06 septiembre 2013

Nicolás, el políglota


En todo el mundo existen más de 7.000 lenguas. El chino mandarín ocupa el primer lugar con más de mil millones de hablantes por número de nativos. Según el Anuario 2012 del Instituto Cervantes, le sigue el español, con casi 500 millones de hablantes por número de habitantes. Es éste, además, el idioma oficial en 21 países, uno de los seis idiomas oficiales en la Organización de las Naciones Unidas, el segundo más estudiado, después del inglés, y el tercero más utilizado en Internet con un incremento de más de 800% durante los últimos once años. En las redes sociales Facebook y Twitter, el inglés y el español son las lenguas en que se expresan más de 274 millones de usuarios.

Sin embargo, a Nicolás Maduro no le basta con que sus seguidores lo lean, en algunas ocasiones hasta con cierta dificultad, en su lengua materna. A pesar de sus archiconocidos deslices y dislates gramaticales, ortográficos, sintácticos, disléxicos y hermenéuticos, ha decidido comenzar a tuitear en inglés, francés, portugués y árabe, y se ha permitido anunciar que dentro de poco lo hará también en ruso y en chino mandarín.

Si el propósito de internacionalizar sus mensajes en distintos idiomas estuviere acompañado de su esfuerzo en aprenderlos como para atreverse a escribir en cada uno de ellos, uno podría pensar que el sujeto de marras, en el ínterin de su aventura turística en el transbordador de la Cancillería, descubrió las ventajas de la poliglotía, pero presumimos que el repentino interés no llega a tanto. De hecho, sus habilidades lingüísticas dejan mucho qué desear. ¿Recuerdan la lectura de aquel mensaje de pésame en francés que leyó en el velorio de su mentor? No comments!

La verdad es que si ya le cuesta bastante comunicarse fluida y correctamente en español, y sus discursos, además de insustanciales, repetitivos y aburridos, chapotean en el fango de la procacidad, ¿cómo cree que puede tuitear en distintos idiomas, cuando no domina ni siquiera el propio?

Basta leer uno de sus tweets en inglés para comprobar la pésima traducción: I am in constant touch, in real time, with the Power Chiefs of Staff and leading power restoration in centralwestern part of the country... (@maduro_en). Tampoco la siguiente oración en francés está bien construida, por lo que pierde su sentido: C'est clair q la main de ceux qui veulent affaiblir n. pays est impliquée, suivons le chemin du travail et prospérité. Unité et progrès! (@maduro_fr). No tengo la menor idea de qué será lo que dice aquí, pero confío en que alguno de los lectores domine el árabe y nos revele el misterio de esta frase u oración: رئيس جمهورية فنزويلا البوليفارية. ابن تشافيز. نبني الوطن بكفاءة ثورية (@maduro_ar).

Así, pues, sólo hay dos maneras de que Nicolás escriba en cualquier otro idioma: utilizando el traductor online de Google, que es gratuito, pero abunda en errores de interpretación, debido a que la máquina no comprende el contexto de ciertas expresiones; o contratando a un equipo de traductores profesionales, cuyos honorarios no quiero imaginar, y si este fuere el caso, se perdieron esos reales.

15 agosto 2013

¿Qué hacer con la Asamblea Nacional?



La Asamblea Nacional venezolana es ahora cualquier cosa, menos un Parlamento. Allí no se celebran sesiones, sino ejecuciones a priori; no se desarrollan debates, sino peleas callejeras; no se legisla, sino que se insulta y ofende con adjetivos soeces, sin el mínimo respeto entre los propios diputados, muchísimo menos hacia los ciudadanos.

Observar los gestos violentos y escuchar los gritos destemplados de esa gente que, además de violar impunemente la Constitución, se comporta y habla como si estuviese en un burdel, lo que da es asco. Ningún venezolano decente puede sentirse representado por individuos de tan baja calaña, sin educación, sin modales, sin respeto y sin vergüenza. Tampoco por quienes se limitan a levantar un cartelito y guardan silencio para no rebajarse.

Lo que ocurre en ese sitio es culpa nuestra, enteramente nuestra, de cada uno de los electores que votamos por quienes hoy ocupan esas butacas, y me refiero a todos los diputados, a los del oficialismo y a los de la oposición. Nosotros los llevamos hasta allí, porque suponíamos que serían dignos representantes de nuestros derechos y que ejercerían cabalmente sus funciones. Es obvio que nos equivocamos.

En estas condiciones, no hay posibilidad alguna de diálogo, de discusión racional, de análisis serio, de debate político. No hay manera de lograr un consenso en medio de una refriega tan caldeada y salvaje, en la que se pierden los papeles, se vuelan los tapones y estalla la iracundia. En esa Asamblea Nacional donde predominan el odio, la intemperancia, la violencia, la arbitrariedad, se está haciendo trizas la política, se está destruyendo el último espacio que queda de la muy malograda democracia.

Hemos perdido las instituciones, hemos perdido todas las garantías de nuestro derecho al voto, hemos perdido nuestro derecho a la seguridad jurídica, hemos perdido nuestro derecho a manifestar libremente, y cada día perdemos los pocos pedazos que restan de otros derechos y libertades que son constantemente vulnerados.

Los acontecimientos en la Asamblea Nacional no son simples episodios pasajeros protagonizados por unos cuantos impresentables. Cuanto sucede allí es mucho más importante que una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, o que una decisión del Ejecutivo, porque lo que se hace y se dice dentro del hemiciclo, es también responsabilidad nuestra.

Ya en el extremo de lo imperdonable, nos toca a nosotros decidir si aceptamos un burdel por Asamblea, o si por fin la adecentamos…, o si cerramos la puerta y tiramos la llave al Güaire.

08 agosto 2013

Los políticos del sombrero mágico


Si hay un oficio difícil, exigente, comprometedor y serio, ese es el de hacer política. Hay que tener vocación de servicio para dedicarse a ello, y estar dispuesto a trabajar sin horario ni fecha en el calendario. Hay que tener ciertas condiciones físicas, psicológicas e intelectuales, pero sobre todo hay que sentir una inquietud incurable por la injusticia y un interés permanente en el prójimo. Dicho de otro modo, hay que obedecer al animal político que se lleva adentro.

La política como oficio es un arte. La palabra deriva de la expresión griega politiké techne, que significa el arte propio de los ciudadanos, el arte de vivir en sociedad y de intervenir activamente en las cosas relativas al Estado. Para los antiguos griegos, la virtud consistía en el interés y la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos.

Hoy en día, la palabra «virtud» tiene otras acepciones, y en la actividad política hay muchos aficionados y muy pocos artífices. Las consecuencias de que sean los aficionados los que marquen las pautas del quehacer político están a la vista. Una de ellas es haber suprimido los instrumentos más esenciales de este arte, como son el diálogo y el consenso.
 
No obstante, los aficionados se multiplican como conejos que saltan del sombrero de un mago. Tal es el caso de algunos candidatos del PSUV a las próximas elecciones municipales, quienes han desarrollado su talento en ámbitos muy distintos, incluso completamente ajenos, al escenario político. Son personas destacadas en sus respectivas áreas y se les reconoce por ello, pero hasta ahora no habían desvelado, al menos públicamente, ninguna preocupación por los problemas sociales, ni habían sometido a la consideración de la sociedad ninguna propuesta política. De hecho, uno de ellos ni siquiera se había tomado la molestia de inscribirse en el Registro Electoral hasta el año 2007, a los 33 años de edad, lo que da una idea de cuán poco le importa(ba) la política.

Si los aspirantes a cargos públicos no toman en serio la responsabilidad y el compromiso que implica ser Alcalde o Concejal de un municipio y si los electores no toman en serio el alcance de su decisión a la hora de ejercer el voto, unos y otros seguirán impulsando la antipolítica, que es la negación de la política como arte social de cívica convivencia y como oficio especializado en la ejecución de políticas públicas.

25 julio 2013

Inmunidad Parlamentaria

Diputado Richard Mardo
En la Constitución venezolana, la inmunidad parlamentaria es una prerrogativa expresamente consagrada en el artículo 200: “Los diputados o diputadas a la Asamblea Nacional gozarán de inmunidad en el ejercicio de sus funciones desde su proclamación hasta la conclusión de su mandato o la renuncia del mismo”.

Allanar la inmunidad parlamentaria de un diputado no es un asunto de poca importancia, en primer lugar, porque se trata de un cargo de elección popular, y en segundo lugar, porque la razón de ser de dicha prerrogativa no es defender a la persona que funge como legislador, sino proteger el ejercicio libre e independiente de sus funciones parlamentarias, por una parte, y por otra, evitar que mediante confabulaciones se intente llevar a cabo algún tipo de retaliación política.

De ninguna manera debe confundirse la inmunidad con la impunidad, pues aquélla no es una mampara para los delitos o hechos ilícitos que pudieren cometer los diputados durante el ejercicio de su representación. El artículo 200 de la Constitución vigente establece que “De los presuntos delitos que cometan los o las integrantes de la Asamblea Nacional conocerá en forma privativa el Tribunal Supremo de Justicia, única autoridad que podrá ordenar, previa autorización de la Asamblea Nacional, su detención y continuar su enjuiciamiento”.

