25 junio 2007

Anakoko y el hombre del madero

Por José Alberto Medina Molero

A la memoria de José Luis Fernández Palacios, un verdadero héroe


Alguna vez escribiré con piedras,
midiendo cada una de mis frases...


Cuando emergió del agua, Anakoko vio que el cielo estaba morado como un hematoma de días, sintió que las piernas le pesaban menos, caminó en una playa dorada, con muchas y relumbrantes palmeras...
El hombre del madero le sonrió desde la orilla. Le acercó la mano, y lo llevó por un apacible sendero. Ya no tenía las huellas del látigo en la espalda, ni las marcas violáceas y sepias de las cadenas en el cuello, ni el carbonazo de la pólvora. Reconoció al hombre por la mirada, tan limpia como el agua que rodeaba los ostrales. Hacía tiempo que los franciscanos se lo habían mostrado, en esas pocas ocasiones de descanso Guaiquerí. Él había salvado a su hijo Macarapana cuando se lo llevaba, como un sanguinario cunaguaro, la fiebre. Anakoko, en agradecimiento, le prometió la más grande perla para adornarlo en el madero. Por meses buscó la perla y cuando topaba con una grande, la guardaba lejos de la codicia de los españoles. La escondía, pero nunca le pareció que ninguna de las siete que llevaba ocultas a la pata de un uvero de playa era digna del hombre del madero. En vano trató de convencerse de que había logrado pagar su promesa. Un mal día, de esos que no deberían pasar pero pasan, Anakoko vio cómo un indiecito joven, tan joven como su hijo, era golpeado con saña por el caporal. Por única vez desde que había sido reducido a la esclavitud más miserable, Anakoko se rebeló. Con fuerza le arrebató el cuerpo del joven al hiriente látigo que lo desollaba. Bastó eso para que el arcabuz tronara a sus espaldas, y sus restos fueran arrojados a la playa donde buceaba en busca de la joya blanca. Sus restos se hundieron con ligereza en las verdes aguas, una tumba de agua lo envolvió hasta nadar hacia la otra orilla. Cuentan que esa noche, siete hermosos luceros aparecieron sobre la playa. Muchos dicen que eran las perlas de Anakoko, que habían sido aceptadas...

21 junio 2007

Democracia y paz social

Discurso pronunciado por el Juez Baltasar Garzón en el marco del XXXVII Congreso Internacional de Conindustria 2007 "La empresa privada como actor del desarrollo", celebrado en Caracas en junio de 2007.

"Buenas tardes, muchas gracias por haberme invitado a estar hoy con todos ustedes, me quejo de Madrid porque hay atascos o trancas, como dicen aquí y ya no me acordaba de lo que era Caracas de la primera vez que estuve, que fue en 1991, el único avión que he perdido en mi vida y he tomado muchos, fue el que perdí aquí, pero gracias a los medios que nos habéis proporcionado hemos llegado a esta sala.

La miseria en el mundo ha alcanzado cuotas alarmantes, quizás el nivel más preocupante de la historia humana, más de diez millones de niños con menos de cinco años mueren de desnutrición, epidemias, contaminación de aguas, insalubridad, etc. Los ciento veintidós países del tercer mundo concentran el 85% de la población mundial, pero su participación en el comercio internacional sólo alcanza el 25%. Mil ochocientas millones de personas no pasan de tener un dólar al día de renta y el 1% de los habitantes más ricos generan tanto dinero como el 57% de las
personas más pobres de la tierra.

Algún dato más. Hay 850 millones de adultos analfabetos y 325 millones de niños en edad escolar que no tienen posibilidad alguna de frecuentar la escuela. Enfermedades curables, mataron en 2005 a 12 millones de personas, mientras tanto la rentabilidad de fondos propios de las 500 sociedades transnacionales más poderosas del mundo ha sido de un 15% anual desde el 2001 en Estados Unidos, 12% en Francia, y la tasa de autofinanciación asciende al 130% en Japón, 115% en Estados Unidos y 110% en Alemania.

El subdesarrollo económico actúa sobre los seres humanos como una especie de prisión, los encierra en una existencia sin esperanzas, sin derechos, aunque a la vez su única esperanza se encuentra en la justicia, si ésta asumiera su papel de luchar por la dignidad humana, buscando distinguir, como decía Popper, lo verdadero de lo falso. Y también si los gobiernos democráticos asumieran el papel que les corresponde en ese combate que se centra según las palabras de Octavio Paz, en luchar contra la corrupción, contra los monopolios, y favorecer la aparición o
vertebración de una clase media independiente del poder político.

La lucha constante en defensa de los derechos humanos es una necesidad, pero la necesidad en tiempos de paz y en tiempos de guerra debe comenzar por paliarse con pan, con vivienda estable, con salud y educación, en definitiva con dignidad, libertad y democracia, pero sin olvidos, porque como decía Bertol Brecht, una papeleta electoral no da de comer al hambriento.

Vivimos, como alguien ha dicho, los tiempos de la vergüenza, del terror, de la corrupción o de la guerra, del olvido, de la xenofobia, de las mordazas, de las mentiras, por eso generar un discurso sectario y excluyente para encadenar conciencias, sacralizar una tierra, reivindicar la exclusiva de la salvación, considerarse de esencia superior y heredero legítimo del patrimonio ajeno, o convertir en mesiánicas las empresas humanas, son algunas de las fuentes de la violencia que día a día atenazan a muchos pueblos y constituyen la peor solución de las posibles. La solución más factible, sin embargo, vendrá de la mano de la verdadera democracia, que dé vida a una sociedad firmemente cohesionada, con derechos y deberes definidos en justo equilibrio con las necesidades que aquella precisa en su conjunto, es decir debe de consagrarse el principio de la no impunidad y de la igualdad. Una ley para todos, sin que nadie, como decía el maestro Víctor Hugo, esté por encima de la misma, una ley democrática y justa que controle y limite el ejercicio del poder.

Es tiempo de que la razón de la fuerza sea sustituida por la fuerza de la razón y de que el derecho tome cuerpo y despliegue su acción para conseguir una sociedad más igualitaria, más justa. El empuje hacia una igualdad cada vez mayor entre los hombres es, como ya observó en el siglo XIX Alexis de Torqueville, irresistible. Cada superación de esta o aquella discriminación en función de la cual los hombres han sido divididos en superiores e inferiores, en dominadores y dominados, en ricos y pobres, en amos y esclavos, representa una etapa desde luego, como dice el filósofo Norberto Bobio, no necesaria pero por lo menos posible del proceso de incivilización, en el sentido de que el resultado debe ser la lucha clara y definitiva contra las tres fuentes principales de la desigualdad: la clase, la raza y el sexo.

De ahí que la gran lucha, el compromiso democrático venga de la mano de la justicia como base de las seguridades humanas, que aparece como uno de los grandes retos para la sociedad moderna. La credibilidad de un sistema radica en la existencia y realidad de los controles a los que se somete el poder, quien más poder tiene debe ser el más controlado ya que al administrarlo o al desplegar la acción legislativa, sus detentadores deben ser conscientes de que son meros usuarios del mismo, en tanto que el pueblo al que sirven es su titular y ante él deben responder.

La sociedad actual y la del futuro, si queremos que resulte fortalecida, necesita de líderes cuya marca sea la ética y la responsabilidad para hacer real aquella necesidad de seguridad física y jurídica, apoyada en los valores básicos del Estado de Derecho que la defiende de las agresiones autoritarias, sean éstas internas o externas y que la dotan de una fortaleza institucional indiscutible. La pregunta es que podemos hacer cada uno de nosotros por nuestros respectivos países y no qué nos pueden dar ellos a nosotros, qué necesitan los ciudadanos y no cómo se les amenaza o engañan.

Han sido necesarios miles de masacres, genocidios, crímenes contra la humanidad, ataques terroristas, guerras, represiones brutales sobre millones de personas, así como la configuración de la miseria en las más amplias zonas del mundo como forma de pobreza extrema, la presencia de violencia contra los más débiles, es decir, mujeres, niños, indígenas y ahora los desastres naturales para que por fin nuestras conciencias que tienden hacia una comodidad consumista, hayan despertado de su letargo y hayan comprendido que la acción es el único camino, sea donde fuere el lugar en el que se produzca el ataque, es universal el daño, universales las víctimas y universal debe ser la respuesta en los diferentes ámbitos, culturales, económicos, sociales, de la justicia.

Lentamente estamos pasando de una sensibilidad epidérmica a una sensibilidad de fondo, acorde con los graves momentos que estamos viviendo, tiempos en los que empieza a hacerse realidad el compromiso rebelde y democrático que reconstruirá el maltrecho edificio de la comunidad internacional, basado en la solidaridad y en la confianza entre los Estados.

En la defensa de los derechos humanos, todos debemos compartir el esfuerzo y desarrollar aquella parte del trabajo que nos corresponde, sin miedo y con enérgica decisión, porque ninguna sociedad se va a quebrantar por el hecho de que se aplique la ley y la justicia, como Cicerón hace miles de años dijera: Seamos esclavos de la ley, porque ella nos hará libres.

Por el contrario, en palabras de Montesquieu: Una injusticia hecha a uno solo es una amenaza para todos, o más próximamente Billy Brandt cuando decía: Admitir la primera injusticia es abrirle la puerta a todas las que le siguen.

