11 marzo 2008

Michael Walzer


Por Daniel Gamper Sachse

"Me veo como un judío comunitario y como un americano liberal"

En esta entrevista, anticipo de Terrorismo y guerra justa (Katz), el pensador estadounidense habla de su controvertida teoría sobre las razones que justifican una intervención bélica y ciertos actos terroristas.

Las reflexiones de Michael Walzer en Terrorismo y guerra justa y en sus libros sobre la guerra se enmarcan en un proyecto teórico mayor sobre las esferas de la moral y de la justicia. En la guerra, en sus distintas facetas, ya sea como guerra de defensa o en la forma espuria de la lucha antiterrorista, cabe también realizar diferenciaciones morales, con cuya ayuda se puede argumentar lejos de fáciles maniqueísmos e inflexibles manifestaciones en contra de males evidentes. La guerra justa es uno de los asuntos más controvertidos de la filosofía moral. Puede servir tanto para justificar como para criticar las guerras del pasado y del presente. Está claro que Walzer no pretende colaborar en la justificación de las acciones de los estados belicistas. Antes bien, valora las acciones y las palabras de los agentes implicados en las guerras y pone a prueba las justificaciones que ofrecen las partes. ¿Cuál es el objetivo de los terroristas? ¿Se adecuan los medios que aplican a las finalidades que persiguen? ¿Deben los ejércitos seleccionar los objetivos militares arriesgando a las propias tropas? ¿Cómo se identifica a los verdaderos terroristas? ¿Qué estatuto tienen los prisioneros de "guerra antiterrorista"? ¿Cuándo deja de ser inmune la población civil? Estas preguntas incomodan al intransigente de la ética, pues lo obligan a hallar los matices en el infierno moral de la guerra. Esta tarea, sin embargo, no se puede posponer ni dejar en manos de los supuestos expertos. [...]

-Usted escribió sobre la guerra justa en su ya clásico Guerras justas e injustas y más recientemente en Reflexiones sobre la guerra [...]. Este concepto crea sin duda incomodidad entre sus lectores. ¿Se debe esta incomodidad a que usted utiliza el concepto de guerra justa no solo para criticar las guerras sino, en algunos casos, para justificarlas, como en la invasión de Afganistán tras el 11 de septiembre?

-Si hay pacifistas entre los lectores o individuos fuertemente comprometidos con el movimiento contra la guerra, es normal que haya malestar con la teoría, porque aunque es una teoría crítica, es también una justificación de algunas guerras, como las guerras de defensa propia, las que van en ayuda de otra gente, o las guerras para detener crímenes contra la humanidad. El razonamiento que se aplica a la guerra justa puede ir implícitamente en ambas direcciones: tanto para justificar cuanto para proscribir determinadas acciones armadas. Una de las críticas estándar de la izquierda pacifista es que la teoría de la guerra justa moraliza la guerra y facilita la lucha, ya que nos enseña a luchar dentro de unos límites establecidos. Mi respuesta es que hay algunas guerras, las que evitan las carnicerías, como por ejemplo las dirigidas contra los nazis o los movimientos y los Estados fascistas, que a fin de cuentas deben ser llevadas a cabo, y dado que tenemos que luchar, es mejor que lo hagamos dentro de unos límites marcados, porque en caso contrario acabaremos imitando a la gente contra la que luchamos.

-En sus textos y, en general, en su discurso se observa que usted habla desde el nosotros. ¿No cabe esperar de un filósofo que se aleje de su propio contexto para adoptar una postura, digamos, kantiana, esto es, intransigente con toda forma de violencia? En definitiva, ¿que abandone el "nosotros"?

-Uso el "nosotros" muy a menudo, porque forma parte de mi teoría de la crítica social. En mi libro Interpretation and Social Criticism defiendo que el mejor punto de vista para el crítico social no es el del profeta en la montaña que levanta su dedo amenazador a la humanidad corrupta, sino el del ciudadano comprometido que critica a sus conciudadanos pero que, al mismo tiempo, reconoce su fraternidad con ellos, su pertenencia común al grupo social. Cuando uso el "nosotros" lo hago como ciudadano americano crítico con muchas de las políticas de mi gobierno actual. [...]

-Pero aun aceptando lo que sostiene, usted podría tal vez expresar o sentir sus compromisos y obligaciones de manera cosmopolita. [...]

-A veces criticamos desde posiciones cosmopolitas o universalistas. Por ejemplo, en el contexto del discurso sobre la guerra, la teoría de la guerra justa es una teoría universalista. En primer lugar, porque la guerra trasciende las fronteras políticas establecidas, ocurre más allá de las fronteras políticas, culturales y religiosas. Sus reglas deben ser aplicadas por igual a la gente de ambos lados de la frontera. De ello se puede concluir que en relación con la guerra hay leyes universales. Así, cuando critico la guerra americana en Irak o apoyo la ocupación de Afganistán posterior al 11 de septiembre, lo hago sobre la base de principios que aplicaría a las guerras de cualquier país. Con todo, en los casos mencionados aplico estos principios como ciudadano americano y hablo sobre todo a mis conciudadanos, aunque no solo a ellos.

-Otro concepto controvertido de su teoría es el de paz. ¿Cómo la define? ¿Qué es la paz?

-La paz es ausencia de guerra. Es, en primer lugar, un concepto negativo. Los términos morales más fuertes tienen un sentido negativo a causa de su poder crítico. Por ejemplo, el igualitarismo significa no a la jerarquía, y dado que vivimos en un mundo de desigualdad y dominación, el igualitarismo es en primer lugar una doctrina de abolición de estas realidades. Y creo que la paz es algo semejante: la coexistencia pacífica de grupos significa que uno de ellos no domina ni persigue al otro, que no hay una guerra civil entre ellos, que viven juntos sin conflicto violento. [...]

-¿Cuál es la relación entre paz y justicia?

-Las últimas décadas nos han enseñado que con frecuencia entre la paz y la justicia hay una tensión, incluso una contradicción. Tras la caída de un régimen tiránico, los intelectuales de la nueva era tienen que decidir si la reconciliación y la paz son compatibles con las injusticias realizadas por los gobernantes del antiguo régimen, lo que normalmente no es el caso. Tengo un amigo en los Estados Unidos con una vida complicada: es un indio ugandés que vivió en el exilio durante los regímenes de Amin y Obote, pues había pertenecido al movimiento revolucionario. Cuando volvió a Uganda se encontró con que había que tomar una decisión: Amin y Obote eran líderes que provenían de tribus minoritarias y habían beneficiado a su gente durante sus gobiernos. ¿Qué exigía la justicia? ¿Cuánta gente había que castigar por los asesinatos? Si se empezaba a asesinar, parecería que se estaba vengando un crimen con otro crimen. Y eligieron la amnistía y la reconciliación, aun cuando sabían que no estaban haciendo justicia con la gente asesinada. Puedo entender esta decisión. En el caso de Chile, donde el gobierno democrático se hizo con el poder tras acordar con el ejército que no habría persecuciones, se trata de una situación semejante que no es especialmente estable. [...] Por otra parte, si se piensa en el futuro tal vez sea mejor dejar que se mantenga este tipo de acuerdos, ya que pueden resultar ejemplares cuando de lo que se trata es de realizar transiciones hacia la democracia. [...]

-En algunos de sus textos se observa repetidamente su afirmación de que en ocasiones hay que dejar de aplicar un principio para lograr la paz. Cuando se trata de la guerra, usted ha sostenido que hay circunstancias en las que la moralidad puede dejarse en suspenso. Se trata de las circunstancias de la, por usted denominada, emergencia suprema. ¿Quién decide qué es una emergencia suprema? ¿Cuáles son los criterios?

-La cuestión de quién debe decidir aparece en todos los momentos. Pero la emergencia suprema es la más dura de todas las decisiones. En mi definición en Guerras justas e injustas intenté ser lo más restrictivo posible. En un principio pensé que era suficiente con señalar el nazismo y decir "eso es una emergencia suprema": cuando los valores humanos están completamente amenazados y cuando un Estado ha sistematizado el genocidio, entonces se da una situación de emergencia suprema y está justificada la suspensión de algunas leyes morales. Piénsese en los bombardeos aliados de las ciudades alemanas. Ahí el argumento es restrictivo: hay que observar cronológicamente y ver que los bombardeos pasaron a ser crímenes de guerra. Los que deben decidir si, por ejemplo, se bombardea o no, son los actores. No me puedo imaginar un mecanismo institucional. Deben ser, pues, los líderes políticos genuinamente comprometidos con las leyes morales y que solo las suspenderían en caso de emergencia suprema. La prueba para comprobar si se trata de líderes de esta naturaleza es que se sentirían culpables de hacer algo malo, sabrían que estarían haciendo algo malo. Es el argumento de que hay situaciones en las que es bueno hacer lo que es malo, y que no por ello deja de ser malo. Muchos filósofos han criticado este argumento diciendo que es contradictorio, pero aun así creo que refleja muy bien lo que significa la expresión "manos sucias". Aunque se trate de la acción correcta, eso no significa que las manos no se ensucien.

-Parece como si el mismo concepto de emergencia suprema no se pudiera entender en el marco de una sociedad liberal en la que los vínculos entre los individuos y su identificación con el Estado no son lo bastante fuertes como para que los ciudadanos se expongan por su país. ¿Requiere este concepto de una justificación comunitarista?

-Hace años que escribí un artículo sobre Rousseau titulado "La obligación de morir por tu país", y después escribí un artículo paralelo con el título "La obligación de vivir por tu país". Hay una fuerte tradición izquierdista contra el suicidio, porque tu vida no te pertenece sino que pertenece a la revolución. En un famoso discurso de Fidel Castro en el funeral de un camarada que se había suicidado, condenaba su actitud, ya no era suya la vida que tomó. Por lo que se refiere a la obligación de morir por el país, si, como dice Hobbes, nuestra preocupación principal es evitar la muerte violenta, entonces cuando se crea un Estado con el único propósito de prevenir esta muerte y para la supervivencia, ¿cómo va uno a sacrificar su vida por el Estado que justamente está ahí para mantenerla? Hobbes argumenta de manera contradictoria: dice que hay que proteger la protección. Rousseau sí que puede explicar por qué hay que morir por el propio país; Hobbes y el liberalismo no pueden. [...] Solo cuando la comunidad política pasa a tener otro sentido, cuando uno piensa que la pertenencia a esta comunidad incorpora valores que uno desea preservar, tiene sentido arriesgar la vida para que esa comunidad política siga viviendo.

-En febrero de 2002 usted firmó, junto con sesenta académicos estadounidenses, el texto "What We re Fighting for: A Setter from America", en el que apoyaba la intervención en Afganistán como respuesta a los atentados del 11 de septiembre. ¿Por qué?

-Yo no escribí ese texto. Lo escribió mi amiga Jean Bethke Elshtain. Lo firmé porque pensaba que el texto era bastante restrictivo. La versión publicada incluye una nota al pie de página que añadimos algunos de los que lo firmamos y que nos identificamos con la izquierda liberal americana, insistiendo en que este documento se refería únicamente a la guerra de Afganistán.

-En el texto se encuentra una aparente contradicción: por una parte se afirma que toda vida humana debe ser preservada, pero por otra parte se justifica una intervención armada, en la que por cierto morirán personas.

-Creo que casi todos los que firmaron ese documento, como yo mismo, estamos en contra de la pena de muerte, justamente porque cuando un criminal se halla en prisión ya no es una amenaza para la sociedad. Lo mismo equivale para los prisioneros de guerra. Los prisioneros de guerra deberían ser tratados de acuerdo con las convenciones y estar en cuarentena solo mientras dura el conflicto. Pero en la batalla, los otros, los enemigos, son una amenaza. La idea misma del ius in bello, de la justicia en el campo de batalla, es que está justificando matar soldados mientras dura la guerra. Tan pronto como el soldado está herido ya no se puede, hay que ayudarlo. Tan pronto como ha sido capturado, el soldado es inmune. Pero en el conflicto es vulnerable y ha perdido su derecho a la vida. Ahí no veo ninguna contradicción. Luchamos contra los nazis para defender la vida, y en esa lucha no es contradictorio matar soldados.

-El manifiesto americano fue respondido poco después por intelectuales alemanes que les reprochaban no tomar en consideración la inviolabilidad de la dignidad humana también de los talibanes, así como de los prisioneros de Guantánamo. La réplica americana sostenía que la finalidad de los combatientes es minimizar las bajas. Se trata pues de un argumento utilitarista según el cual ya no se habla de inviolabilidad. ¿Apoya usted esta perspectiva utilitarista?