Por lo tanto, el procedimiento exige que antes de llevar a juicio a un diputado, se cumpla con el requisito previo contemplado en el ordinal 20 del artículo 187 de la Constitución: “La separación temporal de un diputado o diputada sólo podrá acordarse por el voto de las dos terceras partes de los diputados y las diputadas presentes”.

Escribo este artículo pocas horas antes de que la decisión de allanar la inmunidad del diputado Richard Mardo se realice con el voto de 2/3 de los miembros de la Asamblea Nacional o con el voto de una mayoría simple. Si ocurriere esto último, esa mayoría simple de legisladores estaría violando impunemente la Constitución y la voluntad de los electores que eligieron al diputado Mardo como su representante, pero además, se estaría ejecutando una vil venganza política, muy propia de regímenes que, como el actual gobierno ilegítimo, se esmeran en la interpretación arbitraria de la Constitución y las leyes.

11 julio 2013

Juguetes sospechosos


Pertenezco a una generación que creció corriendo en bicicleta alrededor de la cuadra, jugando a los piratas, haciendo fiestas de muñecas y patinando en unos bólidos de cuatro ruedas. Lo normal era jugar al aire libre. Nuestros pasatiempos eran sencillos e inofensivos. ¿Qué daño podían causar unos yaquis, o una pista de trenes, o una pistola de chupones? La diversión de los niños no era entonces una prioridad que les quitara el sueño a nuestros padres, y cualquier aproximación al estado de aburrimiento era inmediatamente solucionada mediante alguna actividad escolar o doméstica.

Los tiempos han cambiado, y también las opciones de entretenimiento, los horarios y espacios de juego, la utilidad de los juguetes. Las circunstancias han metido a los niños en sus casas –o en las casas de sus amigos-, a medida que la tecnología ha creado nuevos y sofisticados trebejos, que han evolucionado desde el popular Super Mario Bros (1985) hasta el increíble simulador Wii Sport (2006), a lo largo de casi tres décadas de consolas y plataformas recreativas en las que también han tenido lugar épicas confrontaciones bélicas.

Hay quienes afirman que esta clase de juegos incentiva la violencia en los jugadores, que éstos se mimetizan en la conducta de los personajes que asumen, que las muchas horas que pasan frente a la consola los idiotizan, que el afán de vencer al enemigo los vuelve irascibles. Otros, como el psicólogo Christopher Ferguson, especialista en justicia criminal de la Universidad Texas A&M, asegura que las investigaciones no han demostrado hasta ahora que los videojuegos incrementen las conductas agresivas ni que disminuyan conductas prosociales.

Los que hicieron la guerra a lo largo de la historia de la Humanidad quizás en su infancia jugaron con espadas de madera, tal como los chicos de muchas generaciones posteriores  jugaron a los vaqueros y los indios. Sin embargo, no parece lógico pensar que dichos juegos desataron en ellos un instinto belicista, ¿o sí?

Una sociedad que se mueve a mayor velocidad que las agujas del reloj, en espacios cada vez más reducidos, sometida a todo tipo de riesgos y temores, necesita imputarle a alguien o a algo las causas de sus desajustes. Venezuela está entre los primeros cinco países más violentos del mundo. ¿Debemos suponer que esos matones han vivido su infancia y adolescencia entrenándose frente a una consola de videojuegos?

El espía invisible



Aparentemente, no hay nadie más en mi estudio cuando me dispongo a escribir este artículo. Frente a mi escritorio, una copia litográfica de "Mujer sentada de espalda" de Matisse. La descarto como potencial espía, no sólo porque está de espalda, sino porque está siempre tan concentrada en sus propios pensamientos, que todo le es absolutamente indiferente.

Detrás de mí, la cabeza de un viejo pirata cuyo barco naufragó quién sabe dónde. Hemos estado intercambiando secretos desde que yo era una niña y su atalaya era una pared de la oficina de mi padre. Ahora vive en mi casa. Somos viejos amigos, pero él es un pirata, y de repente se me ocurre que por un botín de cierto valor, quizás estuviera dispuesto a... ¡No! Lo descarto también, entre otras razones, porque tiene un parche en el ojo izquierdo, y además no quiero herir sus sentimientos con una elucubración tan ofensiva.

Paseo mi mirada por la biblioteca y tropiezo con rostros familiares y amigables, sonrisas afectuosas, enmarcados en portarretratos que han congelado diversos momentos de los que también yo he participado. No podría dudar de ninguno de ellos. Así, pues, que comienzo a teclear, convencida de que todo está en orden, porque estoy en mi casa, y nadie -que yo sepa- ha venido a instalar cámaras ocultas, ni micrófonos diminutos. Sin embargo, de vez en cuando vuelvo a echar un vistazo a mi alrededor para cerciorarme de que no hay nada sospechoso.

Sigo escribiendo, pero un estridente bocinazo me hace soltar una mentada de madre, entonces me doy cuenta de que la ventana está abierta y la persiana recogida hasta el tope. Un par de zamuros podrían entrar juntos a través de ella sin rozar el marco y dejar caer en un rincón algún dispositivo. Cualquier habitante del edificio de enfrente podría creerse L. B. Jefferies, el protagonista de "La ventana indiscreta" (Hitchcock) y enfocar perfectamente hacia aquí con unos binoculares o una cámara fotográfica. Cualquier arrendatario del mismo edificio podría sentirse igual que Trelkovsky en "El inquilino" (Polanski) y pasarse el día entero espiándome, si estuviera convencido de que tengo la intención de enloquecerlo. El ojo omnipresente del gran hermano orwelliano en "1984" podría seguir el movimiento de mis dedos sobre el teclado y adivinar lo que escribo. El mismo Cañizales podría detener su máquina del aire justo enfrente y lanzarme un toronto envuelto en un papel laminado con partículas trasmisoras de huellas dactilares, que alguien disfrazado de indigente recogería después en la basura.

La verdad es que el espía más peligroso no es Snowden, ni los rusos, ni el G2 cubano; el único espía al que hay que temer es a la conciencia. Invisible, intangible, omnisciente, imposible de evadir o de ignorar, inmune al contraespionaje, a los antivirus y a los insecticidas. Insobornablemente delatora. Ni aun quienes pareciera que no la tienen, han podido deshacerse de ella.

06 junio 2013

Lenguas insolentes



Hay expresiones tan infelices que jamás debieran pronunciarse. Muchas de ellas son ofensivas a la mayoría de quienes las escuchan; por lo general, sus decidores se muestran impúdicamente osados en lo que constituye un desafío a ciertos principios y reglas de suprema importancia.

Hace unos días, el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, plenamente consciente de la grave situación político-electoral que se vive en Venezuela, no tuvo el menor empacho en justificar su negativa a incluir el tema de Venezuela en los debates del Consejo Permanente que se celebra en Guatemala. En una entrevista declaró muy campante: "si hay 34 países miembros y ninguno plantea el tema, eso quiere decir que no hay mucho ambiente para tratarlo en esta organización... Si no lo plantea uno, no lo planteará el secretario general".

Sin embargo, en el año 2009, sí le pareció que había "ambiente" para proponer a los cancilleres reunidos en Honduras la eliminación de la resolución adoptada por la OEA en 1962 contra Cuba, más por tener un régimen comunista que por el hecho de que éste es autocrático, y calificó dicha resolución de "obsoleta y un residuo de la Guerra Fría". Por lo visto, el insulso secretario está más interesado en lograr la reincorporación a la OEA de un país en el que impera una dictadura ya cincuentenaria, que en contribuir a la solución de los problemas de fraude electoral y de ilegitimidad de quien funge como presidente en Venezuela.

Si bien el señor Insulza no me inspira ningún respeto ni un ápice de confianza, no solo por lo que dice, sino por su deliberado silencio ante tantas irregularidades y arbitrariedades que cometen algunos jefes de Estados miembros de la OEA, la función del cargo que ejerce exige de su parte un mínimo de sindéresis, en lugar de la recurrente exhibición de su preferencia política, que lo inclina hasta la postración hacia la izquierda más desequilibrada.

Otra de esas frases que no pueden borrarse ni a fuerza de lija la pronunció esta semana una de las rectoras del Consejo Nacional Electoral. A propósito del tema de las impurezas del Registro Electoral, salió a relucir el problema –jamás resuelto- de los muertos que votan, que es, por cierto, uno de los varios motivos que dieron lugar a la impugnación de las elecciones presidenciales realizadas el 14 de abril de 2013  por parte del líder de oposición Henrique Capriles Radonski.

La rectora Socorro Hernández, al restar importancia a este asunto, que consideró "parte de una diatriba política" con la que se pretende generar una matriz de opinión, aseguró que "los muertos no votan", pero que el hecho de que haya denuncias debido a que algunos muertos sí votan "no tiene que ser motivo de escándalo".

