14 enero 2008

Terrorismo humanitario

Por Armando Ribas

La farándula creada alrededor de un hecho dramático, constituye una vez más un asalto a la moral y los más elementales principios de la justicia, es decir a la civilización. Como bien dijera Alberdi: "… no he visto que la civilización signifique otra cosa que la seguridad de la vida, de la persona, del honor y de los bienes...". Es decir que la civilización es la garantía de los derechos individuales fundamentalmente la vida y la libertad.

¿Qué derecho tiene un movimiento subversivo y criminal como la FARC de mantener rehenes, o sea privar de la libertad a innumerables personas, con el solo propósito de violentar un gobierno elegido libremente y que respeta los derechos individuales? Por tanto ¿en qué sentido se puede considerar que la propuesta de liberar a personas detenidas ilegalmente pueda considerarse un acto humanitario? Más aun cuando mantienen en condiciones infrahumanas a otras setecientas personas, entre ellas a Ingrid Betancourt, cuya última foto muestra la forma en que son tratados los rehenes, por si había alguna duda.

Según información creíble, las FARC tienen un apoyo político en la República Bolivariana. Es indudable la coincidencia ideológica del presidente de Venezuela, con el movimiento terrorista más antiguo de América Latina. Sábese igualmente que las FARC están asociadas al narcotráfico. O sea, que no debiera haber alguna duda de la condición criminal de este movimiento. Por tanto, la participación activa de Chávez para la supuesta operación Enmanuel muestra a las claras que más que un intermediario es un representante de dicho movimiento.

La diferencia entre Chávez y Marulanda no es otra que mientras el primero detenta el poder en Venezuela, el segundo lo busca a través de la subversión y el terrorismo. Esta colusión de Chávez con un movimiento subversivo que amenaza la legitimidad del proceso político colombiano constituye una injerencia en los asuntos internos de un país soberano del continente. Por tanto es indudable que esa acción constituye una violación del Tratado de Río de Asistencia Recíproca.

Como antes dije se ha podido comprobar que la FARC constituyen un instrumento decisivo en el tráfico de drogas. Es decir del negocio más proficuo después de petróleo, gracias a la decisión de Estados Unidos de mantener la ilegalidad del comercio de este producto; ignorando por una parte su propia experiencia con el alcohol, y en segundo lugar no menos importante, el principio liminar de la filosofía política americana que es el derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad. Dicho sea de paso Estados Unidos no obstante la DEA constituye el mayor mercado de drogas del mundo.

No obstante estas realidades indiscutibles, la mera proposición de la FARC de entregar a los tres rehenes ha logrado ser un hecho notorio, inclusive humanitario que ha competido con la media internacional con el asesinato lamentable de la Sra. Bhuto en Pakistán. Por supuesto, como no podía esperarse menos, nuestro quasi ex presidente se presentó rápidamente para participar de esta pantomima humanitaria conjuntamente con el canciller Tatiana, asumido ex montonero, que hoy conduce en lo que le permite el matrimonio presidencial la política exterior argentina.

Se me antoja recordar que no existe un concepto más sublimado y desde mi punto de vista (Hume mediante) más equívoco que el del humanismo. Hasta Descartes reconoció que: Los frutos del árbol del conocimiento evitarían las consecuencias de la Caída del paraíso terrenal, o más precisamente efectivamente negarían su veracidad. La ignorancia de esta realidad de la verdadera naturaleza humana (falible como lo reconoce el Evangelio) y sublimada equívocadamente, con propósitos políticos, se han sustentado todos los sistemas totalitarios. Así lo expresa claramente Karl Popper en su obra "Conjeturas y Refutaciones" y dice: Pero simplemente es un hecho que los grandes dictadores trataron siempre de convencer a sus pueblos que ellos conocían el camino hacia una moral más elevada…la utopía genera la violencia Y esa utopía del humanismo sublimado en la supuesta igualdad genera el despotismo desde el poder y el terrorismo para obtenerlo.

La historia nos muestra que desde el principio el ser humano estuvo muy lejos de representar el bien como consustancial a su naturaleza. No hay que aceptar el principio de Hobbes de que el hombre es lobo para el hombre, para reconocer la naturaleza humana tal como lo es. De haber sido diferente la guerra no hubiera existido, y el mandato de amar al prójimo como a si mismo es otra prueba evangélica de que el hombre se ama primeramente a si mismo. Por ello dice Hume: La naturaleza humana no cambia, si queremos cambiar los comportamientos es necesario cambiar las circunstancias. Ese es el proceso de civilización que ha sido la superación del humanismo y que como señala Hume es un aprendizaje de la historia y la libertad un lujo de la sociedad civil(sic)

Ya Alberdi había tomado conciencia de que la idea de la libertad que había sido alcanzada en su época como el respeto por los derechos individuales era ajena a la historia de la humanidad. Y se refería tanto a Grecia como a Roma. Tal vez había leído a Tucídides. Y ahí tenemos como el mero concepto de virtud desde Grecia en adelante estaba relacionado con el coraje, y la guerra y la pertenencia del individuo al estado, la regla moral que llegara hasta nuestros días a través de Hobbes, Rousseau, Kant Hegel. Marx aprovechó el antagonismo kantiano como la virtud de la naturaleza y la razón en la historia para proponer la sublimación de la lucha de clases. El resultado fue la justificación del poder absoluto como correlato de haber comido del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Así se hizo uso de la envidia en el mejor sentido de Caín para ignorar la sabiduría del evangelio de la aceptación de la falibilidad humana (El justo peca siete veces) el mandato de no mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio y la tolerancia (El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra).

No obstante estas premisas seguidas por la realidad histórica, en este siglo se ha sublimado la naturaleza humana, como un concepto ético universal, a partir del cual todo aquel que hable en nombre de ella (Hebe de Bonafini) aparece como el epítome de la moral universal. Y por supuesto ¿Quién es el enemigo por antonomasia del ser humano? El individuo que pretende la búsqueda de su propia felicidad y el respeto por sus derechos. En otras palabra toda la funesta ética del totalitarismo como expresión de la voluntad general del bien frente al egoísmo individual, se encuentra vigente en la sociedad del siglo XXI, no obstante la derrota del nazismo y del fascismo y de la implosión del Imperio Soviético.

Es sólo bajo esta visión que Thomas Sowell ha conceptualizado como de los ungidos que se ha podido considerar la oferta fallida de los terroristas de la FARC, como una acción humanista frente al imperialismo y al materialismo de la sociedad liberal. Así en nombre de las desigualdades sociales que se acepta casi universalmente como causada por el mal denominado por Marx capitalismo, se valora un acto que a su vez ignora la permanencia y el maltrato a otros setecientos rehenes. De eso no se habla. Y más aun se ignora que solo recientemente veinticinco cubanos que intentaron escapar del paraíso comunista del Caribe fueron muertos por las huestes de Fidel Castro hundiendo el barco en que iban.

Ante esta campaña humanitaria, por supuesto se intenta hacer aparecer al presidente Uribe como el malo de la película, por pretender eliminar a los verdaderos causantes del dolor de las familias de los rehenes. El terrorismo aparece justificado por los ungidos en nombre de las desigualdades sociales, ignorando por supuesto que la mayor desigualdad social es la que surge del poder absoluto como el que ostenta Fidel Castro y ahora lo pretende su discípulo el presidente Chávez.

En su momento las coordenadas no aparecieron, así como tampoco los rehenes, y el terrorismo humanitario fracasó con todos sus proponentes y particularmente Chávez, que era el padre de la criatura. Pero como es evidente que las FARC no podían dejar colgado de la brocha a su socio político, ideológico y..., finalmente aparecieron las coordenadas. El reencuentro con los rehenes por supuesto ha provocado una vez más que la emoción indiscutible del hecho provocara el aparente olvido de la realidad del terror y el narcotráfico de las FARC y por supuesto del dolor permanente de los más de setecientos rehenes todavía en poder de los terroristas.


12 enero 2008

Una nueva Asamblea Nacional

Por Marcos Carrillo Perera

Además del proceso electoral, este año presenta sugestivos retos a la sociedad civil venezolana. Los desafíos deben tener como fundamento la idea que inspiró los grandes triunfos del año pasado: la defensa de la democracia, que debe concretarse a través de una lucha por una sociedad inclusiva, plural y tolerante en los ámbitos político, social y económico.

Estas ideas se han visto resumidas en el llamado a la reconciliación que ha revoloteado en los últimos días. Pero este concepto, que implica largo plazo y es tan abstracto, debe adquirir significado concreto. Por eso, el primer paso debe dirigirse a promover el diálogo y la concertación. Ello no se logra simplemente sentándose a conversar en el nivel político. Hay que atravesar verticalmente todo el entramado social y crear las condiciones para ello.

En otra oportunidad hemos dicho que un presupuesto para el diálogo es contar con una sólida institucionalidad, de modo que ello es una tarea fundamental en la vida política contemporánea de nuestro país. De allí que la lucha por un sistema de justicia independiente no puede cesar, así como la exigencia al poder ciudadano para que cumpla con sus funciones es indispensable.

Pero una acción que debe apuntalarse con particular empeño es la renovación de la Asamblea Nacional. El espacio del diálogo por excelencia se ha convertido en una comparsa de intolerantes a las órdenes del Ejecutivo nacional, vulnerando de esta manera el necesario rol de control propio de la AN. El sectarismo se ha visto reflejado en muchos momentos, pero hay dos afirmaciones del diputado Escarrá que son particularmente ilustrativas. En una dijo, como cualquier cosa, que la reconciliación no es posible, a pesar de que hasta su jefe quiere dialogar con la mal llamada burguesía. En la otra, aseveró, también sin recato alguno, que todos en la Asamblea tenían excelentes condiciones morales, menos los diputados de Podemos, claro está. Estas declaraciones demuestran el carácter discriminatorio de unos asambleístas que no son capaces de aceptar el disenso. En estas condiciones se dificulta en extremo la promoción de la tolerancia y la toma de decisiones por acuerdo. Es por eso que la lucha central en el orden político debe dirigirse a que la Asamblea sea el espacio de discusión que reclama su propia esencia y, en consecuencia, se abra a las diferentes tendencias políticas que representan a nuestra nación.

Esta lucha por una nueva AN será dura pues la escena política será en extremo compleja y la sociedad civil, así como los gallardos estudiantes, tendrán un rol protagónico. Éste debe consistir en batallar por crear las condiciones adecuadas para generar consenso, pues conversar, per se, no necesariamente producirá los cambios requeridos. De allí que las acciones de calle y otras formas de lucha no violenta, muy probablemente, serán ineludibles para generar la presión necesaria para el logro de los cambios institucionales requeridos por el país.

Esto no es para nada una propuesta utópica. Por el contrario, tiene sólidas raíces en los logros del año pasado. De ellos, uno que vale la pena resaltar es la Ley de Amnistía. Este cuerpo normativo no fue producto de una inspiración presidencial, sino de una exigencia de la sociedad civil que tomó forma a través de una propuesta del Foro Penal Venezolano, Vive y la iglesia Católica entre muchos otros actores. Al momento de plantearla por primera vez, en el primer cuatrimestre del año 2007, seguramente se pensó que era imposible, pero unos meses más tarde el gobierno la asumió como suya, gracias a lo razonable del planteamiento y a la persistencia de los miembros de las organizaciones que promovieron la idea.

La renovación de la AN será un importante paso para la construcción de la Venezuela de la moderación y la tolerancia.

Falsa y costosa solidaridad

Por Liliana Fasciani M.

La solidaridad, siendo lo que es, depende de lo que cada cual entiende, por eso sirve para todo, especialmente en el mundo de la política.

Hay quienes asumen la solidaridad como consigna, hay quienes la practican en situaciones calamitosas, hay quienes hacen de ella su profesión, hay quienes prefieren interpretarla desde una perspectiva filosófica, hay quienes la abordan como un bote para salir a pescar incautos, hay quienes la usan como dentífrico y quienes se abastecen de ella a modo de combustible. En fin, la solidaridad tiene propiedades y usos extraordinarios que los más avezados en los misterios de la sensibilidad reconocen y saben aprovechar.