-El utilitarismo desempeña un papel en la doctrina de las guerras justas, y de modo crucial en la doctrina de la proporcionalidad. Para comprenderlo hay que ver primero la teoría del doble efecto: la intención primera es conseguir un objetivo militar; se sabe que algunas bombas no darán en el objetivo, que pueden causar bajas en áreas residenciales de la clase obrera, y la regla es que las muertes civiles no deben ser desproporcionadas respecto del valor del objetivo militar. ¿Quién lo decide? Es un argumento utilitario en el interior de la doctrina de la guerra justa, que esencialmente no es utilitaria, ya que parte de la afirmación de que no se puede matar deliberadamente a civiles. Este es un principio absoluto, que tal vez se puede suspender en casos de emergencia suprema, pero no en cualquier momento. Ahí es donde la proporcionalidad se introduce para limitar la muerte no intencionada de civiles. Incluso en el seno de una doctrina de la proporcionalidad se busca causar el menor daño posible a los civiles. Y este es el argumento de las dos intenciones: por una parte, dar con el objetivo militar; por otra, debe haber la intención de evitar la imposición de riesgos en los civiles cercanos al objetivo. Y esto en algunos casos implicará la aceptación de riesgos para los propios soldados. De hecho, la disponibilidad a aceptar riesgos para las propias tropas es la prueba de que se está comprometido con la segunda intención antes mencionada.

-Da la impresión de que cuando justifica la defensa propia de los estados lo hace por analogía con la defensa propia en el caso de los individuos. Se me ocurren dos objeciones: en primer lugar, la defensa propia en el caos de los estados solo es justificable si no hay una autoridad a la que recurrir, pongamos por caso la ONU; en segundo lugar, la violencia debe ser proporcional y en la guerra siempre muere algún inocente de modo que la reacción acaba pareciéndose a la venganza.

-La analogía es, ciertamente, imperfecta. No lo niego. Pero como primer caso nos ayuda a comprender la agresión y la defensa propia, porque es la persona que se defiende a sí misma o el Estado que se defiende el que actúa con frecuencia más violentamente. Ya lo dice Clausewitz: cualquier agresor desearía entrar en territorio ajeno y conquistarlo pacíficamente; es cuando encuentra resistencia que empieza la guerra. El que debe tomar la decisión de resistir o no es la persona que es agredida. Es ella por tanto la que debe decidir si la resistencia puede ser una imprudencia, si acaso no sería más inteligente no resistirse y buscar la paz prescindiendo de la justicia. Veamos el caso de Afganistán: los Estados Unidos fueron atacados por una organización terrorista que no solo se cobija en Afganistán. De modo que hay que preguntarse por qué atacar Afganistán y no también los otros países que dan cobijo a terroristas. El gobierno talibán estaba asociado de manera activa con Al Qaeda, había un contacto estrecho entre ambos, y el gobierno talibán proporcionaba a Al Qaeda las ventajas de la soberanía, a saber, una base territorial donde podían reclutar y albergar a jóvenes de todo el mundo y entrenarlos para actividades terroristas. La guerra de Afganistán fue diseñada para derrocar a ese gobierno, que estaba asociado con los terroristas, y para eliminar los campos de entrenamiento y la posibilidad de usar Afganistán como base. Tal vez no sea eso lo que se acabó haciendo, pero esa es otra cuestión. No era una guerra de liberación, sino una guerra de defensa propia. Y en una guerra de este tipo, si se reconoce su justicia, hay que aceptar una regla de proporcionalidad diferente a la que usted describe. A la hora de decidir entrar en guerra con Afganistán hay que aplicar esta regla de proporcionalidad: la prueba debe ser el número de bajas en relación con el valor de haber destruido la alianza entre un Estado y una organización terrorista, pero también hay que pasar la prueba consistente en que el atacante ha demostrado estar preparado para imponer riesgos a sus propias tropas. Creo que se puede afirmar que los americanos no aplicamos estrictamente ese principio en Afganistán. En muchos casos nos fiamos de las informaciones de alguno de los llamados "señores de la guerra" y acabamos bombardeando a otro "señor de la guerra" en lugar de a los talibanes, porque nos usaron para sus propósitos internos. Pero cuando fue nuestra gente la que identificó los objetivos sobre el terreno, nuestros bombardeos fueron mucho más precisos. Nuestra obligación moral es situar a nuestra gente, ponerlos en situación de riesgo, para identificar los objetivos, y cuando lo hicimos creo que entonces los ataques estaban justificados.

-¿Sigue usted defendiendo esta guerra, ahora que ya ha visto cuáles han sido sus consecuencias?

-Desde el principio he argumentado que nosotros hacemos juicios separados. En primer lugar juzgamos si la guerra fue oportuna (ius ad bellum) y nos preguntamos si fue correcto ir a la guerra. En segundo lugar analizamos el modo en que la condujimos (ius in bellum). Creo que en este último aspecto lo hicimos muy mal. No estuvimos dispuestos a invertir los recursos para la reconstrucción política y moral, no estuvimos dispuestos a pedir la ayuda europea; recibimos alguna, pero no aceptamos tanta como se ofreció. Dado que hicimos tratos con los señores de la guerra para facilitar la guerra, no estuvimos dispuestos a extender la autoridad del nuevo gobierno a todo el país, y el resultado fue la corrupción, la brutalidad, la supresión de nuevo de los derechos de las mujeres en todo el país excepto en Kabul, que, en comparación con el resto del país, es casi una ciudad liberal y cosmopolita. Creo que debemos ser muy críticos con la conducta americana en el período subsiguiente a la guerra, pero eso no nos obliga a hacer un juicio diferente sobre el inicio de la guerra.

-Hay otra objeción repetida a la intervención en Afganistán. ¿No hay algo perverso en el hecho de que los Estados Unidos, que han sido las víctimas de un ataque, sean al mismo tiempo los jueces de la agresión? ¿No hay algo perverso en ser a la vez juez y parte?

-Esto es así en todos los casos de defensa propia. No sé cómo se evita. Usted sabe que el teléfono de emergencia en los Estados Unidos es el 911. Tras los ataques del 11 de septiembre (9/11), algunos dijeron que no se trataba de una guerra sino de un crimen y que había que acudir a la ONU o a la Interpol, para que nos ayudaran a encontrar a los criminales. En su momento describí esto como la reacción al 9/11 llamando al 911. Sería una reacción legítima si hubiera alguien que cogiera el teléfono. Pero no hay nadie. Creo que tiene mucho sentido que trabajemos para la creación de alguna agencia internacional que pueda reaccionar ante las crisis humanitarias o los actos criminales a gran escala. Pero no tiene sentido aparentar que esa agencia ya existe. Y creo que ese fue un error de mucha gente tras el 9/11.

-Tal vez habría que actuar como si la agencia existiera.

-Sí, el argumento del "como si" tiene valor. Por ejemplo, al negociar con los terroristas hay que hacerlo como si la diferencia entre la sección militar y la política de un grupo terrorista fuera real, con la esperanza de que acabe siendo efectivamente real y se pueda acabar negociando en el nivel político con los terroristas.

-Pasemos a la cuestión del terrorismo. ¿Cree que debemos tener en cuenta las causas argüidas por los terroristas, por ejemplo, las injusticias cometidas internacionalmente por los Estados Unidos?

-En primer lugar hay que decir que el terrorismo es una opción entre otras. Hay muchas víctimas de la brutalidad de los Estados Unidos en el Sudeste asiático y en América Central que no eligen el terrorismo.

-¿Se puede excusar las acciones de algunos terroristas si atendemos a sus objetivos?

-No, eso no lo puedo aceptar. Estoy dispuesto a desarrollar una doctrina de emergencia suprema para los terroristas, pero debería ser algo parecido a los años del nazismo. Es decir, solo aceptaría una justificación del terrorismo en casos de emergencia suprema como los del nazismo. No puede ser cualquier tipo de opresión colonialista, tiene que ser una reacción a algo realmente extremo. Creo que hay muchas pruebas de otras formas de acción política. Pensemos, por ejemplo, en los camaradas de los terroristas que han discutido alrededor de una mesa con ellos la oportunidad de la acción armada y la han rechazado.

-¿En qué términos define su propia posición filosófica?

-Soy un comunitarista liberal. En una sociedad de muchas comunidades como los Estados Unidos, que es genuinamente multicultural, me veo a mí mismo como un judío comunitario y como un americano liberal, porque el Estado americano tiene que ser liberal para poder albergar a estas diversas comunidades.

Fuente: KOL AVIVIM

El solar

Por Delfina Acosta

Juan José Vélez Otero es un poeta español, muchas veces premiado, de exquisita inspiración poética. Sus versos dicen las necesidades del alma, a través de un lenguaje sencillo y espontáneo en su tristeza. Sigue Vélez Otero la conducta de los vates de ayer. La poesía es su amante, su amiga, su vicio, su patria y todo cuanto hay de responsabilidad estética en el orbe.

Juan José Vélez Otero es un poeta que se examina a sí mismo, que consulta con los libros y con los dioses para poder traducir las angustias del hombre de nuestro tiempo, en sensaciones poéticas al alcance de todas las imaginaciones y gustos.

La congoja de la soledad, la vehemencia de la sangre estrellándose contra la nada son algunas de las imágenes y expresiones que nos llegan a través de su libro El solar.

LA ESPERA

Si solamente me tocaras el corazón
(Pablo Neruda)

Si solamente vinieses a visitarme,
si llegases al menos una vez
con un cuenco de espigas en las manos,
con un cesto de sonidos
de campanas al alba a despertarme,
a tocarme el pelo, a pellizcarme
las mejillas con tus dedos blancos,
a besarme los labios y a llamarme cobarde.

Si solamente vinieses una vez
con los pájaros sonámbulos de la noche
a dar sentido al destierro,
a ofrecerme el olor a barro y a lluvia,
a pan caliente de la canal de tus pechos,
a violentar el silencio
y la luz cansada de estas nubes bajas.

Si vinieses al menos una vez
a traerme tabaco de mendigo pobre
y un puñado blanco de azahares
con que ahuyentar el olor
a dalias viejas de mi almohada.

Ven vestida de muerte al menos,
blanca por el camino intransitable de la fiebre,
a llenar de escalofríos el corazón
dormido en las ascuas de unos zapatos rotos.

Ven desnuda
a dormir conmigo bajo la tempestad y la niebla,
a partir el espejo obstinado del insomnio,
a que bebamos juntos por una noche siquiera
el vino salvaje
y hostil de los solitarios.


Juan José Vélez Otero

Llega, toca y lárgate

Por Roger Wolfe*

Es inútil, le dije.
Escribir.
Escribir es inútil.
Ya, me contestó.
Ya lo estaba yo pensando
el otro día.
¿Y a qué conclusión llegaste?
Pues eso. Lo que dices
tú. Que carece por completo
de sentido.
Sólo que...; bueno,
también poner ladrillos
es inútil.
Sirve para construir casas...,
y paredes. Paredones, también.
Quizá se trate de eso.
¿De qué?
Un oficio, joder, un
oficio. Ni más ni menos
que un oficio.
¿Como decía Pavese?
No, como Pavese no. Como ese músico
de jazz. ¿Te acuerdas?
Freddie Green.
Llega, toca, lárgate.


*Roger Wolfe, poeta, novelista y ensayista español nacido Westerham, Kent, Inglaterra, en 1962. Reside en España. Es un gran impulsor del realismo contemporáneo español representado en una obra que él mismo ha denominado como "Escritura total". Su primer poemario "Diecisiete poemas" 1986, fue seguido por "Días perdidos en los transportes públicos" 1992, "Hablando de pintura con un ciego" 1993, "Arde Babilonia" 1994, "Mensajes en botellas rotas" 1996, "Cinco años de cama" 1998, "Enredado en el fango" 1999 y "El arte en la era del consumo" 2001. Recibió el premio Anthropos en 1991 y el premio Ciudad de Barbastro de novela corta por "Fuera del tiempo y de la vida".

Cortesía de José Alberto Medina Molero

09 marzo 2008

Lo anecdótico de la guerra y del peligro

Por Teódulo López Meléndez

Lo anecdótico es generalmente irrelevante, algo curioso, un suceso circunstancial, algo sin importancia que contamos y sobre el cual en no pocas oportunidades bromeamos. Este gobierno venezolano que nos ha tocado en suerte protagoniza anécdotas a diario.

