marceau murió el sábado en París, informaron los medios. El ex asistente de Marceau, Emmanuel Vacca, anunció la muerte en la radio France-Info, sin dar detalles sobre la causa.

Con su rostro pintado de blanco, sus zapatos blandos y un sombrero maltrecho coronado con una flor roja, el famoso mimo abarcó toda la gama de las emociones humanas en el escenario durante más de 50 años, sin pronunciar palabra. Fuera del escenario, era un parlanchín connotado.

"Nunca hagas hablar a un mimo. No se detendrá", dijo alguna vez.

Marceau, judío francés, sobrevivió a la invasión de los nazis. Trabajó también con la resistencia en Francia para proteger a los niños judíos del Holocausto.

Su mayor inspiración fue Charlie Chaplin. Marceau, por su parte, influyó en el trabajo de innumerables artistas --Michael Jackson tomó su famosa "caminata lunar" de un número de Marceau, "Caminando contra el Viento".

Marceau actuó incansablemente por todo el mundo hasta una edad avanzada, sin perder su agilidad jamás y sin salirse de su estilo. En uno de sus actos más punzantes y cargados de filosofía: "Juventud, Madurez, Vejez y Muerte", mostraba sin palabras el paso de toda una vida en cuestión de minutos.

"¿Acaso los momentos más conmovedores de nuestra vida no nos encuentran sin palabras?", preguntó en una ocasión.

Marceau nació el 22 de marzo de 1923, con el nombre de Marcel Mangel, en Estrasburgo. Su padre, Charles, un carnicero que cantaba con la tesitura de barítono, hizo que su hijo conociera el mundo de la música y el teatro desde temprana edad. El chico adoraba a las estrellas del cine mudo de la época: Chaplin, Buster Keaton y los Hermanos Marx. Cuando los alemanes invadieron el oriente de Francia, Marceau y su familia tuvieron que empacar sus bienes en cuestión de horas. Huyó al suroeste de Francia, donde se cambió el apellido a Marceau, para ocultar su origen judío. Con su hermano Alain, Marceau participó en la resistencia francesa. Alteró cédulas de identidad de varios niños, cambiando las fechas de nacimiento, para que los alemanes pensaran que no podían deportarlos por ser muy pequeños. Dado que hablaba inglés, fue reclutado como agente de enlace con el ejército del general George S. Patton.

En 1944, el padre de Marceau fue enviado al campo de exterminio de Auschwitz, donde falleció.

"Sí, lloré por él", recordó Marceau sobre la muerte de su padre.

Pero también reflexionó sobre los otros muertos. "Entre los niños quizás estaba un Einstein, un Mozart, alguien que hubiera descubierto una droga contra el cáncer", dijo a la prensa en el 2000. "Por eso tenemos una gran responsabilidad, la de amarnos los unos a los otros".

Cuando París fue liberado, comenzó la vida teatral de Marceau, quien se inscribió en la Escuela de Arte Dramático de Charles Dullin, para estudiar con el renombrado mimo Etienne Decroux. En un pequeño escenario en el Theatre de Poche, buscó perfeccionar el estilo de mimo que se convirtió en su sello inconfundible. Había nacido Bip, el personaje de Marceau en el escenario. Alguna vez, Marceau dijo que Bip era el álter ego de su creador, un doble de cara triste cuyos ojos se iluminaban con asombro infantil al descubrir el mundo. Bip era un descendiente directo del arlequín del siglo XIX, pero según Marceau, sus gestos de payaso estaban inspirados en Chaplin y Keaton. Marceau comparó su personaje con un "Don Quijote de la era moderna, solo, en un mundo frágil lleno de injusticia y belleza". Vestido con un traje blanco de marino y un sombrero alto con la rosa, Bip perseguía mariposas y coqueteaba en las fiestas. Fue a la guerra y ofició una boda. En un famoso número, "Jardín Público", Marceau interpretó a todos los personajes de un parque, desde niños pequeños que jugaban a la pelota hasta mujeres que tejían.

En 1949, la nueva compañía de pantomima de Marceau era la única de su tipo en Europa. Pero fue sólo después de una exitosa gira por Estados Unidos, a mediados de la década de 1950, que Marceau se ganó la aclamación mundial que hizo de él una estrella internacional. Simple y llanamente, había revivido el arte de la pantomima.

"Siento que hice por la mímica lo que (Andrés) Segovia hizo por la guitarra, lo que (Pablo) Casals hizo por el cello", dijo Marceau en una entrevista con The Associated Press.

En las décadas recientes, llevó a Bip de México a China, pasando por Australia. Apareció también en el cine. Su actuación más famosa fue en "Silent Movie", de Mel Brooks, donde tenía sólo un parlamento: "¡No!"

Cuando fue envejeciendo, Marceau siguió actuando con la misma calidad y agilidad que lo hizo célebre. Además de sus condecoraciones de la Legión de Honor y de numerosos reconocimientos, fue invitado a ser embajador de la buena voluntad de las Naciones Unidas para una conferencia sobre la ancianidad, realizada en el 2002.

"Si uno se detiene cuando tiene 70 u 80 años, no puede seguir adelante", dijo a la AP en una entrevista en el 2003. "Hay que seguir trabajando".

No fueron revelados de inmediato los detalles del funeral.

16 septiembre 2007

De repente... el Maestro se ha ido


Aldemaro Romero, pianista, compositor, arreglista, director y fundador de la Orquesta Filarmónica de Caracas, deja una obra musical magnífica que, como todas las creaciones de los grandes genios del arte en sus distintas vertientes, constituye un legado de inestimable valor que enorgullece al pueblo venezolano.

Onda Nueva, género de su autoría que fusiona el joropo venezolano con el bossa nova brasileño, es la insignia que identifica al Maestro Aldemaro Romero en su tránsito por el pentagrama nacional e internacional.