03 marzo 2008

La lectura es hábito y placer

Por Delfina Acosta

Hay lecturas ejemplares. Me refiero a aquellos libros que han sido escritos por verdaderos investigadores del lenguaje. Siendo el lenguaje el modo de trasmisión de los pensamientos del artista al lector, se aguarda que el castellano sea no sólo fluido, sino también libre de palabras que cumplen una función meramente decorativa.

El lenguaje utilizado por el escritor español Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales pinta con fidelidad una España de 1850 donde militares, clérigos, gentes del vulgo, monjas, ateos y revolucionarios hacían honor y defensa de sus respectivos papeles dentro de un ambiente marcado por la anarquía, el miedo, la valentía extrema y el deseo de la libertad.

Bueno estaría que los niños leyeran Marianela, otra obra de Benito Pérez Galdós, para que ellos entren en la triste ternura de un sentimiento casi infantil y echen a volar los duendes de su imaginación.

CHICOS POBRES

Otra obra de rico valor es Juvenilia, escrita por Miguel Cané. A mi juicio, el escritor hace su descargo de sus tiempos de estudiante en un colegio para chicos pobres, que tenían que guardarse la bronca de ir a la cama mal cenados, y de vivir, literalmente, en continuo estado de arresto.
He leído la obra por tercera vez en el año 2007. Me parece ver a Miguel Cané, evocador de viejos tiempos, negándose a recibir la hostia de su preceptor. Cómo habría él de creer en una salvación, en un Dios, cuando la desventura de una vida pobre y descuereada por el sacrificio había volcado el agua de la amargura en su espíritu.

Por supuesto, Don Quijote de la Mancha es un libro para leer seis, siete veces. Tal vez ocho. Su lectura sirve tanto para el lector común como para el más afanoso y obsesivo escritor. Fuente de recursos imaginativos, Don Quijote de la Mancha eleva el potencial creativo de los narradores y de los poetas.

Las poesías de Lope de Vega son para toda hora y lugar. Los cien mejores libros del vulgo no tienen nada que hacer ante un soneto del Fénix de los ingenios.
En lo tocante a la ortografía, cualquier libro clásico es recomendable para niños y adolescentes, pues los autores de libros que han vencido el paso del tiempo han sumado años y años de conocimiento sobre redacción, ortografía, lenguaje puro y estilo anunciador de buenas nuevas.

CUIDADO CON LAS TANDAS

Pero cuidado con algunas tandas de poemarios y colecciones de cuentos de nuevas generaciones que van apareciendo, pues su debilidad está en la falta de acentos y en la pobreza extrema de su lenguaje. Hay poemarios bellísimos como aquel celebrado Veinte poemas de amor y una canción desesperada, del poeta chileno Pablo Neruda. Según mi entender, este libro de todos los libros, no solamente aviva la inspiración de los jóvenes vates, sino que además es una prueba rotunda de que el lenguaje amoroso halla predominio en todas las eras, incluyendo, claro está, la era digital.
Otra lectura que recomiendo es La guerra y la paz. Buena obra es Cien años de soledad, calificada por el escritor argentino Jorge Luis Borges como una de las mejores novelas de todos los tiempos.

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