Es un poco desconcertante escuchar y leer expresiones de este tenor, porque cuando uno pone todo su empeño en aplicar la buena fe y conceder el beneficio de la duda..., resulta que no hay manera de salvarlos de su propia insolencia.

17 mayo 2013

Las cuitas de Mario Silva


Mario Silva, el más inmoderado y soez de los voceros del régimen chavista hoy espurio, se convirtió en noticia de primera página esta semana al recibir un poco de su propio veneno. El dirigente de oposición Ismael García logró obtener un audio en el que se escucha una conversación entre el susodicho y un funcionario del G2 cubano de nombre Aramis Palacios, que le está dando la vuelta al mundo por las revelaciones que contiene.

“Deprimido y arre…batado”, Mario se confiesa con Aramis, cual pecador atormentado por la mala conciencia, pero no la suya, sino la de los otros, los falsos comunistas, los traidores de la revolución, los corruptos que se lo roban todo, los conspiradores que quieren derrocar al lerdo, de cuya capacidad para estar donde lo pusieron dudan hasta sus propios aliados. Mario le pinta dibujitos de CADIVI y del SENIAT a Aramis, y Aramis se los aprende como si fuesen mapas, mientras despacha rápidamente las llamadas telefónicas inoportunas. Entre un dibujito y otro, la confesión deviene en chisme y Mario le pone morados los ojitos azules a Diosdado. Mario, a cuenta de que es calvo, le cae a Cabello con todo lo que le amarga la vida y lo deja tendido en la lona, por malagente y quintacolumna.

Es que Mario sabe mucho, y el peso de tanto zurullo le está formando una giba en el cielo de la boca, por eso se desahoga con Aramis, el buen oyente, que apenas dice una que otra frase incompleta. ¡Cuánto han aprendido los cubanos en medio siglo de rutinas silenciosas! Mario, en cambio, no se detiene, haciendo gala de su feraz vocabulario escatológico, se comporta como un amante desairado que rumia sus penas y ejecuta su venganza despotricando del que se llevó a su amada.

Entre alicaído e irascible, habla de lealtades y traiciones. Aramis para las orejas, porque si hay algo que le interesa saber al tío Raúl es quiénes son los que marchan por la calle del medio y quiénes los que se arrastran en las sombras. Mario dice que Molero -a quien tutea, así de pana- es un “operador”, o sea, es burda de leal, es de los que raspan el sable en el asfalto de la calle y si hay que dejarla manchadita de plasma, pues se deja y punto, sino para qué es Ministro de la Defensa, ¿verdad?

Por el hombrillo, en cambio, una tal “Cruela” Cestari camina a la sombra, como dice Mario que deben caminar las mujeres de los caudillos, pero ni Nicolás es un caudillo ni la mujer de Nicolás es la Cestari, su mujer es Cilia Flores -a quien, dicho sea de paso, una promesa aún no cumplida la tiene vestida y alborotada-. Así será el alboroto, que hasta invitaron a unos artistas con pinta de “oportunistas” para que le cantaran a Nicolás, y el pánfilo, en vez de cantar con ellos, quedó fascinado contemplándose a sí mismo en una suerte de transfiguración mística, allá en el Cuartel de la Montaña, que ya desplazó a la montaña de Sorte. Dice Mario que no le gustó nadita ni una cosa ni la otra, y que él no se mete en los misterios del más allá desde que Marx le advirtió que si quería fumar, ese no era el opio bueno, pero como Marx era alemán y Mario es venezolano, no pudo evitar que en su “malvada y maquiavélica cabeza” entrara de sopetón el fantasma de Diógenes Escalante.

Sin embargo, eso no fue nada comparado con el susto de espanto y brinco que le pegó el cacerolazo del 23 de Enero. ¡Cuánta ingratitud! Mario se estruja la nariz y recuerda a Fidel cuando le dijo “que él no entendía por qué Chávez no había terminado con las elecciones burguesas”. Mario se responde solito, esgrimiendo un argumento fidelista que corta de un solo tajo cualquier cabeza pensante, sencillamente “porque el pueblo se equivoca”, por lo tanto, él, que se cree tan infalible como aquel, “está absoluta y totalmente de acuerdo”. Vaya uno a saber qué piensa Aramis al respecto.

A estas horas, Mario sigue lloriqueando sobre el hombro de Aramis, el buen oyente que ni siquiera bosteza. Le confiesa que tiene miedo, que está deprimido, que está furibundo, que está metido en un mar lleno de heces, infestado de tiburones cuyas feroces dentelladas están acabando con la balsita revolucionaria, y que si Nicolás no manda a Cilia para la cocina y de una vez por todas coge el timón con ambas manos, la maltrecha balsita, que ya deriva y mucho, se hundirá irremediablemente -a Dios gracias- en el mero mar de la infelicidad.

Colorín, colorado, este cuento aún no ha acabado.

16 mayo 2013

La adicción al poder


Parece que lo único malo de ser Presidente es dejar de serlo. En la tentación de repetir en el cargo caen por igual demócratas y autócratas, sean de derecha, de izquierda, de centro o de algún extremo, tanto si el sistema es presidencial, semipresidencial, parlamentario o dictatorial. La ambición de poder no queda satisfecha con la primera experiencia, ni siquiera cuando el miedo o la culpa los obliga a renunciar (Fujimori), o cuando se van, rayando en el fracaso (Alan García), y mucho menos si terminan su gestión con un elevado porcentaje de popularidad (Bachelet). Una vez que traspasan el gobierno y recuperan la condición original de ciudadano, sin otra investidura que el gentilicio, no logran ubicarse en la realidad, a pesar de que la mayoría de ellos casi siempre conserva algunos privilegios.

El poder es adictivo, mucho más que el dinero, y quien tiene el poder político asume implícitamente todo lo que éste le permite abarcar, inclusive aquello que excede los límites de dicho poder. De repente, discernir entre el bien y el mal pierde importancia. La constitución se convierte en un instrumento de aplicación selectiva, pues los detentadores del poder se sustraen de ella con impúdica facilidad. Obnubilados por la mayoría que los votó y, en ocasiones, por el apoyo incondicional de sus electores, se consideran infalibles e invulnerables, se atribuyen cualidades de las que carecen y potestades que no les han sido conferidas.

En los países cuyo texto constitucional permite la reelección continua hasta por un periodo más, los mandatarios dan por hecho el triunfo (Cristina Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa), en aquellos donde se estipula la reelección alterna, los expresidentes aguardan, impacientes, el próximo chance (Caldera, CAP), y en esos otros donde la constitución se ha reformado expresamente para hacer la reelección consecutiva e indefinida, los dictadores se valen de todo con tal de no entregar jamás (Fidel Castro, Hugo Chávez).

Nosotros, ciudadanos de a pie, empoderados, relativamente, por el derecho al sufragio, tenemos que hacer un gran esfuerzo para imaginar la sensación de invencibilidad que debe producir ser reelegido, por las buenas o por las malas, una y otra vez hasta que la incapacidad o la muerte se impongan.

Quienes pensamos que la reelección es un vicio terrible que debe ser completamente erradicado por el bien de la Democracia, tenemos la responsabilidad cívica de proponer y defender, en todos los sectores de nuestra sociedad, la detentación y el ejercicio del poder por un solo y único periodo constitucional. La experiencia de casi quince años bajo un régimen autoritario, militarista y hegemónico, tiene que servirnos para comprender en profundidad cómo la ambición desmedida de poder de unos pocos representa para la mayoría de los ciudadanos la pérdida irreparable de nuestros derechos, libertades, oportunidades y hasta de la vida.

10 mayo 2013

Revolución de librito

 

Esta gente va de librito, repitiendo viejos eslóganes, trastabillando una y otra vez sobre los adoquines del pasado, levantando el puño de cadáveres insepultos, abriendo zanjas en medio de la calle para que nadie cambie de acera, rompiendo huesos, propagando la inquina, purgando los espacios. Llevan las consignas del odio tatuadas en la frente, una franja ceñuda donde entran, más que holgadas, unas pocas ideas que ni siquiera son suyas, porque han olvidado cómo se piensa, han desechado el conocimiento y se han conformado con memorizar algunos adjetivos que sueltan en retahíla, eufóricos y desencajados, sin orden ni concierto, en una perorata tan pobre e incoherente que da vergüenza ajena. 