Es por ello que una sociedad constituida sobre la justicia, sobre la exigencia de responsabilidad y sobre la erradicación de la impunidad es una sociedad más libre, más democrática, y por ende, más firme en sus valores y aspiraciones, que protegerá más adecuadamente a sus componentes, sin que para ello tengan que disminuir las conquistas que integran los baluartes básicos de nuestros pueblos y que son los que a través del diálogo, del respeto y de la aproximación política y cultural, hacen que día a día, construyamos el edificio común, en el que con todas las discrepancias que tenemos, nos integremos en un futuro de esperanza. En el desarrollo de esta nueva sociedad, en la que los conflictos globales, en especial las agresiones a la comunidad internacional o a las comunidades olvidadas son una realidad frente a los que nadie puede eludir su responsabilidad, los jueces debemos asumir un papel protagónico.

Los fenómenos del terrorismo, la delincuencia transnacional organizada, el narcotráfico, la inseguridad y delincuencia urbanas, la protección a las minorías, comunidades indígenas, la protección a las víctimas en general, el castigo firme y decidido de los comportamientos racistas y xenófobos, la persecución de la corrupción incluida la del propio sector judicial, la violación de los derechos fundamentales y entre los que ocupa un papel preponderante el respeto a la libertad de expresión y el derecho a recibir una información veraz, exigen jueves que asuman que sólo la función de ser la boca muda que aplica la ley, es algo que ya no está en las razonables actuaciones de los mismos. Los jueces debemos ser profesionales, dinámicos, científicamente preparados, responsables, de firmes convicciones democráticas, informados, y esencialmente independientes para de esa forma cumplir nuestro compromiso con la sociedad a la que servimos y a la cual debemos defender frente a aquellos poderes que se le enfrentan. Los jueces no somos meros medidores de normas en una democracia ni acólitos, ni podemos ser acólitos serviles del poder del equipo de turno. Los líderes políticos pasan, los pueblos permanecen y la justicia debe ser el reflejo democrático y valiente de los esfuerzos de esa sociedad por superar las mordazas con las que se le intenta sujetar o domesticar.

Ciertamente la libertad se siente amenazada en muchos lugares del mundo pero no tan sólo por la acción de las organizaciones mafiosas o terroristas o por dictadores inmorales o genocidas. Esto, diríamos, es lo normal. Sino también por aquellos que desde el poder imponen un estado de cosas que resultan difícilmente aceptables en una democracia. Los discursos de estos sectores están llenos de citas y referencias a la libertad, a la democracia, a la justicia y a los derechos humanos, al flagelo del terrorismo o a la lucha contra la corrupción, pero son utilizados en forma recurrente como una especie de cortina de humo que oculta una realidad más atroz, más real, en la que el significado auténtico de aquellos conceptos se pierde. Estos nuevos césares no quieren saber nada de la opinión de sus compatriotas cuando se oponen a sus criterios o decisiones, toman éstas parcial y arbitrariamente, prescindiendo del interés de aquellos o incluso en contra del mismo y al margen de la legalidad o con una legalidad adormecida por la inacción de aquellos que deberían exigir su respeto y cumplimiento. Para adornar sus posiciones los intolerantes distorsionan el lenguaje o manipulan la comprensión de los problemas, substituyéndolos por tópicos vacíos de contenido. Como dice John Berger: “¿Cuántos ciudadanos estadounidenses habrían dicho sí de haber sido consultados a la retirada del Acuerdo de Kyoto por parte de Estados Unidos, y si les hubieran consultado sobre la retirada de la administración norteamericana de la firma del Estatuto de Roma por el que se creó la Corte Penal Internacional? ó ¿cuántos ciudadanos españoles habrían votado a favor de una intervención militar en Irak si se les hubiera consultado? ó ¿cuántos ciudadanos venezolanos habrían votado por la desaparición del canal de Radio Caracas Televisión?”

Mientras tanto algunos líderes políticos siempre hablan en nombre del pueblo, incluso cuando el pueblo ha sido secuestrado en su soberanía y ha sido manipulado o engañado por decisiones como aquellas que tuvieron lugar en la denominada Cumbre de las Azores del 16 de marzo de 2003, fecha en la que se escenificó finalmente la invasión de Irak dando lugar o abriendo las puertas al infierno en el que más de 500 mil personas han perdido la vida. Pero el pueblo antes sumiso hoy debe de asumir su responsabilidad, la responsabilidad que le corresponde en esa fase tan delicada de la historia de la humanidad en la que vivimos, fase en la que el miedo debe dar paso a la responsabilidad y al compromiso. La historia de estos años es paradigmática. Esta época contradictoria pasará y quedará en el recuerdo como aquello en la que la fuerza de unos pocos se impuso a la voluntad de muchos, pero también como la que dio lugar al despertar de una nueva conciencia en la opinión pública, que como dice José Saramago, se ha convertido en una potencia con la cual el poder tiene que contar; una potencia que no puede ser lisa y llanamente silenciada.

La discrepancia en el respeto mutuo da vida a la verdadera democracia. La represión del otro porque sus opiniones no nos gusten, conduce a la oscuridad de los intolerantes. La grandeza de la democracia es confrontar tu criterio con el del otro con el debate y en su caso aprovecharlo para hacer estado, pero no anularlo obviando todos los controles o aprovechando el poder conferido. La participación de la sociedad civil, lejos de ser denostada debe de ser auspiciada y propiciada sin manipulación. Y ello exige un cambio en el modelo político de participación con mayor presencia en las decisiones que tomen las instituciones para poder distinguir, como decía Popper, en todas partes lo verdadero de lo falso. Y en esta labor de denuncia y participación activa de la sociedad civil, debemos mostrarnos atentos con la libertad vigilada o manipulada, que a veces se propone desde el poder o desde otros sectores adictos al mismo.

Algunos medios de comunicación se han convertido en una especie de brigada más del regimiento, en portavoz del mismo. Pero no sólo para aquellos aspectos que son políticamente oportunos. Es decir, se necesitan medios pacificados o sumisos y a críticos con el poder, pero también eliminar o silenciar a los adversos. Frente a esta realidad, sólo cabe poner en práctica el principio de la indignación activa exigiendo el derecho a recibir una información veraz, que junto con la libertad de expresión sea la medida y alcance de nuestros derechos. A veces me pregunto dónde estamos y hacia dónde vamos. Dudo que hoy día tengamos una idea general y clara en el mundo de cuál es el mundo inmediato a seguir, ni cuál vaya a serlo a medio plazo. Tan sólo vivimos, o nos hacen vivir, la inmediatez impuesta por los acontecimientos. Una especie de sucesión vertiginosa de escenas que no te dejan pensar ni valorar lo que sucede. Pero quizás la secuencia de los hechos no sea tan casual o deslavazada como parece. Quizás haya un motor alimentado por múltiples generadores sociales, políticos o económicos.

En nombre de la libertad, queridos amigos, se mata, se tortura, o se secuestra, o se invade un país, o se asumen como daños colaterales los miles o cientos de miles de víctimas que se pueden producir o se violan sistemáticamente los Derechos Humanos. Pero todo ello estará aturfado porque se trata de una lucha por la liberación, por la recuperación de la dignidad de un pueblo, por la liberación del pueblo de la oligarquía económica, o para sacar al pueblo de la pobreza. Si bien, y al final, lo único que se persigue es el control político y económico con métodos expeditivos y en base a una especie de orgullo desmedido del que habla Michelin Natiev, que se aproxima a una especie de poder sin límites por encima de cualquier control. La ausencia de límites al poder de la voluntad del líder, es altamente peligrosa para la democracia, la libertad y la paz. Y sobre todo, genera espacios sin derecho o zonas libres de Derechos Humanos.

Pues bien, y por lo que a mí corresponde, en momentos como estos, es más necesario que nunca hacer una invocación al Poder Judicial independiente. Necesitamos una Judicatura no sólo científicamente preparada, sino contaminada de sociedad, mezclada con la sociedad para que los jueces estén próximos a los problemas y los asuman como propios para resolverlos. El Juez es el último garante de los derechos ciudadanos. Y debe ser el primero en defenderlos con imparcialidad, independencia y responsabilidad. A veces me pregunto si los jueces comprendemos realmente el auténtico sentido del concepto justicia. Y si somos conscientes del gran poder que nos otorgan las respectivas constituciones y las leyes. Y sobre todo me preocupa el hecho de que haya jueces que no siempre hacen buen uso de ese poder, o peor aún, que desconocen el alcance de la responsabilidad que asumen por el hecho de ser jueces.

Soy de los que piensan que todavía existe un largo camino que recorrer para poder hablar de que los principios y Derechos Humanos básicos de los ciudadanos están realmente protegidos. Desgraciadamente, son muchos países. En muchos países el sistema judicial es siempre la hermana pobre o el capítulo más desatendido del Estado. Y el poder que ejercen los jueces no se corresponde con la autoridad ética que deberían tener para convencer en el ejercicio de ese poder a los ciudadanos. La justicia no se pide. Se exige. Ningún juez debería permitir que un ciudadano le diera las gracias por impartir justicia porque esto es un deber, una obligación legal y no un privilegio de castas, un país con un sistema jurídico garantista y un poder judicial sólido que lo desarrolle con imparcialidad e independencia, con firmeza democrática, hacen a ese país más libre, más solidario, más igualitario, más valiente y por supuesto más justo.

En el esquema del Estado que marcara Mostesquieu con la separación de poderes, el poder judicial ejercido por todos y cada uno de los jueces es el pilar más firme en el que se debe apoyar todo el armazón del estado de derecho, garantizar la independencia de los jueces desde adentro y desde afuera resulta básico para conseguir el ideal de justicia. El juez por su parte debe hacerse digno acreedor de su independencia y defenderla bajo los criterios de legalidad en el equilibrio institucional que le corresponde con los demás poderes.

