14 abril 2008

Bondades, deficiencias y perversiones del curriculum "bolivariano"

Por Leonardo Carvajal

Al César lo que es del César, pero…

Quiero comenzar asentando que los cambios curriculares en los países se deben realizar periódicamente, en función de los avances científicos, la renovación en las teorías pedagógicas y las transformaciones de la filosofía política que pueda experimentar una sociedad. Porque un programa de estudios es la amalgama de los tres elementos anteriores. Y a quien le toca promover, coordinar y promulgar esos cambios es al Estado, en nuestro caso al Ministerio de Educación. Porque resultaría impensable una sociedad donde en cada centro educativo cada quien enseñase lo que se le ocurriera. Allí sería Babel.

Ahora bien, los ministerios de educación pueden conducir este tipo de procesos de una manera verticalista o participativa; se pueden encerrar en sí mismos o consultar abundantemente, no sólo a los expertos que tiene la sociedad sino a los docentes que deberán ejecutar los cambios por realizar y a los padres y representantes que tienen derecho a enterarse qué le van a enseñar a sus hijos. De tal manera que en nuestra democracia participativa la atribución del Gobierno Nacional de promulgar cambios curriculares debe estar precedida por un serio proceso de consulta a los docentes y ciudadanos. Si no fuese así, a cada quien le cabe invocar aquello de: “Al César lo que es del César y a mi conciencia lo que es de mi conciencia”.

Tres enfoques errados

Lamentablemente, el Presidente de la República asumió directa ingerencia en este tema y lo marcó en forma negativa desde tres ángulos. Inicialmente, desde mediados del 2007, reiteró públicamente muchas veces que el cambio curricular en puertas debería hacerse para “ideologizar” la educación, plasmando en ella su pensamiento político. Además de ello, una vez en la calle el texto de la reforma curricular, en abierta negación de la historia, el Presidente se atrevió a afirmar que “ahora estamos reimpulsando este diseño curricular, porque antes ni siquiera había un currículum, ni seguimiento, ni objetivos, ni metas y mucho menos motivación en lo que a la educación se refiere”.(1) Esta boutade desconoce que el de ahora sería el octavo modelo curricular que tendríamos en Venezuela a partir de los primeros programas de estudio que mandó a elaborar José Gil Fortoul, Ministro de Instrucción, en 1913. De allí en adelante se produjeron reformas y transformaciones curriculares en los años veinte, cuarenta, sesenta, setenta, ochenta y, la última vez, entre 1996 y 1997.

Finalmente, el Presidente y su hermano Ministro de Educación, han reiterado hasta la saciedad, de manera maniquea, que el sistema educativo y los anteriores programas exaltaban los valores del individualismo y consumismo capitalista, mientras que a partir de ahora el nuevo currículum se centraría en la solidaridad socialista, para formar un hombre nuevo.(2) Tal juicio negativo sobre el pasado no lo prueban y no se toman la molestia de comparar, por ejemplo, el artículo 3 de la aún vigente Ley Orgánica de Educación, de 1980, en la cual se establece que una de las finalidades fundamentales de la educación es promover a un ser humano “capaz de participar activa, consciente y solidariamente en los procesos de transformación social”, con el enfoque asumido por la Constitución de 1999, en su artículo 102, donde se indica también que el ser humano se debe formar para su “participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social”. De manera que, doctrinariamente, lo que existe es una mera continuidad y no ruptura de paradigma alguno.

Yo no soy maniqueo

Los documentos gubernamentales de reforma curricular tienen muchas deficiencias, técnicamente hablando. Son más listas de contenidos que estructuras pedagógicamente organizadas y secuenciadas; muchos de esos contenidos, además de estar juntos, están “revueltos”; en algunos casos se reiteran excesivamente los mismos contenidos grado a grado y año a año; en otros, más bien faltan eslabones en la cadena de contenidos; brillan por su ausencia sugerencias didácticas para los docentes y pautas de apoyo para su rol de evaluadores. Para muestra un botón: el programa vigente para el sexto grado consta de doscientas páginas en las que el maestro puede orientarse y apoyarse, incluyendo bibliografías específicas para cada una de las áreas de aprendizaje; en cambio, el proyecto curricular en discusión apenas tiene diez páginas. Etimológicamente hablando, es un currículum escuálido que prestaría muy escasa orientación al maestro.

