13 abril 2010

Razones para quedarme... o para irme

Por mucho que intento no hacer caso a las continuas ocurrencias del dictador (entendiendo por tal: "En la época moderna, persona que se arroga o recibe todos los poderes políticos extraordinarios y los ejerce sin limitación jurídica / Persona que abusa de su autoridad o trata con dureza a los demás", según el DRAE), no hay manera de que me sustraiga de ellas, porque son inmediatamente legisladas, judicializadas y ejecutadas con asombrosa diligencia por sus subalternos.

Al menos yo, cada día me siento más restringida en mis acciones y en mis expectativas de progreso personales, profesionales y económicas. Gracias a Dios, la impotencia frente a las arbitrariedades e injusticias, lejos de paralizarme, causa en mi el efecto contrario. Sin embargo, no es fácil derribar los ingentes límites que me rodean. Empiezo a sentirme asfixiada y hasta a lamentar haber tomado ciertas decisiones (enseñar Derecho en un país donde ahora rige una dictadura), o no tomar otras (marcharme del país), o apostar a la suerte (suponer que hallar una luz al final del túnel depende de un evento electoral completamente impredecible). Mi intuición me dice que en alguna parte hay un error.

Lo habrá, en todo caso, si el oficialismo obtiene la mayoría en la Asamblea Nacional ,o si en 2012 este gobierno no es relevado por otro distinto.

Cuando veo que el régimen está adoctrinando a niños, adolescentes y jóvenes en la ideología del odio y la exclusión, y con ellos se crean "Comandos de Guerrilla Comunicacional"; cuando veo que uniforman y arman a campesinos, obreros, desempleados, jubilados y hasta a indigentes y los concentran en contingentes "milicianos" y "reservistas"; cuando oigo al dictador impartir órdenes de "armar al pueblo" y sé que ese "pueblo armado" es uno del cual no formo parte y que, además, no sólo me desconoce como ciudadana, sino que me considera "el enemigo"; cuando tomo conciencia de que vivimos en un campo minado, donde la muerte nos pisa los talones, y es esa nuestra única certeza; cuando entiendo que no tiene sentido hacer planes para más allá de una semana, porque a diario hay un terremoto de resoluciones que nos deja colgando de la brocha; cuando me doy cuenta que casi siempre llegamos demasiado tarde o que casi nunca estamos donde deberíamos estar para impedir las violaciones de nuestros derechos; cuando descubro que quienes fungen de líderes y defensores de la democracia, están fingiendo hacer más de lo que hacen y menos de lo que todos esperamos, mientras el verdugo de la patria nos rebana en pedacitos y nos lanza al foso de los desahuciados (entendiendo por desahucio "quitar a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea", según el DRAE), recuerdo que mi intuición raramente se equivoca.

Entonces, ¿para que enseño algo que no existe más que en el papel?, ¿por qué no lío mis bártulos y me voy? Quizás porque cada una de aquellas situaciones es una razón suficiente para que albergue alguna esperanza de que mi pueblo despierte del letargo, se sacuda el hechizo y, aunque nada más sea con la última neurona sana que le quede, entienda que ese hombre, enajenado y perverso, que maldice, insulta y castiga a su capricho, le está haciendo más daño que bien al país; que con armas no se levanta un pueblo, más que para matar o morir; que con odio no se atan lazos de amistad, sino cadenas; que con miedo no se inspira respeto, sino desconfianza; que con dinero se compran intereses, pero nunca nobleza.

Quizás porque en las noches o en la madrugadas, cuando me voy a dormir, no dejo de pensar en el sacrificio de los hombres y mujeres que, a la misma hora en que escribo estas reflexiones y a la misma hora en que tú las lees, están en la oscuridad de un calabozo, solos y lejos de los suyos, sufriendo toda clase de necesidades, privados de su libertad por defender la nuestra, privados de sus derechos por cumplir con su deber.

Es esa minúscula, pero poderosa esperanza -que tanto dolor al fin valga la pena- la que todavía me mantiene dentro de estos linderos. Es la afirmación galleguiana acerca del llamado de la tierra la que resuena en mi cabeza todo el tiempo. Y debe de ser cierta, porque es la savia de esta amada tierra la sangre que corre por mis venas y son sus raíces el cordón umbilical del que jamás desearía desprenderme.

Si tuviese el talento creativo de Zapata, de Rayma, o de Edo, intentaría representar gráficamente la noción de esperanza.

4 comentarios :

  1. Compi: Dios escribe recto en rengloe
    nes torcidos y de un mal saca uno o varios bienes. Asi como la revolucion francesa rompio en Francia y el mundo occidental con las estrlucturas y resabios oscurantistas de la Edad Media y trajo el liberalismo (junto con los teoricos Ingleses), asi como de la horribe 2a. gerra mundial, Europa supero las continuas guerras que durante siglos mantuvieron entre si sus deversos estados y ahora trabaja unida haciendo un enorme bloque economico; asi como despues de los dolores de parto, las mujeres traemos un hijo al mundo, aso como depues de la gera federal Venezuela elimino las castas, y divisiones sociales rigidas permitiendo el ascenso social a numerosos grupos nacionales y extranjeros que con su esfuerzo pudieron logar lo que no podian en sus paises de origen, asi como, asi como.... asi como despues de la tormenta sale el sol... algo bueno quedara de este periodo convulso y de pesadilla

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  2. Liliana Fasciani M.4/14/2010 1:29 p. m.

    Estoy de acuerdo contigo, Compi. Pero si es más temprano que tarde, mucho mejor. Como dice alguien por ahí, se cansa uno...
    Gracias por tu comentario, amiga.

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  3. Norberto Mazza4/26/2010 7:14 p. m.

    Maga, me encanto lo que escribiste, pero en realidad me bajoneo el trasfondo que es tan real como tus lineas

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