La justicia, además de ser un valor y un principio, es un servicio público y los jueces somos servidores públicos, por ello el compromiso responsable con la sociedad es indiscutible e imprescindible, pero también debe dotársele de los instrumentos necesarios para hacerla realmente eficaz. Más allá de las meras y frías estadísticas hay que dotarle de alma, de sentimiento, de entrega y de vocación en la defensa de las víctimas que conduzcan a éstas del miedo a la esperanza y que contribuya a recuperar las bases morales que dan fuerza a un pueblo como fundamento de la sociedad democrática y que abrirán definitivamente las puertas a un futuro posible y diferente.

De nada vale tener un buen sistema judicial si no existen mecanismos adecuados para desarrollar esa labor o si impide o dificulta su desarrollo. La frustración que genera esa circunstancia propiciará el sentimiento de engaño e incumplimiento del contrato democrático entre los líderes políticos y representantes populares con los que soberanamente los eligieron. No debe olvidarse que el servicio público, incluida la labor institucional y política, es como su nombre lo indica, algo que se presta por y para el ciudadano y no en beneficio propio.

Urge, por muy evidente que sea abandonar el concepto clientelar y patria moralista de la política y de la función pública en beneficio de aquel sagrado principio. En la sociedad globalizada actual junto a los avances de la técnica y los nuevos mecanismos de comunicación y economías mundializadas ser ha desarrollado también un lado oscuro, impenetrable y opaco de esa globalización a través del crimen organizado, específicamente del terrorismo, narcotráfico, lavado de activos, corrupción y frente a ellos los jueces tienen una importantísima labor que hacer, no sólo en la persecución implacable de estos fenómenos sino también en la enseñanza a modo de prevención general que se combate se está realizando.

Los jueces no tiene por qué ser mártires o héroes en la aplicación del derecho, pero sí tienen que asumir riesgos y peligros y deben de hacerlo con decisión y valentía, por encima de cualesquiera intereses espúreos. Si un juez muestra miedo o coacción y actúa, está prevaricando y a partir de ahí no puede continuar ni un minuto ejerciendo ese poder. La justicia no sólo hay que aplicarla sino que también los ciudadanos deben percibir que sí aplica y su labor se engrandece cuando aquellos comprueban que el sistema judicial actúa con independencia y contra quien quebranta la ley, sea cual fuere el nivel de importancia del infractor y específicamente cuando son los propios miembros del poder judicial.

La credibilidad no se gana con el ingreso en la carrera judicial sino con el firme compromiso democrático de administrar justicia día a día y con la realización diaria de ese compromiso. Los jueces como los políticos deben constituir el espejo en que los ciudadanos se miren y se reconozcan, desgraciadamente con mucha frecuencia la imagen que hoy se ve de éstos en muchos países está muy distorsionada por diversos factores y no está a la altura de la misión que ambos deben desempeñar. Cuando los jueces o los sistemas judiciales son o están demasiado próximos al poder político, pierden la objetividad y el equilibrio que deben mantener a la hora de administrar justicia y pueden perder la perspectiva básica que la administración de justicia es un servicio público del que los ciudadanos disponen para la defensa de sus derechos básicos, precisamente frente a aquel poder cuando los desconozca.

Los jueces modernos, además de tener una remuneración justa, deben estar absolutamente comprometidos por la defensa de los derechos humanos, pero no como mera retórica para que quede dicho en un acto como éste sino día a día asumiendo el deber de defenderlos o abandonar el cargo. La del juez no debe ser una profesión cómoda sino ciertamente comprometida con aquellos que más necesitan esa protección, pero actuar con independencia e imparcialidad no significa olvidar el papel integrador que el poder judicial tiene junto con los demás poderes del Estado para afrontar los retos que sin duda cualquier país tiene que asumir en la defensa de sus conciudadanos.

Realmente, si no somos capaces de defender y conseguir que se desarrollen y respeten los derechos sociales de los ciudadanos y los de libre empresa e iniciativa, de poco nos vale hablar de defensa de los derechos fundamentales ni de avances de la democracia para los mismos. El combate de la pobreza, de las desigualdades sociales de la corrupción que impiden o dificultan esa dignidad básica de los ciudadanos, debe ser indeclinable y ocupar el primer renglón de las agendas de los gobernantes de un país, transigir con ello y favorecer a quienes anteponen el beneficio personal al de los ciudadanos convierte en inútiles los esfuerzos de cualquier gobierno. Hasta hace poco la relación entre el mundo empresarial y los derechos humanos era algo tangencial, pero hoy día todos estamos de acuerdo a que dada la importancia de las empresas como actores fundamentales en la vida económica y social de nuestras sociedades, no pueden ser ajenas a la construcción de un destino común, de ahí que Naciones Unidas haya dado forma a toda una normativa de derechos humanos que refleja la existencia de una clara conciencia de la responsabilidad social empresarial. Sólo se garantiza la gobernabilidad y el buen gobierno en una economía sana actuando sin fraude ni corrupción y con un adecuado nivel de respeto de los derechos humanos.

Lo que hoy planteamos con decisión es el nuevo paradigma de la empresa en el respeto a las estructuras mínimas internacionales de derechos humanos, las empresas no sólo no deben quebrantar esos estándares sino que deben renunciar a obtener cualquier ventaja o ganancia aprovechándose o cualquier violación de los derechos humanos, deben por tanto regular su funcionamiento interno y sus negociaciones con terceros en concordancia con aquellas normas y establecer mecanismos de monitoreo y buenas prácticas y estas normas o reglas deben regir por igual cualquiera que sea el sector público o privado del que se trate. De nuevo aquí los tribunales tienen un papel fundamental.

En conclusión y en función del nuevo rol y poder que el sector empresarial ha adquirido en un mundo económicamente globalizado en el que inciden directamente en el curso de los acontecimientos nacionales e internacionales y en la adopción de políticas públicas de los Estados con clara influencia en las condiciones de vida de las personas, también deben cumplir una serie de obligaciones que les fuercen a dar todo aquello que se necesita y en especial cuentas ante la comunidad.

La transparencia en la gestión se convierte en un elemento de producción más que va a ser controlado por una sociedad civil cada vez más informada y exigente, ser asociada como empresa a la violación de derechos humanos, aparte de las responsabilidades penales que pudieran derivarse, determinas su deslegitimación y su caída en relación con los ciudadanos y consumidores.

Insisto, el carácter universal de los derechos y el proceso de globalización económica, si se quiere que éste no sea insensible y desaforado, lo cual hoy día resulta inaceptable, implica que la empresa sea llamada a respetar todos y cada uno de los estándares internacionales de derechos humanos y en su área de influencia y en la praxis diaria. El bienestar y la libertad de todas las personas tienen el mismo valor y por tanto deben estar igualmente protegidos. Por lo demás, las sanciones por incumplimiento deben ser contundentes y exigibles a nivel nacional e internacional.

Hoy día la opción no puede ser sólo la de existencia de códigos de conducta o incluso la de adopción de una política corporativa sobre derechos humanos, sino que las empresas deben poner en marcha los mecanismos, metodologías y sistemas internos y externos de evaluación precisos, es decir, la responsabilidad social corporativa y la política de derechos humanos pasa definitivamente a integrarse en la estrategia global de la empresa, ello supone implementar esta política mediante la atención personal a la misma, renunciando por ejemplo a inversiones en lugares y países en los que se violen los derechos humanos, o retirando inversiones de países de riesgo en términos de derechos humanos. Esta nueva política debe de asumirse como un requisito sine qua non para poder hablar de empresa y de negocios responsables, y el liderazgo empresarial del siglo XXI así lo impone, precisará de una capacidad constante de adaptación, incluso de anticipación, que le permite elaborar un diagnóstico acertado de la política de derechos humanos para que redunde también en beneficio de la propia empresa y de la sociedad con la que tiene que interactuar.

Hablamos de derechos de los trabajadores y entre estos derechos permítanme que haga una referencia breve al derecho a la seguridad social de los mismos. Los millones de trabajadores y campesinos de América Latina que sufren por falta de cobertura, por escasa cobertura contra los riesgos sociales es uno de los capítulos pendientes en la región. Sólo el 20% de la población mundial se beneficia de una protección social adecuada y más de la mitad no está amparada por ningún régimen de protección, incumpliéndose con ello la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948, que proclama que toda persona como miembro de una sociedad tiene derecho a la seguridad social.

A escala mundial, como dice Manuel Reinar, los sistemas de protección social de los países industrializados hacen frente a un doble reto, brindar una protección adecuada en un contexto de mayor incertidumbre en el mercado laboral y luchar contra la pobreza y la exclusión social para evitar los procesos de marginación o de desafiliación de una parte de la población. Esto significa por una parte concebir unas formas de protección adaptadas a la creciente movilidad de los trabajadores, y por otra combinar políticas de inclusión social y dispositivas que garanticen los ingresos mínimos.

La magnitud de las necesidades y la debilidad de los regímenes de protección de los países en desarrollo inducen a ampliar el concepto de seguridad social para abarcar las necesidades básicas, como el acceso a la alimentación y el agua, a la atención, a la salud, la vivienda o la educación. En esta línea las llamadas iniciativas comunitarias no deben fragilizar los regímenes legales existentes ni organizar sistemas paralelos de solidaridad para los pobres, sino que deben de integrarse en una política nacional coherente de extensión de la protección social con carácter general y sin distinción en razón de la adscripción política. El problema se agrava con el hecho cierto de que la economía informal o subterránea representa casi las dos terceras partes del total del empleo no agrícola en los países en desarrollo y este es un tema al que de hecho se ha renunciado a resolver.

