08 junio 2008

La evidente complicidad entre desidia oficial e inseguridad

Por Alberto Baumeister Toledo

Me voy a referir hoy a algo que resulta imposible o inimaginable creerlo, salvo que estemos viviendo en la insólita Venezuela y bajo el perverso gobierno que dice guía los rumbos del país y ha demostrado la mas absoluta incapacidad para hacerlo siquiera medianamente bien, no obstante contar con los mas grandes recursos económicos en la historia de Venezuela.

Desde ya hace meses vienen acaeciendo en la ciudad de Caracas hechos y denunciándose públicamente atrocidades delictuales que toman forma recurrente, planificada, y repetida, de modo tal que ello ocurre así, en tanto el hampa común segura está que la lenidad de la autoridad en nada obstaculizará sus desmanes, o que ella forma parte veladamente de las mismas organizaciones que preparan y ejecutan dichos actos.

Se habla en el día a día de la prensa, no precisamente mediática ni desestabilizadora que hay zonas, lugares y procedimientos hamponiles que ocurren a la luz del día, repetitivamente y cada vez con mayor incremento en zonas tales como los túneles de la autopista a La Guaira, la zona de la autopista frente a San Agustín, Cota Mil, etc. Ya es tal el desmadre y desorganización policial, que no hay miramientos en cuanto a las horas en que suceden los hechos, al contrario, pareciera mejor que los mismos se acometan a la luz del día, en pleno despelote del tráfico infernal que ahora nos agobia también por la insensatez y desidia de la autoridad, pues con ello se facilitan la escapada y ocultamiento de los delincuentes.

No puede caber en ninguna cabeza humana que a pesar de conocerse el lugar y técnicas con las cuales se realizan tales hechos delictivos la autoridad no tome medidas de especie alguna para proteger a la ciudadanía y reencauzar el orden público. Por el contrario, se puede predecir sin posibilidad de errores, que tales hechos incrementaran en volumen y técnicas, con la seguridad de que nadie los impedirá.

Añádase a todo lo dicho que el sistema de atraco, secuestro, o vandalismo en el pobre y abandonado Estado Vargas, ocurre con motivo y en atencion a la presunción de que las víctimas, turistas o recién reingresados al país, por el Puerto y Aeropuerto Principales de Venezuela, vienen con dinero y mercancías suficientes para abastecer el apetito de los delincuentes.

Como es de esperar, las víctimas, turistas a visitantes, al fin y al cabo, ajenos a que en este país los nacionales ya estemos acostumbrados y somos tolerantes con las fechorías de gobierno y delincuentes, ni pueden entender ni lograr asimilar estas aventuras y simplemente abandonan Venezuela como destino turístico y así lo trasmiten a sus con-nacionales o viajeros frecuentes que conozcan.

Venezuela tiene una desgracia de gobierno, pero mayor desgracia aún tiene el Estado Vargas, al cual, “Don Regalón” definitivamente le tiene hecha la cruz. Si nada quiso saber de esos venezolanos con el deslave que le empavó su ascensión al trono, menos querrá saber que el hampa ahora los vapulee y haga suya esa tierra como guarida.

No puedo concebir como las autoridades policiales, llámense Policía Metropolitana, Policía Nacional, Estadales, Municipales, Cuerpos Científicos de Investigación o Policías Políticas represivas, no puedan siquiera atisbar a copiar el protocolo con los cuales actúa eficientemente el hampa, para a su vez lograr mayor efectividad en la prevención de los delitos.

Si las cosas, evidentemente ocurren en el mismo lugar, a horarios casi matemáticos y con protocolos repetitivos en la ejecución de las acciones delictivas, en igual forma debe cumplirse la acción policial con la casi absoluta seguridad de que eficientemente serán repelidos los delitos y anti-conductas. No hay que ser genio para seguir tan simples fórmulas.

Pero si todo ocurre como si nada pasara, y por el contrario el accionar de los delincuentes se incrementa y se arropan con ellos las fechorías tenemos el derecho a pensar que las autoridades son conniventes en esas conductas delictuales o que tienen claras instrucciones de dejar hacer y dejar pasar las cosas como si nada ocurriera. Lo último es aberrante, pero ya hemos visto procedimientos similares de Don Regalón con ocasión de asuntos tanto o más delicados que lo de los atropellos del hampa.

Para la próxima les tengo muy buenos cuentos de las notas estructuradas, investigaciones dispuestas sobre los comerciantes de dólares, etc.

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