Hugo Chávez intenta, hoy por hoy, aparecer como el chamán de la solidaridad, el científico que hurga en los intersticios del secuestro para hacer ver que, en el caso de las FARC, las causas de éste no encuadran en el esquema criminológico clásico, sino que obedecen a razones estrictamente ideológicas con raíces profundamente humanísticas. Así, tal cual.

Dicho de otro modo, la corriente más ortodoxa del chavismo hard distingue dos tipos de secuestro, según sea ejecutado por inadaptados sociales o por inadaptados políticos. En este último caso, el secuestro no es un crimen, sino un medio de protesta contra la doctrina política norteamericana inoculada en los gobiernos latinoamericanos a través del virus neoliberal. Por lo tanto, el secuestro, si lo llevan a cabo grupos como las FARC, no constituye un delito, sino una consecuencia lógica y necesaria de la lucha de clases, afincada especialmente en la arrogancia capitalista y en la humillación proletaria, que sólo puede ser vengada por justicieros armados dispuestos a todo. El secuestro es simplemente un mecanismo de efecto inmediato con el que se persigue un fin cualquiera, desde la obtención de dinero fácil hasta un gesto de egocentrismo o un acto revolucionario al que se le niega carácter terrorista.

Entendido con tanta laxitud asunto tan jodidamente complejo, es comprensible el derroche de solidaridad, aparentemente desinteresada, por parte del presidente Hugo Chávez para lograr la liberación de un par de rehenes. Pero todo este desinterés, que excluye cualquier interés en los venezolanos secuestrados por la guerrilla y por el hampa común, persigue, sin embargo, un interés último: una cumbre privada entre Chávez y Marulanda con fines inconfesables. Es de suponer que un encuentro entre estos dos sería peligroso para Colombia, catastrófico para Venezuela y muy desgraciado para América Latina. Basta pensar en la condición de exigirle a Álvaro Uribe la renuncia para facilitar el proceso de paz en Colombia. ¿A quién puede habérsele ocurrido tal propuesta?

Así que esta imagen de solidario universal que está queriendo dar Hugo Chávez al mundo, no sólo es falsa -¿quién va a creer que le importan los secuestrados de allá o de aquí?-, sino costosa, porque además de procurarse con dinero de los venezolanos, comporta un alto precio para la tranquilidad y estabilidad en nuestro país.

Dicen por ahí que el tipo está en busca del premio Nobel de la Paz. Si de esto se trata, no tiene ninguna opción. ¿Cómo podría borrar los muertos de la intentona golpista de 1992, los muertos de puente Llaguno, los de plaza Francia, los de la marcha de abril de 2002, los presos políticos y un largo etcétera de ítems negativos, como su indiferencia con respecto a la situación de los venezolanos secuestrados, su desinterés por el problema de la inseguridad en Venezuela, y su constante agresión contra todo sujeto disidente que respire?

Derrota de la Reforma Constitucional y los retos de la Universidad

Por Amalio Belmonte

La derrota sufrida por el presidente Chávez se puede traducir en un rechazo al modelo político económico y educativo implícito en el Proyecto de Reforma Constitucional (PRC). Y, es al mismo tiempo la derrota de los llamados 5 Motores de la Revolución.

En efecto, una revisión de la misión asignada a estos, nos permite apreciar, tanto en la Exposición de Motivos, así como en el articulado del proyecto, que se pretendía legitimar: la construcción de una superestructura ideológica, cultural, epistemológica (?) y política para imponer los valores exclusivos del denominado Socialismo del siglo XXI, e, igualmente, establecer un modelo económico en el cual la pertinencia de la propiedad e iniciativa privada quedaba sujeta a los criterios ideológicos del gobierno. Todo ello controlado por la omnipresencia del mando presidencial, en nombre de un Poder Popular sometido.

En ese proyecto el gobierno asignaba a la educación la función de aparato ideológico de la revolución, con base en la "ética socialista". Las universidades, por su parte, eran amenazadas con "formas de gobierno más democráticas", que se opondrían, luego del hipotético triunfo oficialista, a las autoridades internas. Hubo mucho vocerío arrogante para anunciarnos que: “El lunes poblaremos a la UCV de Consejos Estudiantiles”, (organismos mencionados en el Art 70 del PRC).

El triunfalismo que invadió los predios oficiales hizo que el Ministro de Educación Superior nos advirtiera, sin ambages, sobre la explosión del Poder Popular en las universidades. Con la fuerza de ese convencimiento, el profesor Luis Acuña envió a la Asamblea Nacional un articulado, con la petición de incorporarlo al Proyecto de ley de Educación, para adecuar la educación superior al proceso de cambios del país y formalizar la concepción hegemónica del socialismo autoritario, en el ámbito académico.

No menos optimista, la Profesora María de Queipo, presidenta de la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional, confiada en lo inevitable del procero revolucionario, pedía esperar las elecciones del 2 de diciembre para integrar los contenidos ideológico–educativos del PRC a las normas y leyes correspondientes, incluido el pensamiento del Presidente Chávez (sic).

Como es sabido, el pueblo venezolano, tan evocado por la dirigencia oficialista, contravino el designio gubernamental de construir un sistema de educación ajustado a los cánones ideológicos de la Revolución Bolivariana Socialista. Así, el Tercer Motor, Moral y Luces, decretado para esos fines, también quedó desprovisto del apoyo popular y del piso ideológico que le auguraba la Exposición de Motivos del proyecto de reforma. Circunstancia similar sufrió el predicamento de los diputados de la Asamblea Nacional para modificar el artículo 109 de la Constitución, que norma la autonomía universitaria. Ellos argumentaron que el pueblo había tocado insistentemente las puertas de la AN reclamando la modificación de ese artículo, por lo que el claustro debería morir y la autonomía adecuarse a los dictados de la revolución. Para completar el cerco ideológico, propusieron un nuevo artículo: el 103, que rezaba: “…el Estado realizará una inversión prioritaria de acuerdo a los principios humanísticos del socialismo bolivariano”, y concederle rango constitucional a las misiones educativas. Tampoco, en estos casos, les acompañó la aquiescencia de los ciudadanos.

Es oportuno señalar que el 2 de diciembre no murió el claustro ni se defenestró la autonomía. Sólo quedó sepultado el antiguo autonomista que propició la modificación del artículo 109. Tampoco convenimos en que la segunda discusión del Proyecto de Ley Orgánica de Educación (PLOE) puede crear tensiones agudas en el país, si el oficialismo pretende forzar la incorporación de los criterios ideológicos negados por la explosión del Poder Popular de más de 4 millones y medio de venezolanos.

Bien valdría, para la diputada Maria de Queipo y para el Ministro Luís Acuña, tomar en cuenta el significado político de los resultados electorales del 2 de diciembre, al momento abrir el debate sobre el PLOE y de ejecutar las políticas educativas del Ministerio de Educación Superior. Pareciera, en el caso de la diputada Queipo, hasta el momento, que el gobierno enfrentará los valores y doctrinas contenidos en la Constitución Nacional vigente, que nos hablan de pluralidad democracia y diversidad, con el ideario del proyecto de reforma derrotado. Ella declaró recientemente, sustentando sus argumentos con una acomodaticia noción de pueblo y de la democracia, que algunos aspectos del PRC podrían considerarse, porque “Eso fue aprobado(sic) por 4 millones de venezolanos que dijeron Sí a los planteamientos en materia educativa” (El Nacional , viernes 7/12/07).

No dista mucho la profesora María de Queipo de los criterios del Presidente Chávez, quien, ante el descalabro de su máximo proyecto, ha descalificado a las personas que optaron por la opción del NO, excluyéndolos de la condición de pueblo que reserva sólo para el sector del país que votó Sí. Incluso sus propios partidarios han sido cuestionados duramente por no haber acudido a respaldarle. Si no votas por mi te expulso de mi reino y no tienes derecho para actuar, seas parte de la minoría o de la mayoría.

No hay lugar para la disidencia en el credo del socialismo autoritario. Sólo se permite adscribirse a la visión única de la historia para que la conciencia adquiera un carácter absoluto, para lo cual es imprescindible un aparato educativo uniforme, una “Dictadura Educativa”, en palabras del genio constitucionalista de Adolfo Hitler, Carl Schmitt.

Si el oficialismo insiste en imponerle al país un modelo educativo contrario a la pluralidad, a la libertad académica, a la autonomía universitaria y al pensamiento crítico, estaría violentando principios constitucionales y desconociendo la voluntad popular. Ante esta posibilidad, no será la resignación, la indiferencia o la desmovilización la respuesta que dará la Universidad y la sociedad venezolana. Si quieren que el pueblo les ratifique lo que piensa alrededor de la educación, promuevan un debate abierto diferente al conciliábulo burocrático, camuflado con el eufemismo de parlamentarismo de calle, utilizado para decir, a través de pregunta del CNE, que la reforma estaba “apoyada por el pueblo”. Nosotros lo haremos.

Impermeables al desaliento, por la autonomía y la democracia.

La Democracia Social: ¡Viva Jaime Lusinchi!

Por Javier Padrón Aguirre

“Porque Jaime nos conduce a un tiempo nuevo, hacia una democracia social”. Así rezaba una de las canciones que animaba a los partidarios del candidato Jaime Lusinchi en la campaña presidencial de 1983.

He oído con una sonrisa en los labios la propuesta de Manuel Rosales y Leopoldo López, líderes de Un Nuevo Tiempo, de responder al Socialismo del Siglo XXI con la tesis de la Democracia Social. Quizás a Jaime Lusinchi le sorprenda un poco que lo reivindique Manuel Rosales, quien era el jefe de los seguidores de Carlos Andrés Pérez en el Estado Zulia en las durísimas pugnas internas de Acción Democrática en la década de los ochenta entre lusinchistas y carlosandrecistas; pero seguramente no saldrá de su asombro ante la reivindicación de su propuesta política que hace Leopoldo López, un político de las “nuevas generaciones”.


La expresión Democracia Social no es más que una transposición de la expresión Socialdemocracia. No voy a hacer una extensa referencia histórica sobre lo que es la Socialdemocracia, pero todos sabemos que esa corriente de pensamiento representa el llamado socialismo democrático y que es la expresión más representativa del espacio político llamado centroizquierda. En Venezuela, la Socialdemocracia fue la corriente de pensamiento político dominante desde la caída de Pérez Jiménez a través de Acción Democrática, el cual llegó a ser el partido socialdemócrata con más militantes en el mundo. Así, tanto la Constitución de 1947 como la Constitución de 1961 se basan en el modelo socialdemócrata de organización del Estado y de la Sociedad. Es más, fue tan fuerte la huella de la Socialdemocracia en Venezuela que la Constitución de 1999, salvo los elementos de la prolongación del período presidencial y la reelección del Jefe del Estado, debe calificarse como una constitución de tinte claramente socialdemócrata.

Ahora bien ¿En qué consiste la Socialdemocracia? La Socialdemocracia considera que el Estado debe ser el arquitecto del orden social y considera que mediante la utilización de las técnicas de intervención administrativa en el ámbito económico, lo cual incluye estatizaciones de empresas, altos impuestos y severas limitaciones y restricciones a la iniciativa empresarial, se puede generar una situación de bienestar general y disminución progresiva de las desigualdades económicas. Asimismo, la Socialdemocracia dice reivindicar las libertades fundamentales y defiende el sufragio universal, directo y secreto como método de solución de controversias políticas.

Podríamos invertir meses y años haciendo un balance de la Socialdemocracia en el mundo, pero es mejor limitarnos a Venezuela. En nuestro país el veredicto fue claro: un fracaso absoluto. ¿Por qué lo digo? No porque yo lo crea así, sino porque el pueblo venezolano decidió libremente en 1998 darle una patada en el trasero a la Constitución de 1961 y a Acción Democrática y entregarle el poder a un candidato cuya principal bandera era la sustitución del modelo que había funcionado durante 40 años.