Por otra parte, el informe de la OIT, Organización Internacional del Trabajo de octubre de 2006, nos advierte que el desempleo juvenil global registra una tasa del 13,5%. En una década ha aumentado en más de un 14% el número de jóvenes sin empleo. En América Latina y el Caribe la situación es más apremiante ya que el índice sube al 16,6%, doble de la tasa del desempleo general. Es un hecho muy grave y preocupante que el 13,3% de los jóvenes trabajadores de América Latina vivan por debajo de la línea de pobreza de un dólar diario. La carencia de un empleo decente al comienzo de una vida puede comprometer seriamente las perspectivas de empleo que esa persona tiene para el futuro y determinar negativamente esto.

La pobreza abarca, como decía al principio, a más de la mitad de todos los trabajadores del mundo, la necesidad de reducir la pobreza absoluta y disminuir la brecha del ingreso es aceptada como esencial desde un punto de vista moral, tanto en los países desarrollados como los que están en vías de desarrollo y para combatir la inestabilidad social, económica y política se necesitan, como dice Octavio Paz, soluciones universales, no aisladas o locales, el esfuerzo por tanto tiene que ser común y coordinado.

La creación de empleo decente debe ser uno de los puntos prioritarios de la formulación de políticas sociales, ello promocionará el crecimiento económico y estimulará la inversión y la incentiva empresarial, el desarrollo de competencias, normas laborales apropiadas y modos de vida sostenibles, en palabras del Director General de la OIT, Juan Somabía.

Asimismo, la creación de empresas es clave para promover y extender el desarrollo local y los mercados locales a través de pequeñas iniciativas empresariales y para ello es vital garantizar la adecuada preparación y adquisición de conocimientos entre los jóvenes para poder iniciar con solvencia su vida laboral.

Resulta así mismo básico respetar y promover los derechos fundamentales en el trabajo, tales como la libertad de asociación, sindicación, la eliminación del trabajo forzoso, el trabajo infantil y la discriminación laboral, ello redundará en una efectiva garantía para las nuevas inversiones y la estabilidad en el lugar de trabajo y la productividad. Garantizar un adecuado sistema de protección social y un aceptable funcionamiento de las instituciones y sistemas que fortalezcan la gobernabilidad del mercado laboral, propiciando el diálogo social entre organizaciones fuertes de empleadores y empleados, viabilizará la productividad y la construcción de sociedades coherentes.

En esta política deben de implicarse todas y cada una de las organizaciones multilaterales, políticas y económicas, para evitar el desastre de un crecimiento desaforado e irracional, que tan sólo redundará en hacer más grandes las desigualdades y favorecerá a los que postulan y defienden posturas intervencionistas excluyentes.

Por último, eliminar el trabajo infantil y el trabajo forzoso deben ser objetivos prioritarios de cualquier gobierno y del tejido empresarial. En América Latina 1.3 millones de personas son víctimas del trabajo forzoso y ello supone el 10% de la cifra mundial. El ejemplo de Brasil en la lucha contra estas formas de trabajo es loable y debería seguirse por otros países, en este combate el compromiso de la sociedad civil resulta fundamental, pero también el de empleadores y trabajadores ordinarios.
La contundencia de las sanciones debe ser así mismo ejemplar. En este campo no se puede ser transigente contra la impunidad, pero la lucha contra ésta, contra la impunidad, no debe ceñirse sólo a este campo, debe extenderse a todas las áreas que perturban la seguridad diaria de los ciudadanos.

Si una conciencia jurídica legítima conlleva a un nivel de exigencia ética creciente, debemos concluir que ante la eventual pasividad de la justicia en un lugar concreto, la práctica de una justicia universal válida puede y debe eliminar toda sombra de impunidad allá donde se produzca y conseguir que su aplicación ennoblezca cada vez más la dignidad del ser humano.

La presencia de un derecho común, universalmente compartido, plasmado en el principio de justicia penal universal, debe significar la lucha sin descanso por la libertad y la dignidad del hombre, y la mejor garantía frente a cualquier ataque que la sociedad sufra. La percepción de que no existen fronteras para la lucha contra la impunidad contribuye a dar una mayor seguridad a los ciudadanos y a que desaparezcan los Guantánamos del mundo.

El compromiso responsable de los jueces y del Ministerio Público en la persecución a la violencia de género, el narcotráfico, las pequeñas y grandes corrupciones, las extorsiones fuera y dentro de las instituciones es lo que dará credibilidad a la justicia y es lo que definirá realmente el alma de un pueblo. La inercia y la indiferencia frente a estos fenómenos no es una opción, el no es un problema mío, el yo no puedo hacer nada son palabras y actitudes que deben de estar fuera del lenguaje de los poderes públicos y en especial de aquellos que administramos justicia.

Permítanme queridos amigos, que vaya concluyendo con una breve referencia a aquellos valores que junto con la justicia integran el núcleo básico de una democracia, cuales son la libertad, la tolerancia, la paz o la cultura. A veces pienso que parte de nuestras sociedades, merced a esa cultura de la apariencia y de la virtualidad, es una sociedad epidérmica, superficial, que tiene miedo a profundizarse en sí misma ante el riesgo de encontrarse con su propia imagen pero con un perfil real en solidario que desprecia al otro o se desentiende de los problemas de aquellos que viven junto a nosotros o en la parte opuesta del mundo.

La indiferencia por los perseguidos, por las víctimas, sobre todo si ésta es institucional, es el cáncer de una democracia y es lo que hizo posible que regímenes como el régimen nazi acabara con millones de vidas. El problema no es del otro sino nuestro. El riesgo es evidente, una sociedad así diseñada constituye una especie de sociedad simulada que prescinde de los valores básicos de la democracia, escorándose hacia el narcisismo étnico, la intolerancia o la xenofobia.


En este punto, las palabras de Voltaire a través de los siglos, son dramáticamente certeras: el mejor modo de fundamentar la tolerancia es luchar contra la intolerancia. Si en Inglaterra, añadía, hubiese una religión podríamos tener al despotismo, si hubiese dos se cortarían las cabezas los unos a los otros, pero hay 30 y viven en paz.

El espíritu democrático se ha ido tejiendo de forma lenta pero incontenible desde todos los frentes de la inteligencia humana y siguiendo la estela de John Lock en su carta sobre la tolerancia en el ya lejano 1689, debemos defender el derecho de resistencia y de rebelión ante situaciones extremas de abuso de poder, huyendo de la sumisión que impone la obediencia oficializada y proclamando la necesidad de enarbolar la bandera de la libertad por encima del jergón de la sumisión, como decía Etienne de La Botié en su discurso sobre la servidumbre voluntaria allá por el siglo XVI. Los adictos a la intolerancia no tienen más argumentos que la cobardía y la violencia. Borges nos recuerda la historia del caballero a quien en medio de una discusión teológica o literaria, su contrincante arrojó a la cara un vaso de vino, sin inmutarse el agredido replicó: Esto señor, es una disgresión, ahora espero su argumento.

Los defensores de la intolerancia actúan como ese agresor y carecen de argumentos, no dejan lugar a la razón común y con su acción quieren borrar al contrincante si es un adversario o aniquilarlo si es un enemigo. Los intolerantes no duda, descienden por línea directa del autoritarismo que siempre se reviste de una especie de verdad inmutable, cargados de consignas son disciplinados y sumisos, tergiversan la realidad y la historia a las que nacionalizan y finalmente se inmolan o matan por sus posiciones trascendentes, que únicamente existen en el hueco de su cabeza. El oficial en la Colonia Penitenciaria de Kafka, es un adicto a la intolerancia, preocupado únicamente por la eficacia de su máquina de matar confunde la justicia con la necesidad de las víctimas, por eso ni en sueño reciben los intolerantes la visita de la duda.

La ideología de la intolerancia localista, tribal, fascinada melancólicamente por lo irracional y lo mítico, se asienta preferentemente en viejos bastidores doctrinales, dogmas y ortodoxias a granel, donde la crítica es imposible y a veces se adereza con un supuesto izquierdismo, como mero adhesivo oportunista que busca presentar lo viejo como moderno y camuflar la persecución política y la depuración ideológica desde un fanatismo totalitario.

Para los intolerantes la culpa siempre es del otro, a través de esta gimnasia sombría se liberan de sus propios fantasmas, lo que les permite seguir viviendo en los parajes de la ficción y del delirio, los intolerantes crean su propio entorno social, cultural y efectivo, se movilizan y se encuadran para facilitar aliento popular a sus activistas y simpatizantes, se esfuerzan en captar militantes tristemente esmaltados con siniestros y horrendas agresiones como único motín de guerra, así se cierra una especie de círculo infernal de este juego escalofriante diseñado para un obsceno destino por los santones de cualquier fundamentalismo, que es la expresión patológica del desequilibrio y de la quiebra del universo.