Van de librito, al pie de la letra. Lo que hemos visto hasta ahora proviene del recetario marxista-leninista. ¿Cómo se resuelven los problemas puntuales de la sociedad? Está en el librito. Por ejemplo, para el problema de la escasez de viviendas, Engels tiene la solución al pelo: “Esto sólo puede lograrse expropiando a los actuales poseedores y alojando en sus casas a los obreros que carecen de vivienda o que viven hacinados”. ¿Cómo se hace la revolución? Según Marx, “el Estado es un órgano de dominación y de opresión de una clase por otra”, y dado que el Estado es una creatura de la clase dominante, hay que revertir su poder de modo que sean los proletarios quienes dominen y opriman a los burgueses. Según Lenin, “la sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta”. ¿Recuerdan aquello de que la revolución es pacífica, pero está armada? La violencia revolucionaria arremete contra nuestro pueblo prácticamente desde el principio del régimen chavista, y ahora, en la etapa del madurismo espurio, se afinca sobre sus puños para aplastar el disenso y la protesta. La trifulca en la Asamblea Nacional fue apenas un abreboca -o un rompeboca, como prefiera-.

No basta con destruir las instituciones y alinear en la fila de los revolucionarios a todos los órganos del Poder Público. Hay que abolir el parlamentarismo y sustituirlo por las “comunas”, porque según Lenin, “en los parlamentos no se hace más que charlar, con la finalidad especial de embaucar al vulgo”. Siguiendo a Marx, el calvo momificado afirma que “la Comuna sustituye el parlamentarismo venal y podrido de la sociedad burguesa” y propone la desaparición del parlamentarismo “como división del trabajo legislativo… y como situación privilegiada para los diputados”.

¿Y la democracia? Lenin tiene la alternativa ideal: “Democracia para la mayoría gigantesca del pueblo y represión por la fuerza, o sea, exclusión de la democracia para los explotadores, para los opresores del pueblo: he ahí la modificación que sufrirá la democracia en la transición del capitalismo al comunismo”. Por si no quedara suficientemente claro, el propio Lenin admite que “es evidente que allí donde hay represión hay violencia, no hay libertad ni democracia”. Son éstas sus palabras, no las mías. Ya ve usted, todo está en el librito, incluso las contradicciones e incoherencias de una revolución -llámese bolchevique, cubana, china o bolivariana- que es siempre un revoltijo de pasiones, intereses y puñetazos.

03 mayo 2013

Extremistas en la cuerda floja



El nuevo régimen, además de ilegítimo, actúa fuera de la Constitución y de las leyes, emplea métodos fascistas y se comporta de manera brutal. Arremete contra la oposición con todo el poder del Estado, desde los órganos del Poder Público hasta la Fuerza Armada Nacional, cual si cada uno de éstos perteneciera a una fracción del país y no a toda la Nación. En apenas quince días se han desatado los demonios que hibernaron durante casi quince años en las vísceras de los individuos más irracionales del chavismo, que ahora en desbandada persiguen, hostigan, amenazan, excluyen y atacan con odio y saña a quienes consideran enemigos, es decir, a más de la mitad de los venezolanos. No cabe duda de que lo hacen impulsados por el miedo a perder sus privilegios y la oportunidad de seguir incrementando sus fortunas a expensas de los recursos del Estado. El socialismo es la mampara de su interés mercantilista y de su desmedida ambición de poder. 

Un hecho puntual es el acoso sistemático, público y notorio por parte de algunos funcionarios del Estado a los empleados públicos de quienes se sospecha que votaron por el candidato de la oposición Henrique Capriles. No parece importarles que es un crimen de lesa humanidad la “persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos” (Art.7.1.h. del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional).

El carácter extremista de las posiciones del funcionariado se muestra sin tapujos sobre la cuerda floja donde hacen sus maromas el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello: “Como hay personas que no quieren reconocer al compañero Nicolás Maduro como Presidente de este país, en esta Asamblea Nacional, mientras yo sea Presidente, no tendrá derecho de palabra ningún diputado que no reconozca al compañero Nicolás Maduro”; el Ministro de Vivienda y Habitat, Ricarlo Molina: “Me importa en lo absoluto lo que dicen las normas laborales”; las rectoras del Consejo Nacional Electoral, Sandra Oblitas: “Para el CNE el evento electoral culminó. No hay auditoría que cambie los resultados electorales”, y Tibisay Lucena: “Es imposible aprobar la solicitud [hecha por Capriles] en los términos planteados”; y hasta la Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Luisa Estela Morales, que sin haber recibido aún ninguna acción ni recurso, declara por anticipado que: “En Venezuela, el sistema electoral es absolutamente sistematizado, de modo, pues, que el conteo manual no existe, se ha engañado a aquellas personas que han pensado que realmente esto podía realmente producirse”.

Esa cuerda ha de romperse más temprano que tarde, si no por el peso de las tremebundas acciones y omisiones del régimen espurio, sí por la presión de nuestras protestas pacíficas, de nuestras denuncias contra las violaciones de los derechos humanos, de nuestra oposición contundente y firme a sus decisiones arbitrarias y a sus tácticas fascistas de criminalización de nuestros derechos a manifestar, a pensar, a expresarnos, a elegir y a disentir libremente.

Los opositores sabemos muy bien qué podemos esperar y qué no de las instituciones del Estado, desde hace casi quince años al servicio exclusivo de una revolución que las ha puesto de rodillas ante el poder omnímodo, antes de Hugo Chávez, ahora de unos cuantos oportunistas detrás de la figura de un presidente cuya legitimidad es dudosa y cuya capacidad es más que cuestionable. También sabemos qué esperar y qué no de la comunidad internacional, en la que se sientan a la misma mesa demócratas y dictadores, todos más interesados en hacer negocios que en defender los principios democráticos.  

Los opositores somos militantes de la Democracia. Que seamos pacientes no significa que estemos conformes con cuanto sucede; que seamos pacíficos no significa que estemos pasivos en medio de este caos político-institucional. Los opositores, a diferencia de los oficialistas, respetamos la Constitución, acatamos las leyes y nos servimos de ellas para invocar nuestros derechos, defender nuestra causa por la Libertad y exigir justicia. Será con estas herramientas con las que romperemos la cuerda floja de la impunidad.

26 abril 2013

La intransigencia del Poder Electoral


La institucionalidad de un país depende fundamentalmente del vigor de su Constitución y de sus leyes. Sin estos instrumentos no existe la menor posibilidad de gobernar legítimamente dentro de ciertos límites, ni de lograr que los ciudadanos conozcan el modo de ver garantizados sus derechos y de asumir la responsabilidad de su conducta cívica.
Un Estado queda al margen del Derecho y de la Justicia desde el momento en que quienes detentan el poder político degradan la Constitución, desconociéndola como norma fundamental reguladora del ejercicio de su autoridad. Muta, entonces, inevitablemente, a un Estado anómico en el que los órganos del Poder Público incrementan su poder a medida que se exceden en sus funciones y manipulan las leyes según la conveniencia de los fines que persiguen. El comportamiento de la sociedad frente a este tipo de situaciones es lo que, en definitiva, determina el triunfo o el fracaso de tales acciones. Sin embargo, siendo la sociedad un ente heterogéneo conformado por diversos sectores con creencias, opiniones, problemas e intereses distintos, los liderazgos sociales y políticos constituyen el elemento primordial para la canalización y satisfacción de todos esos factores.
En estos casos, una cualidad necesaria en el liderazgo político es la coherencia del discurso y el respeto por los derechos y las expectativas de los ciudadanos, por los principios constitucionales y por los procedimientos establecidos en las leyes para resolver conflictos como el que ha surgido a raíz de la elección presidencial del 14 de abril.
Henrique Capriles, líder de la oposición, ha sido coherente e insistente en su requerimiento de una verificación ciudadana de los resultados electorales. Porque existe una duda acerca de éstos, porque el margen de diferencia es apenas del 1,83%, porque el Rector Vicente Díaz tuvo razones para sugerirla, porque las demás rectoras no estuvieron de acuerdo con su colega, porque 54% no es igual a 100%, porque el país no quedó convencido de la veracidad de dichos resultados.
 La solicitud ha desatado reacciones imprudentes en las rectoras del Consejo Nacional Electoral. En conjunto o por separado, sus declaraciones abundan en tecnicismos que lejos de ajustarse a lo que establece la legislación electoral, se encuadran en una interpretación voluntarista de la Ley. Actitudes cerradas e intransigentes como estas son las que nos hacen dudar de la imparcialidad y transparencia del árbitro electoral, y hay sobradas razones para cuestionar sus argumentos, puesto que carecen de fundamento jurídico. Además, la proclamación y juramentación precipitadas de Nicolás Maduro como Presidente de la República ha conseguido alimentar las sospechas de nuevos vicios sobre un proceso electoral plagado de irregularidades. 
El Poder Electoral se ha erigido como un muro contra el que rebotan, una y otra vez, la voz y el voto de la mayoría de la sociedad venezolana. Aduciendo la “irreversibilidad” de los resultados electorales, pretenden desconocer nuestro derecho a exigir que se cuente la totalidad de los votos, y tratan de evadir su obligación y responsabilidad remitiendo a los solicitantes (que somos la mayoría del país) a impugnar las elecciones por ante la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, cuya Magistrada Presidente se pronunció indebidamente por anticipado.
La importancia de la verificación ciudadana consiste nada menos que en otorgar la legitimidad necesaria al candidato que resulte favorecido por la mayoría de los votos para asumir la Presidencia de la República.

