08 junio 2008

Que se haga justicia

Delfina Acosta

Como que dos más dos es igual a cuatro, los sentimientos lastimados buscan la reparación del mal. Nos duele que alguien comenta contra nuestra persona un acto injusto. ¿No es así? Y qué bien nos sentimos cuando rápidamente la justicia limpia las escaras de nuestro pellejo.

La manipulación grosera de la justicia paraguaya ha convertido en canallas, villanos y perseguidos por la ley a quienes alzaban su voz de denuncia contra un fraude o un suceso deshonesto. Hasta tal punto se invirtieron las cosas en nuestro país.

El abogado Víctor Arturo Bobadilla, así como representantes de colegios de abogados de distintos puntos del país, han solicitado a Miguel Abdón Saguier, presidente del Congreso, la destitución de los ministros de la Corte Suprema de Justicia. En consecuencia, los ocho ministros de la Corte deben presentar –más que pronto– la renuncia a sus respectivos cargos.

Deben renunciar por ética, por lo que tienen de cara, por una libra de vergüenza, por un cacho de rubor. Tienen que abandonar sus puestos por faltar a sus juramentos, por ofender a la Patria, por defraudar reiteradamente a la sociedad paraguaya. La justicia en el Paraguay tendría que ser ajusticiada por el mismo pueblo. No solo ha sido ineficiente e inepta, sino que no supo responder a lo que dictan las leyes por obrar sin libertad e independencia, y por prestarse, públicamente, a los intereses de los gobernantes mafiosos.

Yo, ciudadana como usted, deseo que todos aquellos que han manipulado la justicia con grosería pidan –públicamente– perdón por sus actos y sean juzgados por los abogados de la plebe. El sentido de la justicia suele ser una constante en los juegos de los niños. Ante un abuso evidente, alguien del grupo alza la voz, exigiendo una aleccionadora sanción o reprimenda contra el abusador. Los chicos, cuando riñen entre ellos, y no saben ya cómo apaciguar las aguas levantadas dentro de un “estado de anarquía”, van con prisa al gabinete del padre a explicar (con las mejillas encendidas) los hechos y las circunstancias del desacuerdo. Exigen justicia. Y se hace, de hecho, justicia.

En la mente de los niños está muy claro que cualquier abuso debe ser denunciado a los adultos para que se imponga el orden y las cosas vuelvan a su lugar. Pues bien, los paraguayos nos hemos visto desde hace mucho tiempo atropellados en nuestros derechos más elementales. Fuimos testigos de que la Corte Suprema de Justicia estuvo –siempre– sujeta a los intereses de Nicanor Duarte Frutos y otros mandamases del partido Colorado. Un país con hombres que no tienen la voluntad de impartir una justicia sana e independiente, no lo merecemos. Hay que limpiar el Paraguay de todo cuanto pueda peligrar su futuro. Las personas que han sustentado la impunidad tienen que desaparecer del escenario paraguayo.

“Blanca Ovelar debe ser procesada por hechos de corrupción –en la provisión de la merienda escolar– que se registró bajo su administración en el MEC, según el ex ministro de Emergencia, Arístides González”, puede leerse en la página 8 del diario ABC. Pues bien, que la justicia se expida ya sobre el caso. Hay muchos personajes siniestros dentro del coloradismo, que se han alzado con fortunas mediante mecanismos deshonrosos.

Que se los juzgue.

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