Los fundamentalistas rechazan la hermenéutica, el pluralismo y el relativismo y sólo afirman desde una turbia complicidad el miserable reinado de la exclusión, cuando el disenso está amordazado, la tortura, el asesinato, la censura, la extorsión, la amenaza, la corrupción, han sido herramientas favoritas a través de la historia de los intolerantes que pretenden evitar cualquier opinión divergente y si ésta surge silenciarla o denostarla inmediatamente. Ante esta pequeña corte de testigos que hoy nos reunimos aquí, me parece oportuno traer también a colación las palabras de Elías Canetti, que en su masa y poder ha contribuido decisivamente a poner de relieve el carácter atávico y transindividual de las actitudes intolerantes, ligadas siempre a los reflejos de la supervivencia que rigen las psicologías del poder.

El filósofo británico Jonathan Glober denuncia el carácter criminal de la intolerancia política y cultural , la conclusión de Glober tras el repaso a tanta ignominia de tal exceso de barbarie, es un tanto desalentadora para la especie humana, los hombres no han aprendido, no hemos aprendido a respetarnos los unos a los otros, persiste una especie de orgullo guerrero que fomenta la eliminación de aquellos que han sido calificados de enemigos, confiesa Glober que la antipatía hacia las diferencias combinada con un aberrante tribalismo, son constantes y casi inextirpables de la psicología del intolerante. Sin embargo, hija legítima de la tolerancia es la libertad que se abrocha irrefutablemente con la paz, una paz democrática incardinada en el derecho y en la justicia, la libertad, como afirma Don Manuel Azaña, Presidente de la Segunda República Española, no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres.

Ahora, que el concepto de seguridad pugna por sofocar y neutralizar al concepto de libertad, es preciso volver a cantar la gloria constitutiva de la libertad humana como la única empresa y aventura irrenunciables, frente a la injusticia y a la infamia, sólo cabe una pedagogía de la indignación activa cimentada en la libertad.

Frente al curso fatal y siniestro de los acontecimientos, sólo cabe una oposición firme que ponga a prueba desde la libertad, nuestra capacidad para cambiar el ritmo de la historia, frente a la trinchera que destila odio y segrega venganza, sólo cabe el ejercicio de una libertad que desde el coraje y la convicción ética, interpele y desafíe la mezquina gloria de los intolerantes y que cubra de garantías a quienes ninguna respeta.

Karl Popper lo afirmó sin rodeos, sólo la libertad parece hacer segura a la seguridad y entre ambas cubren todo el espectro garantista que pueda exigirse, pero a la vez contiene su excusa. La única paz posible y verdadera es una paz justa, libre y democrática, demos por ello validez actual a las palabras del Padre Juan de Mariana, que también en el ya lejano siglo XVI decía: Bueno es el nombre de la paz, sus frutos gustosos y saludables, pero advertir que bajo el color de la paz no nos hagamos esclavos, a la paz acompaña el respeto y la libertad, la servidumbre es el mayor de os males y se debe rechazar con toda cuidado con las armas y la vida si fuere necesario.

Hoy es un buen día para cimentar la lucha por la libertad y la justicia y es que sólo en libertad la justicia da vida y muestra cómo debe lucharse para que éstas adquieran sentido. El destino no está trazado en las estrellas, lo formamos nosotros día a día, ni tristezas ni olvido., ni impunidad ni justificación, es preciso vencer el miedo y hacerle frente en cualquier esquina con la mano abierta y el corazón entero.

Queridos amigos y amigas, el mundo que hoy vivimos es una inmensa cartografía de diferencias, sólo, insisto de nuevo, la tolerancia puede cambiar el mundo, cuanto más amplio es el marco de intercambio cultural, más aprenderemos los unos de los otros, habitamos un mundo más plural y variado que nunca, la globalización no puede acabar con las culturas del mundo, sólo puede añadir una más. La base de esta cultura global tendrá que ser el pluralismo, porque es el único valor capaz de abarcar a todos los demás para conducirnos a una unidad diversa, de cómo construyamos esto dependerá nuestro futuro como género humano y nuestras posibilidades como parte del universo.

La cultura nos provee de referentes éticos y como decía Borges, yo preferiría pensar que a pesar de tanto horror, hay un fin ético en el universo, que el universo responde al bien y en ese argumento pongo mis esperanzas y es por ello que frente a los intolerantes que siembran semillas de odio, frente a los que ejercen el poder y permite o auspicia que se mate o que el miedo se apodere de una humanidad secuestrada y frente a los que confunden religión frente a fundamentalismos fanáticos, la única vía, insisto, es, ahora más que nunca, recuperar las exigencias de una ética de la convicción junto con una ética de la responsabilidad, es ejercer la valentía civil que antepone el valor de la verdad a cualquier conveniencia pragmática y utilitarista. Es exigir la compatibilidad entre el pluralismo de opciones que diseñe el horizonte de nuestro futuro democrático lejos de la neutralidad valorativa de la que nos hablaba Max Beuvert. Una democracia sin valores, inmersa en la incertidumbre o en la contingencia política oportunista tiende a convertirse en un totalitarismo visible o latente y olvida lo que Toqueville advertía acerca de que el fundamento de la sociedad democrática estriba en el estado moral de un pueblo.
Aprendamos del Libertador Simón Bolívar cuando en la carta al Teniente Coronel español Francisco Doña el 27 de agosto de 1820 le decía: “El hombre de honor no tiene más patria que aquella en la que se protegen los derechos de los ciudadanos y se respeta el carácter sagrado de la humanidad”; o cuando en su carta al General Santander el 30 de octubre de 1823 le dijo: “En moral como en política hay reglas que no se pueden traspasar pues su violación suele costar caro”."

Público: Libertad de expresión, libertad de expresión, libertad de expresión.

Presentador: Bueno, estos son los periodistas. Magnífica la presentación. La verdad es que …

B. Garzón: ¿No fue muy larga?

Presentador: No, no, perfecta, perfecta. Agradecemos al Magistrado Baltasar Garzón por esta profunda reflexión en lo que ha sido su ponencia que da punto final a este Congreso Internacional de Conindustria. Tenemos a continuación la sesión de preguntas y respuestas que serán atendidas por el Presidente de Conindustria el Dr. Eduardo Gómez Cigala en su condición de moderador.

Eduardo Gómez Sigala: Bueno, primero que nada quiero agradecer al Magistrado Baltasar Garzón por esta extraordinaria conferencia. Sus aplausos reflejan las expectativas que por su presentación teníamos, pero sin embargo pues tenemos muchas preguntas que vamos a proceder a presentar. Durante este acto hay algunas personas que nos han planteado su interés en presentar algunos documentos y lo vamos a hacer al final de las preguntas así mismo como los periodistas que acaban de entregarle un documento al magistrado.
Vamos a iniciar las preguntas para el doctor Garzón.

Preguntas, respuestas, comentarios

P/: ¿Cuándo el poder judicial está secuestrado o actúa en contra de la ética y justicia, qué puede o cómo debe actuar la sociedad civil para restituir la justicia?

R/: Bien, es el problema de teorizar ahí en el podium que después tiene uno que concretar en la mesa. Realmente cualquier país vive o puede vivir fases en las que el poder judicial no responde a lo que las propias normas constitucionales y legales dicen y eso se le puede llamar estar secuestrado o no ser independiente o no ser imparcial, etc. Pues la sociedad civil lo que tiene que hacer, la sociedad en general lo que tiene que hacer es exigir que esa independencia se produzca, que esas leyes cambien. Y la única forma que hay en democracia de conseguir que las cosas cambien es a través de las elecciones y a través del pronunciamiento electoral. Pero una vez que eso se ha producido hay que exigir a las instituciones que cada una cumpla el papel que le corresponde y que debe de hacer. Yo sé que afirmar eso puede parecer una paradoja porque la pregunta inmediata a continuación es: ¿Y cuando no se pueda hacer esto? Bueno, siempre se pueden hacer, siempre se pueden iniciar los movimientos necesarios para que las cosas cambien.
Si el mundo es algo es una realidad en permanente evolución, cambio constante y la historia de
la humanidad lo ha reflejado.

Nosotros en España vivimos una situación similar cuando, no olviden ustedes o no olvidéis, que España vivió una dictadura de 40 años; una dictadura de 40 durísima que controlaba absolutamente todo y en forma permanente y entre otros al poder judicial también, y hay que decirlo en honor de ello y hay que decirlo en honor a los jueces que fueron mis maestros y que desplegaron su acción durante y después, aunque hubo excepciones, dieron la talla que exigía el momento histórico para reivindicar su independencia. Hay muchas veces que, además de lo que se puede y se debe exigir, son los propios jueces los que tienen que hacer algo. No vale con decir “que me protejan de las agresiones”. Hay que protegerse uno a sí mismo. Hay que tener una preparación científica, correcta y, si cabe, mucho más amplia que cualquiera de los que estén frente a ti porque así te harás más fuerte frente a aquellos que traten de imponerte un criterio o coaccionar o presionar.

Todos hemos tenido en algún momento –me refiero a todos los que nos movemos en el ámbito de la justicia– en algún momento hemos tenido dificultades por presión, por coacciones, por múltiples razones que sería largo enumerar. La diferencia está entre el juez que se resiste a ellas y el juez que no se resiste a ellas y frente a eso no hay ninguna norma, no hay ningún antídoto, el antídoto está en cada uno de esos jueces que sepa lo que es ser juez. Yo lo tengo muy claro: puedo acertar o me puedo equivocar, pero desde luego no estaría ni dos minutos ni un minuto más como decía en la conferencia, en la presentación, si tomara una decisión que no es acorde con la ley o que estimo que es injusta. No hay recetas. En España cuando vino la democracia y después de una transición ejemplar, complicada e interesante se Libertades y derechos humanos, empresariales y laborales produjo un movimiento dentro de los que iniciábamos en ese momento –yo comencé mi andadura judicial en 1980– y sin que nadie nos pusiera de acuerdo comenzamos cada uno en los lugares donde estábamos y a luchar frontalmente contra las corruptelas, corrupciones, contra el tráfico de dinero en los juzgados, con las coimas, las mordidas, y se produjo en un período de seis, siete años un cambio absoluto. Después pasó lo mismo con la corrupción. Se combatió y no hubo ninguna consigna y se consiguió que las leyes se acomodaran, que las instituciones públicas funcionaran y también se abordó la propia corrupción del Poder Judicial. Es decir, había la sensación y la convicción de que se podía hacer. Y esa tiene que surgir en el propio poder judicial y luego todo lo demás.