Ante esa realidad, nos preguntamos ¿La Democracia Social de Rosales y López es la misma Socialdemocracia adeca? Si usted se los pregunta, la respuesta será negativa porque no son suicidas, pero más allá de la respuesta políticamente correcta es necesario indagar si Rosales y López son socialdemócratas o no. Por sus declaraciones no tengo duda alguna: sí lo son. Por ello, me pregunto ¿Qué tiene de diferente su propuesta política con respecto la propuesta de Acción Democrática? Personalmente creo que no existe diferencia alguna. Quizás Leopoldo López, debido a su juventud que es fuente tanto de energía como de ceguera, piense que él puede triunfar donde fracasaron los adecos. Quizás piense que él puede lograr lo que no lograron Betancourt, Gallegos, Leoni, Barrios, Carlos Andrés y Lusinchi. Quizás piense que los adecos eran un grupo de políticos corruptos y sin formación en contraste con el grupo de sujetos honestos y brillantes que le acompañarán en la nueva fase socialdemócrata de la historia venezolana.

Por otra parte, estoy convencido que Manuel Rosales sí está claro. Rosales fue, es y será adeco, es decir socialdemócrata. El Gobernador del Zulia cree que los cuarenta años de la llamada IV República han sido el período más brillante de nuestra historia republicana. Por ello, la propuesta de la Democracia Social no es más que la reivindicación de su historia personal como dirigente político.

Al parecer, la propuesta de la Democracia Social gana terreno. Le gusta a los estudiantes, la defiende el Padre Ugalde, la apoya Podemos, el General Baduel y por supuesto los adecos, quienes, aunque disminuidos, siguen vivos. Así, la Democracia Social parece ser una propuesta alrededor de la cual se puede construir un nuevo consenso en Venezuela. ¡Que originales! Le propongo al Padre Ugalde que la UCAB reedite “Venezuela Política y Petróleo”, el Plan de Barranquilla, las tesis del PDN y el programa de gobierno de Rafael Rosales Peña para la Gobernación de Barinas y que la Coral de la UCAB entone “¿Con quién estás tú compañero?” en la próxima graduación de economistas.

¡Tanto nadar para morir en la orilla!. Ahora resulta que todos somos adecos y que la única alternativa ideológica a la socialdemocracia es el socialismo totalitario de Chávez. Siempre preferí a los adecos antes que a cualquier militar o comunista y ahora resulta que todos los que han criticado el pasado, desde la derecha o desde la izquierda, no hacen más que invitarnos a intentar nuevamente una propuesta ideológica que el pueblo, con o sin razón, rechazó finalmente.

Esos líderes de las “nuevas generaciones” que no han sido capaces de construir un partido que se acerque a lo que era la seccional de Acción Democrática en Carúpano, tuvieron que terminar siendo acogidos por los adecos de Un Nuevo Tiempo y creen que pueden señalar el rumbo ideológico de un país. Al menos espero que tengan el valor de reconocer que las canciones de la campaña de Jaime Lusinchi no sólo eran pegajosas, sino que resumen, en su totalidad, la densidad de ese “original” pensamiento político que han “desarrollado” luego de arduas horas de estudio en universidades americanas y venezolanas. No se preocupen, conservo varias grabaciones de las canciones para que estimulen su reflexión intelectual.

¡Más vale malo conocido que bueno por conocer! ¡Ramos Allup Presidente, Carajo!

Árabes gobernando en Latinoamérica

Por José Brechner

Cuando los estudiantes salieron a las calles de Caracas gritando ¡Libertad! en protesta contra el dictador venezolano que quería quedarse en el poder de por vida, fueron brutalmente reprimidos por las fuerzas del estado supervisadas por el Viceministro de Relaciones Interiores y Justicia, Tarek El-Aissami, encargado de Seguridad Ciudadana, que fue también Subdirector de la Dirección de Identificación y Extranjería.

El-Aisammi promovió la guerrilla urbana cuando era presidente del centro de estudiantes de la Universidad de Los Andes. De acuerdo a Phil Gunson del Miami Herald, de las 1.122 personas que vivían en los dormitorios de la ULA sólo 387 eran estudiantes activos y más de 600 no guardaban relación con la universidad. El-Aissami mantenía el control político de las residencias, donde se escondían vehículos robados y se traficaban drogas. Sus delincuenciales locatarios utilizaban pasamontañas para cometer fechorías en las calles. El padre de Tarek, Carlos, maneja la sucursal venezolana del partido iraquí Baath, su tío abuelo Shibli el-Aissami fue asistente del Secretario General de esa organización política en Bagdad durante la dictadura de Saddam Hussein.

Antes de la invasión a Irak, Carlos El-Aissami dio una conferencia de prensa en la que se describió a sí mismo como un Talibán, y se refirió al asesino más buscado del momento como:”el gran Muyajedin, Sheik Osama Bin Laden”. El teórico de Al-Qaida, Mustafá Setmarian Nasar, vivió abiertamente en Venezuela mientras era requerido por Interpol por ser considerado el autor intelectual del atentado a los trenes en Madrid. Tenía ciudadanía siria y española, y era escoltado diariamente a la principal mezquita de Caracas por guardaespaldas del gobierno pesadamente armados, que lo transportaban en Hummers negros.

El terrorismo árabe en América Latina tiene fuertes vínculos con algunas cúpulas gobernantes. Su dinero está comprando adeptos a su causa desde México a la Argentina. Inmigrantes islamistas sirios, libaneses y palestinos, que han estado llegando en la última década, están infiltrados en la economía, los negocios y la política, no trabajando de forma legal, como miles de árabes que arribaron en otros tiempos y se integraron pacífica y productivamente al medio, sino creando extensas redes criminales. La construcción con dinero Saudí de la mezquita más ostentosa del Cono Sur, no hubiese sido posible sin la colaboración de Carlos Menem que regaló el terreno para su edificación, como si Buenos Aires fuese de su propiedad. Además dio luz verde al gobierno iraní, para cometer los más sangrientos actos terroristas en la historia argentina y sudamericana.

La lista de presidentes latinoamericanos de origen árabe de la última década es numerosa. Entre ellos se encuentran: Abdalá Bucaram (de ascendencia libanesa) en Ecuador; Antonio Saca (de familia palestina) también en Ecuador; Jacobo Majluta, (libanés) en la República Dominicana; Jamil Mahuad otro presidente ecuatoriano-libanés; Carlos Menem en Argentina, de ascendencia siria; Said Musa Primer Ministro (palestino) de Belice; Edward Sega (libanés) Primer Ministro de Jamaica; Julio César Turbay (libanés) que fue presidente de Colombia; Carlos Flores Facusse (palestino) ex presidente de Honduras. Con excepción de Menem, no se reveló si hubo nexos de los gobernantes mencionados con grupos terroristas, sin embargo sus relaciones con Israel fueron deteriorándose desde que tomaron el poder, y sus vínculos con los países árabes cobraron fuerza.

La ascendencia de las personas no debe ser obstáculo ni motivo de cuestionamiento para ejercer cualquier función pública. Todos, sin excepción, tienen derecho a ejercer sus derechos ciudadanos y hacer política en libertad, en el país que los vio nacer o en el que eligieron para vivir. La mayoría de los latinoamericanos somos descendientes de inmigrantes. El asunto está en identificar si los que llegan al poder están obrando patrióticamente, o si están favoreciendo la infiltración terrorista para someter a Latinoamérica al fundamentalismo islamista.

Tampoco se necesita ser descendiente de árabes para venderse a los yijadistas. Hugo Chávez es el ejemplo más claro de que cualquiera puede servirles de alcahuete. Los árabes cristianos se encuentran en la misma vulnerable situación que todo aquél que no es musulmán. Entre los que han sufrido con mayor agresividad los embates del fascismo islámico en sus países de origen, y se vieron forzados a emigrar, se encuentran los árabes cristianos y judíos. Algunos de los más activos y valientes oponentes a los fascistas musulmanes son precisamente los árabes cristianos, a quienes se debe saber diferenciar debidamente de los fanáticos.

La muestra de Colombia

Por Teódulo López Meléndez

Diciembre ha pasado a tener dos características: el mes en que Chávez hace de las suyas y el mes en que la oposición desaparece. Ya vamos por tres semanas en que los opositores no abren la boca y en que el presidente la ha abierto en demasía.

Hemos asistido a todo tipo de locuras, desde el espectáculo del flamante canciller pidiendo una prueba de ADN como si se tratase de un niño venezolano o de un hijo de madre venezolana hasta el estúpido de Insulza ofreciendo a la OEA como árbitro genético; desde un cambio de gabinete absolutamente intrascendente motivado –válgame Dios- porque el Jefe del Estado se ha dado cuenta de que su gobierno no se ocupa de los problemas de la gente hasta una demostración colombiana de coherencia.

Es en la nota optimista donde me quiero detener, por aquello de que año nuevo implica resaltar lo positivo. Todo este drama ha tenido, a mi entender, una consecuencia impensada y consiste en que los venezolanos hemos podido mirar a Colombia como nunca. Hemos asistido a la visión de un gobierno absolutamente coherente, con separación de poderes y donde las instituciones funcionan hasta una comprobación –que le hace mucho bien a Venezuela- del drama colombiano. En efecto, hemos verificado como funciona en el país vecino el Instituto de Bienestar Familiar (caso Emmanuel), como la Fiscalía es meticulosa en sus procederes, como sus ministros son gente seria, como es el drama de las FARC (me ahorro los adjetivos porque los venezolanos y el mundo entero ya se los han puesto) y como es el pueblo colombiano, hasta por el detalle de los familiares de los secuestrados que han estado en Caracas.

No pretendo inmiscuirme en la política interna colombiana, pero la comparación entre los dos países ha sido muy dañina para este gobierno que los venezolanos padecemos. Comparemos ambas Fiscalías Generales, comparemos ambas instituciones que protegen a los niños en estado de abandono, comparemos la seriedad de los ministros de ambos países y lleguemos a una conclusión obvia: con todo el respeto para quienes adversan al presidente Uribe la Venezuela actual no admite comparación con la Colombia actual. Colombia se muestra como un país mientras Venezuela se muestra como un campamento. El resultado se nota en cualquier parte donde uno puede escuchar los comentarios de la gente: ha aumentado el afecto por los colombianos, los venezolanos han entendido perfectamente que cosa es la FARC y hasta se ha desarrollado un cierto grado de envidia por la manera en que funcionan las instituciones del vecino país.

Repito que este no es un texto en defensa de Uribe (que da todas las sensaciones de saber defenderse solo), sino más bien un texto de admisión de realidades. Venezuela se ha deteriorado en todos los aspectos hasta el límite de la infamia y la comparación de estos días con Colombia ha sido provechosa. La gente se ha dado cuenta de que estamos muy mal gracias a un episodio dramático. Sería interesante que los hermanos colombianos entendiesen en toda su magnitud este fenómeno que se ha producido, pues abre puertas a granel y establece las bases para una relación más estrecha y fecunda cuando los venezolanos salgamos de esta pesadilla.

Quizás lo de las FARC hay que resaltarlo, pues invita a comparaciones. ¿Eso de que Uribe tenía secuestrado a Emmanuel no les suena a frases como que la oposición venezolana paga a sicarios para matar taxistas y así provocarlos a que tranquen calles? En contrapartida la oposición democrática colombiana ha sido respetuosa y mesurada en todo este episodio. ¿Eso de las FARC en sus comunicados no les suena a un ministro nuestro diciendo que Chávez utilizó bien la palabra “mierda” porque la utiliza el Coronel que no tenía quien le escribiera? ¿Esos comunicados de las FARC no se les asemejan a los dicterios de que los motines en nuestras cárceles son provocados por la oposición? ¿Esa falsificación permanente de la FARC de la realidad no les suena a la negativa constante e impúdica sobre las alarmante cifras de muertos por el hampa en este país nuestro? He aquí una de las consecuencias de todo este desaguisado que se salva con la bendita aparición de Emmanuel salvo y sano: las FARC y el gobierno venezolano hablan el mismo lenguaje, utilizan la mentira como arma predilecta, falsifican las realidades y convierten el desparpajo engañoso en la norma.