Veamos un par, ilustrativas a más no poder, para luego ocuparnos de lo opuesto: el “especialista en inteligencia” Ramón Rodríguez Chacín dijo solemne en rueda de prensa que tenía las coordenadas donde las FARC entregarían a los rehenes, pero que no las diría a nadie ni siquiera a la Cruz Roja y que sólo las entregaría al piloto del helicóptero ya en vuelo. Una vez en el sitio de los acontecimientos prendió su teléfono satelital para comunicarse con “su” comandante en jefe. Después de la historia de Raúl Reyes a uno lo que le queda por decir -a manera de anécdota- es que absolutamente nadie se enteró de donde estaba Rodríguez Chacín, nadie rastreó la llamada, nadie se enteró del punto exacto donde las FARC estaban entregando a los cuatro ex-parlamentarios en perfecto estado después de una “caminata de 230 kilómetros”. Vaya “especialista en inteligencia”. La otra curiosidad es la solemne perorata a la nación del Ministro de la Defensa donde “informaba” de la movilización militar para enfrentar los designios del imperio. Luego se acusó a los medios de divulgar –en “traición a la patria”- los secretos movimientos militares venezolanos. El jefe del Comando Sur de los Estados Unidos ha dicho que monitorea los movimientos de tropas venezolanas y ecuatorianas, de manera que saben donde está cada tanqueta, donde cada soldado, donde cada cañón. Recuerdo perfectamente cuando seguía, desde Lisboa, la guerra de Las Malvinas en la BBC de Londres, pues la estación precisaba con detalles los movimientos de la flota enviada por la señora Thatcher y anunciaba cada vez que un avión argentino acertaba sobre un navío de la Real Armada Británica.

Lo anecdótico forma parte diaria de la vida nacional. Como la oferta de los airados grupos foquistas de Lina Ron de colocar dos mil hombres en el “frente de batalla”. Ahora sabemos que tienen dos mil armas, dos mil portadores, dos mil guerrilleros urbanos. Lo anecdótico comienza a dejar de serlo cuando vemos que los protagonistas controlan a un gobierno. Lo anecdótico pasa a ser tragedia cuando comprobamos que la guerra continúa, que la guerra es contra la población de este país, que tenemos a un gobierno en guerra contra su propia nación. Este asunto deja de ser risible cuando tenemos a un gobierno observado por las cancillerías del mundo con aprehensión, conmiseración y asombro. Este asunto deja de ser tema de broma cuando se plantea –independientemente de que prosperen o no- que el Jefe del estado de este país será acusado ante la Corte Penal Internacional y cuando comienza a repetirse que Venezuela debe ser declarada un estado narcoterrorista.

No, esto no forma parte de la anécdota, esto forma parte del peligro. Esto no es asunto del Reader Digest con aquello de “la risa remedio infalible”. Nadie puede reír cuando un Jefe de Estado alega que él podría declarar terrorista a Pedro Carmona Estanga y bombardear su apartamento en Bogotá. Eso, en boca de un presidente, no es una anécdota, es una amenaza de muerte.

Del peligro forman parte los constantes abusos a los que se somete a nuestros militares. Del peligro forman parte las incidencias internas de este descalabrado suceso que la diplomacia internacional ha sabido meter en el congelador, porque meter en el congelador lo caliente para que se enfríe es el papel de la diplomacia. Y esas incidencias internas son variadas y llenas de peligro: se le ha dado un bofetón a la posibilidad de alternancia democrática por vía electoral, lo que no debe desanimar, en lo más mínimo, una participación total en los comicios regionales de noviembre próximo. Aún así, el elemento está presente. El gobierno ha sembrado, con sus maniobras militares y su arrogancia bélica, ha sembrado como nunca, la creencia colectiva de que no sale con votos, aunque sea derrotado en elecciones regionales o parlamentarias. Esa siembra es parte fundamental del peligro. Eso es jugar con fuego y el que juega con fuego se hace pipí en la cama (proverbio húngaro).

Disposiciones que violan la autonomía universitaria al ser aplastadas sus propias normas de admisión, leyes que salen –o mejor que entran-, desabastecimiento mientras el gobierno muestra con orgullo en propaganda oficial –caso insólito- que los puertos están abarrotados con alimentos y que hay “cero escasez”. Las importaciones masivas de alimento ahora son motivo de orgullo; francamente para plantearse de nuevo si reír o llorar. Abuso oficial de cadenas, discursos altisonantes, comportamiento desgreñado en el plano internacional, aplicación de la reforma derrotada por vía de la habilitación. Lo dicho: la guerra es interna.

Este no es un país que vive plácidamente en democracia. Este es un país en guerra, una interna, una despiadada, una que no permite momentos de paz o concede segundos de tregua. No estamos, pues, señores candidatos que llueven y pululan como mariposas amarillas, en “una noche tan bella como esta”. Aquí no se necesitan teléfonos satelitales para saber que la noche es oscura y tempestuosa. Aquí hay que ir a votar masivamente en noviembre y dejar de lado los brotes abstencionistas que como plaga egipcia comienzan de nuevo a surgir, pero hay que hacerlo bajo conciencia de lo que realmente vivimos. Aquí no se trata simplemente de “unidad y buenos candidatos”. Aquí se trata simplemente de que aprovechamos los resquicios electorales que el régimen permite, no más. Si no los aprovechásemos seríamos estúpidos, como seríamos estúpidos si pensásemos que el país transcurre en la “normalidad democrática”. Por eso me molesta de manera especial la argumentación jurídica ante el caso de los “inhabilitados” cuando ha debido darse una contundente respuesta política. En México López Obrador no se limitó a enunciados legalistas cuando lo querían inhabilitar como candidato presidencial sino que colocó una inmensa multitud forzando la barra e imponiendo la pertinencia de su candidatura. Aquí los “inhabilitados” proclaman que debe ser el Tribunal Supremo el que debe decidir, mientras su presidenta sale de asomada a proclamar lo bien que estuvo la movilización de tropas, seguramente para evitar que la jubilen antes de tiempo o la execren por haber votado “No” en contra de la reforma constitucional. Tiene la señora facturas que pagar.

En este país donde se entremezclan lo anecdótico y el peligro, debemos saber que no saldremos del peligro con anécdotas.

El cuento socialista

Por Nelson Maica C

“Los marxistas no están dispuestos a reconocer
que también los nazis son socialistas”.

Ludwig von Mises.


¡Que vergüenza y bochorno para los venezolanos demócratas el episodio vivido hasta la cumbre en la República Dominicana esta semana! ¡Y el circo continúa y el cuento del socialismo, comunismo del siglo XXI continúa! Sí, debe ser un cuento de nunca acabar, como el del gallo pelón. ¿Por qué?

Los señores C. Marx y F. Engels partieron del supuesto de que sin capitalismo no hay dictadura del proletariado, ni socialismo, ni comunismo. Independientemente si hay guerra o paz. Es producto de la intervención de la razón humana, de la mente humana. Sin capitalismo no hay socialismo, comunismo.

Aquí se acaba el argumento de que el socialismo, comunismo es mejor que el capitalismo. Sólo hay que contestar las siguientes preguntas: ¿Por qué fracasó en Rusia? ¿Por qué China dice que ya el 50% de su economía es privada y que seguirá en esa vía?

También se acabó el argumento de que el socialismo, comunismo renovado, el de ahora, era una necesidad, porque tenía que reparar los daños de la segunda guerra mundial. Cuando es evidente que esos daños han sido reparados, en lo material, por el capitalismo. Lo más que le hemos leído a algunos radicales defensores del socialismo, comunismo es que las consecuencias económicas del socialismo, comunismo han sido poco satisfactorias. ¡Qué cinismo!

¿A quién le han pedido ayuda y préstamos los países socialistas, comunistas arruinados? A los financistas de los países capitalistas. Ahí están los registros mundiales. Ahí están los cubanos, recibiendo azúcar y alimentos de USA. Ahí esta la Venezuela de hoy con su “sancocho” socialista, comunista, luego de 10 años de régimen comprándole alimentos de primera necesidad a los yankis. Ahí tenemos a los cubanos, quienes perdieron su libertad de elegir en cual ocupación trabajar, en dónde habitar, qué comer y vestir. Perdieron la libertad para viajar al exterior, para leer periódicos y libros, para ver televisión, para oír radio, para usar el internet nacionales y extranjeros. Han sido regresados al medioevo, son los modernos siervos del Estado. Son los modernos esclavos del Estado, de una elite en el poder.

Cuanto han obtenido, a cambio de la pérdida de su libertad, que ya dura 48 años, es el cuento de nunca acabar, la misma cantaleta desde 1958, es la promesa de que dentro de no se sabe cuántos años más, cuando se alcance la nueva etapa de la sociedad socialista, comunista, sólo entonces habrá abundancia. El cuento del gallo pelón. Y todo por seguir las ideas equivocadas de C. Marx, desde 1875.

Ese paraíso de desastre, ese “infierno” que nos está “tocando”, es el ofrecimiento de este régimen y colas y más colas. Ese desastre ya lo estamos padeciendo en Venezuela. Afortunadamente, en los últimos días, estamos observando que las personas comienzan a “despabilarse”. Ojalá entiendan que la libertad y la democracia plural son bienes muy apreciados y que este régimen nos quiere convertir en esclavos, en sus esclavos, mediante el ardid del ofrecimiento y obligatoria aceptación de dádivas de todo tipo, comida, casas, trabajo a destajo, becas, etc., en las misiones, y gastar el dinero que se obtenga conforme a sus órdenes.

Espero que todavía queden algunas reservas civiles aquí y en toda América, para impedir que nos conviertan en otra Cuba. “Están evidenciados en todo”. Deberían irse del gobierno por sus propios pies, sería lo prudente, ahora.

Reflexiones sobre la Cumbre del Grupo de Río

Por Pedro Lastra

Termina la cumbre del Grupo de Río con un insólito aunque previsible resultado: Correa puesto en ridículo, Daniel Ortega con la cola entre las piernas y Hugo Chávez tragándose sus poderes de seducción ante un hecho incontrastable: Álvaro Uribe le ha vuelto a dar una lección de estatismo, seriedad, coraje y sentido histórico. Regresa a Bogotá con la cabeza de Raúl Reyes en una mano, el brazo de Iván Ríos en la otra. Unas FARC que se desmoronan de día en día y de minuto en minuto. Y la maleta llena de risas y abrazos. Un auténtico cazador de cabezas.

No fue a por un puñado de dólares. Como los que le permitieran a un aficionado Rafael Correa hacerse con el poder de un país que en su momento Simón Bolívar calificara de republiqueta. Que de otra manera no se explica que un país hecho y derecho sea gobernado por un amateur tan bisoño y lampiño que da grima. Ni los que le han permitido a Hugo Chávez contar con la sonrisa de la Sra. Fernández de Kirchner y la servil obsecuencia de uno de los revolucionarios más desprestigiados y corrompidos del mundo, como el comandante Daniel Ortega.

Han terminado en el sitio del que jamás debieran haber salido: en la pista del circo de la política latinoamericana. ¿Cómo es que Chávez rompe relaciones, echa al embajador de Colombia, moviliza diez batallones, pone a nuestro país en pie de guerra para terminar pocas horas después abrazardo con el peón del imperio, el lacayo de las multinacionales y el cínico cachaco del palacio Nariño? ¿Borrón y cuenta nueva? ¿Aquí no ha pasado nada? Ya te aviso, Chirulí.

Tanta alharaca, tanta bravuconería, tanta tronante amenaza para demostrar que del cerco de sus dientes no salen más que bravatas. Un tigre de papel. ¿Qué le pasó a sus ímpetus guerreros? ¿Qué a sus afanes expansionistas? Flatulencias, eructos, hipos y carrasperas. Imposible olvidar a Jaime Lusinchi, un presidente bonachón y sin ínfulas de generalato, que se cuadró frente al Caldas e impuso la defensa de nuestra soberanía. Imposible olvidar a Rómulo Betancourt, que sacó a patadas al comandante Ochoa Sánchez, a Ulises Rosales del Toro y a Tomás Menéndez, Tomassevich, de Falcón y El Bachiller, expulsando de paso a Fidel Castro de la OEA Eran la flor y nata de las guerrillas cubanas – las FARC de la Sierra Maestra – y salieron con la más homéricas de las diarreas.

Eran otros tiempos: presidentes bragados, silenciosos y corajudos. Que antes de hablar pensaban. Y luego de hablar actuaban. Dispuestos a entregar sus vidas en el campo de batalla. No estos generales de papel maché que se esconden en el museo militar y protestan porque pillan a sus terroristas en calzoncillos.

El gran triunfador de jornada, Álvaro Uribe. Violeta Parra le hubiera cantado: "discreto, sobrio y sencillo, son joyas resplandecientes, con las que el hombre que es hombre, se luce decentemente". A Simón Trinidad y otros altos dirigentes de las FARC se unen Raúl Reyes e Iván Ríos. La cacería es inclemente. La desbandada es total. Tan grande es la debacle, que Chávez se rinde, Ortega se arrastra y Correa se esconde. Mayor fiasco, imposible. Tienen sus días contados.

Cortesía de Demócratacristiano

07 marzo 2008

XX Cumbre del Grupo de Río: políticos de altura y enanos políticos

Por Liliana Fasciani M.