R/: Lo cual quiere decir que no me extienda tanto ¿no?

Moderador: Son relacionadas, así que voy a leerlas todas. Cuando el Poder Judicial está secuestrado, o actúa en contra de la ética y justicia ¿qué puede, o cómo debe actuar la sociedad civil para restituir la justicia?

Baltasar Garzón: Esa ya está.

P/: ¿Qué puede o debe haber un ciudadano común para que se imparta justicia de manera razonable cuando el Poder Judicial despacha según lineamientos recibidos de otros poderes, en especial el Ejecutivo? En un país donde la justicia está controlada por el Gobierno, todas las dependencias como la Defensoría del Pueblo y la Contraloría del Pueblo, están sometidas a la intolerancia del Gobierno en abierta ¿qué puede hacer la sociedad? ¿Qué deben hacer los ciudadanos o las empresas cuando observan o comprueban que el Poder Judicial no es independiente? ¿Qué podemos hacer ahora cuando el Presidente de la República tiene secuestrados todos los poderes, la Corte Suprema, la Fiscalía, la Contraloría, la Asamblea Nacional, el Consejo Nacional Electoral? ¿Cómo debe luchar el sector privado ante la evidente penetración de mafias en la economía, aplicando prácticas terroristas para lograr sus objetivos?

R/: Bien. El bloque de preguntas, primero, van todas en la misma línea argumental que trataba de esbozar la respuesta de la primera. En cuánto a que hacer, pues vuelvo a reiterarme en lo que anteriormente he dicho. El control político de la justicia y de las instituciones es una tentación permanente, históricamente invariable, en todas y cada una de las sociedades. Es decir, los gobernantes políticos tienen una especial predilección porque no haya controles, porque nadie les
perturbe. Incluso los más democráticos les fastidia bastante cuando la justicia se aproxima a los primeros peldaños del poder. Ahí ya les entra un salpullido y entonces ahí bueno, pues la justicia se está politizando. Ya se meten donde no le corresponde. Quiénes son estos que no han sido elegidos, que no han sido elegidos democráticamente.
Los jueces son el único poder no legítimo que hay en una democracia. Y no se piensen ustedes que me estoy refiriendo a Venezuela. Esas expresiones se han dicho en España. En la España democrática me refiero. Es decir, siempre hay como una especie de confrontación teórica y real entre el poder político, entendiendo por tal el sentido amplio, el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial, cuando actúa aproximándose en ese labor de equilibrio y de control que le confiere la Constitución, todas las constituciones, hacia los dominios de esos dos poderes.

Pero eso es bueno que sea así. Es decir, la fricción entre poderes es algo que puede consolidar, y debe consolidar, la democracia. También es verdad que puede hacer saltar esa institucionalidad. Pero lo que tenemos que conseguir es que el Poder Judicial asuma y perciba esa representación fundamental que tiene en el equilibrio de las instituciones y que asuma que no es un poder servil
de los otros. Es decir, que no depende del Poder Político, sino que está para servir y defender a los ciudadanos. No me pregunten cómo se consigue esto, pero es que es la única solución. Es decir, lo mismo que hay una persona que cuando pasa alguien que tiene poder se levanta y se quita el sombrero, o la gorra, y le saluda, y hay otra que se queda sentada porque considera que no tiene por qué hacer ese saludo, pues aquí ocurre lo mismo. El decir, mire usted, hay jueces que saben, a pesar de las adversidades, cuál es el papel que tiene. Hay jueces que en países como
Italia, o en países como Colombia, en países como España, que saben lo que se juegan y han sido asesinados por organizaciones terroristas, organizaciones mafiosas, o de narcotraficantes, y sin embargo no han cedido. Hay otros que sí han cedido.

Entonces ¿dónde está la medida de uno y de otro? La medida de uno y de otro está en asumir los valores democráticos que la justicia representa en defensa de los ciudadanos, y en saber que el juez está para defender los derechos de los ciudadanos, y no los derechos de los que ejercen el Poder Político. Que también son ciudadanos, y por tanto deben de verse sometidos a la igualdad, al principio de igualdad, y al imperio de la Ley.

Yo, en cuanto a la lucha del sector privado, para conseguir que se restablezcan las libertades y el proceso judicial, la independencia de la justicia, bueno, yo creo que entra dentro de lo que es la parte de la sociedad. El sector privado empresarial, entiendo, la iniciativa privada tiene un papel fundamental. Yo hacía referencia de pasada, porque no se podía profundizar en todos los aspectos, en mi presentación, en el compromiso que el sector privado tiene que tener por ejemplo en la lucha contra la corrupción. La introducción de las técnicas de buen gobierno, la introducción de los códigos éticos y de buenas prácticas, es fundamental. Es decir, hay que superar, hay que superar, esa visión que en muchas sociedades existe, de que hay que ser condescendientes con la corrupción. Con el sector por ejemplo de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, con el sector judicial, con otros sectores de las instituciones, en muchos países en que debido a los escasos sueldos, los escasos salarios y otras razones, hay una especie de cáncer con metástasis permanente, que es el de la corrupción. Y sin embargo, todo el mundo lo acepta y lo asume como que es algo normal. Y si a alguien se le pregunta, lo que fastidia, lo que molesta, no es que haya corrupción, sino que no se haga bien para que no te pillen. O sea, es de locos ¿no?

Es decir, yo me acuerdo en la primera época de los años 90 en España, cuando empezaron a estallar escándalos de corrupción, en unos sitios, en otros, y demás, la gente decía “Pero qué torpe. Qué torpe es este. Cómo. Qué mal lo ha hecho que lo han pillado”. Yo me acuerdo del Director General de la Guardia Civil, Roldán, que está cumpliendo pena todavía, que bueno, que cometió una serie de hechos bastante desgraciados y delictivos, que desgraciados absolutamente
delictivos, que se llevó el dinero, en definitiva, y cuando se le juzgaba y se le investigaba después
de haber huido, etc., decían “Pero mira que era torpe. Oye. Qué burdo que era. Cómo hacía las cosas. Si lo hubiera hecho de otra manera”. O sea, fastidiaba que fuera tonto, no que fuera ladrón ¿eh? Entonces esa mentalidad es la que hay cambiar en ese sentido, y empezar, es lo mismo que cuando te llegan y te dicen “¿Con IVA o sin IVA?” Oiga usted ¿y a mí por qué me tiene que decir si me va a hacer una reparación en mi casa, con IVA o sin IVA? Usted cóbreme lo que me tenga que cobrar. Póngame menos precio o más precio, pero no me diga con IVA o sin IVA porque ya me está provocando a que cometa un delito y bueno, algunos dirán “Pues bueno, pues venga, sin IVA, venga, vale”. Pues no. Entonces es toda una cultura. Es una cultura que lleva tiempo. Es una cultura que debe de exigirse con comportamientos que comienzan desde la base. No se hacen de la noche a la mañana. Eso es evidente. Como no se va a conseguir la independencia del Poder Judicial, ni se va a conseguir el pleno empleo, ni se va a conseguir la Seguridad Social para todos y cada uno de los posibles trabajadores que haya. Pero hay que ir trabando, vertebrando, una base en la que la institucionalidad, el sector público, sea como decía, el espejo en el que se reflejan las buenas conductas y no al contrario, en el que el sector privado lo haga así mismo. Y bueno, encadenando, encadenando acciones y actividades.

P/: ¿Acaso los políticos, perdón, acaso las políticas de retiro de inversiones por parte de las empresas y corporaciones hacia zonas y países donde se violan o están en riesgo los Derechos Humanos no simplifica las cosas para los responsables de esas violaciones? Y así como existe la tendencia de no permitir que empresas inviertan en países donde se violan los derechos…

R/: Ya va. Ya va. Voy a contestar la primera, que es muy larga.

Moderador: Es lo mismo. La otra lo que dice es que aquellos países donde se aplican estas mismas políticas de violaciones, no se debería también los gobiernos romper relaciones diplomáticas o comerciales con esos países.

R/: Bueno. Yo no soy, como no soy diplomático ni soy político, aunque transitoriamente lo fui, con mal recuerdo por cierto, yo no sé si el extremo sería romper unas relaciones diplomáticas. Es decir, probablemente algún diplomático me podría decir “Mire, es que si estamos allí podemos saber, podemos tratar de paliar, podemos conseguir que se dulcifique, etc.”. Es posible en casos especialmente graves supongo que un sistema que bajo una dictadura o bajo una violación sistemática de derechos humanos es difícil estar con una representación diplomática asistiendo a los actos oficiales saludando y poniendo buena cara, supongo que no es nada sencillo.