19 abril 2013

Al borde de la ingobernabilidad

No recuerdo cuándo fue el último momento de paz que vivimos en Venezuela. Desde 1999 nuestra rutina se caracteriza por lo que se nos quita o por lo que perdemos, ya sea la paz, las libertades, la vida o las elecciones.

Ahora se nos quiere arrebatar el derecho a manifestar públicamente nuestra protesta contra la negativa del Consejo Nacional Electoral a respetar nuestro derecho de verificar el resultado electoral mediante el conteo ciudadano de la totalidad de los votos.

La foto actual del país refleja la anormalidad de nuestra realidad: por un lado, los órganos del Poder Público alineados a favor del candidato oficialista, recién proclamado ilegítimamente Presidente de la República. Una proclamación desesperada, impulsada por el miedo y la culpa de quienes cometieron fraude electoral y cuyas tramposerías quedarían desveladas mediante el conteo del 46% de los votos restantes. Una Asamblea Nacional cuyo presidente cercena el derecho de palabra a los diputados de oposición. Una Fuerza Armada beligerante y militante que defiende sus propios votos y destruye los votos del adversario.
Por el otro, poco más de la mitad de los electores a la que aquéllos pretenden ignorar, junto a un líder que se agiganta en cada nueva intervención pública, que en apenas diez días sumó casi un millón de electores a su propuesta, que denuncia con pruebas en la mano un sinnúmero de irregularidades y exige que se cuenten todos los votos para determinar con claridad cuál de los candidatos alcanzó la mayoría.

En respuesta, la ineptitud de un gobernante espurio incapaz de conciliar, ni siquiera de entender la crisis que se agudiza con las horas en todos los sectores del país. Un individuo sin liderazgo propio y sin autonomía, que obedece órdenes de dictadores extranjeros, y enloquecido amenaza con desatar la violencia. Un títere de los hermanos Castro que infiltra hampones entre los manifestantes pacíficos, prohíbe las protestas, criminaliza los justos reclamos y ordena opacar el ruido de las cacerolas con fuegos artificiales.

La responsabilidad de las rectoras del Consejo Nacional Electoral es aún mayor por cuanto su renuencia a admitir que se cuente la totalidad de los votos es lo que ha generado el descontento y la debacle de estos días. Tibisay Lucena se equivoca y mucho al desafiar la voluntad de la mayoría de los electores negándonos el derecho a comprobar los resultados electorales.

Si el oficialismo, incluidos los representantes de todos los poderes públicos, no cambia de actitud, le será prácticamente imposible gobernar a un país dividido y destruido por el odio, la intolerancia y la violencia.

13 marzo 2013

Problemas de la "sucesión" a la luz de la Constitución




El último presidente del país que falleció estando en funciones fue Juan Vicente Gómez en 1935; sin embargo, pensamos que de Chávez no puede decirse que haya muerto en ejercicio de sus funciones, por cuanto no tomó posesión del cargo ni se juramentó, y el juramento es condición imprescindible para el ejercicio de cualquier cargo público.

Artículo 1 de la Ley de Juramento: “Ningún empleado podrá entrar en ejercicio de sus funciones sin prestar juramento de sostener y defender la Constitución y Leyes de la República y de cumplir fiel y exactamente los deberes de su empleo”.

El criterio de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia para justificar la ausencia de Chávez como un permiso por el tiempo necesario hasta su recuperación es un argumento que no se corresponde con lo que establece la Constitución vigente. No obstante, los magistrados se impusieron a ésta, sin despeinarse siquiera, al resolver que:

“(i) Hasta la presente fecha, el Presidente Hugo Rafael Chávez Frías se ha ausentado del territorio nacional, por razones de salud, durante lapsos superiores a “cinco días consecutivos”, con la autorización de la Asamblea Nacional, de conformidad con lo previsto en el artículo 235 de la Constitución, la última de las cuales se encuentra plenamente vigente y fue ratificada en sesión de la Asamblea Nacional de fecha 8 de enero de 2013.

(ii) No debe considerarse que la ausencia del territorio de la República configure automáticamente una falta temporal en los términos del artículo 234 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, sin que así lo dispusiere expresamente el Jefe de Estado mediante decreto especialmente redactado para tal fin.

(iii) A diferencia de lo que disponían los artículos 186 y 187 de la Constitución de 1961, que ordenaban que en caso de existir un desfase entre el inicio del período constitucional y la toma de posesión, el Presidente saliente debía entregar el mandato al Presidente del Congreso y procederse “como si se tratara de una falta absoluta”; la Carta de 1999 eliminó expresamente tal previsión, lo cual impide que el término del mandato pueda ser considerado una falta absoluta (que, por otra parte, tampoco está contemplada en el artículo 233 constitucional como causal y sería absurdo en el caso de un Presidente reelecto y proclamado).

(iv) A pesar de que el 10 de enero próximo se inicia un nuevo período constitucional, no es necesaria una nueva toma de posesión en relación al Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, en su condición de Presidente reelecto, en virtud de no existir interrupción en el ejercicio del cargo.

(v) La juramentación del Presidente reelecto puede ser efectuada en una oportunidad posterior al 10 de enero de 2013 ante el Tribunal Supremo de Justicia, de no poder realizarse dicho día ante la Asamblea Nacional, de conformidad con lo previsto en el artículo 231 de la Carta Magna. Dicho acto será fijado por el Tribunal Supremo de Justicia, una vez que exista constancia del cese de los motivos sobrevenidos que hayan impedido la juramentación.

(vi) En atención al principio de continuidad de los Poderes Públicos y al de preservación de la voluntad popular, no es admisible que ante la existencia de un desfase cronológico entre el inicio del período constitucional y la juramentación de un Presidente reelecto, se considere (sin que el texto fundamental así lo paute) que el gobierno queda ipso facto inexistente. En consecuencia, el Poder Ejecutivo (constituido por el Presidente, el Vicepresidente, los Ministros y demás órganos y funcionarios de la Administración) seguirá ejerciendo cabalmente sus funciones con fundamento en el principio de la continuidad administrativa.” (Sentencia 02 de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia del 9 de enero de 2013, Exp. 12-1358).

¿Por qué el Vicepresidente Ejecutivo y no el Presidente de la Asamblea Nacional?

Ahora, anunciado oficialmente el fallecimiento del Presidente Hugo Chávez, los actuales detentadores del poder político se aferran a la tesis fundamentada en el “principio de la continuidad administrativa” para acogerse al segundo párrafo del artículo 233 de la Constitución y no al primero.

Artículo 233 CRBV: “… Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional. Si la falta absoluta del Presidente o la Presidenta de la República se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva…”.

De ahí que el canciller Elías Jaua haya anunciado esta noche que será Nicolás Maduro, Vicepresidente Ejecutivo de la República, y no Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional, quien asumirá temporalmente la Presidencia de la República. ¿Por qué? Porque al adherir el mencionado y manido “principio de la continuidad administrativa” están actuando como si la falta absoluta, es decir, la muerte de Chávez, se ha producido “durante los primeros cuatro años del periodo constitucional”, y no como efectivamente ha sucedido, o sea, antes de que tomara posesión del cargo y se juramentara.

Lapso para celebrar nuevas elecciones presidenciales

Ahora se presentan nuevas situaciones, la primera de ellas acerca de la fecha a partir de la cual se deben computar los 30 días consecutivos para la celebración de elecciones presidenciales. De acuerdo con la Constitución, ese lapso empieza a contarse a partir de mañana, miércoles 6 de marzo de 2013, dado que el anuncio oficial del fallecimiento del Presidente se hizo hoy, martes 5 de marzo de 2013, y debe concluir el jueves 4 de abril de 2013. No es preciso que el Consejo Nacional Electoral ni ningún otro órgano del Poder Público Nacional declare o decrete expresamente el inicio de dicho lapso, pues éste comienza a correr automáticamente, en este caso, a partir de la fecha de fallecimiento del Presidente. Lo que sí debe hacer el Consejo Nacional Electoral es fijar una fecha, dentro de dicho lapso, para que los venezolanos acudamos a los centros de votación a elegir al próximo Presidente de la República.

Incompatibilidad de voluntades

La otra cuestión que se presenta tiene que ver con la eventual postulación de Nicolás Maduro a la candidatura presidencial, quien fuera ungido por el propio Hugo Chávez en su última aparición pública el 8 de diciembre de 2012. En esa ocasión, el entonces Presidente de la República impartió a los suyos, en una suerte de manifestación de última voluntad, la siguiente instrucción:

“… si se presentara alguna circunstancia sobrevenida, así dice la Constitución, que a mi me inhabilite, óigaseme bien, para continuar al frente de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, bien sea para terminar en los pocos días que quedan, ¿cuánto? ¿un mes?, hoy es, sí, un mes…, y sobre todo para asumir el nuevo período para el cual fui electo por ustedes, por la gran mayoría de ustedes, si algo ocurriera, repito, que me inhabilitara de alguna manera, yo…, Nicolás Maduro, no sólo en esa situación debe concluir, como manda la Constitución, el período, sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que en ese escenario, que obligaría a convocar, como manda la Constitución, de nuevo a elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón.”