Pero yo no soy maniqueo. Advierto varias bondades del currículum en discusión. Enumero, en primer lugar, las que expresan continuidad con el modelo vigente desde la reforma curricular de 1996: el acento social que presenta; la insistencia en el método de los proyectos pedagógicos; también insisten en el enfoque de la evaluación cuali-cuantitativa.


Además de ello, el currículum en discusión tiene varias novedades que juzgo positivamente. Por ejemplo, en el área de los contenidos especificaré tres: desde el primer grado en adelante, los niños deben familiarizarse con las técnicas de la informática y adentrarse progresivamente en los códigos culturales de los medios de comunicación; se introducen, en la primaria, breves aprendizajes de algunas palabras y frases de nuestras etnias en el área de lenguaje; se inicia el aprendizaje del idioma inglés, que hasta ahora comenzaba en séptimo grado, desde el cuarto grado. También apoyo la división de los niveles educativos que se plantea, a saber, educación inicial, primaria y secundaria, aunque advierto que no pueden ser implantados antes de promulgar otra Ley Orgánica de Educación. Igualmente, apoyo la transformación conceptual y de nomenclatura de las especialidades del bachillerato: la modificación de las tradicionales “ciencias y humanidades” por las nuevas “ciencias naturales y ciencias sociales”.

La ideología chavista en el currículum

Yo sostengo que este Gobierno no solamente tiene un proyecto político, sino también una ideología. Esa ideología, su particular interpretación de la historia, de la dinámica social y del futuro deseable, la elabora y segrega no un colectivo, sino un individuo. No digo, ni mucho menos, que ella constituya un producto teóricamente sólido. Lo que digo es que Hugo Chávez la construyó combinando, a su guisa, los siguientes elementos: el caudillismo; el militarismo; una historia de Venezuela mutilada e interpretada pro domo sua en una matriz idealista; una interpretación personalísima de la doctrina de Simón Bolívar; una sui generis exégesis de algunos textos de Marx y Gramsci; una herética y superficial reinterpretación de la doctrina de Cristo; un exagerado culto a la herencia indígena y “afrodescendiente”; finalmente, el aporte de múltiples ocurrencias retóricas y fácticas, frutos de la revuelta matriz ideológica acá apenas perfilada, a saber, el ALBA, el desarrollo endógeno a la Chávez, los fundos zamoranos, el árbol de las tres raíces, las misiones, los consejos comunales; los gallineros verticales, los batallones, los cinco motores, las tres erres, y no pare usted de contar…

Pues bien, afirmo que la ideología chavista está presente a lo largo y ancho del proyecto curricular. Iré ejemplificando cada uno de sus rasgos señalados. La visión militarista de la historia y de la sociedad aparece con muchísima fuerza en el área de “ciencias sociales y ciudadanía” del tercero, cuarto y quinto año de bachillerato, llegándose al extremo de que en cuarto año, de 14 contenidos de tal área, 10 contienen y exaltan valores y criterios militaristas, algunos de ellos tan peligrosos como la tesis del “espacio vital”, (3) invocada en su tiempo por el régimen nazi como justificación de su expansionismo bélico sobre Europa.

En cuanto a las interpretaciones de nuestra historia, se insiste en el curriculum reiterativamente en los tres grandes momentos que el Presidente Chávez constantemente exalta: la Guerra de Independencia, la Guerra Federal y su propio período gubernamental. Los personajes de los que él denigra, como Páez, aparecen muy poco y en forma negativa. De manera tendenciosa se alude al “golpe de estado de 1945”, pero no se dice, en el programa de cuarto año de bachillerato, nada sobre el golpe de estado que los militares le dieron, en noviembre de 1948, al maestro Rómulo Gallegos. (4) Tampoco se menciona el período perezjimenista y mucho menos lo que ocurrió el 23 de Enero de 1958. Es una historia chavista que no tiene nada que ver con la ciencia histórica. Es una historia que insiste en las obsesiones del presidente y omite períodos y personajes a los que éste tiene fobias.

La historia que se presenta no sigue el patrón analítico marxista, sino más bien el idealista, pues para el Presidente la historia se mueve a punta de impulsos y gestos de unos pocos grandes hombres, léase Bolívar, Zamora… y él mismo. No hay alocución presidencial en la que Bolívar no aparezca. Y en este currículum, Bolívar está no solamente en la historia sino incluso en el área de “lenguaje, comunicación y cultura”.