Lo que trataba de decir y que además no es nada original por mi parte sino que es la normativa de Naciones Unidas y el código ético de Naciones Unidas para las buenas prácticas de las empresas y que cada vez más se está imponiendo es que dado el entrecruzamiento que hay de los temas económicos, sociales, empresariales y la globalización de esas relaciones empresariales con empresas transnacionales no se puede contribuir de alguna forma al desarrollo o progresión de violaciones de los derechos humanos que de una u otra forma tienen relación con esas inversiones. Por ejemplo, es difícilmente asumible que se puedan estar comprando zapatillas de deporte o prendas de deporte en la quinta avenida de Nueva York cuando se están fabricando en Singapur, en India o en Tailandia con trabajo infantil o casi con esclavitud de niñas de 13, 14 y 15 años, eso hoy día éticamente es inaceptable y legalmente es perseguible.

No se puede aceptar que en zonas de violaciones sistemáticas de derechos humanos que incluso han llegado a genocidios como por ejemplo la zona del centrode África se esté comerciando con las materias primas que directa o indirectamente han producido esas situaciones. Por ejemplo, hace unos años, en el año 2004 Naciones Unidas hizo público un documento, un informe en el que 30 empresas de occidente y algunas de países importantes, debo recordar que algunas de ellas de Canadá, había estado haciendo una serie de contratos y explotación con materias primas como en Uganda a través de el coltam, les cuento a ustedes para los que no sepan lo que es el coltam, es el mineral, es el material sin el cual los teléfonos celulares no funcionan, no sé si deberíamos haber descubierto el coltam o no porque los teléfonos celulares es como una cruz en las conferencias, te desconcentran, siempre hay alguno que suena.

Uganda era puesta como ejemplo de país que había conseguido anular su propia deuda externa a través de las explotaciones y las exportaciones de coltam, por eso estaba muy bien, pero ¿sabéis cuál era el problema? Que Uganda no tiene ni una sola mina de coltam, todas estaban en el Congo y en el Congo había genocidio, eran o habían estado relacionadas con el desarrollo de crímenes de lesa humanidad y así sucesivamente. Por tanto, no se puede argumentar y decir, si se hace es peor, puede ser peor pero si se hace también es peor, por tanto lo que hay que hacer es establecer unos mecanismos internacionales que tienen que ser asumidos y cumplidos por todas y cada una de las empresas y que no haya ninguna excepción en ese tipo de normas que afectan a valores básicos.
Por ejemplo, es necesario tipificar de una vez por todas como delito el pago de sobornos de empresas internacionales cuando esos sobornos se pagan en los países donde se produce el desarrollo de la acción. Hay que tipificarlo como delito, no porque se pague en Singapur, en España no va a ser delito el pago de un soborno ante una compañía que ha pagado en Singapur pero desarrolla su actividad en España y no piensen que en España esto era así antes, ahora sí desde hace unos años ya se introdujo ese precepto en el código penal, son ejemplos de lo que hay que hacer desde las buenas prácticas pero que deberían de generalizarse.

P/: Dos preguntas. ¿Existe realmente algún mecanismo o proceso internacional que nos ayude a reconstruir el marco institucional? El carácter universal del derecho ¿cómo se aplica a gobiernos que conculcan los derechos de sus ciudadanos?

R/: Miren, alguna vez lo he dicho cuando me han dicho alguna pregunta similar, lo que no hagan en Venezuela nadie lo va a hacer por ustedes, en el sentido que sea, es decir yo soy el menos indicado para decirle a todos ustedes y aquellos que me vean, si tienen tiempo y ganas, a través de los medios de comunicación lo que tienen que hacer. Yo podría hablarles muy bien de España, de lo que se tiene que hacer en España. Bueno, no está de sobra porque como tampoco tengo una
responsabilidad lo puedo decir con el derecho a la libertad de expresión que tenemos los ciudadanos españoles y que tienen ustedes aquí, pero dar consejos en casa ajena es jodido. De verdad que lo único que diría es, fortalecimiento de las instituciones, fortalecimiento de la sociedad civil, participación de la sociedad civil en todas y cada una de las áreas que le corresponde vertebrar una respuesta de la sociedad civil, superar la indiferencia, el problema no es del otro, en serio, el problema es nuestro y si no lo solventamos nosotros nadie nos va a venir a resolver.

Puede ser que en un momento determinado, cuando los hechos sean delictivos, cuando sean de tal envergadura y fracasen todos los controles, que la comunidad internacional responda de algunas agresiones, para eso se creó la Corte Penal Internacional por ejemplo, o el Principio de Justicia Universal, o los tribunales penales internacionales ad hoc de la ex Yugoeslavia y Ruanda, por ejemplo, o de Sierra Leona, o de cualquier otro estados fallidos, o un tribunal internacional para juzgar a los asesinos de Rafib Haribi, no sé. Pero esas no son las soluciones, las soluciones, las que a mí se me preguntan supongo que son exactamente las otras, es decir las que se tienen que centrar y hacer aquí.

P/: La semana pasada los españoles celebraron junto a su rey los treinta años de las primeras elecciones libres celebradas después de la caída de Franco. España ha demostrado al mundo la posibilidad de superar efectivamente las profundas diferencias ideológicas que ocasionaron una cruenta guerra civil, una férrea y retrógrada dictadura, ciertas pretensiones nacionalistas e incluso el flagelo de la violencia armada. Para construir un país moderno y próspero, ejemplo de instituciones, estados, de progreso económico y de visión de futuro ¿se necesita por estos lares vivir una guerra civil o unas cuantas décadas de dictadura para superar nuestras profundas diferencias y construir un país en el que quepan todos?

R/: No, no, no, en absoluto, y ojalá que no sea nunca así, es decir las guerras nunca son buenas, siempre son malas. No, no es esa la cuestión. Antes decía que las cosas no suceden por casualidad y que llevan su tiempo, es decir el índice de libertades que hoy tenemos en España no era el mismo que se tenía en los años 70, ni el mismo que se tuvo en la transición democrática, ni después el que tuvimos en los años 90, es decir se han ido vertebrando poco a poco esas normas que dan, o esos cimientos que sirven de apoyo y de sustento al edificio común que hoy es España.

Probablemente si el que hubiese hecho la pregunta no fuera tan amante de España, o estuviese militando en España en un partido político, por ejemplo en el Partido Popular, habría dicho exactamente lo contrario. Lo digo, y no como crítica sino para contextualizar, es decir el discurso desde fuera es diferente al discurso desde dentro. Desde dentro, pues si uno abre un periódico en España, oye una radio o ve un programa político, os verá que las diferentes opciones, y en esta opción la opción conservadora, os dirá: el gobierno está generando una serie de normas que van a romper España, una serie de estatutos de autonomía que están rompiendo lo que es la idea de la unidad de España, está haciendo concesiones a los nacionalistas que pueden suponer acabar con el espíritu de la transición, etc., etc., le podría estar enumerando. Los contrarios dicen: es una barbaridad porque esto es una invocación a la confrontación civil, vamos a acabar mal! Bueno, ya saben ustedes que los españoles hablamos mucho y somos trágicos, por eso existen esos escritores y esas figuras a lo largo de la historia de España que prácticamente nos matamos a diario, pero después nos levantamos y nos decimos buenos días, es algo que se lleva.

España sufrió la dictadura, efectivamente, gravísima, que tampoco fue idéntica en cada una de sus fases, luego una transición en la que no todos estuvimos de acuerdo y en aquel entonces estaba en la tierna edad de los años universitarios en que aparte de estudiar y trabajar echando gasolina en un surtidor, tenía tiempo para decirle cosas gruesas a la policía y a las instituciones y era la confrontación, la rebeldía, la rebeldía que los que están en ese momento como estudiantes, como jóvenes profesionales tienen y deben desarrollar, porque en definitiva todo lo que estamos haciendo aquí es para ellos y si ellos no participan como se ha visto aquí hace un rato, reclamando una serie de derechos básicos, si no luchan por esos derechos que consideran que se están limitando, pues difícilmente alguien lo hará por ellos, eso es lo que ocurrió en la transición española.

Y decía que yo en la transición española estuve en contra de cómo se hizo la transición y además ser más drásticos, nada de impunidad y justicia para todos. Bueno, los años me han ido reconvirtiendo en el sentido de que la justicia es necesaria, pero también hay formas de administrar justicia y compatibilizar esa justicia con otras formas distintas de dar solución a los problemas en los periodos de transición. Entonces, de ese desencuentro, que a su vez se convirtió en consenso, se pudo ir andando y todos tuvieron que ceder, todos, cada una de las opciones tuvieron que ceder. No se olviden ustedes que hubo un intento de golpe de Estado, el día 23 de febrero de 1981, estuvimos a punto de perder aquello que recién habíamos obtenido.

Yo les cuento la anécdota de aquel día como yo la vivía, yo que procedo de una familia de clase media agrícola, mal trabajaban en el campo y demás, costó mucho trabajo a mis padres sacarme adelante, después de hacerles la vida bastante imposible por lo travieso que era, me fui al seminario, me decían que iba a durar tres meses, duré seis años, cosas de éstas y yo finalmente conseguí ser juez y llevaba diez días, el día 13 de febrero había tomado posesión en mi primer destino Valverde el camino, Huelva, llegando a Portugal.