Si se atiende al principio de continuidad administrativa que sustenta la sentencia de la Sala Constitucional, se entiende, entonces, que Nicolás Maduro sigue siendo el Vicepresidente Ejecutivo de la República. El problema en este caso deriva de una incompatibilidad entre la última voluntad de Hugo Chávez y la voluntad del Constituyente.

Artículo 229 de la Constitución: “No podrá ser elegido Presidente o elegida Presidenta de la República quien esté en ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Ministro o Ministra, Gobernador o Gobernadora, o Alcalde o Alcaldesa, en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección”.


Luego, si es el Vicepresidente Ejecutivo quien asumirá temporalmente la Presidencia de la República, ¿cómo piensa postularse como candidato presidencial sin violar el precitado artículo 229 del texto fundamental? ¿Renunciará inmediatamente después de asumir la Presidencia en forma temporal? ¿No estarán complicando las cosas al arrollar tan aparatosamente, una vez más, a la ya bastante magullada Constitución de la República Bolivariana de Venezuela? ¿O acaso afinan alguna nueva “estrategia revolucionaria” inconstitucional?

04 febrero 2013

Del Golpe de 1992 al Golpe de 2013



El 4 de febrero de 1992 en la madrugada un intento de Golpe de Estado nos arrancó del sueño, nos sacó de la cama y nos plantó frente al televisor para ver cómo un grupo de militares insubordinados se habían alzado contra el Gobierno constitucional del entonces Presidente Carlos Andrés Pérez. 

Recuerdo una tanqueta subiendo los escalones de la entrada del Palacio de Miraflores; recuerdo al golpista Jessy Chacón uniformado y con boina, acostado en el suelo con un arma apuntada a su cabeza cuando lo sometieron; recuerdo haber visto las imágenes que transmitían los canales de televisión de tanques de guerra en la ciudad, soldados con fusiles, gente corriendo, carros quemándose, aviones sobrevolando la capital, muros, puertas y ventanas destrozados a tiros, personas heridas, venezolanos muertos... Recuerdo a Carlos Andrés Pérez de pie en un escenario improvisado que tenía una cortina azul al fondo, cuando se dirigió al país para decir que todo estaba ya bajo control. Y después, mucho después, todos vimos al responsable de aquella insubordinación, al responsable de aquel caos terrible, al responsable de la muerte de más de un centenar de venezolanos; todos vimos al golpista principal, un teniente coronel de nombre Hugo Chávez Frías que vestía uniforme de campaña y boina roja, y al que le permitieron hablar ante los medios de comunicación, a las puertas del Museo Militar, para decir que "lamentablemente" los objetivos que se habían propuesto no pudieron cumplirse.




Y después, en 1994, todos esos golpistas, cuyas manos quedaron manchadas con la sangre de tantos venezolanos, fueron indultados por el entonces Presidente Rafael Caldera, a quien no se le puede perdonar que haya tomado la decisión más oportunista de su vida política en pleno ejercicio del poder.

Y después, en 1998, aquel teniente coronel golpista fue electo Presidente de la República a pesar de haberse alzado contra un gobierno legítimo y contra la Constitución, a pesar de tener en sus manos -aunque no en su conciencia, porque carece de ella- la sangre de más de cien venezolanos.

Y después, entre 1999 y 2012, aquel teniente coronel golpista investido de Jefe del Estado se esmeró en dividir al pueblo y en destruir el país.

Y hoy, 4 de febrero de 2013, 21 años después, aquel militar conspirador y golpista, habiendo sido reelecto, ya no es Presidente, porque está ausente del país desde hace casi dos meses, y no tomó posesión del cargo ni se juramentó. Así, pues, que no hay gobierno en Venezuela, sino un auténtico e incuestionable vacío de poder. Quienes se han impuesto de facto para llenar ese vacío son unos cuantos civiles que el 10 de enero de este año se alzaron contra la Constitución vigente apoyados por la Fuerza Armada Nacional y por el Tribunal Supremo de Justicia, y que aun habiendo cesado en sus funciones, usurpan actualmente el poder político en forma irregular e ilegítima. Por lo tanto, todas sus decisiones son nulas, completamente nulas, absolutamente nulas, impepinablemente nulas. Pero tal parece que tamaña irregularidad le importa a poca gente. Al 55% de los venezolanos no les importa; a los mandatarios de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Nicaragua no les importa; al Secretario General de la OEA no le importa.

Y a usted, ¿le importa?  

    

20 diciembre 2012

El árbol democrático

Foto de Jay Govind

¿Cómo habría que formular la pregunta que genera tantas y tan disímiles opiniones? ¿Por qué gano Chávez? ¿Por qué perdió la oposición? Debe de haber más de una manera de explicar lo que sucede en la conciencia de los venezolanos antes de acudir al centro de votación y en el momento preciso de ejercer el voto.
El resultado de la elección presidencial del 7 de octubre de 2012 dejó al descubierto una realidad político-social imposible de eludir, pero las elecciones regionales del 16 de diciembre de 2012 confirmaron que esa realidad está hecha de vicios. El problema, entonces, no es político, ni económico, ni social; el problema es moral. ¿Se estarán pudriendo las raíces de nuestro árbol democrático?

¿Cuál es la mayor fortaleza de Hugo Chávez?
La verdadera fortaleza de Chávez es él mismo. Después de casi cinco lustros en el poder, Chávez ya no se ve a sí mismo como una persona, sino como un personaje, y es así como lo ve también la mayoría de la sociedad venezolana, incluso desde algunos sectores de la oposición. Un personaje que está convencido de que debe realizar una misión heroica y cuyo fin último es abrirse lugar en una página de la Historia.

Enfocado en esa meta, Chávez se ha ocupado durante años en delinear las características de su personaje, que es, además, indiscutiblemente humano, dado que conserva sus rasgos naturales. Un individuo con cualidades y defectos, con pasiones y aversiones, compasivo en el amor, irreductible en el odio, con estados de ánimo variables, sin reparo para mostrarse colérico y soez cuando está alterado, o apesadumbrado y lloroso cuando está deprimido. De modo que Chávez aparece ante el país como alguien común y corriente, sobre todo porque despliega sus emociones, cuando lo políticamente correcto es que un gobernante sepa controlarlas en público.

La empatía entre Chávez y la mayoría de los venezolanos radica en que éstos lo consideran uno de los suyos. Él se parece en casi todo a la mayoría de la gente que lo apoya, ya sea porque se comporta como ellos, ya sea porque comparte sus debilidades, ya sea porque los mima o los regaña en el tono y con el lenguaje que ellos entienden, ya sea porque se hace el desentendido frente a la corrupción que, como suele suceder, beneficia más a unos y menos a otros. Quizá por eso le perdonan y justifican sus equivocaciones, que prefieren endosar a sus ministros, gobernadores y alcaldes. Chávez les agrada, les cae bien, les inspira confianza, les llama por sus nombres, les echa chistes, les cuenta cosas de su vida, les hace partícipe de su rutina familiar, y les habla de sus planes de gobierno con la misma fanfarria que emplearía cualquier vecino al comentar su idea de montar una bodega.

¿Por qué la mayoría votó por Chávez?
Dado que los electores no constituyen grupos homogéneos, conviene establecer ciertas categorías del voto, con el fin de explicar de algún modo razonable cómo entiendo que funciona el proceso de elegir a un candidato o de no elegir ninguno. Sin ánimo de adjudicarme el rol de sociólogo ni de psicólogo político, he elaborado cuatro categorías en las cuales encuadrar a la población electoral en general, que aplicaría igual en todos los casos, es decir, tanto para quienes votaron por Chávez como para quienes votaron por Capriles o por algún otro.

a) Voto estimulado
Llamo voto estimulado el que resulta de una decisión electoral basada en un estímulo emocional o racional, positivo (recompensa, beneficio) o negativo (pérdida, castigo).
En esta categoría incluyo a los electores que se identifican con Chávez, los que están convencidos de que él los toma en cuenta, los entiende, se interesa por sus problemas y conoce sus necesidades, los que tienen sembrada su esperanza en él y confían en sus promesas. Se trata de un vínculo personal y cuasi religioso en el que la ideología es un factor con poca o ninguna relevancia y la revolución no es más que un modo de cambiar el orden de las cosas. Son los que esperan pacientemente su turno en el sorteo de los beneficios procedentes de las Misiones y otros programas sociales. Son, también, los que no reconocen los errores de Chávez, los que no se atreven a criticarlo y tampoco admiten que otros lo critiquen. Son los chavistas de corazón, aman a su líder, rezan por su salud, lloran por sus padecimientos y creen devotamente en él, tal cual quedó evidenciado hace algunos años en aquel eslogan «Con hambre y sin empleo, con Chávez me resteo».

