08 junio 2008

Los ofendidos musulmanes

Por José Brechner

Occidente actúa irracionalmente en relación al fascismo islamista, cometiendo el mortal error de considerar el conflicto en el Medio Oriente como un asunto político, en vez de religioso, y consecuentemente trata de corregirlo con el diálogo y la diplomacia.

No hay nada que tratar civilizada y pacíficamente con los fundamentalistas, porque en su pensamiento teocrático, no existe nada negociable ni que pueda ser modificado. La ley en los países musulmanes es el Corán, que está por encima de todo reglamento civil, y el Corán no puede ser alterado. Ni siquiera puede ser cuestionado. Quien lo intente está sujeto a la pena de muerte. El Corán y el Islam radical, no tienen puntos de convergencia con la democracia, que establece leyes civiles basadas en la lógica humana, y en esencia son incompatibles.

Teocracia y Democracia son conceptos antagónicos. La teocracia es absolutismo, mientras que la democracia es libertad. El problema Palestino, Iraquí, Iraní, Libanés, tiene su origen en un fervor religioso llevado al límite por los islamistas radicales, cuya razón de existir es convertir o someter al mundo bajo sus ideas teológicas.

El problema religioso se transforma en político, porque los causantes del conflicto son clérigos en el poder, que dominan a sus súbditos con la indiscutible fe. Si la religión y el estado estuviesen separados, el asunto podría ser político, pero siendo los desquiciados imanes los que imponen las reglas, el tema no puede ser tratado políticamente, ni negociado en la ONU. La única forma de hacer frente al fanatismo, es con la fuerza. Tratar de negociar con los terroristas, es como intentar sentarse a tomar el té con los hooligans, en medio de un partido por el final de la copa.

Cuando se reúne el Parlamento Europeo --igual que la ONU-- critica o condena a los defensores de la libertad, y complace a los extremistas. En Inglaterra el miedo a los árabes está haciendo que los medios eviten referirse al Holocausto porque “ofende” a los mahometanos. ¿Y en qué les ofende? ¿En que hubo gobiernos árabes que se aliaron a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial? ¿En que Israel logró en apenas 60 años, más progreso y mejor nivel de vida que cualquiera de los países árabes, sin tener su petróleo, ni sus extensos territorios, ni su numerosa población? ¿O tal vez les ofende que los judíos aportaron al mundo más inventos, descubrimientos, avances tecnológicos, científicos, culturales y premios Nobel, en los últimos 60 años, que los musulmanes en toda su existencia? ¿Les ofende que Israel pese a vivir acosada por los ejércitos árabes, los ataques suicidas y los cohetes de Jizbalá y Hamás, y teniendo que invertir sumas siderales de su presupuesto nacional en defensa, sea el país más avanzado de la región? ¿Les ofende que Israel sea la única democracia del Medio Oriente, y la única nación que en algo más de medio siglo, partiendo de la nada, con un territorio desértico de apenas 20.000 kilómetros cuadrados, forma hoy parte del primer mundo? A los acomplejados levantinos les ofende saberse incapaces de lograr lo mismo, teniendo todo el dinero del mundo a su disposición.

¿Qué tiene que ver el Islam con el Holocausto? Absolutamente nada, pero negar el Holocausto sirve para negar que los judíos fueron atormentados, y sufrieron los vejámenes más horripilantes cometidos jamás contra pueblo alguno. Además favorece a los musulmanes en su campaña de demonización de Israel, falseando la realidad, mostrando a los judíos como invasores y opresores, cuando los únicos invasores son los árabes palestinos, que usurparon la milenaria tierra sagrada judía y ahora la reclaman como propia.

¿Y por qué se están rindiendo los ingleses a los árabes, proponiendo, como hizo el Arzobispo de Canterbury, que en ciertos lugares del Reino Unido se aplique la Sharia? ¿Se puede agregar, por qué hay europeos que quieren tranzar con los asesinos islamistas, igual que algunos norteamericanos, encabezados por el mediocre, hipócrita, y siempre desacertado Jimmy Carter? La respuesta es simple: por cobardes, antisemitas y acomodaticios. Pero congraciarse, o mostrar simpatía por los musulmanes extremistas, no los librará de ser sus víctimas.

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