La lección de Colombia en estos días de tránsito de un año a otro ha sido espectacular. Hemos visto a un país con cinco décadas de violencia que aún así es capaz de ser un país. Uno donde los funcionarios se cuidan, como en el caso de pedir a un laboratorio europeo una prueba adicional de ADN a pesar de tener conciencia de que la hecha en Colombia es definitiva y que estamos ante la presencia de Emmanuel Rojas. La otra arma fundamental para que ahora tengamos una plataforma de futuro colombo-venezolana realmente excepcional, y que deberemos aprovechar en aras de la integración, ha sido la presencia en Caracas de las familias de dos de los secuestrados. Doña Clara González de Rojas ha hecho más que todo un esfuerzo diplomático. Su serenidad, su talante, su dignidad y su equilibrio nos han mostrado a un pueblo. Esa chica Patricia Perdomo – hija de la exparlamentaria secuestrada- con una sonrisa siempre a flor de labios, sin perder el optimismo, sin emitir una queja, sin incurrir en la menor crítica de tipo político, ha sido todo un ejemplo de compostura y de reciedumbre.

Hemos visto a Colombia. Ese ha sido el regalo que nos ha dejado el 2007 y que continúa dándonos el 2008.

¿De qué lado está la izquierda?

Por Rafael Rivas Mallarino

Hace medio siglo, Anthony Downs formuló uno de los resultados más célebres de la ciencia política moderna: el teorema del elector del medio. Postula que en una elección entre dos candidatos, donde las preferencias de los electores se concentran en un solo tema, ambos candidatos se desplazarán hacia las preferencias del elector que se encuentre en el medio del electorado.

El teorema explica por qué el bipartidismo es un equilibrio de largo plazo en un sistema presidencial. (No, como a veces creemos los colombianos, un resultado aberrante del Frente Nacional). Explica por qué, en elecciones entre dos candidatos, éstos se desplazan al centro, evitando las posturas extremas. Explica también la lógica detrás del frecuente lamento de “se acabaron las diferencias entre los partidos”. Explica, en fin, por qué la democracia es un sistema relativamente estable, donde los resultados extremos rara vez surgen victoriosos.

El mundo no es tan simple como los teoremas pero, en circunstancias normales y a grandes rasgos, las preferencias políticas pueden ser descritas por la actitud de los ciudadanos en el tema de la redistribución del ingreso. A la derecha están aquellos que le dan más peso al libre funcionamiento de la economía para promover el crecimiento, aun a costa de tolerar una mayor desigualdad. A la izquierda están aquellos que le dan más peso a la redistribución, aun a costa de crecer menos. Hay excepciones: las crisis internacionales y las pugnas religiosas pueden conducir a que las preferencias del electorado se expresen de acuerdo con otros parámetros. Y, como en el caso colombiano, el fenómeno de violencia también.

¿Dónde se encuentra el elector del medio? En algunos países, como Estados Unidos, hacia la derecha del espectro. En Europa y Canadá por lo general pasa lo contrario. Uno pensaría que en Colombia, país con alta desigualdad económica, el elector del medio tendería a favorecer la distribución del ingreso. Sin embargo, en un país pobre, los grandes cambios en la calidad de vida difícilmente son fruto de la redistribución, sino del crecimiento, así que el elector del medio también tiene interés en promover políticas que conduzcan al crecimiento.

La tendencia de los regímenes presidenciales a que se consoliden dos partidos, uno más a la izquierda y uno más a la derecha, no cambia por el solo hecho de que haya brotes separatistas. En el caso colombiano, en los últimos 60 años hubo por lo menos tres ocasiones en que se desprendían del Partido Liberal movimientos de izquierda. Pero el partido los terminaba absorbiendo, pues se desplazaba a la izquierda y acogía a los disidentes, asfixiando sus incipientes organizaciones. Así ocurrió con Gaitán y con López (discutiblemente con Galán, cuyo atractivo se basaba más bien en una reacción contra el clientelismo).

El fenómeno del Polo Democrático es muy diferente y constituye un reto de primera magnitud para el Partido Liberal. Si no reacciona a tiempo, puede tener un destino igual al del Partido Liberal inglés que, después de un pasado glorioso, vio indefenso cómo el Partido Laborista abrió un boquete a su izquierda, lo desplazó hacia el centro y lo reemplazó en el universo político, volviéndolo insignificante.

La principal razón por la cual el caso del Polo puede ser distinto es que esta vez el Partido Liberal no parece tener la opción de desplazarse a la izquierda para absorberlo. Por un lado, los antiguos liberales que hoy militan en el Polo no constituyen una disidencia que aspira a tomarse el Partido Liberal. Por otro, los fundadores del Polo no aspiran a integrarse al Partido Liberal, sino a sustituirlo.

¿Qué importancia tendría esto si fuera cierto que las cosas volverán a su equilibrio natural, con un partido a la izquierda y uno a la derecha? ¿Importa que ahora se llame el Polo y no el Partido Liberal? En realidad, sí importa, no sólo por razones de nostalgia. Para una parte importante del electorado, el Polo representa una reacción contra el establecimiento, pero su programa no es de izquierda, si por eso se entiende un programa que favorezca la redistribución del ingreso. El Polo representa, antes que nada, una coalición conservadora, cuya prioridad política es defender los privilegios laborales de los empleados oficiales y los empleados del sector formal y los privilegios pensionales, que en Colombia se concentran en un millón de personas de clase media.

¿Se ha oído alguna vez que el Polo se preocupe por la inequidad del sistema pensional? ¿Se le han oído propuestas sobre cómo reformar la educación primaria, salvo aplicando la fórmula de darles más poder a los educadores del sector público? ¿Se le han oído propuestas sobre cómo reformar las normas laborales para facilitar la generación de empleo? No. Sin embargo, la capacidad del Estado colombiano por redistribuir el ingreso a favor de los más pobres se encuentra casi agotada por las transferencias masivas a favor de la clase media. Y el Polo defiende esas políticas, que hace 70 años eran de corte progresista y ahora son, en Colombia, conservadoras y retardatarias.

Resulta, entonces, que el partido político que ha abierto un boquete a la izquierda del liberalismo tiene un programa que sólo se puede calificar de conservador, si no se le quiere tildar de populista. ¿Dónde, entonces, queda la izquierda colombiana?

Cortesía de Emilio J. Urbina Mendoza


El pie visible del Estado

Por Charles M. Philbrook*

Ya desde el siglo XIV, y gracias a los escritos de un árabe, Ibn Khaldun, uno que otro filósofo observador se atrevía a postular que un cada vez mayor tamaño del Estado, más temprano que tarde, terminaba por quitarle impulso a la economía.

Las ideas de Khaldun, que varios siglos después servirían de sostén a la curva de Laffer y a las reformas de Reagan, partían del supuesto que una mayor tasa tributaria, más allá de cierto punto teórico, influía negativamente en la actividad comercial y, por consiguiente, reducía los ingresos del tesoro público. Cuatrocientos años más tarde, un escocés, Adam Smith, después de observar los dramáticos cambios que la Revolución Industrial llevaba al sistema de producción, distribución y consumo, afirmaba que todo intercambio comercial, siempre y cuando fuese voluntario, beneficiaba a las partes. Un individuo que buscaba su beneficio personal -aseguraba- como guiado por una mano invisible terminaba promoviendo aquello que nunca tuvo como objetivo: el bien común.

En los últimos tiempos, sin embargo, un renovado interés por todo lo público y colectivo ha hecho que el tamaño del Estado, medido por el gasto público como porcentaje de la economía, vuelva a ser lo que ya había dejado de ser: un obstáculo al progreso económico. A primera vista, son tres las causas y dos los planos en los cuales reside este gran cambio. En un plano ideológico, lo es la cada vez más clara convicción por la cual la responsabilidad ‘social’ debe anteponerse a la responsabilidad ‘individual’. Por tanto, lo que por default era natural -después de todo, sólo se puede ser ‘responsable’ por las acciones propias- pasó a ser forzado, artificial: ahora, uno es responsable por lo que otros hagan, y otros por lo que uno haga; al final del día, nadie es responsable por lo que hace (he ahí la cuna del desorden en el cual vivimos).

Pues bien, en un segundo plano, esta vez en uno histórico, encontramos que la Gran Depresión y la Segunda Guerra terminaron por cimentar este vacuo entusiasmo por la res publica, en desmedro de la res privata. El colapso financiero del veintinueve dio pie a que la izquierda internacional interpretara caprichosamente los hechos, y culpara de esto a las ‘fallas del mercado’ que (continúan asegurando) son inherentes al sistema de producción capitalista. En sus prédicas del evangelio socialista esto sigue siendo un dogma de fe; de nada sirve y poco les importa que Mr. Bernanke, actual presidente de la Reserva Federal , y un gran estudioso del tema, haya afirmado que fue, precisamente, la Reserva Federal , ese gran monopolio estatal del dinero, la causante de esa crisis económica de alcance mundial [Bernanke Sees Lesson in the Depression, Bloomberg, 17/agosto/2007]. Por último, si la Gran Depresión permitió culpar al capitalismo de tal fracaso, la Segunda Guerra llevó a la creencia que un gobierno central fuerte, avasallador (desde la perspectiva de los vencedores), es eficiente y coadyuva al logro de grandes metas nacionales (por cierto, de poco sirve que esta lógica no se pueda extender a los perdedores).

Sobre estas bases espurias, entonces, se ha construido el moderno Estado de Bienestar (Welfare State), el cual, como nos muestra los Estados Unidos, es cada vez más voraz. Desde su independencia, en 1776, hasta 1929, el gasto de los tres niveles del gobierno (federal, estatal y local) no superaba el 12% del PBI; los gobiernos estatales y locales representaban las dos terceras partes de ese gasto. Hoy, el gasto público sobrepasa el 30% del PBI, y el gasto federal se lleva las dos terceras partes del total. Una similar tendencia, y mucho más marcada, se observa en los países europeos donde ese promedio supera el 40%. En Francia y Suecia, por cierto, va más allá del 50% (y eso explica por qué en estos países, en los últimos años, más del 70% de la creación del empleo se ha dado en el sector público).

¿Puede llegar a ser eficiente un Estado que interviene cada vez más en la economía? ¿Una mayor intervención destruye la actividad económica? No y sí, sería la respuesta a una y otra pregunta, y esto lo vemos en el campo monetario. Por ejemplo, la Reserva Federal , que se crea en 1913, tiene dos obligaciones estatutarias: por un lado, mantener la estabilidad de precios y, por el otro, contribuir al crecimiento económico. Sin embargo, en uno y otro caso lejos de ayudar ha perjudicado al país, y esto es algo que la mayoría de economistas se resiste a creer. Pero si dividimos el tiempo en partes iguales, es decir, en un antes de y en un después de la Reserva Federal , encontramos lo siguiente: La inflación acumulada de 1823 a 1913 fue de 40% y la de 1913 a 2003, de 1,300% (ambos períodos de 90 años). En cuanto al crecimiento del PBI real de 1823 a 1913 fue de 3,500%, y de 1913 al presente en algo más de 1,800%. ¡Y tengan en cuenta que la Reserva Federal es uno de los bancos centrales más prestigiosos del planeta! [The Annual Real and Nominal GDP for the U.S. , 1790-present, Economic History Services, 2006].

Las grandes reformas económicas siempre se han hecho y se siguen haciendo hacia la derecha, y no hacia la izquierda siguiendo el camino de Dante al descender en el Infierno. Acabada la Segunda Guerra , con Alemania destruida y en bancarrota, los Aliados impusieron una serie de controles de precios y de salarios con el ánimo de llevar ‘orden’ a la economía alemana de posguerra. Durante tres años sólo hubo escasez de bienes en los mercados y la actividad económica era de subsistencia. Ludwig Erhard, en aquel tiempo ministro de Economía, entendía bien las reformas que había por hacer. Y como sabía que los Aliados no las iban a permitir, las introdujo un domingo, un día en el cual éstos descansaban y no podían oponerse. El 20 de junio de 1948, la historia de Alemania cambiaba…para bien: Se eliminó todo control sobre los precios y salarios, se desreguló la economía y se reemplazó al Reichsmark por el Deutsche Mark. El resto, como dicen, es historia.