Hace un momento concluyó la reunión del Grupo de Río, celebrada en la capital de República Dominicana. Asistió la mayoría de los presidentes latinoamericanos, pero el protagonismo fue, sin lugar a dudas, compartido por Álvaro Uribe, Rafael Correa, Hugo Chávez, Daniel Ortega y Cristina Fernández de Kichner.

Por turno, cada uno expuso sus reclamos, críticas, argumentos, réplicas y contrarréplicas sobre el asunto que ha ocupado los principales titulares de la prensa nacional e internacional durante las últimas dos semanas, a partir de la muerte "en combate" del guerrillero (a) Raúl Reyes y otros de sus camaradas.

A la vista y al oído de los dimes y diretes de esta cumbre, transmitidos por CNN a través de Globovisión, sostengo la tesis de que la política es un arte que se ejerce como oficio. La diferencia entre quienes se dedican a ella consiste, fundamentalmente, en que algunos saben hacer del oficio un arte, mientras otros pretenden ser artistas de un oficio que aún no aprenden. De ahí que pueda hablarse de políticos de altura y de enanos políticos. Sólo los estadistas pertenecen a la primera categoría.

Político de altura

El presidente colombiano, Álvaro Uribe, aunque su introducción fue dura y sin matices, inmediatamente se percató de ello y se cuidó de expresar sus argumentos con claridad y firmeza, pero sin agresiones ni ofensas. Se comportó el mandatario colombiano como un político avezado en arduas lides. Inteligente y hábil, midió cada palabra y tuvo el buen tino de dirigir a cada cual, con nombre y apellido, un mensaje directo. Defendió enérgicamente que la lucha contra las FARC "es un proyecto autónomo de Colombia", que ese ejército guerrillero es "terrorista y narcotraficante", y que para nadie es un secreto que matan y secuestran, desde hace más de cuarenta años, a los colombianos.

Sea porque en verdad lo siente, sea por mera formalidad, sea por conveniencia política, no se le debe negar el beneficio de la duda a quien, como Uribe, reconoció ante todos -y ante el mundo- haber ordenado el ataque a la base de las FARC en territorio ecuatoriano sin informar de ello, previamente, al gobierno de ese país, y pidió perdón por el hecho y sus consecuencias.

Enanos políticos

En este caso, no por ser el más joven, sino porque su comportamiento en este impasse le ha merecido el sitial de honor en la categoría de los "enanos políticos", Rafael Correa ha demostrado ser un muchacho inmaduro, engreído y rencoroso, incapaz de separar las emociones de la razón. Su intervención, cargada de acritud e insolencia, exhibió sin tapujos la soberbia del hombre y no permitió ver a un gobernante serio que se manejase con digna soltura. Se desbandó, más bien, en su indignación.

Teniendo tan buenas razones para plantear el problema de la incursión militar del ejército colombiano en territorio ecuatoriano, se dejó llevar por el impulso ciego de la ambigüedad conceptual. Interpretó y defendió la soberanía desde una única posición: la del gobierno de Colombia con respecto al territorio ecuatoriano; pero no aplicó dicha interpretación para referirse a la también ilegal incursión de una tropa de las FARC en su territorio. A ello se le añade que se negó a etiquetar de terroristas a estas fuerzas irregulares y repitió, al menos un par de veces, el estribillo de las "falacias" y las "mentiras" del gobierno colombiano.

Su exposición final fue aún peor que sus reclamos iniciales, pues -con la expresión huraña de un niño que se ve forzado a hacer las paces- una vez estrechada la mano de su colega colombiano, y habiendo ambos recibido los aplausos de los allí presentes, Correa, sin confianza y sin convicción en el gesto cortés, ni en el reconocimiento de la falta, ni en la intención de paz del presidente Uribe, insistió en que el incidente no fue tal, sino mucho más grave que eso, que aceptaba las disculpas por su condición de "caballero", pero que "en lo personal", él jamás perdonaría esa afrenta. En ese instante parecía que todo iba a retornar al punto de partida. Y probablemente es lo que, en realidad, el muchacho ecuatoriano, tanto en el fondo como en la superficie, deseaba, porque no disimuló en lo absoluto su desagrado. Da la impresión de que, por algún motivo -que será muy suyo-, Correa habría preferido otro desenlace, menos político y, por lo tanto, de más confrontación.

Otro de los "enanos políticos" es Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, de quien baste decir que es un misterio cómo logra combinar en su persona la indigencia mental con el oportunismo descarado. El siempre guerrillero sandinista se mueve como una veleta, según hacia dónde sople el viento de la revolución bolivariana, porque de ella depende su poder, su gobierno y su bolsillo.

También Cristina Kichner, presidenta de Argentina, recién aterrizada en el escenario de los Jefes de Estado gracias al paracaídas de su esposo Ernesto y a la contribución electoral de su buen amigo Chávez, debe aún pagar el noviciado para sentirse holgada en la cumbres del poder. Por el momento, sólo le preocupa su imagen, si la melena se desparrama sobre sus hombros, que la cámara no la capte con anteojos, que las luces no le dañen el maquillaje.

Su intervención fue todo un clásico del feminismo de los '70 con algunos ribetes mafaldianos. Por un momento pensé que estaba hablándole a un par de clones de Manolito cuando pidió a los mandatarios de Ecuador y Colombia que actuaran con "racionalidad", pero una fracción de segundo después se había convertido en Susanita para agregar "y no con actitudes que a veces nos adjudican a las mujeres". Sólo faltó que tipificara el conflicto como violencia de género.

El otro "enano" es Evo Morales, presidente de Bolivia, nueva colonia de Venezuela, que gobierna bajo la inducción y el protectorado del neoimperialista Hugo Chávez. De la intervención del sindicalista cocalero hay que reseñar lo único que se le escuchó decir, antes de que interrumpieran la transmisión para cederle el espacio al ministro colombiano que informó de la muerte, también "en combate" de (a) Iván Ríos, guerrillero del alto mando de las FARC.

Morales defendió el sindicalismo minero, el sindicalismo cocalero, el comunismo y, desde luego, negó rotundamente que esas organizaciones tuviesen nada qué ver con el narcotráfico, y finalizó con una enredada y aburrida exégesis contra el imperio, promotor y publicista de la especie de que ellos y las FARC son grupos terroristas. Evo, pupilo obediente y adocenado, se ha aprendido de memoria la lección impartida por su mecenas, y al igual que Ortega, sabe que su poder, su gobierno y su cuenta bancaria dependen de su incondicional sumisión.

Hugo Chávez, presidente de Venezuela, resucitador del socialismo comunista, neocolonizador del continente y generoso mentor de los prenombrados, salió del abismo de oscuridad donde perpetra toda clase de estrategias mediáticas, belicistas y desestabilizadoras, para llegar, convenientemente comedido y concilidador, proponiendo la paz a aquellos a los que hasta ayer nomás les metía casquillo y los conminaba a una declaración de guerra contra Colombia. De este sujeto nada hay que agregar a lo ya dicho, en este país y en cualquier otro, porque una década es más que suficiente para saber que, además de malvado e intrigante, el tipo es falso como un billete de 15 bolívares -débiles- o de 15 dólares.

Unos y otros de aquí y de allá

En cuanto al resto de los presidentes, digamos que hicieron su trabajo tan bien como todos los anteriores se lo permitieron, dada la diatriba y el estado sulfuroso en que se hallaban inicialmente los ánimos. Por supuesto, en este colectivo presidencial, pese a su habitual tendencia -cuestión de formalismos sociales, nada más- a imitar a las focas, algunos son estadistas y pertenecen a la categoría de políticos de altura, los otros se engañan creyendo que lo son, pero pertenecen a la categoría de los enanos políticos.


El limbo y el azar

Por Teódulo López Meléndez

El derecho no es un cuerpo rígido, una especie de cadáver tieso o una tabla bajada de la montaña para ser aplicado con un golpe seco sobre la cabeza de los hombres o de los Estados. El derecho se renueva para cubrir las realidades que nacen en el seno de las comunidades humanas y en las relaciones entre Estados. El principio de soberanía está muy limitado por la creciente conformación de bloques regionales y se subsume en una renuncia voluntaria a favor de órganos multilaterales.

El principio de inviolabilidad territorial se ha visto afectado por la aparición del terrorismo como fenómeno malicioso en los finales del siglo pasado, uno que ha propiciado numerosas resoluciones de las Naciones Unidas sobre la prohibición a los Estados de albergar en su propio territorio organizaciones que los usen como santuarios para incurrir en actos de esta naturaleza.

Los gritos de reclamo de soberanía son estentóreos en un mundo globalizado donde las instancias voluntarias establecidas por los Estados asumen cada vez más competencias. Los bloques regionales –caso Europa- han avanzado más –es cierto- que las mismas Naciones Unidas en la conformación de mecanismos supranacionales, pero aún así hay avances como el establecimiento de la Corte Penal internacional, institución que contó en su momento con el rechazo norteamericano ante el temor de que sus propios soldados pudiesen ser juzgados allí luego de alguna intervención en el exterior.

Escuchar hablar de soberanía en la Europa de hoy es algo así como un contrasentido, cuando las instituciones que se han construido (Banco Central Europeo, Comisión Europea, Parlamento Europeo, Corte Europea, etc.) son establecimientos depositarios de renuncia a ese viejo concepto. En América Latina los atrasos son siempre la norma. Los procesos de integración son frenados porque se alega que esa o aquella institución “afecta la soberanía nacional”. La fijación de un arancel externo común es violado repetidas veces, en los procesos de creación de un aro externo conjunto, porque los Estados se permiten alegar que aquella disposición –o la de más allá- afecta a algún producto agrícola o industrial. Es por ello que la Comunidad Andina de Naciones fue débil y que el MERCOSUR es un cuerpo informe que se niega a tomar forma. En este continente seguimos viviendo de la “soberanía” como un principio irrefutable, causa por la que la integración sigue siendo una entelequia.

Los escasos y débiles mecanismos que ha logrado construir la OEA sirven mientras no se metan conmigo “Estado soberano”. El ejemplo patético lo tenemos cuando el entonces presidente Fujimori se retiró de la Corte Interamericana porque produjo una sentencia que le era desfavorable. Hay que admitir, no obstante, que esa medida unilateral tomada por el entonces Estado peruano contribuyó al proceso de caída de un presidente que pretendía eternizarse en el poder mediante mecanismos fraudulentos.

Lo que hemos visto en el debate del Consejo permanente de la OEA es un desfase total en el plano jurídico. Lo personalizo en la muy atrasada intervención del embajador argentino con su rotundo “no”, uno que encarnaba el desconocimiento de la nueva realidad mundial con la aparición del terrorismo. Un Estado no puede albergar en su seno –especialmente si es consentido- a una organización calificada de terrorista y muchísimo menos a una que está en actividad para derrocar al gobierno de otro Estado. No obstante, para el atrasado Estado argentino los principios jurídicos son inmutables, inmodificables, eternos, Son los devaluados populistas los que gritan el devaluado principio de la soberanía.

Veamos ahora los bordes de la palabra-concepto llamada agresión. Un Estado agrede a otro cuando ataca ciudadanos o bienes de ese país, causando muertos o heridos o destrucción física. En el caso que nos ocupa el Estado colombiano atacó a un grupo de sus propios ciudadanos alzados en armas para derrocar a su gobierno legítimo, no causó ningún daño a ciudadano ecuatoriano alguno y en el plano físico destruyó algunos árboles, lo que, si abandonamos la seriedad por un momento y nos ponemos jocosos, bien podría repararse con una siembra masiva de alguna planta que el Ecuador considere adecuada a su medio ambiente.

Como diplomático admito que la decisión del Consejo Permanente de la OEA ha sido equilibrada. Al fin y al cabo ha reconocido lo innegable –fuerzas armadas colombianas entraron en territorio del Ecuador-, ha nombrado una comisión investigadora y ha convocado lo conveniente: una Reunión Extraordinaria de los Ministros de Relaciones Exteriores, una que no irá más allá de lo decidido por el Consejo Permanente, pero cuyos lapsos contribuirán a bajar la presión diplomática. Como político debo ocuparme de los desequilibrios. He seguido paso a paso la actuación del presidente Correa y debo decir que es un desequilibrado. Este hombre está muy lejos de calzar los zapatos de un estadista. Es un individuo voluble, influenciable, marcado por un nacionalismo extemporáneo. Su declaración de Caracas, en reunión con su par venezolano, en el sentido de que si la OEA no condena a Colombia lavará por sus propios medios la afrenta, es una declaración de un muchacho loco que ejerce chantaje contra una instancia multilateral y deja planteada la opción bélica.