b) Voto militante
Denomino voto militante el que obedece a un proceso racional que define los principios, creencias y convicciones (morales, políticos, religiosos, etc.) afianzados en el individuo de tal manera que lo dirigen en todos los aspectos de su vida. En esta categoría incluyo a los electores que adhieren a las ideas políticas que propugna Chávez, ya sea porque militaron o militan actualmente en algún partido tradicional de izquierda, ya sea porque se han formado en la militancia del PSUV o de alguno de sus partidos satélites. A este grupo pertenecen los socialistas y comunistas que divulgan con encendida radicalidad las ideas de Marx, Lenin y el Ché Guevara, los utopistas y los idealistas de la nueva izquierda, los que anhelan realizar la revolución al estilo soviético, chino o cubano, los que están dispuestos a tomar las armas y piensan que se debe armar al pueblo para defender esta revolución. En fin, los chavistas ideológicos.

c) Voto comprometido
Entiendo por voto comprometido el que resulta de un compromiso asumido por disciplina partidista, o por obligación, o por temor a las consecuencias.
En esta categoría incluyo a los empleados de la Administración Pública (cuyo número alcanza a 2,5 millones de electores); a los militares, que a partir de la Constitución de 1999 tienen derecho a votar (la Fuerza Armada Nacional tiene entre 250.000 y 350.000 combatientes activos, incluidos los “reservistas” de la Milicia Bolivariana); a los beneficiarios de las Misiones y otros programas sociales; y a las personas que están relacionados, en forma directa o indirecta, con el Estado por medio de contratos de algún tipo. Son los electores que temen perder su empleo, su carrera, su prebenda o su contrato si no votan, o si votan por un candidato distinto del que Chávez propone.

d) Voto utilitarista
El voto utilitarista se concreta en función de una estimación de la utilidad, cualquiera sea su género, a partir de un ejercicio racional de análisis comparativo, en el que sin duda también influye el aspecto emocional, según sean las condiciones del entorno. En esta categoría incluyo a los electores que, independientemente de sus preferencias políticas, prestan atención a las campañas electorales de los distintos candidatos, ponderan las propuestas de cada uno, probablemente dudan de todos ellos, no se identifican especialmente con ninguno, y llegado el momento es posible que voten por aquel cuya oferta electoral haya logrado incentivarlos, o que voten nulo, o que sencillamente se abstengan de votar. El voto utilitarista se caracteriza, además, por ser un voto susceptible de cambio entre un evento electoral y otro; esta circunstancia lo aproxima a la categoría del voto estimulado, cuando el principio utilitario que rige la decisión del elector halla correspondencia en un estímulo determinado.
Suponiendo que mis categorías estén bien definidas, entonces es factible que los mencionados grupos de electores encajen en ellas; lo que no puedo asegurar es que todos los electores de cada uno de esos grupos hayan votado de acuerdo con tales premisas, porque es bastante probable que haya habido más de un voto transversal.

¿Cuáles fueron los motores de la campaña de Chávez?
Lo que impulsó la campaña oficialista fue una serie de motores alineados en perfecta formación: la indisimulada laxitud del CNE ante el uso ilegal de los recursos del Estado en la campaña del oficialismo y ante los excesos cometidos por el candidato y el partido oficialistas, la sumisión del Tribunal Supremo de Justicia en sus sentencias indiscutiblemente sesgadas, y la implacable ferocidad de los medios de comunicación del Estado. Si a todo esto se suma el dineral de las arcas públicas que se empleó descaradamente en propaganda electoral, repartición de bienes de toda clase -desde viviendas, dinero contante y sonante, y artefactos de línea blanca-, está claro que no hay manera de lograr una competencia equilibrada.

Aun así, pienso que Hugo Chávez no venció a Henrique Capriles con la holgura que aparentan los resultados; a su victoria se le ven las costuras. En un país cuya población electoral raya los 19 millones de ciudadanos, es un triunfo a medias que uno de los candidatos sea electo con 8.062.056 votos (55,14%) y que su adversario político haya obtenido 6.468.450 votos (44,24%). La sociedad venezolana continúa dividida, no sólo en cuanto a la cuestión política, sino en casi todos los demás aspectos, un ramaje de valores e intereses distintos y opuestos que en el transcurso de 14 años han puesto en peligro de extinción a nuestro árbol democrático.

Sin embargo, el candidato electo -por cuarta vez consecutiva- no ha tenido oportunidad de celebrar, como en los eventos anteriores, su victoria, debido a su mal estado de salud, que no le fue posible ocultar durante la campaña electoral y que hace apenas unos días admitió, in extremis, públicamente. Y también in extremis y hasta el 10 de enero delegó ciertas funciones en el Vicepresidente Nicolás Maduro. 

18 mayo 2012

Venezuela, un país desgobernado



¿Quién gobierna en Venezuela? La respuesta es obvia: ¡Nadie! 

Hugo Chávez no está en capacidad de atender los asuntos inherentes a su cargo debido al cáncer que padece y que, en el transcurso de este año, lo ha mantenido más tiempo fuera del país, recibiendo tratamiento, que en el territorio nacional. No obstante, su avaricia de poder supera al natural instinto de conservación. No hay manera de que entienda cuánto lo limita -y limitará- la enfermedad para el ejercicio de sus funciones, por el contrario, se empeña en aparentar una mejoría que está cada vez más lejos de su cuerpo. Se niega a pensar en el bienestar del país, en la seguridad de los ciudadanos, pues sólo piensa en sí mismo de un modo tan egoísta y arrogante que espanta. Raya en la irracionalidad y el delirio su aferramiento ciego al poder. Es esto lo que no le permite actuar con sentido común y responsabilidad para acogerse a la alternativa que, en casos como el suyo, ofrece el artículo 234 de la Constitución, en el que se establece que las faltas temporales del Presidente serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo hasta por noventa días, prorrogables por decisión de la Asamblea Nacional hasta por noventa días más, y que si ésta se prolonga por más de noventa días consecutivos, la Asamblea Nacional debe decidir por mayoría si hay que considerarla una falta absoluta. Así las cosas, ni gobierna el Presidente, ni gobierna el Vicepresidente.

Tampoco sus Ministros han logrado demostrar su capacidad para solucionar con mediano éxito los problemas que son de su competencia, como en el caso del Ministro de Interior y Justicia, a quien la violencia en las calles ha rebasado hasta el extremo de tener a unos cuantos delincuentes alistados en los equipos policiales. Ni hablar de la Ministra de Servicios Penitenciarios, que en los últimos quince días no ha conseguido controlar el terrible caos en la cárcel de La Planta, donde los presos y sus pranes se han impuesto por la fuerza de sus armas, tanto dentro como fuera del recinto penal, para evitar que los trasladen a otros centros penitenciarios, porque el gobierno ha decidido clausurar definitivamente el lugar. Los sucesos han paralizado a Caracas durante horas e incluso días, debido al tiroteo contínuo hacia el exterior, que han producido muerte, heridas y daños materiales a varios vecinos de la cárcel.

Los presos -a los que el régimen prefiere llamar "los privados de libertad"- tienen un arsenal de armas de guerra y granadas. ¿Quién les suministra esa clase de armas? ¿Cómo entran las armas a la cárcel? Después de dos semanas de intensos tiroteos, ¿no se les agotan las balas? ¿Quiénes se encargan de reponerles las municiones?

A principios de mayo, Hugo Chávez decidió constituir el Consejo de Estado, que de acuerdo con el artículo 251 es un órgano superior de consulta para recomendar políticas de interés nacional de especial trascendencia. Sin embargo, no se trata de un ente en el que puedan ni deban delegarse funciones presidenciales. ¿Qué puede hacer el Consejo de Estado? Emitir opinión acerca de los asuntos que les sean consultados, nada más.

Venezuela es hoy por hoy un país a la deriva, sin timón ni timonel, azotado por una tempestad de caos, violencia e improvisación. Ni los peores gobiernos a lo largo de su Historia han sido tan escandalosamente ineficientes y corruptos como el actual. La única manera de evitar que naufraguemos es virando el rumbo. 

23 enero 2012

Programa de gobierno de la Unidad Nacional



Para quienes tienen interés en conocer el contenido íntegro del Programa de gobierno de la Unidad Nacional elaborado por las Comisiones de trabajo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), he aquí el enlace para acceder al texto en cuestión.
Haga click en Lineamientos para el Programa de Gobierno de Unidad Nacional (2013-2019)

14 enero 2012

María Corina descolocó a Chávez: "expropiar es robar"



El acto de presentación de la Memoria y Cuenta correspondiente al año 2011 que debía rendir el Presidente venezolano ante los poderes públicos y el país duró 9 horas con 28 minutos, más que una jornada de trabajo regular, más de lo que tarda un avión en volar de Caracas a Madrid sin escalas, más de lo que invierte un bovino adulto en pastar y rumiar. Hugo Chávez batió su propio record, no sólo en la extensa perorata, sino también en la resistencia para permanecer de pie y para satisfacer las humanas necesidades fisiológicas que una persona normal tendría durante todo ese tiempo. Por supuesto, esta conducta suscitó nuevas dudas acerca de su estado de salud. ¿Realmente ha estado enfermo de cáncer? ¿Lo estuvo y se curó milagrosamente? ¿Lo está y lo que acaba de hacer fue un exceso? 