Queda, pues, flotando en el ambiente la siguiente observación: si se parte del supuesto que una mayor intervención en la economía, más allá de lo fundamental (por definir), tiene efectos negativos, ¿a qué se debe? Y una vez establecido esto, ¿cuáles deberían ser los límites naturales del Estado?

La respuesta a la primera pregunta la da un debate entre Milton Friedman y Eben Wilson, allá por los setenta, sobre las cuatro maneras (no tres ni cinco) de gastar el dinero. Friedman argüía que sólo hay cuatro maneras posibles de hacerlo: se puede gastar el dinero de uno en uno; o el dinero de uno en otros; también, el dinero de otros en uno; y, finalmente, el dinero de otros en otros. La primera forma de gastar es la más eficiente: sólo uno puede saber qué quiere y cuánto lo quiere. La última, empero, es la más ineficiente: cuando uno gasta el dinero de otros en otros, ni lo cuida ni le interesa qué hace con él. Una y otra vez, todo gobierno se encuentra o en la tercera o en la cuarta categoría. Ésa es la fuente de su ineficiencia y de toda corrupción…

Quienes crean que estos argumentos no son convincentes deberían preguntarse por qué en el caso de países étnica y religiosamente similares, el paso del tiempo sólo permite comprobar a qué lleva un Estado elefantiásico, totalitario, avasallador. Corea del Norte y Corea del Sur, que hasta 1945 eran un único país, hoy, no podrían ser más diferentes. Concentrándonos en el ingreso per capita, y por paridad de compra, la relación entre uno y otro es de 14:1 a favor de Corea del Sur. Algo similar vemos en el caso de China y Hong Kong. Si bien aquí la historia se modifica en algo por la intervención británica, el hecho es que, en 1949, a raíz de la fundación de la República Popular China, cientos de miles de chinos continentales huyeron hacia la isla. Hoy, el PBI per capita de Hong Kong es cinco veces superior al chino. Con Alemania, que hasta 1990 estaba dividida en dos, vemos que casi veinte años después de la unión, los del Este aún tienen ingresos por debajo de los del Oeste –menores hasta en un 30% si promediamos algunos de los estimados-.

¿Cuál, finalmente, debe ser el rol del Estado? Desde una concepción libertaria, debería limitarse a la defensa nacional y a vigilar el orden interno, pero por sobretodo a ser el gran árbitro, el gran administrador de justicia. Como no hay manera de ser parcial cuando se es juez y parte, es mejor que se concentre en estas tres actividades. Una cuarta, que es tan importante como las anteriores, es que pueda garantizar que en la sociedad se dé igualdad de ‘oportunidades’ mas no de ‘resultados’. Que garantice esto último a algunos lleva a que prive de oportunidades a otros. Así de simple.

* Director de Estudios Económicos Datum Internacional, S.A.


11 enero 2008

Más mentiras

Por Nelson Maica C.

"El malo, cuando se finge bueno; es pésimo".
Sir Francis Bacon


El por ahora presidente de Venezuela, desde la tribuna de Naciones Unidas en Noviembre del 2006, en USA, entre tanta palabrería grosera, soez, impropia de un ser humano normal, y para todo uso y gusto y vergüenza de los venezolanos, recomendó la lectura de uno de los textos escritos por Noam Chomsky, intelectual norteamericano, autor, como otros, admirado por los comunistas que aún quedan. Pero se olvidó, y desconocemos la razón, de sugerir también la lectura del texto: “Las 100 principales mentiras de Chomsky”, Por Paul Bogdanor, traducido por Mariano Bas Uribe. Las pueden conocer todas en internet. En vista de lo cual nos permitimos hacerles conocer, por ahora, algunas de ellas.

Las 10 principales mentiras de Chomsky sobre las matanzas masivas comunistas:

10. La mentira: "En comparación con las condiciones impuestas por la tiranía y la violencia de EE.UU., el Este de Europa bajo la esfera rusa era prácticamente un Paraíso".[1] Este numero, al terminar cada cita, corresponde al origen de la cita, la cual, por razones de espacio no suministramos en esta oportunidad. Por favor nos disculpan. La pueden ver en internet.

La verdad: Los comunistas mataron entre 4 y 5 millones de personas en Ucrania; 400.000 en Polonia; 360.000 en Rumanía; 300.000 en Bielorrusia; 200.000 en Hungría; 100.000 en Alemania del Este; 100.000 en Lituania; 70.000-100.000 en Yugoslavia; 30.000-40.000 en Bulgaria; 20.000 en Checoslovaquia y 5.000 en Albania. Otras atrocidades incluyen la muerte de más de 500.000 prisioneros de guerra y las violaciones masivas a más de 2 millones de mujeres por parte del Ejército Rojo en áreas de Alemania ocupadas por los soviéticos.[2]

9. La mentira: "También es relevante la historia de la colectivización en China, que, comparada con la Unión Soviética, muestra una mayor confianza en la persuasión y la ayuda mutua que en la fuerza y el terror y parece haber tenido más éxito".[3]

La verdad: Los comunistas declararon oficialmente que habían matado a 800.000 personas en los primeros años de dictadura, de forma no oficial admitieron la muerte de 2 millones en un solo año.[4] La colectivización forzosa china culminó en el Gran Salto Adelante, la peor catástrofe en la historia humana, en la que murieron 30 millones de personas.[5]

8. La mentira: "las fuentes básicas para las altas estimaciones de muertes en por la reforma agraria de Vietnam del Norte fueron personas relacionadas con la CIA o el Ministerio de Propaganda de Saigón (...) de hecho no hay evidencia de que los líderes ordenaran u organizaran ejecuciones masivas de campesinos".[6]

La verdad: Vietnam del Norte anunció que el 30% de las víctimas fueron inocentes y que 15.000 fueron ejecutados por error, lo que significa una matanza de 50.000 personas. Informaciones de desertores de Vietnam del Norte indican que se mató a 50.000. A un diplomático húngaro se le dijo a través de una fuente oficial que se había matado a 60.000. Un izquierdista francés que trabajaba en Vietnam del Norte escribió que se había masacrado a 100.000. El total de muertes habría sido muchas veces mayor, ya que las familias de los ejecutados murieron de hambre bajo la política de "aislamiento".[7]

7. La mentira: "El éxito revolucionario en Vietnam, tanto en la teoría como en la práctica se basó principalmente en tratar de atender las necesidades de las masas (...) Un movimiento adaptado para ganarse el apoyo de las masas rurales no ocasionaría baños de sangre entre la población rural".[8]

La verdad: Según estimaciones conservadoras, los escuadrones de la muerte del Vietcong asesinaron a 37.000 civiles en Vietnam del Sur; la cifra real fue mucho mayor, ya que se registró sólo una pequeña parte de los asesinatos anteriores a 1967 y los datos sólo llegan hasta 1972. Los terroristas del Vietcong también iniciaron una campaña de matanzas masivas contra aldeas civiles y campos de refugiados; en la parte álgida de la guerra, cerca de un tercio de las muertes civiles fueron resultado de atrocidades deliberadas del Vietcong.[9]

6. La mentira: "Dado lo confuso de los acontecimientos y evidencias, sumado a la completa falta de fiabilidad de las 'pruebas' de EEUU-Saigón, como mínimo puede decirse que el 'baño de sangre' del NFL-DVR[10] en Hue fue inventado a partir de evidencias realmente muy endebles".[11]

La verdad: Los comunistas se jactaron de asesinar a miles de personas en la ciudad sudvietnamita de Hue. Un regimiento informó que sólo sus unidades habían matado a 1.000 víctimas. Otro informe indicaba que 2.867 personas fueron asesinadas. Otro documento interceptado habla de una "enorme victoria" en la que mataron a más de 3.000 personas. Un documento posterior contaba 2.748 ejecuciones.[12]

5. La mentira: "En un fenómeno con pocos paralelos en la experiencia occidental, parece que ha habido un número de muertes injustificadas cercano a cero en la posguerra de Vietnam. El milagro de la reconciliación y la moderación (...) ha sido casi totalmente ignorado".[13]

La verdad: El desertor Nguyen Cong Hoan afirmó que entre 50.000 y 100.000 personas fueron masacradas por los comunistas. El prisionero político Doan Van Toai y el oficial comunista Nguyen Tuong Lai informaron que 200.000 desertores del Vietcong fueron fusilados. Un número estimado en 165.000 disidentes y prisioneros de guerra murieron en campos de concentración. Las expulsiones masivas llevaron a la muerte ahogados de 200.000-250.000 boat people, de acuerdo con cifras de la ONU.[14]

4. La mentira: "parece justo describir la responsabilidad de Estados Unidos y Pol Pot por atrocidades durante 'la década del genocidio' como más o menos del mismo calibre".[15]

La verdad: No son ni remotamente del mismo calibre. Las fuerzas estadounidenses causaron en Camboya aproximadamente 40.000 víctimas entre miembros de los Jemeres Rojos y civiles. Los Jemeres Rojos mataron a más de 1,8 millones de civiles entre 1975 y 1979.[16]

3. La mentira: "Una comparación que presentamos con gran detalle es especialmente reveladora: el 'baño de sangre benigno' llevado a cabo por Indonesia tras su invasión de Timor Oriental en 1975 y el 'baño de sangre vil' de los Jemeres Rojos cuando se apoderaron de Camboya el mismo año (...) las dos matanzas son comparables en escala y características".[17]

La verdad: No son comparables ni en escala ni en sus características. La invasión Indonesia de Timor Oriental causó 100.000-180.000 muertes.[18] El genocidio de los Jemeres Rojos en Camboya causó más de1, 8 millones de muertes.[19] Los militares indonesios llevaron a cabo una brutal represión de la resistencia armada en un territorio extranjero. El baño de sangre de los Jemeres Rojos fue un ataque motivado ideológicamente contra una población indefensa en su propio país.

2. La mentira: "Si 2-2½ millones de personas, alrededor de ⅓ de la población hubieran sido asesinados sistemáticamente por una banda de peligrosos criminales que hubieran accedido al gobierno, [el senador] McGovern estaría dispuesto a considerar una intervención militar. Suponemos que no habría hecho esta propuesta si la cifra de muertos fuera, digamos una centésima parte, es decir, 25.000 personas (...) [o] si las muertes no fueran consecuencia de matanzas o hambrunas sistemáticas organizadas por el estado sino más bien atribuibles en buena medida a venganzas entre campesinos, unidades militares indisciplinadas fuera del control del gobierno, hambrunas y enfermedades que son consecuencia directa de la guerra de EE.UU. u otros factores".[20]

La verdad: Ningún observador serio piensa que sólo murieron 25.000 personas bajo los Jemeres Rojos o que las muertes masivas fueran consecuencia de otra cosa que las matanzas y hambrunas sistemáticas organizadas por el estado. Incluso el líder de los Jemeres Rojos Khieu Zampan reconocía 2 millones de muertes, que atribuía a la invasión vietnamita.[21]

1. La mentira: "La evacuación [de los Jemeres Rojos] de Phnom Penh, ampliamente denunciada desde entonces hasta ahora por su indudable brutalidad, puede en realidad haber salvado muchas vidas. Es sorprendente que los hechos cruciales raramente aparecen entre las voces condenatorias".[22]

La verdad: Al menos 30.000 niños muy pequeños murieron como consecuencia directa de la evacuación de Phnom Penh por los Jemeres Rojos.[23] En total, al menos 870.000 hombres, mujeres y niños de Phnom Penh murieron bajo la dictadura de los Jemeres Rojos.[24]

¿Fue una manipulación? ¿Acaso es manipulador? Razón, además, para cambiarlo. ¡Para cambiarlos a todos! ¡Que renuncien todos!

¿Cuánto dinero del pueblo venezolano se gasto y seguirá gastando en el show contra Colombia y en “mejorar” las “imágenes públicas” ya “descoloridas” de él y sus “compinches”? Parece que esta circulando un pre calculo. Y Colombia les dio licencia “para todo lo relacionado con la recepción de rehenes” a algunos “representantes”. Un adagio popular dice “los mochos se juntan para rascarse”. Cierta contradicción: un aviso de ataque general de la guerrilla en el 2008 y entregan dos rehenes después que al cgi se “le vino el mundo encima”. Algo para reflexionar

¡Y, por favor, no vengan a decir ahora que los guerrilleros y el cgi son unos angelitos reunidos con Papá Dios! ¡Hasta cuándo farsa! ¿Qué estará “pensando” la justicia Colombiana y la Internacional? ¿Qué podrán hacer?

