28 marzo 2008

Yo no lo inventé, sino que me lo contaron

Por Alberto Baumeister Toledo

En efecto, no me consta, pero he recibido cuantiosas informaciones por la red de múltiples fuentes que así lo afirman. Siguiendo el ingenioso refranero criollo, cabe aplicar aquello de quien la hace la paga.

Resultaría el colmo, pero no extraño, si se medio conoce al personaje, que la localización del ahora pretendido demócrata recién fallecido en unas festividades patronales en la frontera entre Colombia y Ecuador (aclaratorias pertinentes, pues ahora parece que no fue un acto de aprehensión y captura a ladino alzado, ni tampoco en posición de beligerancia, sino de buen ciudadano y también que el tal Reyes no era lo que dicen, sino un profundo creyente demócrata) se debe a la imprudencia de una llamada de quien tanto nos repite dice nos manda, para felicitar a su homólogo comandante de la parte alzada y en desafuero colombiana, o bien para darle las gracias por el heroico gesto de haber entregado a unos señores que en su momento fueron diputados en Colombia.

Dios castiga sin palo y sin piedra, si de verás de algún modo los hechos ocurrieron como ahora aparecen contados. No puede ser más comprometedor para el gobernante criollo que la verdad de lo antes narrado. De alguna manera debe haber castigo en este mundo, donde todo es polvo, o en el otro donde tenemos predefinido si iremos a la gloria eterna y en paz o al infierno terrorífico de los castigos que deben esperar las almas indómitas y no creyentes. Y por eso, el que a hierro mata, no debe esperar morir con almohadones.

Lo del minuto de silencio por un soberano bandido como el recién perecido en holocausto que se dice es sin justicia ninguna, sólo ocurre en un país como el nuestro, donde se perdieron vergüenza y compostura desde hace mucho, donde mueren realmente hombres importantes por su trayectoria ciudadana y patriótica, sin pena ni gloria, mientras que al lado, se imponen medallas y condecoraciones póstumas a quienes hasta se tienen claras dudas de su comportamiento ciudadano, y a pesar de que se sabía que manejaba bojotes de billetes sin justificación alguna y hasta se lo acusa de haber intentado chantajear a gente del propio gobierno, pero que a su muerte se convierte en héroe nacional.

No hubo ni tiempo, ni papel, ni ganas, para siquiera honrar a un expresidente que muriera en la ignominia, pero con la certidumbre de tener sus manos y bolsillos limpios, o la de rendir algún homenaje a otro bien nacido hijo de esta patria que llegó a estar en las más altas tareas e investiduras del Vaticano en faenas de delicados compromisos que se le confiaron y quien, además, tuvo una vida ejemplar, como lo fue el honroso Cardenal Castillo Lara.

Tiempo, dinero y trajín político sí hay, en cambio, para una cadena televisiva, un vergonzante minuto de silencio, y horas de charlatanería, para honrar la memoria del recién fallecido, quien cuando menos sin duda alguna merece reproche por su inconducta humana como feroz alzado y no perdona vidas. Hasta en eso, pena humana debe tener quien lo ensalzó en tal acto, al igual que ahora, de resultar ser cierta su responsabilidad en la muerte del tal Reyes, si de alguna manera se produjo esa indiscreta llamada, que delató el lugar donde se encontraba tan cuestionado ciudadano.

Yo tengo en cambio once verdaderos hombres de talante y calificación, ilustres juristas, amigos, como lo fueron los magistrados y gente allegada al Tribunal Supremo de Colombia vil, cruel e innecesariamente asesinados hace unos pocos años atrás por esa irregular organización, que ahora se tilda de democrática o no para algunos, sin que estuviere entonces el digno presidente Uribe en el escenario político colombiano y que al menos entonces fuera dura y tenazmente reprochada por el pueblo colombiano.
Si fuera cierto el aludido chisme de la inoportuna llamada, por segunda vez quedaría comprometido Chávez, de manera insólita, con el acontecer de las guerrillas y que no digamos, si finalmente no resulta falso tampoco lo otro que viene divulgándose en cuanto al apadrinamiento del tal Marulanda en tierras venezolanas y protegido por el ejército que aúpa y maneja Chávez ahora para impedir que cacen al irregular escondido en Venezuela y con la protección directa o tácita del Gobierno Nacional.

Pero como dice también Juan Pueblo: Chávez no es el malo, sino quienes le dieron el poder para que nos cayera a garrote vil a los ciudadanos y fuera autor de éstas y otras pachotadas.

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