El problema jurídico-político que la OEA deberá enfrentar –y que no está en capacidad de afrontar por sus debilidades intrínsecas- es, sin embargo, muchos más grave. Es el novedoso de Estados miembros albergando en su seno organizaciones dedicadas a derrocar al gobierno de otro Estado y, por si fuera poco, vinculadas al narcotráfico y a la práctica de delitos aborrecibles como el secuestro. Aquí no se trata de las viejas conspiraciones latinoamericanas desarrolladas en otros territorios para derrocar a alguna dictadura militar, sucedidas, por lo demás, en una OEA llena de dictaduras. Esto no es siquiera la ingerencia cubana exportando su revolución y que se resolvió con la expulsión de Cuba de la OEA. Estamos ante hechos inéditos. Dos Estados han estado negociando con las FARC, y al menos uno de ellos financiándolas y proporcionándoles logística de guerra. Pobre OEA: los viejos principios a los que se ha aferrado siempre se diluyen ante sus ojos, lo que se ha denominado sistema interamericano, uno que no tenía fuerza siquiera para afrontar los conflictos tradicionales, ahora deberá ocuparse de asuntos que trastocan las viejas concepciones jurídicas y que ponen patas arribas las antiguas soluciones políticas. Por si fuera poco, a lo de los Estados involucrados en las prácticas aborrecibles, deberá sumar un conjunto de Estados miembros que denominaré “patinetas”. Lo hago porque el otro día estuve caminando en un parque y descubrí que las patinetas ya no tienen dobles ruedas, sólo una delante y otra atrás y un eje en el medio que hace que los niños muevan todo el cuerpo para orientarla y mantenerla en equilibrio. Estados “patinetas” son Argentina y Brasil, por ejemplo.

El verdadero asunto no es que el gobierno venezolano saque de paseo a sus soldados o que el inmaduro Correa nos compruebe que el querido Ecuador se la pase eligiendo presidentes buenos para alcalde de pueblo. El verdadero asunto está en que una vez más la comunidad latinoamericana enfrenta dilemas sobre los cuales no tiene la menor idea de cómo proceder. Y como no la tiene, ni la tendrá, jamás podrá aferrar el asunto gravísimo de Estados protectores de organizaciones terroristas, lo que conllevará a que el asunto escape completamente del ámbito regional para pasar a ser tema de política internacional con pronunciamientos de las potencias y competencias jurídicas de las instituciones establecidas por el mundo que supo desde hace tiempo como se enfrentan las nuevas perturbaciones y los nuevos requerimientos al derecho. En otras palabras, seremos, una vez más, un continente en el limbo para el cual las resoluciones de sus conflictos caen siempre en el azar.

Guerra psicológica

Por Valentín Arenas Amigó

“Transigir con un comunista es mil veces peor que transigir con un ladrón, sin que con esto quiera yo ofender a los ladrones...”
José I. Rivero
(brillante periodista cubano)


Seguramente Ud. se encuentra, amigo lector, entre los millones de personas que han creído que Fidel Castro llegó al poder después de vencer con su guerrilla al ejército de Batista. La verdad histórica es otra.

La imagen legendaria de Castro en traje de campaña y con un fusil al hombro fue prefabricada con fines publicitarios. Hebert Matheus con su entrevista en Sierra Maestra fue cómplice de esta publicidad. Ni la guerrilla derrotó nunca al ejército de Batista, ni Fidel es tampoco ningún héroe. Fidel desembarcó en el Granma con unos amigos y corrió a esconderse en la Sierra Maestra , el pico más alto y agreste de Cuba. De vez en cuando bajaba, no él por supuesto sino Camilo y Huber Matos sobre todo, a intentar darle “picotazos” de mosquitos al ejército. Cuando éste reaccionaba inmediatamente corrían todos hacía el cerro y se escondían. La guerra que ganó Fidel no fue una guerra militar si- no otra diferente.

Entonces, ¿como derrotó a Batista?. Consciente como estaba del rechazo popular que tenía el Dictador desarrolló una guerra psicológica impresionante. Entre los subversivos que tenía infiltrados en varias ciudades del país haciendo terrorismo y la Radio Rebelde que trasmitía todos los días a las 9:00 p.m. un mensaje de terror generó una invasiva guerra psicológica. Se amenazaba (fin de mundo) con lo que iba a venir sobre la gente de Batista, bien nutrida ya del Tesoro Público, quienes empezaron a pensar que la cosa se les estaba poniendo “color de hormiga”. Se sintieron atemorizados y acorralados. Cercados no por las armas sino por el miedo. Y ese temor llegó hasta el propio Batista, lo arropó y el día 31 de Diciembre de 1958 tomó un avión, metió en él a sus familiares y amigos mas allegados y levantó vuelo a los 2:00 a.m., del 1° de Enero del 59. Por lo tanto, no fue con balas sino con LA PRESIÓN PSÍQUICA como Castro llegó al poder. Sus guerrilleros no fueron un ejército conquistador sino uno de ocupación. Fidel ocupó el poder que Batista había abandonado por miedo. Interesante la experiencia.

Esta estrategia, exitosa para derribar a un Dictador, es la que ahora se está utilizando en Venezuela desde Miraflores pero no para derrotar a un Dictador sino para intentar derrotar el derecho a ser libre del Soberano pueblo venezolano. Terrorismo desde el Estado. Qué tiene que hacer entonces la Sociedad Democrática ? Aplicar, al revés, la misma estrategia que Castro utilizó contra Batista. Darle la medicina que paraliza a los Dictadores. Llámese Batista, Fujimori o Pérez Jiménez. Derrotarlo con balas no es fácil porque las balas las tienen ellos. Pero una guerra psicológica sin cuartel es perfectamente factible. Mencionar los nombres de aquellos talibanes mas comprometidos con el régimen, anunciar que se les impedirá abandonar el país para que respondan de sus actuaciones, señalar las acciones penales, nacionales e internacionales, a las que podrán ser sometidos. Justicia no venganza. Explicar las graves repercusiones que todo esto tendrá para sus respectivas familias que desde ya esta viviendo en un infierno. Cercarlos con las armas del espíritu y con el coraje del ciudadano muy difícil de aniquilar.

¿Quién puede, por ejemplo, contra una campaña por la justicia bien diseñada? ¿Cómo se la destruye si tienen su base no en mentiras sino en la verdad? Contra esta guerra psicológica no pueden ni los tanques, ni las ametralladoras, ni los aviones, ni los submarinos soviéticos, ni la selectiva distribución de bombas, ni el cierre de los medios. Cuando se tiene que apelar a la violencia es porque se es débil. Esta guerra es de coraje y no de homicidios, es la misma que ganaron los pueblos de Hungría y de Polonia nada menos que luchando contra agentes del mismo Imperio Soviético. Es la guerra del espíritu contra la materia, de la libertad y la dignidad humana contra la esclavitud del hombre y la sociedad por el Estado. Es la misma guerra que un día ganaron para sus respectivos pueblos, esos auténticos líderes revolucionarios que fueron Simón Bolívar y José Martí.

Este es el desafío actual de Venezuela. El dictador corre, claro que corre. Y de primero…La reacción de Hugo el 4F y el 11 de Abril anuncia que ni él ni su gente resisten una guerra psicológica bien montada.

Carta abierta a Hildegard Rondón de Sansó

No logro salir del asombro. Que lo haya dicho Mario Silva no me extrañaría, pues se trata de un opúsculo adulador con licencia oficial para profazar; pero que sea una ex magistrada del más alto tribunal de la República y quien ocupa un sillón en la Academia de las Ciencias Políticas y Sociales, es motivo de enorme preocupación, pues pone en evidencia el deterioro de nuestra sociedad y los escasos valores que le restan al ejercicio de la abogacía.

Usted ha sugerido en varias entrevistas de radio y hasta en un artículo de prensa, al referirse al caso de la ExxonMobil, que los abogados de empresas foráneas que defiendan sus pretensiones jurídicas podrían ser considerados traidores de la patria. Incluso, propone que “los especialistas” estudien la posibilidad de encarcelar a quienes aboguen por las causas que adversan los intereses del Estado venezolano . En suma, usted propone criminalizar el ejercicio de la profesión del derecho. Y como es lógico, esta palabra santa será suficiente para tiritar a cualquier abogado sin privilegios gubernamentales, pues su recomendación seguramente tendrá eco en secuaces encargados de rifar imputaciones penales.

Sus argumentos no permiten distinguir hasta dónde debe expandirse el delito de traición. ¿Habrá que encarcelar también a quienes actuamos ante organismos del sistema interamericano de protección de derechos humanos, para defender a las víctimas a quienes el Estado venezolano les ha vulnerado sus garantías fundamentales? ¿Serán también los que han actuado ante tribunales judiciales o arbitrales internacionales como es el caso del CIADI? ¿Seremos también traidores quienes nos hemos atrevido a demandar al gobierno ante nuestros propios tribunales, ante las arbitrariedades del poder? ¿Donde fijar el límite? Esto es muy importante Dra. Rondón, pues no quedarán catres vacíos en nuestros penitenciarios para albergar a tantos pérfidos juristas.

Aunque usted no lo crea, desde la revolución francesa en el siglo XVII confrontar una decisión oficial asumida por un Estado no puede considerarse como un crimen. El Estado de Derecho es el sometimiento del gobierno al derecho y ese control lo ejercen los jueces. Las personas naturales o jurídicas afectadas por una decisión estatal tienen el derecho de cuestionarlas, y para ello requieren de la asistencia de profesionales del derecho. Y, lógicamente, de abogados que conozcan el derecho interno del respectivo Estado. Si usted considera que confrontar un Estado es un sacrilegio, no puede extender el pecado a quienes cumplen con sus obligaciones profesionales. Quienes están en conflicto son las partes, no los abogados.

Me encantaría conocer su opinión sobre los abogados que tienen que defender a una persona acusada de violador, de terrorista, de tráfico de drogas, de secuestrador de niños. ¿Serán también delincuentes? ¿Tendrán derecho estas personas a una asistencia letrada? No me queda clara su posición con respecto a la necesidad de un debido proceso antes de sufrir una sanción. ¿Será que ese debido proceso es sin defensa letrada? ¿Serán simples adláteres los abogados de las partes?

Si llegase usted a admitir que un procesado de delitos tiene derecho a una asistencia letrada, me cuesta creer entonces cómo concluye que una persona o empresa extranjera encargada de hacer negocios en nuestro país, no puede contar con asesores y abogados, cuando ésta confronta una decisión estatal que considera ajena a las garantías ofrecidas antes de la inversión. Si la empresa tiene razón o no, eso quedará por verse, pero mal puede usted criminalizar la actuación de los abogados, cuando ni siquiera se conoce quién tiene la razón.

¿De dónde habrá sacado usted que los abogados deben identificarse con las partes? ¿Es que acaso para defender los derechos de un homosexual o un comunista hay que también serlo? ¿De qué código de ética habrá sacado este pecado que ha provocado su drástica alteración?

Sepa usted, Dra. Rondón, que uno de los principios básicos del ejercicio del derecho es que los abogados no pueden ser identificados con sus clientes ni con las causas de sus clientes. Las Naciones Unidas han reconocido este principio, así como el de inmunidad civil y penal por las declaraciones que hagan de buena fe los abogados, en procura de sus defendidos . Precisamente por eso, la humanidad y la sociedad democrática discrepa de su parecer, al proscribir persecuciones o sanciones frente a los abogados, a raíz de cualquier medida que hayan adoptado en el cumplimiento de sus obligaciones, reglas y normas éticas.

¿Es que acaso usted pretende que la empresa ExxonMobil o cualquier sujeto que acuda a un proceso arbitral sin asistencia letrada? ¿Será que todo el gremio de abogados tiene que solidarizarse ciegamente, y a priori, con el capricho gubernamental de terminar una relación con un aliado comercial a quien se le dio una serie de garantías frente a su inversión, sin indemnización alguna? Que fácil sería para usted asesorar al Estado venezolano sin confrontar a nadie, pero recuerde usted que todo proceso requiere un contradictorio, pues esa es la mejor fórmula para la búsqueda de la verdad.

Dra. Rondón, usted ha perdido la perspectiva, pues hay abogados que no sólo sienten que cumplen con su deber cuando defienden los intereses de sus clientes frente a un Estado, sino que muchas veces lo hacen con vehemencia y convicción, al entender que al corregir una práctica viciada o un capricho gubernamental se beneficia el propio Estado. Ya lo decía von Ihering, “toda disposición arbitraria o injusta, emanada del poder público, es un atentado contra el sentimiento legal de la Nación, y por consecuencia contra su misma fuerza”.

Así, cuando en el ejercicio de nuestra profesión nos ha tocado demandar la nulidad de un acto gubernamental o los daños y perjuicios derivados de una actuación ilícita del Estado, lo hemos hecho no sólo cumpliendo con nuestro deber de atender los intereses de una parte, sino también con el ánimo de defender el Estado de Derecho y evitar futuras transgresiones legales. Castigar a un Estado por su conducta arbitraria debería aparejar un propósito de enmienda, y ello debería pesar en las futuras actuaciones de los agentes oficiales.