NO al comunismo. SI a la libertad. Restauremos la democracia plural en Venezuela.

Educar para progresar

Por Delfina Acosta

En el Paraguay no llega el dinero a la “cocina” de la educación. El rubro destinado al Ministerio de Educación y Cultura va a los bolsillos de los nuevos ricos de este país, a engordar las vacas, a la adquisición de las camionetas 4×4, a amoblar las quintas, a encender las farras, a llenar de dólares las cuentas bancarias. Como consecuencia se va derrumbando el Ministerio de Educación y Cultura. ¡Tan despellejado está!

El presente es sombrío y por demás nublado: maestros y profesores muy mezclados en la vaguedad, y, consecuentemente, descalificados para impartir una enseñanza a tono con el siglo XXI a los alumnos. Los jóvenes necesitan recibir información rigurosa, conocer la historia de los pueblos, interpretar nuestra historia. A la hora de leer algo de literatura, no saben por dónde empezar…

¿Hojean los chicos a Jaime Sabines, a Juan Gelmam, a Dulce María Loinaz, a Raúl Zurita, a los grandes del siglo de oro de la poesía española? ¿Se interesan en las obras de José Saramago, Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares? Me late que no. Y no tienen, por supuesto, la culpa, pues el terreno para la lectura no es abonado -diariamente- en las aulas. Libres de culpa están. Es cierto que hay chicos bien nacidos, criados en un ambiente lleno de libros. Esos chicos toman el hábito de la lectura, y se convierten, rápidamente, en aventajados por excelencia. Pero son casos contados.

Sábado tras sábado suelo ver en la televisión argentina entrevistas (correspondientes al año 1977) a importantes escritores de la lengua castellana: Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, José Donoso, Manuel Puig. Es un placer escuchar a esos maestros hablar sobre sus obras y sobre la literatura de América, con un cigarrillo entre los dedos, a veces. El panorama cultural de nuestro medio es desolador.

El progreso de un país se da a partir de la educación. Un pueblo doctrinado toma una posición holgada que le permite interpretar sus problemas sociales y resolverlos por la vía de la inteligencia, del reclamo incesante de sus derechos. Los programas serios de educación no existen en la agenda de muchos políticos, que se encienden -mentirosamente- en promesas pintadas con lápices labiales. El rubro destinado al área educativa es ínfimo. Es el equivalente a un granito de arena en el desierto. Algo ligeramente más abultado que un átomo, tal vez.

Repito: el dinero público debe ser invertido en la educación. Debemos ganar la lucha contra la ignorancia para no terminar siendo devorados por un mundo -ferozmente- competitivo. En fin, este es un pueblo donde la gente habla un castellano defectuoso, donde no existe una reforma educativa que valga la pena mencionarse siquiera, donde la cultura no llega a la televisión, donde se está buscando un cambio sin considerarse el peso gravitante que tiene en el individuo un programa educativo digno de crédito. Yo insto, como paraguaya, a los intelectuales, a los artistas, a los escritores, a los creadores, a los políticos pensantes, a la gente que trabaja en los diversos medios de comunicación, a las personas que ocupan cargos públicos de relevancia dentro del Ministerio de Educación y Cultura, a los jóvenes estudiantes, a debatir sobre la educación. ¿Para qué? Pues para intentar salir de esta paralización colectiva en la que estamos metidos hasta el cuello. Algo hay que hacer, ¿no?

A revolution? Awaiting Chavez' changes

Por Ian James

In this dusty town of potholed roads on the Caribbean coast, people are fascinated with the revolutionary changes that President Hugo Chavez talks about constantly on television.

But nine years after he was elected, many here say their lives are virtually the same. There are still few jobs. Running water comes only two days a week at best. Paint peels from the walls of the public school, where teachers say they badly need more books.

The state is building three dozen concrete homes here, but construction has dragged on while some residents are living in quarters so cramped they must string up hammocks in their living rooms.

Where, they ask, is Chavez' revolution?

"It hasn't arrived yet. Not here in Las Cumaraguas," says Oriel Urbina, a 48-year-old who works gathering rock salt in the cactus-fringed flats that run along the beach.

Although many Venezuelans in this town believe in Chavez and have consistently voted for him, their complaints reflect key weaknesses in his political movement that likely contributed to his first electoral defeat on Dec. 2.

Chavez blamed low turnout among supporters for the rejection of constitutional changes that would have reshaped the economy and ended presidential term limits. He said the lesson will ultimately strengthen his socialist movement; setbacks, he said, are "necessary now and then."

His popularity remains high, and he presides over an expanding economy propelled by surging oil prices.

But even some loyal backers complain of basic deficiencies in his rule: government corruption, bureaucracy, rampant crime, double-digit inflation and recent shortages of items like milk.

"They feel disenchanted, and that explains why they didn't show up" to vote, said Steve Ellner, a political science professor at Venezuela's University of the East. "There's a feeling that for all the high-sounding rhetoric and lofty ideals, that there hasn't been sufficient attention addressed to concrete issues."

The political test that lies ahead for Latin America's most outspoken leftist hinges on whether he will be able to solve such problems and deliver on promises to those who see him as a savior.

In long, fiery speeches, Chavez talks of the socialist ideals of Karl Marx, the example set by his Cuban friend Fidel Castro, and his own plans for "the first great revolution of the 21st century." The constitutional proposals rejected by voters would have created new forms of communal property as a step in that direction.

Yet Chavez's utopian and egalitarian words often go far beyond the changes realized so far.

While the government has created free health clinics and universities, other aspects of society are business-as-usual.

Consumerism is alive and well, with the moneyed classes enjoying new cars, fine Scotch whisky and private social clubs. Central Bank statistics show the private sector accounted for more of the economy last year - 62.9 percent of gross domestic product - than when Chavez was elected in 1998, when it stood at 59.3 percent.

Slum dwellers, meanwhile, wait on long lists for public housing. And the homeless pick through trash heaps in spite of state programs intended to help them.

Still, government statistics point to progress, including a decline in the share of households considered poor from 43 percent in 1999 to 28 percent today. Unemployment is down, and gross domestic product has risen by 16 percent on a per-capita basis. Government surveys show the poorest fifth of Venezuelans have seen their share of the national income grow by 8 percent.

The overall economic performance is a strong positive for Chavez - especially the rapid growth since he regained control of the oil industry after a 2003 strike by his opponents, said economist Mark Weisbrot of the Washington-based Center for Economic and Policy Research.

"For these reasons, Chavez and the government's public approval is likely to remain high, and the opposition weak, regardless of the results of the referendum," Weisbrot said.

Others argue the gap between rich and poor has narrowed only modestly, and that voters rejected Chavez's proposals in part due to fears about his plans for a socialist economy.

Many Venezuelans still don't know what Chavez means by "21st Century socialism" and are not sold on the concept, said Yoel Acosta Chirinos, a former Chavez ally who once helped him lead a failed 1992 coup.

"This defeat is the beginning of the end for Chavismo," Acosta said. "Why? Because it hasn't responded to so many expectations created by (Chavez's) political project."

Chavez, a former paratroop commander, recognizes government programs are sometimes inefficient and says much remains to be done. He urges Venezuelans to give him more time and get involved in building a new socialist society.

For now, many in Las Cumaraguas are willing to wait for Chavez to deliver meaningful aid to their desolate home on the windblown Paraguana Peninsula.

Urbina and others say they wish Chavez would visit and see how much help they need. They suspect corruption and bureaucracy are hindering his goals.

"The resources don't reach us," Urbina says. "The president isn't to blame. ... It's the people around him."

In the salt flats beside the town, men in tattered clothes sling pickaxes and shovel rock salt into wheelbarrows. For each ton of salt piled up, they earn $5.60 by selling it to a plant run by a state company, Corpofalcon. Children sell chunks of salt to passing cars along a road roamed by grazing goats and donkeys.

Seven years ago, the state ended its contract with the private company that refined the salt, and assumed control. Since then, the number of jobs at the plant has shrunk, the workers say, from about 90 to 19.

Corpofalcon's president, Omar Perez, said residents are benefiting from $1.2 million that the state is investing here.

But Sirilo Garces, who collects salt, said what the town needs most are jobs. "That's what doesn't exit here."

A billboard at the salt plant announces a partially completed project to build a new warehouse and install machinery. Chavez is pictured in a red beret, raising a fist in the air beside the governor of Falcon state.

The sign reads: "Falcon Has Changed Forever."
Fuente: Miami Herald

Las ventajas de la libertad

Por Diego Martínez*

Si quienes estamos del lado de la libertad callamos, en pocos años tendremos una sociedad de esclavos. Nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos serán arrasados por la vulgaridad, el materialismo, la demagogia y naturalmente los autoritarismos.

Hoy son impostergables voces permanentes e inteligentes, de modo que ese silencioso protagonista de nuestro tiempo, la clase media, se encuentre con el discurso y forme la conciencia para la construcción de una sociedad de valores y no de ídolos. El silencio transforma a los individuos en masa, a los productores en proletarios, a los ciudadanos en esclavos. El siglo XX parece haber tenido ese final: el silencio de los liberales.

La gente espera una explicación sobre lo que vendrá y esa explicación es la libertad y sus valores. Es que no hay un mundo mejor sin libertad. Y no hay libertad en silencio.

¿Las ventajas de la igualdad?

El encantamiento de varias sociedades latinoamericanas con el Estado y otras entidades corporativas, no es un fenómeno superviniente a los países nuevos emergentes de la revolución independentista. Es parte de nuestra herencia española. Situación diferente a la de Estados Unidos que se independizó con una sociedad integrada por individuos ya concientes de sus libertades frente al poder, emanara éste del país dominante o del nuevo.

Esta circunstancia histórica incidió para que en América Latina se instalara una cultura del igualitarismo -a pesar de cobijar las más severas desigualdades a nivel mundial- para que el Estado de bienestar deviniera en bienestar del Estado con niveles dramáticos de opresión al individuo, para que sobreviva la centralización y para que la inquietud de los pueblos sólo se manifieste en torno a la reivindicación de derechos y más derechos. En definitiva, una suerte de cultura acreedora que, basada en las ventajas de la igualdad, ve hundirse al individuo.

El desafío es sustituir el Estado de bienestar por el individuo de bienestar, alguien emancipado capaz de gestar una cultura de las oportunidades. En definitiva, encontrarse con las ventajas de la libertad.

El Uruguay liberal estacionado

La conciencia de país nuevo, digamos "de país" en definitiva, recibió el embate ideologista de la conciencia "de clase" en la segunda mitad del siglo XX.

La exitosa emergencia electoral del Partido Comunista en 1942, la disparada proteccionista y sobreguladora del neobatllismo, así como el progreso de una generación de pensadores iliberales, detuvieron la conformación de un país en libertad real. En buena medida hasta se le desacreditó como proyecto, con la sanción de la Ley Orgánica de la Universidad en 1958, que cobijó la cultura antisistema de una elite.

Este estacionamiento no ha podido ser superado aún, ni siquiera por lo que se suponía sería un factor universal de remoción luego de la caída del Muro de Berlín y la crisis del comunismo. Existe instalada una contramatriz clasista en la sociedad uruguaya, que difícilmente pueda removerse si los liberales no planteamos una recuperación del Uruguay como proyecto liberal.

La democracia no es suficiente

La vigencia del sistema democrático en Uruguay no asegura por sí solo la vigencia plena de la libertad. El ejemplo de la "generación del 45", particularmente de lo que Aldo Mazzucchelli ha denominado "la generación crítica", da cuenta de un sistema democrático plenamente vigente, aunque en una sociedad cuyos soportes liberales fueron cuestionados y debilitados sistemáticamente.