También aparecen con trazos chavistas los temas referidos al indigenismo y a los aportes de las culturas africanas. Yo apoyo el que se reivindiquen esas raíces de nuestro pasado, otrora tan vilipendiadas o ignoradas. Así, por ejemplo, respaldo que, en el tercer grado, entre treinta y nueve contenidos del área de “lenguaje, comunicación y cultura”, uno de ellos se refiera a la “Escritura y significación del saludo en idioma indígena y el uso de otras palabras cotidianas”, (5) lo cual, en similares proporciones, aparecerá en todos los grados. Ello expresa un sano nacionalismo. Pero lo que rechazo son operaciones de “racismo al revés” como las que se plantean en el programa de primer grado, al aludirse al “Desarrollo de conocimiento de aportes ancestrales, originarios y afrodescendientes que nos identifican como Nación (…)Valoración del Día Nacional de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afrodescendientes” (6). Porque se desconoce el aporte europeo en el proceso histórico de mestizaje biológico y cultural que hemos experimentado.

También resulta exagerado el empalago con lo indígena que se aprecia en el área de “educación física, deporte y recreación”, del primer año de bachillerato, pues allí se programa que los niños de todo el país aprendan deportes indígenas, tales como: “arco y flecha, natación libre, cerbatana, canotaje, lucha (wayuu y yekuana), lanzamiento de cardón, lanzamiento con piedra, lanzamiento con honda, fútbol de arena, pesca, entre otros”. (7)

En cuanto al marxismo interpretado o versionado por el chavismo, también ofrece el currículum varios ejemplos, en el nivel del bachillerato. Así, para el primer año se presenta el intrincado y capital tema de “El trabajo como fuente real del valor de un bien o servicio” ( ; para el segundo año se presenta “La propiedad colectiva como base de las relaciones de producción. Fundamentos legales” (9), contenido contrario a los valores constitucionales y que fue rechazado en el referéndum de Diciembre del 2007 por el pueblo venezolano. Y para cuarto año, increíblemente, con el tema “La literatura como testimonio de la historia. Retrato de la realidad” (10) se resucita la teoría del realismo literario y artístico socialista, propia de los totalitarismos soviético y maoísta.

Existe también un ejemplo, en el nivel de educación inicial que muestra una primitiva interpretación chavista de lo que son los valores del socialismo. Para el chavismo, la competitividad es un valor capitalista y no socialista. Por eso se atreven a plantear el juego de “metras para todos” con los siguientes criterios: “A cada niño y niña se le entrega la misma cantidad de metras; se coloca una caja para que el niño o la niña que vaya ganando las coloque allí. Al finalizar el juego, se le invitará a repartirlas en partes iguales”. (11) El chavismo venezolano no ha entendido que la competitividad en materia deportiva y de estudios en un régimen al que mucho admiran, como el cubano, es un principio fundamental de sana superación. Lo que este gobierno más bien ha venido practicando en el campo educativo es una intensa demagogia populista.

Finalmente, y de manera complementaria a todos los rasgos de la ideología chavista presentes en el proyecto curricular, se añade la presencia profusa de todas y cada una de las creaciones retóricas y fácticas de este Gobierno colocadas no como objeto para el estudio sistemático y comparativo de los distintos tipos de gobierno que hemos tenido en las últimas décadas, sino como los pretendidos elementos insustituibles del nuevo horizonte mental que se pretende regimentar para los venezolanos. Revísese el programa y se verá la danza continua de los fundos zamoranos, los concejos comunales, el Poder Popular, las misiones, el uso social del petróleo, el ALBA, la soberanía alimentaria, la nueva geometría del territorio, el trío Bolívar-Robinson-Zamora, la revolución bolivariana, la formación ética del nuevo republicano, la nueva doctrina humanista bolivariana…

La solución no es un referéndum, sino la participación

El presidente Chávez captó que el magisterio venezolano mayoritariamente rechaza un currículum con fuertes deficiencias técnicas y con evidentes sesgos ideológicos. Por eso pospuso su aplicación por un año y llamó, retadoramente, a un referéndum en el cual, según su deseo, se enfrentarían dos modelos curriculares. Frente a ello afirmo que el currículum de una nación no debe ser votado. Porque en el currículum se deben presentar contenidos científicos y valores constitucionales. Los saberes científicos no deben votarse porque sería absurdo que por ese mecanismo se decidiera si se enseña el conductismo o el psicoanálisis o unas u otras teorías con exclusión de las otras. En cuanto a los valores constitucionales, que son los únicos que debemos enseñar y no los propios de la ideología política de cualquier grupo que esté temporalmente en el gobierno, ellos ya fueron votados por el pueblo venezolano en los referendos de 1999 y 2007.