Sin ánimos de entrar al fondo del caso que dio origen a su ira, del cual desconozco sus detalles, sólo quiero hacerle ver que hay quienes piensan (pensamos) que irrespetar un compromiso contractual asumido con una transnacional, sin indemnización, es perjudicial para nuestro propio Estado, pues espanta a los inversionistas con deseos de permanencia y con empleos para otorgar. Hay quienes entendemos que defender en esos casos al inversionista es procurar nuestro propio beneficio, pues la patria Dra. Rondón, no se agota en los gobiernos de turno, éstos pasan y muchas veces lo que queda son las cicatrices de las arbitrariedades.

Hay quienes vemos las bondades de los acuerdos que garantizan la seguridad jurídica de los inversionistas; hay quienes vemos la importancia de respetarle los derechos a los nacionales de otras tierras; sobran quienes sienten que el negocio petrolero debería ser ajeno a las ideologías de los gobiernos de turno; hay quienes pensamos que comprometer en árbitros foráneos las decisiones de posibles conflictos contractuales no es contrario a derecho, más aún cuando pensamos que nuestros gobernantes deben actuar en beneficio de la patria y no del partido; hay quienes pensamos que condenar a nuestro país a indemnizar los daños ocasionados a cualquier persona (nacional o extranjera), por sus arbitrariedades, debería repercutir en nuestro propio beneficio, como muestra de seguridad jurídica.

Si usted discrepa de esta posición por razones jurídicas o ideológicas, yo respeto su posición y defiendo su derecho a expresarla, pero no por eso debe buscar el camino fácil de encarcelar a su adversario, y menos aún a sus abogados. Si le ha molestado el criterio de los asesores de la empresa que ha demandado a nuestro país, ocúpese de destruir sus argumentos y no las vidas y la libertad de los abogados asesores. Asesorar, abogar y representar a una persona natural o jurídica contra un Estado, lejos de constituir delito, es una tarea seria y responsable, tan noble como la que seguramente usted le estará prestando a la principal empresa nacional.

Lo paradójico de su criterio es que confirma una verdad irrefutable. Actualmente, nuestro Poder Judicial no está capacitado para administrar justicia con imparcialidad, al menos en los casos donde esté en juego algún interés gubernamental. ¿Cómo entonces cuestionar que alguien busque un tribunal menos parcializado? ¿No somos capaces acaso de vencer en derecho frente a jueces imparciales? Incluso, usted resaltó, en su voto salvado de la sentencia que avaló la apertura petrolera, la importancia de que los conflictos de envergadura se mitiguen “las dudas sobre la posibilidad de que el sentimiento nacionalista imper(e) sobre la ratio fundamental de un fallo definitivo, que no puede ser otro que la justicia”. ¿Cómo ahora invocar abnegados intereses nacionalistas para cuestionar la función principal de los abogados?

No sé cuál será la lóbrega intención de tan desatinada postura. Si estos fueran ajenos a la justicia, la historia sabrá darle su puesto de arbitrista. Y si fuese sólo una precipitada respuesta improvisada, nuestro gremio le exige una dispensa. Yo estaría dispuesto a dársela.

Dra. Rondón, no estoy involucrado en el caso de la ExxonMobil, ni siquiera se qué abogados la representan en estos juicios. Pero si de algo estoy seguro es que eso no es delito alguno. Seguramente sus comentarios crearán un efecto disuasivo frente a muchos profesionales del derecho, pero seguramente habrá quienes no nos dejaremos amedrentar, pues la lucha por la justicia tiene muchos obstáculos, y uno de ellos es la intolerancia del poder.

Sus comentarios coinciden con uno de los momentos más tristes del ejercicio de la abogacía, donde los profesionales del derecho tenemos que sortear los obstáculos más sagaces. Tenemos una justicia dependiente y deferente y ahora hasta a directivos del gremio nombrados por sentencias. Pero esto lo vamos a cambiar, eso lo veo en los ojos de mis alumnos, en el alma de las nuevas generaciones. Vendrán mejores momentos, nos acercaremos a la justicia…

Atentamente,

Rafael J. Chavero Gazdik
Profesor de la Universidad Central de Venezuela
rchavero@hotmail.com

Cada vez más cerca del BRP

Por Juan José Garrido Koechlin

Quien tenga la sensación –aún- de dudas, no necesita elucubrar más. Los lazos entre el socialismo bolivariano del dictador de Caracas, Hugo Chávez, y el terrorismo internacional están –hoy por hoy- más que probados. Y si bien estábamos alertados desde hacia tiempo, la simpatía de la izquierda por todo lo que signifique anticapitalismo, así sea del tipo sangriento, siempre causa dudas en los incautos.

Pues bien, ni la izquierda ni los dudosos pueden hoy mantener una posición neutra frente a este patrocinador del terrorismo internacional. Chávez apunta al Bloque Regional de Poder (BRP), una copia latinoamericana del modelo soviético, y en su plan estratégico son necesarios los aliados en Perú y Colombia, aunque sea por medios bélicos.

El primer hecho, -harto conocido por todos los peruanos- es la detención de siete integrantes de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB), organismo promocionado y financiado desde Caracas a fin de promover la lucha armada en la región. Estos detenidos están relacionados con el movimiento terrorista MRTA –relación que, dicho sea de paso, no es nueva, como bien denunciaron diarios peruanos en Julio del 2006- y buscaban actuar en la cumbre de APEC.

Un segundo hecho es la respuesta a las acciones del gobierno colombiano que acabaron -en las fronteras con Ecuador- con el número dos de las FARC, Raúl Reyes, a quién el megalómano Chávez rinde tributo por ser un “verdadero revolucionario”.

Los enredos del dictador con las FARC y el MRTA no son casuales: si no se pudo por las urnas, siempre queda la implosión; es decir, tomar el poder a través de vías internas –un buen ejemplo es la toma del poder por parte de Evo Morales. El BRP, aunque suene a locura, es el objetivo final del modelo comunista-chavista. Es la integración de los países andinos y algunos otros invitados, de tal manera que el sátrapa este protegido por un tinglado supranacional, con el supuesto objetivo de hacer viable el Socialismo del Siglo XXI.

El cerco militar que realizan en estos instantes Venezuela y Ecuador –lean los comunicados incautados a Reyes sobre las coordinaciones de las FARC con el Presidente Correa, son escalofriantes- sobre Colombia no es sino un paso decisivo en ello: con el apoyo interno de las FARC no sería imposible crear una “tormenta perfecta” que derroque a Uribe. Y de ahí, solo falta Perú, donde tienen el apoyo del MRTA y, seguramente, de Sendero Luminoso.

De seguir así, la región se convertirá en un polvorín, con muchos denotados políticos e intelectuales sirviendo de llama para un desastre de proporciones mayúsculas. Y como siempre, serán los de menores recursos los que lleven la peor parte.

Ver para creer

Por Alberto Baumeister Toledo

Es verdad que estamos en tiempos nunca vistos, y que el país lo han puesto con las patas para arriba como dice el dicho, pero los excesos colman la capacidad de incredulidad, y a eso es que vengo a referirme.

El pasado viernes, a las cuatro y treinta de la tarde, más o menos, en una de esas plenas y tediosas colas que ahora colman la vida de los caraqueños, subiendo de Los Campitos hacia Cumbres, al frente de la plaza de Los Tres Ríos, presencié, conjuntamente con un nutrido grupo de ciudadanos de todas las edades algo increíble por lo descarado, irrespetuoso e insólito de gente vinculada al gobierno, al menos por la vestimenta, estilo y accesorios que portaban.

En efecto describo al grupo de maleantes: Se trataba de dos “zagaletones”, mas otro que fungía como chofer y quien permaneció inmutable, durante el acaecimiento de los hechos como conductor del vehículo color blanco, placas KBK-28I que los transportaba a todos. Los sujetos, medio morenos claros, vestían franelas color rojo, con inscripciones en blanco, bordadas a la derecha con la palabra “Fundación” pero sin aclarar ningún otro distintivo y a la izquierda, cuando menos uno de los tipos de marras con otro bordado en blanco que leía “Delgado”.

Accesorios: cada uno de ellos con sendas pistolas calibre cuarenta y cinco o similar, de alta potencia, de esas que en el argot popular llaman “escuadras”, con pabón negro las cuales portaban a mano libre.

Conductas: Actuaron como energúmenos, primero atemorizando al vehículo que en la “cola” continuaba detrás del de ellos, y que aparentemente los molestaba, sin dejarlos pasar atropelladora y grotescamente, y en segundo lugar, al verse captados por una cámara de teléfono celular que portaba un joven de todos los vecinos conocido en la plaza, quien trabaja como ayudante del popular Kiosco de periódicos instalado en la comentada plaza, produjo la ira inenarrable y la dis- conducta de los armados desconocidos.

Con la última descrita acción, los aparentemente funcionarios, o miembros sabe Ud. de cual Misión, de manera brusca y alterada, pistolas en mano, tal cual se tratara de capturar a un delincuente in fraganti de alta peligrosidad, se abalanzaron a quitarle al joven el artefacto con el cual quedaban tan precisamente delatados en sus fechorías y le proferían todo género de amenazas. Poco importaba que en el lugar hubiera una docena de pacíficos ciudadanos, en su mayoría mujeres y niños, quienes hacían sus compras en el mentado Kiosco, que aterrados presenciaban las manipulaciones de las armas y gritos proferidos contra el joven que había grabado las escenas del abusivo comportamiento y a quien le batuqueaban las armas en su cara. El público presente, ante el atropello, comenzó a reaccionar y pedía a gritos de tan alucinantes delincuentes una explicación de los hechos y en especial reclamaba la identificación de aquellos que actuaban de una manera tan forajida y sin aclarar cual era el motivo de tan inaudito proceder, ni su condición de autoridades, y sin aclarar cual era el delito cometido por el agredido que aparecía como víctima inocente del atropello.

No hubo razones ni argumentos, los tiparracos continuaban amenazando y batiendo las armas, ahora hasta para el público que con toda razón protestaba tal comportamiento, hasta que alguien de los presentes tuvo la brillante idea de gritar, y con toda razón: “Busquen la gasolina y préndanlos”, palabras mágicas y sabias de Juan pueblo, quien desarmado y por igual atropellado, con su oferta defensiva, provocó la inmediata estampida de los dos “cobardes delincuentes”, quienes solo entonces, raudos y veloces abordaron el vehículo y se fueron rumbo a Fuerte Tiuna, por la entrada de Cumbres, sin permitir a Poli-Baruta, para entonces también avisada por un celular de alguno de los presentes, que lograran su captura a pesar de las inmediatas rondas que hicieron dos patrullas de dicha entidad policial.

Señores, así andamos en Caracas, así es un viernes cualquiera; así se pierden una o más vidas; así se nos atropella en el día a día a los ciudadanos pacíficos de la ciudad; así actúan, impune y grotescamente los miembros de las brigadas policiales, misiones o cuerpos de choque de los “gobierneros”.

Aplaudo el ejemplar comportamiento de la ciudadanía quien sin armas y enfrentándose a los delincuentes evitaron un peligroso desenlace valiéndose de la genial idea de Juan Pueblo, que sagazmente tuvo la ocurrencia de sugerir el mecanismo extremo para defenderse de quienes asumen irresponsablemente tales conductas, paso único para amedrentar o sancionar a locos armados y que actúan en tal forma.

Como se dice por allí, “Ver para creer”.

Genios incompatibles

Por Delfina Acosta


El poeta chileno Pablo Neruda nació en Parral, Chile, en el año 1904. Contaba tan sólo con 19 años, la edad de la adolescencia, cuando su nombre se hizo famoso a través de su obra primeriza Crepusculario. Más tarde escribió Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

Particularmente, creo que ese libro ha llegado a convertirse en una suerte de símbolo o manifiesto de la escritura amorosa de todos los tiempos y los vientos. Quién no conoce aquellas líneas poéticas que así comienzan: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche…”, es un desentendido de la belleza, de lo que da en llamarse pasmo del amor y del dolor.

En realidad, confesó en algunas revistas, Pablo Neruda, su preferencia por el poema aquel donde recuerda, con melancolía, a la mujer de la boina gris y el corazón en calma.

Dice el poema lo siguiente:

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
y las hojas caían en el agua de tu alma.

Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros:
¡Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.


PABLO NERUDA

El estilo poético de Pablo Neruda es único, inconfundible. Neruda creó una manera nueva de decir las cosas, de cantar la vida, de celebrar el amor y la revolución. No se podrá superar nunca la gran influencia que el poeta chileno tiene en nuevas generaciones de vates, pues quien lo lee se siente muy atraído por sus palabras que son salidas de una suerte de trance poético. Musicalidad y ritmo contagiosos rubrican sus líneas.