La libertad tiene aún por delante un trayecto de construcciones que ineludiblemente debe recorrer, si de verdad la comunidad aspira al goce de sus ventajas y al ejercicio real de sus valores por ésta y las próximas generaciones.

Esa construcción pasa por las interminables pujas que la vida cotidiana dirime y que tiene que ver con la teoría, por supuesto, pero sobretodo y ostensiblemente con la literatura que leemos, el cine, teatro y televisión que vemos, la educación de nuestros hijos, la gestión social de religiones y ciencias, la participación en el deporte, el ejercicio de nuestros derechos de usuarios y consumidores, el acceso a las ofertas, el acceso a la información, el disfrute de las fiestas populares y así múltiples actividades que hacen la cultura de nuestra sociedad.

Democracia y libertad

Democracia no es igual a libertad, es una condición, un instrumento, una garantía. Es muchas cosas. Pero existen ámbitos en que la vigencia de la libertad no se dilucida a través de técnicas democráticas. Reparemos solamente en el ejemplo del profesor y su alumno. Puede existir allí la expresión de mayor libertad aún cuando la educación se imparta en un país sin democracia. Al contrario, también ocurre que docentes -aún en sistemas democráticos- arrasan con la libertad en la relación diaria que mantienen con sus discípulos.

Del mismo modo es impensable una propuesta liberal concebida exclusivamente desde el enfoque económico. En este sentido, la distinción que realizó Benedetto Croce ("Liberalismo y liberismo", 1928), entre el liberalismo como una cosmovisión ética y el liberismo como estricta libertad económica, sigue tan campante.

Lo que no entiende el neoliberalismo y la izquierda tampoco. Finalmente Benedetto Croce tuvo razón y lo que ahora se denomina "neoliberalismo" no es más que lo que él llamaba "liberismo", una aplicación de ciertas libertades al funcionamiento de la economía. Para el liberalismo la libertad es un fin (y por supuesto un principio). Pero para los neoliberales la libertad es un medio, que al postular la eliminación de regulaciones, límites, monopolios y al propio Estado, privilegia a ciertos actores y sus intereses. En buena medida, el neoliberalismo y la izquierda terminan operando en un mismo sentido, que no es otro que el eclipsamiento del individuo. El primero ataca los monopolios públicos para luego formar monopolios privados. La segunda los defiende y así posterga al individuo para privilegiar al Estado.

La batalla cultural

No haber entendido esto por algunos integrantes del elenco liberal de Uruguay y América Latina, generó una confusión entre liberalismo y neoliberalismo. Esta circunstancia, paradójicamente "liberó" territorios para el avance de los enemigos del Uruguay liberal.

En un análisis realizado ante el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Colorado, el Profesor Yamandú Fau, ex ministro de Educación y Cultura y de Defensa Nacional, manifestó que "los colorados perdimos la batalla cultural en el país". Por la relevancia y el protagonismo que a los colorados ha correspondido en el proceso histórico del Uruguay, aceptar esta afirmación significa aceptar a la vez una derrota al menos parcial del proyecto liberal en el país. Fue necesaria una terminante derrota electoral (en octubre de 2004, el gobernante Partido Colorado obtuvo apenas el 10% de la adhesión electoral, frente a la izquierda que alcanzó a superar el 50%), para empezar a comprender que ella en realidad es un reflejo de una derrota en procesos más profundos de la vida de la sociedad.

En Uruguay al menos, Croce sigue teniendo razón y entenderlo repercutirá en la dilucidación del modelo filosófico a partir del cual Uruguay organizará su futuro.

La lucha de clases continúa

La matriz liberal del Uruguay está incompleta y alguien debe asumir su desarrollo. La matriz asociativa, liberal, igualitaria, de este Uruguay "pueblo nuevo" como ha sostenido Padrón Favre, "país a medio hacer" según Carlos Maggi, está cuestionada hace sesenta años. Por lo menos. Está cuestionada por quienes postulan desde una matriz diferente, matriz clasista, de confrontación, conflictiva y no asociativa, de dominación y no de integración. Y está cuestionada por nuestros propios silencios, los de los liberales, que en tantas ocasiones hemos optado por la comodidad de nuestras casas en lugar del debate en la plaza.

Una mirada desde 1968

¿Cómo hace el individuo en esta sociedad uruguaya para tomar directamente decisiones sobre aspectos que le conciernen personalmente y que no lo haga una corporación por él? Es interesante reproducir unos párrafos de Carlos Maggi publicados en "El Uruguay y su gente" (1968), que dan cuenta, cual fotografía sicocultural, del protoplasma que mayoritariamente compone a los uruguayos de dos generaciones atrás. Dice Maggi "Uno termina pensando: hay que ser prudentes; no conviene arriesgarse ¡todo es tan dudoso! Más vale un puesto de auxiliar en mano que glorias volando. Por eso el mal de los uruguayos no son las oficinas públicas; el mal de las oficinas públicas son los uruguayos".

Las expresiones precedentes de Maggi corresponden a una realidad de 1968, dramáticamente marcada por el desvanecimiento del individuo, de su espíritu de emprendimiento, de niveles mínimos de competencia en el mercado. Al mismo tiempo, coinciden con el Uruguay que iniciaba su más potente proceso expulsor de población y que no se desaceleraría hasta 1975.

Un país estancado, sin crecimiento, ampliamente estatizado en su economía y en su cultura, con un cuestionamiento creciente al sistema por vías institucionales y por procedimientos ilegítimos, no lograba explicarse, sin embargo, que al interrumpirse la instalación y desarrollo histórico de la matriz liberal, se había vuelto una sociedad sin oportunidades.

¿Emigración, o salto hacia las oportunidades?

Ese individuo no estaba preparado para los nuevos desafíos que se planteaban. El proveimiento por el Estado de sus necesidades durante tantos años, desactivó su musculatura individual, de emprendimiento, de innovación y por supuesto de responsabilidad. Un individuo formado para las necesidades y no para las oportunidades, difícilmente podría reaccionar. El propio Carlos Maggi (op. cit.) señala en 1968: "Holgamos, pues no nos sentimos responsables de nuestro propio destino. Durante décadas y décadas, pensamos: otros proveerán".

El sistema así entró en crisis y serán en definitiva los partidos históricos y sus líderes, los receptores de la inculpación.

El ciudadano de a pie, el individuo históricamente beneficiario del sistema, verá en riesgo la reproducción de los beneficios para las generaciones venideras, la de sus hijos. Buena parte de estos emigrará y al hacerlo no elegirá sistemas similares al uruguayo. Elegirá sistemas abiertos, en los que la movilidad social se alcanza por la búsqueda de oportunidades y no por el disfrute de provisiones.

Quienes permanecieron en Uruguay, en creciente medida optaron por otra emigración, la del subsistema político que interpretaron les estaba traicionando. Esto explica en parte, el paradójico fenómeno de crecimiento de la izquierda, opositora a alternativas por las que optaban los emigrados, desacreditada además por la caída del Muro.

La libertad "pasiva"

Ante este enajenamiento de la sociedad, de las responsabilidades que le correspondían en la construcción de su propio destino, queda de manifiesto el fracaso de la estrategia de las necesidades hoy reivindicada aún por la izquierda uruguaya. El concepto de que alguien proveerá, alguien brindará "las provisiones" en términos de Dahrendorf, implica un goce apenas pasivo de la libertad por parte de los individuos.

Técnicas para asegurar la libertad

Raymond Aron en la conclusión del "Ensayo sobre las libertades" (Alianza Editorial, Madrid, 1966), insiste en que la igualdad social o política no traen consigo la igualdad económica. Sin embargo le permiten al individuo no excluirse y poder competir para alcanzar una mejor distribución económica. Esto hizo posible tener conciencia -según Arón- de que la libertad podía ser garantizada gracias a la técnica y la organización.

Las democracias liberales van en camino de reconciliar derechos políticos y derechos sociales. Es decir libertad-capacidad, en el modo definido por él.

Igualdad y libertad como remedios a la pobreza

La pregunta respecto a este tópico debe ser "¿cuánto nos cuestan la igualdad y la libertad?" Los uruguayos resolvimos pagar en 1989 a los pasivos (un plebiscito determinó que en adelante el pago de las jubilaciones y pensiones se haría a partir de valores reajustados según el incremento del costo de vida). Quisimos interrumpir la reproducción generacio­nal de un proceso de empobrecimiento y lo logramos.

Desde 1996 hemos resuelto pagar, además, a los niños de 4 y 5 años (la reforma educativa liderada por el sociólogo Germán Rama estableció que todos los niños de 4 y 5 años tengan hoy una plaza en el subsistema público de educación inicial). Uruguay combate así -con la universalización de la educación de preescolares- la reproducción cultural de la pobreza.

Los dos extremos de nuestra sociedad en términos generacionales -los más vulnerables frente a la lógica reproductora de la pobreza- han recibido decisiones trascendentes de la sociedad en el plano presupuestal. Pero los demás sectores también deberían recibir algo. O la satisfacción de sus necesidades, o la oportunidad para satisfacerlas. Sí, la libertad. Y ésta no llega con facilidad hoy en Uruguay. Por eso los uruguayos de la clase media se siguen yendo.

Cuando se sostiene que la emigración en Uruguay es estructural y que su fenomenología se manifiesta con independencia del momento, estable o crítico, de la economía, no se evalúa que la libertad de los uruguayos también está cuestionada en términos estructurales. Es una libertad pasiva. Y para algunos, hasta un problema.

La libertad como problema

Es ostensible que un sector relevante de la sociedad uruguaya, hoy siente el agobio del desencanto. Algunos porque prestaron el voto para el cambio y éste –Impuesto a la renta mediante- se viene haciendo en contra de sus intereses. Otros, porque sus sueños de un gobierno progresista han sido devorados por el ministro Astori y su izquierdismo neoliberal.

Frente a este nuevo desencanto que recorre al país, no podemos mirar para el costado, pues sus costos ya los pagó la libertad de los uruguayos en otro momento histórico. Un desencanto político conmovió ya la matriz asociativa del Uruguay, desde los años cincuenta. Si bien al principio no se explicitó en términos electorales (entre 1954 y 1966 la adhesión a los partidos históricos estuvo en conjunto en el entorno del 90%), vio emerger primero la ideología y luego el aparato de la contramatriz.

Es en esta etapa de crisis cuando el país más necesitaba de la dinámica asociativa de su matriz nacional liberal. Sin embargo se desplegó una dinámica confrontativa, propia de las teorías del conflicto, respaldada claramente en una matriz ideológica marxista.

Quienes postulaban un modelo basado en el mito de la clase, claramente inscripto en las teorías del conflicto, apostaron a delinear una alternativa basada en la confrontación de clases y por ello divisora de la matriz nacional asociativa. Es en estas circunstancias que el Uruguay de la matriz liberal debió reaccionar. No pudo hacerlo porque en gran medida su capacidad de reacción estaba trabada por las confrontaciones al interior de los partidos.

Esta distracción frente a la sociedad, habilitó el ingreso del cuestionamiento al sistema por parte de los actores de la contramatriz.

El fracaso del proyecto liberal bien pudo ser analizado a la luz de debates como el que señalaba Alberto Methol Ferré en "El Uruguay como problema": mientras José Batlle y Ordóñez (a principios del siglo XX) pensaba en los problemas del Uruguay, Luis Alberto de Herrera pensaba en el Uruguay como problema.

Pero el ingreso del pensamiento activo de la contramatriz desplazó el eje de ese debate. Ya el Uruguay no es el centro del debate. El eje pasa a ser la libertad como problema y los problemas del proletariado.

La aceptación de la alternativa iliberal

Luego del proceso de ideologización, vendrá la definición e implementación de una estrategia basada en la unión de las fuerzas de la contramatriz: un solo frente sindical (1965), un solo frente político (1971). Desde ninguno de ellos se levantó voz alguna que cuestionara los planteos de la denominada "generación del 45", o con mayor precisión "generación crítica", ni los supuestos en que se basó la guerrilla tupamara para actuar contra el sistema democrático a partir de 1962.

El Uruguay liberal fue perforado desde ese costado de la sociedad. Luego desde otro, por el proyecto particularista militar (1973-1985).