Comoquiera que sea, durante casi diez horas habló de cuanto se le ocurrió, echó todos los cuentos que su memoria logró rebobinar, desde sus tiempos en la Academia Militar hasta los golpes de 1989 y 1992, pero en ningún momento se centró en el objetivo del acto, apenas hizo algunas referencias a media docena de temas puntuales, como quien camina de costado por entre un montón de obstáculos, evitando tropezarlos. 

Por enésima vez en el transcurso de su gobierno, Chávez negó lo evidente, tergiversó las críticas, se sacudió las responsabilidades, ocultó cifras, mintió descaradamente, y además pretendió mostrarse amistoso, tolerante y amable..., hasta que la diputada y precandidata a las elecciones primarias de la oposición María Corina Machado se levantó, valiente, seria y directa, para desmontarle, en tan sólo 1 minuto y medio, toda la faramalla con la que el locuaz mandatario había mareado a su audiencia hasta entonces.

Machado lo descolocó por completo, y Chávez recurrió, como de costumbre, a la descalificación de su adversaria, le dijo que para debatir con él tendría que ganar las elecciones primarias, que su apoyo en las encuestas era del 1%, que estaba fuera de ranking y le recordó que águila no caza moscas. María Corina ni siquiera se inmutó. A partir de ese instante, el twitter se convirtió en un bombardero de opiniones en 140 caracteres, la mayoría de las cuales se expresaban a favor de María Corina.

Inútil fue el esfuerzo de Chávez por disimular su enojo e incomodidad. La diputada comunista María León acudió en su auxilio, se declaró indignada, censuró la intervención de Machado, aduciendo que estaban en una Asamblea Nacional revolucionaria e instó al Procurador, a la Presidenta del Tribunal Supremo de Justicia y a la Fiscal General de la República a sancionar a la diputada por haber irrespetado al Presidente, pero tampoco este drama de ridícula afectación sirvió para apaciguar el malestar del otro.

Nada de cuanto dijo Hugo Chávez en 9 horas y 28 minutos se recordará mañana ni después de mañana, mientras que la frase pronunciada por María Corina Machado se repetirá una y otra vez por mucho tiempo: "Expropiar es robar".

Vea aquí la intervención de María Corina Machado

10 diciembre 2011

Diálogo socrático


_ Explícame, buen Sócrates, ¿la Ley Orgánica de Protección a Niños, Niñas y Adolescentes no se aplica a los que utilizan a menores de edad en actos de proselitismo político?
_ En efecto, mi querido Trasímaco.
_ Entonces, ¿por qué no veo a ningún juez aplicar la ley al dictador Hugo que está utilizando a niños y niñas en su acto televisado?
_ Ciertamente, no parece haber juez alguno por los alrededores, pero propongo que llamemos a Aristóteles para que nos lo aclare, porque yo, que sólo sé que no sé nada, tampoco tengo ya muy buena vista.
Sócrates le pide a Glaucón que llame al prenombrado, pero se excusa, avergonzado, por falta de saldo en su celular. Critón, que está estrenando un iPhone último modelo, aprovecha la ocasión para darle coco a sus amigos y llama a Aristóteles sin hacerse de rogar.
A los pocos minutos, aparece el estagirita a bordo de una moto náutica.
_ Sapientísimo Ari -dice Sócrates-, hemos requerido tu presencia para que nos ayudes a dilucidar una duda muy seria: si la LOPNA se debe aplicar a quienes utilicen a menores de edad en actos de proselitismo político, ¿por qué en este preciso momento, cuando el divino Hugo está transgrediendo la Ley, no hay ningún juez sancionándole por ello?
_ ¡Oh, por las greñas de Iris! -exclama Aristóteles- Me sorprende, cultísimo Sócrates, que tu lógica perfecta sea superada por tan burda evidencia. ¿Acaso Zeus podría ser juzgado por seres inferiores sin que la balanza de la justicia se descompusiera ipso facto?
Todos asienten, pero Trasímaco insiste:
_ Sin embargo, el divino Hugo no es Zeus, por mucho que quiera parecerlo y a pesar de su poder.
_ En eso tienes razón -admite Sócrates-. ¿Qué tal si preguntamos a Hobbes?
Antes de que el maestro haya concluido la frase, Critón está listo para hacer la llamada. Hobbes se presenta sobre un sudoroso jumento al que se le quiebran las patas en cuanto se detiene frente al grupo.
_ Bien -dice Hobbes-, en mi opinión, no hay manera de que un juez aplique la ley al monarca, porque su poder es absoluto e ilimitado. El soberano ya no es el pueblo, sino él, ¿o es que no se habían dado cuenta de eso?
Todos asienten, menos Trasímaco.
_ ¡No sé porqué pierdo el tiempo con ustedes! -refunfuña Trasímaco- Ya se los había dicho, que en cada Estado la justicia no es más que la conveniencia del que tiene la autoridad en sus manos y, por consiguiente, del más fuerte. Pues, ahí tienen la respuesta.
Muy disgustado, se dispone a marcharse, pero Sócrates lo persuade de quedarse para buscar otra opinión. A regañadientes, Trasímaco accede, y mientras ahora Critón llama a Rousseau, Glaucón intenta distraerlo comentando algo sobre el partido de fútbol que jugarán esa tarde el Real Madrid y el Barsa, tema que, por cierto, apasiona a Trasímaco, que es fanático de los galácticos.
Al cabo de un rato llega Rousseau en un parapente y aterriza con cierta dificultad en la Plaza del Reloj de la UCV, se aproxima al grupo y saluda con irreverencia, arqueando una ceja. Apenas Sócrates formula nuevamente la pregunta, el ginebrino extrae de un bolsillo de su chaqueta una botellita de ginebra, despeja su mente con un trago y luego saca un iPad que mata de envidia a Critón.
_ Vamos a ver -comienza Rousseau-, según mis notas, hemos suscrito un pacto social, es decir, hemos votado por mayoría y voluntariamente la Constitución, ¿no es así?
_ Sí -contestan al unísono.
_ Según mis notas, dice en ella que todos somos iguales ante la Ley, tanto los gobernantes como los gobernados, ¿no es así?
_ Sí -contestan en coro.
_ ¿Cuál es, entonces, la duda? Si todos somos iguales ante la Ley, todos por igual estamos sometidos a ella -concluye Rousseau.
_ ¡Bah! Esas son gramíneas, Juan Jacobo -refuta, desdeñosamente, Trasímaco-. Tú sabes tan bien como nosotros que lo pactado no es lo cumplido. Ninguno de ustedes ha sido capaz de responder acertadamente.
Rousseau se encoge de hombros y brinda una ronda de su botellita de ginebra. Cuando parece que el dilema no tiene solución práctica, Glaucón apunta con el dedo hacia una granja y grita:
_ ¡George, George!
Todos miran en dirección a la granja, excepto Sócrates, que le ha quitado el iPad a Rousseau para buscar los Diálogos de Platón, y es entonces cuando se percata de la ausencia de éste en la reunión.
_ Tenemos que llamar a mi mejor discípulo -dice el maestro, pero nadie le escucha, porque los demás se han ido a la granja, y él mismo empieza a caminar hacia allá. Los contertulios rodean al granjero, que disimuladamente tira la hoz y el martillo en una zanja, y saluda alegremente a sus inesperados visitantes.
_ ¿Qué los trae por aquí? -pregunta, sacudiéndose el barro de las manos.
_ Nos agobia una inquietud, amigo George -dice Rousseau, ofreciéndole un traguito de ginebra-. Si todos somos iguales ante la Ley y por lo tanto la Ley debe aplicarse a todos por igual, ¿por qué si el dictador Hugo la infringe, utilizando menores de edad en sus actos de proselitismo político, ningún juez lo sanciona por ello?
El granjero se seca el sudor de la frente con la manga de su camisa, toma otro traguito de ginebra y se aclara la garganta.
_ ¡Well, it's very simple! Siendo ustedes las lumbreras que son, entenderán perfectamente si les respondo con un ejemplo: en esta granja, todos los animales son iguales, pero hay algunos más iguales que otros.
Los filósofos intercambian miradas durante unos segundos. Glaucón le da un codazo a Trasímaco, Trasímaco le da un codazo a Critón, Critón le da un codazo a Rousseau, Rousseau le da un codazo a Hobbes, Hobbes le da un codazo a Aristóteles, Aristóteles le da un codazo a Sócrates y Sócrates, que está touching and touching la pantalla del iPad, pega un respingo y sentencia:
_ Con razón, mi querido Orwell, estás tan jodido en esta granja.