EL SENTIMENTAL NERUDA

En una entrevista televisiva, escuché opinar a Jorge Luis Borges sobre Pablo Neruda, con las siguientes expresiones: “Pablo Neruda… Él comenzó siendo poeta sentimental…”. En otras palabras, Borges dio a entender que Pablo se equivocó al ser -después- un poeta de la revolución.

Se deduce que el autor de Fervor de Buenos Aires no tenía simpatía por Neruda. Cierto es que el vate chileno inició su carrera poética escribiendo al amor. Pero luego (ningún creador se debe a la idea paralizada) escribió para los oprimidos. Elevó su voz de denuncia contra la explotación del hombre de su Chile y de otros países del mundo. Viajó a España y lloró, a través de sus poemas, por la Guerra Civil española. A mí, personalmente, me agrada la poesía del Neruda enamorado de la mujer. La palabra apasionada del poeta enamorado de la revolución, de la causa social comunista, me embruja. Precisamente, su facultad para tener voces para todos los temas humanos, es lo que más se aplaude en el autor de Los versos del capitán.


LOS PASILLOS DE LA POESÍA BORGIANA

Jorge Luis Borges nació en 1899 en Buenos Aires, Argentina. Dijo él, en una entrevista televisiva, que los libros que escribió después de su primeriza obra Fervor de Buenos Aires, no fueron sino la repetición de aquel poemario. Particularmente, creo que Jorge Luis Borges fue un genio de la exacta estatura de Pablo Neruda.

El poeta chileno obtuvo el Premio Nobel de Literatura mientras que Jorge Luis Borges, amplio merecedor del máximo galardón, nunca ganó tal premiación.

Borges no fue comunista, llevó una vida sumergida en los libros de su biblioteca y en las traducciones al español de obras de genios como Franz Kafka. El amor, en cierta manera, le fue esquivo. Pablo Neruda abrió generosamente su pluma amorosa para festejar la dicha de la carne.

Neruda conoció el destierro. Su camino consistía en despistar a quienes tramaban capturarlo.

Jorge Luis Borges, tempranamente víctima de la ceguera, inventó el recuerdo para echar a caminar por los pasillos y los laberintos increíbles de la poesía y de la literatura. Hay generaciones de jóvenes que se declaran nerudianos. Igualmente, hay poetas que se declaran borgianos.

Neruda y Borges fueron cumbres, luces de cimas, respuestas contundentes a los mayores desafíos. Cada cual brilló con su estilo inconfundible.

Fueron genios incompatibles.

ARTE POÉTICA

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo.

Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

03 marzo 2008

Vientos de guerra

Por Liliana Fasciani M.

Sin atribuciones para ello, el presidente venezolano se inmiscuye en los asuntos foráneos hasta el extremo de poner en riesgo la paz de nuestro país. Un evento ha ocurrido en la frontera colombo-ecuatoriana, del cual todavía no se tiene toda la información, sobre cuyas circunstancias apenas comienzan a investigar los gobiernos colombiano y ecuatoriano, pero Hugo Chávez se anticipa a las respuestas y aporta su propia elucubración al respecto, tal si hubiese estado en el sitio y en el momento de los acontecimientos.

No se alteró ni parecido por la trágica muerte de los pasajeros y la tripulación del avión siniestrado en Los Andes venezolanos; no se inmuta ante los hechos criminales que se cometen diariamente contra sus compatriotas, ya sea por acción del hampa, o de la narcoguerrilla, pero lamenta histéricamente la muerte de un guerrillero con un prontuario escandaloso de delitos de todo tipo. Su indignación le ha desbordado al punto de retirar nuestra embajada de Colombia y, en su lugar, enviar diez batallones de tanques, y vaya a saberse cuánto arsenal más, a las fronteras de Apure, Táchira y Zulia con el vecino país.

Estas decisiones colocan al gobierno venezolano al otro lado la ley y de la paz, en el lado más oscuro de la razón, que es la irracionalidad extrema, producto de la inquina presidencial contra su homólogo colombiano. Pero, lo más grave, colocan a Venezuela en una peligrosa situación frente a un eventual conflicto bélico. No es una hipótesis exagerada, es una posibilidad real, si se toman en serio las intenciones de Hugo Chávez. Indiscutiblemente, sus intenciones son entrar en guerra con Colombia, y para ello le basta cualquier motivo, aun si es ajeno.

¿Por qué? Porque su objetivo neoimperialista y expansionista requiere que los gobernantes de América Latina adhieran el socialismo comunista, confronten al gobierno norteamericano, se plieguen a las directrices políticas que él ha establecido y, sobre todo, estén dispuestos a contribuir con las fuerzas armadas de sus respectivos países para formar un gran ejército latinoamericano, con el fin de disputar militarmente a los Estados Unidos su poder. Desde luego, el Presidente Uribe es un obstáculo en sus planes.

Es una idea disparatada, desde todo punto de vista. Pero es “su” idea y está empeñado en ejecutarla, al costo que sea. Para ello, se alía con fuerzas irregulares como las FARC y el ELN, con fósiles guerrilleros como Fidel Castro y Daniel Ortega, con sumisos útiles como Evo Morales, con lacayos como los Kirchner, o con retrógrados como Mahmoud Ahmadinejad, por mencionar a algunos de sus camaradas.

Las declaraciones de Hugo Chávez no son la expresión del pueblo venezolano, sino su opinión personal sobre Álvaro Uribe, el gobierno colombiano y la acción ejecutada por las Fueras Armadas de ese país contra uno de los frentes de las FARC. La decisión de Hugo Chávez de enviar tropas a la frontera con Colombia y de retirar al personal de nuestra embajada en Bogotá no representa la voluntad general de los venezolanos, sino la suya propia. La defensa a ultranza que hace Hugo Chávez de las FARC y su disgusto por la muerte de Raúl Reyes no interpreta en lo absoluto el pensamiento ni el sentimiento de la mayoría de los venezolanos.

Raúl Reyes era un hombre que vivió al margen de la ley y le hizo mucho daño a los colombianos y también a nosotros. Las Fuerzas Armadas venezolanas son responsables de las consecuencias que desencadene la insensata postura de su Comandante en Jefe en este asunto.

Cinismo y nihilismo, las palabras de otros sentidos

Por Teódulo López Meléndez

No se podría hablar en el siglo XXI de un rebrote del cinismo tal como nació en Grecia en los siglos IV y III a.C ni como se desarrolló en Roma Alejandría y Constantinopla desde el siglo I hasta el V. El hombre del siglo XXI no anda tomando como modelo a la naturaleza ni a los animales ni se arrastra como Diógenes mordiendo a quienes le molestan. Tampoco pretende sembrarse en una rigurosidad física y mental como desafío frente a una sociedad alienada.

No obstante, cuando uno mira al mundo de hoy las palabras cinismo y cínico acuden de inmediato. Ambas palabras tampoco responden a acepciones insertas en los diccionarios actuales. Las usamos como algo parecido a desprecio o a cansancio, a obstinación de un mundo donde se han agotado las cosas por averiguar y donde el acontecer se ha hecho repetición y rutina.

El punto para entenderlo se encuentra cuando se coloca como los dos polos a Diógenes y a Sloterdijk desde la visión de Crítica de la razón cínica del filósofo alemán, para muchos la obra cumbre del cinismo contemporáneo. Es seguramente Sloterdjik el que nos da el sentido perdido de cinismo y cínico. Y es, quizás, traducible como “enfermo de la época” y encuentra expresión en el rechazo a las utopías desprestigiadas y a una sociedad que he descrito como una de repetición insoportable, amén de un desencanto estético-político obvio. Este de hoy es titulado por Sloterdijk “falsa conciencia ilustrada”, enlazando, a mi entender, al cinismo clásico con un nihilismo del siglo XXI, uno donde, al mismo tiempo, y paradójicamente, se condena la fatiga nihilista.

Si nihilismo es negación de la realidad sustancial (nihil: nada) –y obviando su variedad caracterizada, así como otros colaterales (léase excepticismo radical, negacionismo, etc.)- creo que encontramos el mismo problema, una palabra “nihilismo” que no responde a todas las concepciones filosóficas que se le han dado y que toma una acepción contemporánea que tampoco se encuentra en los diccionarios. Si la vida humana no tiene significado o valor superior conforme a la concepción de diccionario, el hombre contemporáneo está en otra parte, en una de entrega a valores que no tienen trascendencia ni esencia, de manera que no hay una negativa, sino una aceptación de un territorio donde la palabra “libertad” ha perdido todo sentido. En el campo filosófico Heidegger nos había dicho que nihilismo era el estado en que no queda nada del ser en sí y que el Ser pasaba a convertirse en un mero valor. De esta manera hay una vinculación con este siglo XXI, puesto que el hombre de hoy es un valor, uno que elimina falsamente la duda y la desorientación. Nietzsche nos recuerda la voluntad de poder erigida sobre la responsabilidad de la muerte de Dios.

Sin embargo, creo que la explicación sigue en Heidegger cuando habla del nihilismo como estado psicológico, por cuanto este sobreviene. Utilizamos, pues, la simple expresión, para denotar que el hombre del siglo XXI se siente realmente nada dentro de la maquinaria englobadora de la producción y del consumo, de los mecanismos que llevaron a este estado letal de abandono y resignación. «Huésped inquietante» llamó Nietzsche al nihilismo, uno que surgió de la razón y de la técnica, sólo que ambas no nos regalaron el mundo perfecto que se anunciaba.

Si los valores supremos desvalorizados es lo que caracteriza al nihilismo, entendemos entonces que vivimos en una sociedad nihilista. Para Nietzche, el nihilismo supone la perdida de todos los valores y esa, sin duda, es una buena definición de la sociedad actual. ¿Hemos sido capaces de organizar una sociedad nihilista cuyos valores hemos asumido como superiores cuando no lo son? ¿Cómo definir a este hombre? ¿Es este un hombre a la deriva que ha abandonado el pensamiento, al mismo tiempo que se ha sumado al esquema de la resignación dejando de lado todo pensamiento sobre sí mismo?

Al leer a Sloterdijk encontramos un desmontaje total, una disolución en nihil, la reducción de la totalidad a agua que se escapa entre los dedos de la mano. ¿Es el filósofo alemán el gran nihilista de nuestro tiempo o es acaso la encarnación más perfecta de la filosofía cínica? ¿O es el filósofo que encartó perfectamente ambas palabras perdidas en su Crítica de la Razón Cínica y que tuvo suprema expresión literaria en Esferas? Sloterdijk es un gran escritor, quién puede dudarlo, uno que ha contado con excelentes traductores. La acotación es válida porque la lectura nos dice que todo es cultura y si todo es cultura todo es creación del hombre. Resurge, a mi entender, un Sloterdijk humanista sembrándonos en otra paradoja: un humanista cínico.

Quizás este sea un tiempo de paradojas, el tiempo de un hombre sin trascendencia al que se desprecia por tal motivo, pero sobre el cual se guarda una última ilusión, la de su retorno, aunque tal vez lo que tendremos tenga pocas similitudes con el que conocimos y se nos aparezca delante el producto de la genética transformado en un ensamble. Mientras tanto, al reconocer la inanidad del hombre, se hace filosofía haciendo literatura. El lenguaje está evolucionando hacia la nada, en sentido heideggeriano, pero aún los oficiantes estamos buscando las nuevas acepciones.

Galopante

Por José Alberto Medina Molero

Esta angustia cabalgante, 
salitrosa,
esa que me conduce al sinsentido,
al verde abismo de las cataratas de miedos,
de pastosos pensamientos. Es la angustia
que miro en los ojos de la rutina de los otros,
en sus gestos de violencia silente,
en la esperanza ausente,
en lo estéril del territorio,
en la torpe mirada de mis pasos
que solo las manos de tu ternura
centran y aligeran como una nube de azúcar.

El pescador

Un banquero americano estaba en el muelle de un pueblito caribeño, cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño. El americano elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo le había tomado pescarlos...

El pescador respondió que sólo un rato. El americano le preguntó que por qué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado. El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia. El americano le preguntó qué hacía con el resto de su tiempo.

El pescador dijo: 'Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora, voy todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida agradable y ocupada.'

El americano replicó: 'Soy de Harvard y podría ayudarte. Deberías gastar más tiempo en la pesca y, con los ingresos, comprar un bote más grande y, con los ingresos del bote más grande, podrías comprar varios botes; eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros. En vez deberias salir de este pueblo e irte a la Capital, donde manejarías tu empresa en expansión'.

El pescador le preguntó: '¿Pero cuánto tiempo tardaría todo eso?' A lo cual respondió el americano: 'Entre 15 y 20 años'. '¿Y luego qué??', preguntó el pescador. El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte. 'Cuando llegue la hora deberías vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones!!!!!'. 'Millones... ¿y luego qué?'