Más bien propongo que se establezca una comisión mixta de alto nivel en la cual los mejores técnicos del Ministerio de Educación trabajen con los mejores expertos de las academias científicas del país, de las universidades y pedagógicos, de los gremios magisteriales. Y que los productos curriculares que se elaborasen vayan siendo validados en el análisis que, a partir de enero del 2009, realicen de ellos las comunidades de docentes y padres y representantes de todos los centros educativos.

La ciencia y la conciencia

Pero si el Presidente Chávez, en su enfermizo afán permanente de dividir a los venezolanos en dos bandos irreconciliables, se valiese en el futuro de algún tipo de subterfugio para imponer de manera autoritaria un currículum fuertemente ideologizado, siempre nos quedará a los venezolanos, a los docentes, el derecho a invocar aquel axioma para la vida social que los venezolanos de la colonia esgrimieron frente a las Reales Cédulas de los monarcas españoles que los perjudicaban: “Se acata pero no se cumple”. Porque el maestro debe actuar con la convicción de que él es el responsable de lo que ocurra en su aula. Y el también es el único dueño de su conciencia, amparado en el artículo 61 de la Constitución Nacional que establece el derecho a la libertad de conciencia y a la objeción de conciencia. En definitiva, y a todo evento, frente a la ideología que algunos quieren imponer, debemos oponerle tanto la ciencia como la conciencia.

¿Y la calidad de la educación del pueblo?

Lo que más duele de este debate planteado en términos tan exageradamente ideológicos y políticos por el Gobierno Nacional, es que los gruesos fallos de la educación que se imparte al pueblo siguen siendo soslayados. El propósito de estos gobernantes es promover adhesiones ideológicas en los educandos, no transformar la práctica pedagógica en beneficio de una educación de consistente calidad para las grandes mayorías populares. Frente a tal desviación de enfoque debo recordar la admonición que, para 1965, formulase Arturo Uslar Pietri en alusión al currículum: “Habría que poner un gran énfasis, y sería una cosa preciosa, en que se le diera mayor importancia en la escuela a enseñar a vivir, a enseñar a actuar, a enseñar valores éticos, a enseñar libertad de conciencia y a enseñar a hablar y a escribir, antes que a tanta materia que pasa como una nube sobre la cabeza del niño y se borra después”. (12)

También el padre jesuita José María Vélaz, fundador de Fe y Alegría, lo asentó con fuerza, en coincidencia con Uslar Pietri: “No se preocupen de los programas ni pierdan el tiempo exigiendo cantidad de cosas inútiles que a sus muchachos no van a servirles para nada. Si leen bien y ponen sus manos en buenos libros, serán capaces de aprender siempre por sí mismos. Y si no les enseñan a leer bien, va a ser inútil que les exijan lo que viene en los programas”.

Notas

“Chávez dice que antes ni siquiera había un currículum ni objetivos”, diario El Nacional, Caracas, 06-03-2008, 1-4
Ministerio del Poder Popular para la Educación, Diseño Curricular del Sistema Educativo Bolivariano, Caracas, Septiembre de 2007, p.12
Ministerio del Poder Popular para la Educación, Liceos Bolivarianos, Caracas, Septiembre de 2007, pp.69-70
Ibidem, p.69
Ministerio del Poder Popular para la Educación, Educación Primaria Bolivariana, Caracas, Septiembre de 2007, pp.53-55
Ibidem, p.37
Ministerio del Poder Popular para la Educación, Liceos Bolivarianos, Caracas, Septiembre de 2007, p.37
Ibidem, p.35
Ibidem, p.48
Ibidem, p.63
Ministerio del Poder Popular para la Educación, Educación Inicial Bolivariana, Caracas, Septiembre de 2007, p.61
Arturo Uslar Pietri, Educar para Venezuela, Editorial Lisbona, Madrid, 1982, p.48
José María Vélaz, citado en documento de la Dirección Nacional de Escuelas de Fe y Alegría, utilizado en el Taller de Equipos Directivos Nuevos, 2005.

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