Uruguayos de las oportunidades

El modelo gestado en la primera mitad del siglo XX, explotó e implosionó al mismo tiempo. La demostración fue el creciente flujo emigratorio que se evidenció desde mediados de los años sesenta, con el propósito de encontrar un sistema nuevo que sustituyera al fracasado.

En la inserción en ese nuevo sistema, a los uruguayos emigrados no les importó tanto sus necesidades como las oportunidades a las que accedían. Su llegada a Estados Unidos, Australia y España, no se produjo enarbolando reclamos, exigiendo derechos, sino asumiendo roles que en Uruguay les hubiera degradado. En realidad, dicha opción la asumieron por la fuerte expectativa de movilidad que ofrecían esas sociedades. Esos uruguayos que no supieron, o no pudieron cambiar el sistema de su país, lo sustituyeron.

Se transformaron en uruguayos de las oportunidades y forman parte de la silenciosa aunque poderosa revolución universal que lleva adelante la clase media y que se basa en el acceso y el ejercicio real de los derechos. La clase alta en realidad ejerce sus riquezas. La clase baja por su parte, sus necesidades. Es la clase media la que está en condiciones de volver sustentable un régimen democrático, con verdadera vigencia de las libertades individuales.

Frente al temor ¿quién lidera el pensamiento liberal?

La explicitación de la crisis hacia principios de los sesenta, evidencia la debilidad de la matriz asociativa liberal. La sociedad se corporativiza en lugar de nacionalizarse (se sobrepone la lógica sindical y estudiantil a la ciudadana, la lógica de clase a la de país). Una lógica de país, de nación, hubiera permitido afrontar y superar el trance a fondo y con otra velocidad. Los estudios de la CIDE (Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico), incorporaron una herramienta técnica, no corporativa, para abordar la crisis. Pero el proceso en curso carecía de un motor, de un liderazgo desde el pensamiento liberal que revalorizara la matriz y completara el modelo liberal asociativo.

Las repúblicas latinoamericanas se salvarán por el individualismo

Cuando hoy se oyen en América Latina voces y hasta definiciones contrarias a acuerdos comerciales con Estados Unidos, nos permitimos preguntar ¿Es posible negar las ventajas de la libertad en el comercio de los países, cuando ya desde hace décadas los propios ciudadanos, con su emigración hacia ese sistema, están marcando el rumbo para sus estados? ¿Por qué en lugar de exportar uruguayos, bolivianos, o argentinos hacia Estados Unidos, no exportamos productos hechos en sociedades que abracen de una vez por todas las oportunidades y ventajas de la libertad y que ese sistema sea generalizable a través del ALCA? Chile y México lo están diciendo a gritos.

Juan Bautista Alberdi también, aunque desde hace más de 120 años. Al respecto es relevante la distinción que realiza entre la sociedad norteamericana y la latina "(...) Otro fue el destino y condición de la sociedad que puebla la América del Norte. Esa sociedad, radicalmente diferente de la nuestra, debió al origen trasatlántico de sus habitantes sajones, la dirección y complexión de su régimen político de gobierno, en que la libertad de la patria tuvo por límite la libertad sagrada del individuo(...)". "La libertad en ambos pueblos sajones, no consistió en ser independiente del extranjero, sino en ser cada ciudadano independiente de su gobierno patrio(...)". "(...) A la libertad del individuo, que es la libertad por excelencia, debieron los pueblos del Norte la opulencia que los distingue.

¿Por dónde salimos?

El análisis que venimos realizando, da cuenta de un país que no ha terminado de instalar su proyecto liberal. El carácter asociativo se ve frustrado por la filosofía confrontativa, la lógica ciudadana se ve enervada por la corporativista, el individuo está eclipsado por los tótem uruguayos (el Estado, los monopolios, entre otros). Una suerte de cultura acreedora nos hace creer que tenemos derecho a la satisfacción de nuestras necesidades, sin importar los intereses que se agreden para su financiación, incluidos los de nuestros propios hijos y nietos.

¿Estamos llegando a un momento en que la esencia liberal del Uruguay, debe definir su proyecto hacia delante, en que la libertad y sus oportunidades deben ser el motor histórico que complete a este país?

Se nos preguntará ¿por qué? y también se nos preguntará ¿cómo? ¿por dónde?

Las ventajas de la libertad

Reflexionar sobre un individuo de bienestar, requiere de miradas sobre otras sociedades y los modos en que las mismas se constituyeron. "¿Por qué los norteamericanos desean cambiar la igualdad económica por la igualdad individual, tolerando diferencias de ingresos que en Europa parecen injustas e incluso obscenas?", se pregunta Charles Handy en "Tocqueville revisitado – El significado de la prosperidad americana" .

He aquí una pista para valorar la cultura de las oportunidades y no de la igualdad como sustento real del camino hacia la felicidad. Handy cita al australiano Robert Hughes, quien atribuye a los valores puritanos la forma de vida en ese país. Hughes, según Handy, sostiene que "los valores puritanos contagian a la mayor parte de los norteamericanos contemporáneos. Implantaron la ética del trabajo, al igual que la primacía tenaz de la religión...". Asimismo hace mención de la creación de la "novedad" frente al "status quo" de los ibéricos, de la valoración y exaltación de la riqueza y de ganarla más que heredarla. Charles Handy agrega más preguntas "¿Por qué, por ejemplo, la predicción de Marx de que el capitalismo llevaría inevitablemente al socialismo no fue real en Estados Unidos?". El mismo Handy responde "En elecciones presidenciales, el Partido Socialista norteamericano nunca ha recibido más de 6% de los votos".

En el mismo sentido se expresan Robert W. Hodge y Steven Lagerfeld en "La política de la oportunidad", cuando afirman que "los pobres rara vez han pretendido lograr el éxito a través de la lucha de clases (por ejemplo, mediante la formación de un "partido de trabajadores" y que " A lo largo de la historia, los votantes estadounidenses han buscado por lo general una combinación de prosperidad nacional más oportunidades individuales, no una intensificación de los conflictos de clase o una redistribución general de la riqueza".

Estos autores describen lo que Werner Sombart encontró como "más importante de todo en la sique proletaria estadounidense" y que describió como "la oportunidad de escapar hacia la libertad". Hodge y Lagerfeld, quienes mencionan el carácter de economista de "tendencia izquierdista" de Sombart, recuerdan su conclusión respecto a que "había algo de verdad en las leyendas sobre el salto a la riqueza que él había escuchado por todas partes en los EUA durante una estancia en 1904: un número nada insignificante de trabajadores comunes asciende los peldaños de la jerarquía capitalista y llega a la cima, o casi a ella".

La política de la oportunidad

El desafío para el futuro es impulsar la revolución liberal, a través de la reivindicación que realicemos los individuos de usar y gozar plenamente nuestra libertad para alcanzar la felicidad, la realización personal. No sólo la libertad individual, civil, religiosa y política, sino también la comercial, la de poder elegir en qué colegio y con qué docentes educar a nuestros hijos -educar para la libertad y libertad para educar, como sostuvo Guillermo de Humboldt- en qué hospital atender nuestra salud, elegir los proveedores de servicios, programar el retiro. Ser verdaderos dueños de nuestras vidas y destinos. Para ello la política de la oportunidad debe ser realidad.

En Uruguay en particular, es ineludible multiplicar y diversificar su relacionamiento internacional -con una clara determinación y prédica a favor del ALCA- abatir los monopolios subsistentes, apostar al mercado secundario para la democratización de los activos públicos empresariales, reconstruir la matriz educativa nacional sobre los contenidos y principios que emanan de las denominadas "Instrucciones del año XIII", promover la creación de Alcaldías, electivas y honorarias, en particular en la capital Montevideo, modificar los supuestos soberanos de la actual ley de la Universidad de la República de modo que sus autoridades resulten electas directamente por docentes, estudiantes y egresados, liberar la matriz energética hacia las diversas fuentes generadoras, abrir el sistema previsional hacia la libertad del individuo para definir su retiro y abatir la carga tributaria sobre las familias para que en Uruguay –en lugar de Estado rico con ciudadanos pobres- haya individuos prósperos con un Estado eficaz.

* Periodista. Abogado. Director de La Libertad

Fuente: Relial

Los progres humanistas y la guerra

Por José Brechner

Cuando los sociólogos ven a un individuo bien vestido, golpeado, herido y sangrante, tirado en la calle después de haber sido asaltado, se detienen a observarlo, se preguntan ¿qué hizo para que lo agredieran?, culpan a la sociedad por no preocuparse debidamente por los delincuentes y se retiran a tomar un café dejando a la víctima en el suelo.

Los sociólogos están entre los estereotipos más sobresalientes de la progresía oscurantista. Tal Nitzan, una investigadora de la Universidad Hebrea de Jerusalén, llevó a cabo una investigación por la cual llegó a la conclusión de que los soldados israelíes son racistas ya que no violan a las mujeres palestinas. La investigación fue premiada con una condecoración por la Unión Sociológica Israelí.

Estos profesionales no tienen en su diccionario la palabra Moralidad. Los soldados judíos, desde tiempos bíblicos, nunca violaron mujeres después de ganar una batalla. Caso único en la historia, como casi todo lo que atañe al pueblo judío.

Según los bondadosos sociólogos, que en su mayoría son intolerantes fanáticos izquierdistas, como toda la progresía dominante que propone la decadencia universal, el violador es un buen tipo, de igual forma que los terroristas, y el resto de la venerada basura social de esta primera etapa del Siglo XXI. Will Smith dijo hace poco, resumidamente, que Hitler era un hombre bueno. Tal vez era tan bueno como los negreros que trajeron a sus antepasados de esclavos al Nuevo Mundo.

La chueca mentalidad humanista quiere revertir el orden moral, haciendo que los malos sean los buenos y los buenos sean los malos. Como los vicios se expanden más rápidamente que las virtudes, están triunfando en sus afanes destructivos.

Donde los izquierdistas-humanistas resaltan por su necedad, es en su falta de entendimiento de la guerra y la amenaza yihadista. El mundo está como un individuo en un callejón sin salida, amenazado con una pistola por un conocido asesino, pero como la víctima se supone más racional que el criminal, se pregunta ¿por qué lo apunta?, en vez de defenderse antes de que el delincuente apriete el gatillo.

Los instintos guerreros de las sociedades originarias como los árabes, están más a flor de piel que los de las evolucionadas. El individuo primitivo vive más cerca del salvajismo que de la civilización. No se puede lograr un entendimiento racional con él, de igual forma que no se puede dialogar con el sociópata que apunta con la pistola.

La historia de la humanidad es la historia de la guerra. Es raro o inexistente el caso de algún estado que no haya sufrido alguna confrontación bélica. Los ejércitos son los primeros en ser creados cuando se forma una nación. En realidad, la mayoría de los estados tuvieron primero soldados y después un gobierno.

La guerra es una de las constantes de la historia y no ha disminuido con la civilización o la democracia, pese a que nunca hubo guerra entre dos democracias liberales modernas. En los aproximadamente 3.500 años de historia escrita, menos de 300 transcurrieron sin guerra. “Polemos pater panton” dijo Heráclito; la guerra -o la competencia- es la madre de todas las cosas, la poderosa fuente de ideas, invenciones, instituciones y estados. La paz es un equilibrio inestable, que puede ser preservada únicamente por la reconocida supremacía o el igual poder.

El error que cometen los políticos, en busca del aplauso fácil, es actuar como ciudadanos y no como estadistas. El ciudadano se somete a las limitaciones que le imponen la moral y las leyes, y accede a reemplazar el combate con la conferencia, porque el estado le garantiza protección básica para su vida, sus bienes y derechos legales. El propio estado no reconoce limitaciones sustanciales, bien porque se siente lo bastante fuerte para desafiar cualquier injerencia en su voluntad, bien porque no existe un superestado que le ofrezca protección básica ni un derecho internacional o un código moral que tengan fuerza efectiva.

Occidente está en guerra. Creer que el enemigo musulmán está dispuesto a la concertación es mentirse. No existe ningún argumento que pueda acabar con la convicción que tienen los fundamentalistas, de estar designados a someter al mundo por mandato divino.