'Luego te puedes retirar. Te mudas a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, ir todas las noches al pueblo donde tomas vino y tocar guitarra con tus amigos'.

Y el pescador respondió: '¿Y acaso eso no es lo que ya tengo?'

MORALEJA:

Cuántas vidas desperdiciadas buscando lograr una felicidad que ya se tiene pero que muchas veces no vemos. La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos y no sentirnos mal por aquello que no tenemos. LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO, NO UN DESTINO.

Cortesía de Maurizio Giancane

Desinflando absurdos

Por Juan José Garrido Koechlin*

Ahora resulta que la inflación –la cual asoma sigilosamente- es “importada” o culpa de los desalmados especuladores. Para un país que alguna vez anotó cerca de 12,500% de inflación anual acumulada, uno pensaría que las causas de la misma están más que claras. ¿Serán los aires tropicales o algún condimento en la cocina popular los artífices de esta prematura amnesia económica?

Lo primero por reclamar, es el uso correcto del concepto “inflación”. Para algunos economistas modernos, la inflación refleja el aumento sostenido en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). La inflación, sin embargo, ha significado –hasta el episodio Keynesiano- “cualquier incremento sustancial en el volumen de dinero en circulación”. Es decir, el término reflejaba las causas de un problema (mayor dinero en circulación) y no uno de los efectos del mismo (aumento en el nivel de precios).

El embustero cambio se produce por el afán estatista de querer sostener artificialmente el crecimiento económico. Cuando se “siente” la existencia de más “plata” –léase, moneda- en el mercado, hay una tendencia natural a creer que existe mayor “riqueza” (o demanda), razón por la cual los precios y salarios tienden a subir; lo que ocurre realmente es que la emisión desenfrenada trae consigo una reducción significativa en el poder adquisitivo de la moneda (debido a la disminución en la utilidad marginal de la misma), brindando como corolario el aumento generalizado de los precios.

El que se defina la inflación como “el aumento en los precios” no dice absolutamente nada sobre las causas reales de ese aumento. Esto, conlleva a que se crea –equivocadamente- que el génesis de la inflación puede ser cualquier motivo que eleve los precios –una sequía, el bloqueo de carreteras por lluvias, una huelga prolongada, etc-.

La inflación es y será, siempre, un evento monetario. Entre Julio del 2001 y Julio del 2006, el saldo de emisión primaria se incrementó de s/5,500 millones a s/12,000 millones, mientras que el índice de producción (PBI) pasó de 127 a 163 (1994=100); a Diciembre del 2007 el saldo de emisión bordea los s/17,800, mientras que el PBI aumentó a 198. Es decir, la emisión creció en 223% mientras que la producción en solo 55%.

Políticos populistas, malos economistas y empresarios mercantilistas, han creído por conveniente “pichicatear” la economía a partir de mayor emisión, logrando con dicha práctica la pauperización del poder adquisitivo, siendo aquellos de menores recursos los que –como siempre- llevan la peor parte.

* Fundador y Presidente Ejecutivo del Instituto Acción

La desproporcionada necesidad de defenderse

Por José Brechner

Israel empieza a defenderse después de tres años sin responder a la mortífera agresión islamista que inició Hamas desde 2005, cuando dejó Gaza en manos palestinas. Más de 4.000 cohetes fueron lanzados desde entonces sobre la población civil de Sderot y recientemente decenas cayeron sobre Ashkelon. Ban Ki Moon, continuando con la tradición pro árabe de las Naciones Unidas, dijo el pasado fin de semana que Israel estaba usando “fuerza excesiva” en su respuesta.

La prensa antisemita anda midiendo cada acción para condenar al Estado Judío y torcer la realidad a su gusto, como sucedió con los enfrentamientos del año 2006 en el Líbano, cuando le acusaron de usar una “fuerza desproporcionada” contra los buenos chicos de Jizbalá. Entonces Javier Solana advirtió ante los ataques, que Israel “debe mostrar proporcionalidad en su respuesta”.

Existen 1.300 millones de musulmanes y sólo 13 millones de judíos, pero esa desproporción obviamente no cuenta en el foro europeo ni la ONU. ¿Alguna vez se les ocurrió amonestar a los terroristas que atacan civiles sin contemplaciones, en vez de a los que se defienden?

Las desproporciones han sido una constante en la historia de Israel. El 15 de Mayo de 1948, un día después de declarada su independencia, los ejércitos de Egipto, Siria, Jordania, Irak, Arabia Saudita y Líbano invadieron el Estado Judío. Eran más numerosos, estaban mejor entrenados y equipados. Israel prácticamente no tenía ejército. Esa fue una guerra desproporcionada.

En 1956 en la Guerra del Suez, los egipcios contaban con 300.000 tropas, tanques y aviones modernos. Los israelíes tenían 175.000 reservistas y escasos pertrechos. Esa también fue una guerra desproporcionada.

En la Guerra de los Seis Días en 1967, los ejércitos de Egipto, Jordania, Irak y Siria con 1.000.000 de soldados, atacaron a Israel que contaba apenas con 200.000 efectivos. ¡Eso es desproporción! Hasta ese momento nunca se había escuchado de una “causa”, ni de un “Estado Palestino”. Los palestinos eran jordanos y egipcios, y Jerusalén no era su capital porque no existían como pueblo ni tenían identidad nacional. La demanda de derechos políticos para Palestina es una fabricación del islamismo radical para justificar su agresión a occidente. Por esa razón seguirán buscando cualquier excusa para mantener el conflicto ardiendo, independientemente de todos los esfuerzos y concesiones que haga Israel por llegar a una paz verdadera.

En 1973 Egipto y Siria embistieron contra Israel en el día más sagrado del calendario hebreo, el Yom Kippur. La guerra duró del 6 de Octubre al 26 y los árabes fueron derrotados nuevamente por un ejército desproporcionadamente inferior. Sin embargo los egipcios la consideraron su victoria, porque Israel tardó más tiempo en vencerlos que en 1967. El mismo argumento de Jizbalá, que se sintió triunfador después de su derrota en 2006. Para los árabes, victoria es demorar su capitulación. Según la prensa, esa última guerra fue la más disímil, Israel se defendió demasiado. Si hubiesen asesinado a miles de israelís nadie hablaría de desproporciones. Parece que estas sólo existen cuando los judíos vencen.

Los antisemitas reclamaron que el contraataque contra Jizbalá fue por sólo dos soldados secuestrados y algunos muertos. ¿Qué se supone que debían hacer, responder exactamente con la misma moneda? ¿Debían secuestrar a dos árabes? ¿Acaso existe un solo país musulmán al que le importe sus súbditos? ¿Desde cuándo las guerras se hicieron para empatar? ¿Quién tiene la autoridad moral para determinar cómo alguien tiene que defenderse ante una agresión mortal? Si uno encuentra a su hija siendo violada ¿debe sodomizar al violador para que el castigo sea parejo?

La única desproporción en los enfrentamientos de Israel con los cobardes mercenarios disfrazados de paisanos, que guardan lanzacohetes en sus casas y disparan desde barrios residenciales poblados de mujeres y niños, es la de los medios de comunicación izquierdistas, que siguen apoyando a los terroristas islámicos. La guerra mediática es definitivamente desproporcionada. Los judíos se convirtieron en los “agresores” por querer vivir en paz, en su patria milenaria, rodeados de los fanáticos de la muerte.

La lectura es hábito y placer

Por Delfina Acosta

Hay lecturas ejemplares. Me refiero a aquellos libros que han sido escritos por verdaderos investigadores del lenguaje. Siendo el lenguaje el modo de trasmisión de los pensamientos del artista al lector, se aguarda que el castellano sea no sólo fluido, sino también libre de palabras que cumplen una función meramente decorativa.

El lenguaje utilizado por el escritor español Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales pinta con fidelidad una España de 1850 donde militares, clérigos, gentes del vulgo, monjas, ateos y revolucionarios hacían honor y defensa de sus respectivos papeles dentro de un ambiente marcado por la anarquía, el miedo, la valentía extrema y el deseo de la libertad.

Bueno estaría que los niños leyeran Marianela, otra obra de Benito Pérez Galdós, para que ellos entren en la triste ternura de un sentimiento casi infantil y echen a volar los duendes de su imaginación.

CHICOS POBRES

Otra obra de rico valor es Juvenilia, escrita por Miguel Cané. A mi juicio, el escritor hace su descargo de sus tiempos de estudiante en un colegio para chicos pobres, que tenían que guardarse la bronca de ir a la cama mal cenados, y de vivir, literalmente, en continuo estado de arresto.
He leído la obra por tercera vez en el año 2007. Me parece ver a Miguel Cané, evocador de viejos tiempos, negándose a recibir la hostia de su preceptor. Cómo habría él de creer en una salvación, en un Dios, cuando la desventura de una vida pobre y descuereada por el sacrificio había volcado el agua de la amargura en su espíritu.

Por supuesto, Don Quijote de la Mancha es un libro para leer seis, siete veces. Tal vez ocho. Su lectura sirve tanto para el lector común como para el más afanoso y obsesivo escritor. Fuente de recursos imaginativos, Don Quijote de la Mancha eleva el potencial creativo de los narradores y de los poetas.

Las poesías de Lope de Vega son para toda hora y lugar. Los cien mejores libros del vulgo no tienen nada que hacer ante un soneto del Fénix de los ingenios.
En lo tocante a la ortografía, cualquier libro clásico es recomendable para niños y adolescentes, pues los autores de libros que han vencido el paso del tiempo han sumado años y años de conocimiento sobre redacción, ortografía, lenguaje puro y estilo anunciador de buenas nuevas.

CUIDADO CON LAS TANDAS

Pero cuidado con algunas tandas de poemarios y colecciones de cuentos de nuevas generaciones que van apareciendo, pues su debilidad está en la falta de acentos y en la pobreza extrema de su lenguaje. Hay poemarios bellísimos como aquel celebrado Veinte poemas de amor y una canción desesperada, del poeta chileno Pablo Neruda. Según mi entender, este libro de todos los libros, no solamente aviva la inspiración de los jóvenes vates, sino que además es una prueba rotunda de que el lenguaje amoroso halla predominio en todas las eras, incluyendo, claro está, la era digital.
Otra lectura que recomiendo es La guerra y la paz. Buena obra es Cien años de soledad, calificada por el escritor argentino Jorge Luis Borges como una de las mejores novelas de todos los tiempos.

Chávez y el Quijote

Por Marcos Carrillo Perera

Cuando Alonso Quijano salió de La Mancha a desfacer entuertos, la primera lección que aprende, gracias a un humilde posadero, es que para ser un caballero andante no es suficiente tener caballo, armadura y deseo, sino que hay que ocuparse de llevar vitualla, enseres, muda de ropa y todas esas cosas secundarias que tanto molestan la fastuosidad de las empresas que se trazan los héroes de caballería. Por eso se devuelve y luego de ocuparse de esos detalles emprende su segunda salida. Obviamente, Chávez jamás leyó El Quijote (aunque insista en citarlo) pues su buena memoria no le hubiese permitido olvidar tan importante enseñanza.

Si se hubiese percatado del andamiaje que necesitaba su empresa, hubiera tenido que devolverse en búsqueda de los enseres intelectuales y prácticos que le permitieran llevar adelante alguna tarea con bien. Pero, a diferencia del buen Quijote, que en definitiva hizo caso a este comentario tan obvio, Chávez insiste en ideas absurdas por su improvisación, su diseño errado y su inoperancia práctica.

Ya ha quedado demostrado que la idea que tiene sobre la administración politizada de Pdvsa es un fracaso colosal. La política de tierras ha producido los resultados más vergonzosos que se puedan imaginar. La salud es una farsa tan grande que hasta en Cuba admiten el desengaño de Barrio Adentro, que es efímero al compararlo con el del sistema formal de salud. El control de precios y el cambiario han contribuido a una escasez que pudiera convertirse en hambruna si los precios del petróleo llegasen a corcovear un instante. Hubo miles de posaderos que le advirtieron acerca de lo inviable de estas empresas pero en lugar de hacer caso, insistió y se hundió cada vez más.

Estos errores no son más que producto de una superada concepción utopista de la sociedad, característica de todo régimen totalitario, que pretende subordinar todo a un pensamiento que no toma en cuenta la estructura compleja y el carácter arisco de todo sistema social, siempre impermeables a la vanidad política, a deseos adolescentes y, en definitiva, a las relaciones de causa-efecto, que sólo funcionan en física, química y, quizás, en ciertos estamentos militares, pero que son inútiles para el funcionamiento de la sociedad.

Hasta el desquiciado lector de novelas de caballería comprendió que su gesta estaba condicionada por ese tipo de detalles que los casi-héroes dejan de lado. La incapacidad gubernamental para comprender la lógica de la sociedad es la raíz de la calamidad que vivimos.