Cuando salió por televisión que el Teniente Coronel Tejera había entrado en el Congreso, un espectáculo esperpéntico y tremendo, yo dije, bueno, diez días de juez, toda una vida de mis padres, mía y ahora diez días de juez, como estaba recién salido tenía los conocimientos frescos ya de momento dije, ya está, grado de Coronel y eso que no había hecho el ejército, grado de Coronel, aplicación de penas de muerte, soy contrario por esencia a la pena de muerte, la frontera de Portugal está ahí, me tengo que ir. O sea, que hubo momento duros, muy duros, pero de esos momentos de dureza y de desencuentro, como digo, todos fuimos construyendo un edificio que aún hoy día se cuestiona, pero que tiene la suficiente solidez como para permitir que haya esas discrepancias, es decir, la sociedad democrática no tiene que ser encuentro permanente de opiniones comunes, sería un aburrimiento, lo que sí tiene que haber es el respeto en la diversidad y la ausencia de la intolerancia y del sectarismo, el aceptar que la opinión del otro te puede ayudar a recomponer ese edificio, es un buen comienzo.

P/: ¿Usted cree que Fidel Castro hubiera sido juzgado en un Tribunal Internacional por lesa humanidad, por los fusilamientos de los años 60? ¿No es el sistema cubano un modo moderno de esclavitud? Esto es la remuneración a un tercero, el gobierno por la labor del trabajador en otros países asignados.

R/: Yo les voy a contar lo que yo he hecho y algunos dirán pues aquí no es el juez campeador que acabó con Pinochet, no. Pues miren, también se presentaron denuncias en mi juzgado contra Fidel Castro por crímenes de lesa humanidad y yo rechacé esa pretensión por dos veces. No voy a entrar porque me lo impide la ley española en opinar sobre temas que han estado o que están sometidos a mi jurisdicción, pero sí puedo decir que la razón por la cual el principio de justicia universal es un principio que debe de ser aceptado es porque tiene límites. La igualdad entre los Estados implica que ningún Estado pueda sobreponerse a otro, ni las instituciones de uno actuar en el territorio de otro. Cuando hay crímenes que afectan a la comunidad internacional ese principio se rompe porque está por encima del mismo de justicia penal universal. Pero con las limitaciones, una de ellas es el de la inmunidad diplomática. Cualquier persona que tenga inmunidad diplomática no puede ser juzgada sino en su país o en un tribunal penal internacional que está previsto perfectamente y precisamente para esos casos. Yo no entro por tanto a calificar las conductas que pueden haberse cometido en otro país porque, insisto, no me corresponde hacerlo a mí. Hay ejemplos en la historia y hay mecanismos para exigir las responsabilidades de quien o de quienes hayan cometido y también la historia demuestra que normalmente eso no suele suceder. Por tanto, el principio de justicia penal universal también es una especie de la historia de una ilusión desvanecida; es decir, a veces actúa, a veces no porque la siguiente pregunta podría ser: “Y ¿usted cree que puede juzgar a Bush por crímenes de guerra en Irak?” Mire usted, si dijera que sí estaría diciendo a lo mejor una aspiración de algunas personas pero sería absolutamente irreal.

En todo caso es el país donde eso se produce cuando tiene el que tiene que exigir. Lo que sí es cierto es que cuando se trata de crímenes o de posibles crímenes tan nefandos, horrendos, como son los de terrorismo o desde el Estado lesa humanidad, etc., el tiempo que tiene que pasar; es decir, nunca se exige o se aplica la justicia normalmente inmediatamente. Si ustedes atienden, por ejemplo, el caso de Argentina. El caso de Argentina, recordarán, después de la dictadura hubo un procedimiento ejemplar que fue la causa contra los responsables de las juntas militares y algunos otros responsables civiles y penales y militares de los crímenes de lesa humanidad allí cometidos. Sin embargo, inmediatamente se tuvieron que aplicar leyes de perdón y de obediencia de vida. Ha sido treinta años después cuando esas leyes han sido anuladas por la Corte Suprema de Argentina y es ahora cuando esos delitos entonces impunes se están investigando. ¿Quién iba a prever eso? Pues probablemente pocos.

P/: En su libro “Un mundo sin miedo” es citada la frase “el automatismo y formalismo en la aplicación de las normas sólo lleva a la injusticia”. ¿Podría ser aplicada dicha frase en el entorno venezolano y si es así podría explicar un poco.

R/: Sí, cuando yo hablo de automatismo y formulismo es un poco también con el símil que utilizaba parafraseando a Montesquieu que los jueces son la boca muda que aplica la ley. Es decir, yo no creo que el juez sea como decía en mi presentación un medidor de normas. Para eso no se necesita ser juez, se puede ser un gestor cualquier y ya está, ¿no? Es decir, si esto es así y tiene que ser el resultado este, hágase. Es decir, el juez es algo más. El juez tiene que partiendo de la ley y de la interpretación de la ley tratar de hacer justicia. Para eso tiene el nombre de juez. En esa aplicación de la justicia hay colegas que optan por el formalismo, por la exigencia de las formas como requisito sine quanon. Yo soy poco formalista en el sentido de que me gusta ir al corazón del asunto, buscar todos y cada uno de los elementos, con todas y cada una de las garantías, pero no poner falsas reglas, falsos formalismos, para evitar llegar a ese corazón del asunto porque puede haber razones ocultas que no quieren ponerse sobre la mesa.

Por tanto soy un hombre garantista, pero no soy hipergarantista, en el sentido de que si las garantías son 10, me gusta aplicar las 10. Pero no inventarme 5 más para no hacer justicia. Y eso es lo que yo quiero decir con las exigencias y los automatismos. Es decir, aplicar la ley formalmente implica falta de compromiso. Yo lo escenifico con el símil y decir que es hacer la siguiente pregunta. Si tú no haces la siguiente pregunta, puedes dar una respuesta. Si formulas esa siguiente pregunta, te leva a una tercera y a una cuarta y a una quinta. Al final te has complicado la vida y resuelves 7 y el formalista ha resuelto dos y probablemente de forma distinta. ¿Es legal el primero, es legal el segundo? ¿Es más justo el segundo, menos justo el segundo?

Moderador: Muy bien. Y agradeciendo la atención que ha tenido el Juez Baltasar Garzón, voy a comentar el documento simplemente comentarles que los periodistas y trabajadores de la prensa y comunicadores sociales que entregaron este documento, es un documento a la opinión pública, basado pues en las observaciones que ellos hacen sobre el tema de la responsabilidad social, el tema de las libertades y la libertad de expresión y por supuesto los temas de censura y de intervención en el tema de la opinión pública. Este es un documento que acaba de recibir el Juez Baltasar Garzón. También quiero comentarles que voy a entregarle una información, un video que nos hizo llegar la gente de Ciudadanía Activa para entregárselo al Magistrado. Igualmente quiero decirles que hay un documento, o un expediente, que la gente de Radio Caracas Televisión quisiera entregarle al Magistrado. Les agradezco que por favor se lo hagan llegar, si se pueden acercar para entregárselo.

Por último, antes de darle la palabra al Magistrado para clausurar esta intervención, nos han solicitado los estudiantes que invitemos al Magistrado pues a la asamblea universitaria. Sin embargo, pues sabemos sus limitaciones, pero lo que sí vamos a hacer es darles un minuto para que expliquen cuál es la representación estudiantil que está aquí hoy y el documento que quieren hacerle llegar.

Verónica Aguirrebeitia de la Universidad Monte Avila va a ser quien va a presentar, tenía otros dos, pero como son más.

Verónica Aguirreibeita, Universidad Monte Avila: En verdad es algo bastante breve, primero que nada queríamos saludar al Magistrado Garzón y darle una calurosa bienvenida a nuestro país. Básicamente lo que venimos a decirle es que nosotros los estudiantes, los jóvenes universitarios y como demócratas que somos venimos a hacerle entrega de esta carta donde manifestamos el sentir de la situación que está pasando en Venezuela actualmente.

Con esta carta que entregamos en sus manos confiamos ser para usted a partir de ahora, en lugar de una noticia de periódico un rostro, un sentimiento y un corazón, la juventud de Venezuela.

Por último queríamos preguntarle si usted accede a ello, hacer públicas las palabras que usted hoy ha presentado aquí porque de verdad representa lo que todos nosotros queremos para nuestro país y los ideales por los que estamos luchando hoy en día.

R/: Yo os doy el discurso no en este momento porque difícilmente lo vais a entender, pero sí me comprometo a través de la organización y la próxima semana lo tendréis aquí y las respuestas si están grabadas se pueden sacar. Solamente quería decir gracias por estos documentos que me entregan y demás, lo que quiero es sí dejar muy claro que no los tomo como juez. Es decir, no puedo ni tengo jurisdicción aquí para intervenir, lo tomo como persona comprometida por los derechos y sobre todo para conocer más allá de lo que ya conozco y me preocupa lo que sucede en cualquier país y mucho más cuando sucede en un país de Iberoamérica, lo único que sí quiero decir, específicamente a los estudiantes, antes lo he dicho, es que la fuerza y la rebeldía de la juventud y de los estudiantes es el motor y la salvia futura y presente de una sociedad y por tanto es necesario que eso se dinamice y se proyecte hacia la obtención de mayores cuotas de libertad, aquí y en cualquier país del mundo.

Moderador: Muchas gracias por su participación, por sus preguntas y especialmente al Magistrado Baltasar Garzón por su excelente exposición y por las preguntas que aquí nos ha respondido, hay una última que decía y no es una pregunta sino, está de acuerdo con Voltaire, no estoy de acuerdo contigo pero moriría por tu derecho a decirlo.

R/: Creo que ésa es la esencia de la discrepancia y la esencia de la libertad, poder decir aquello que se piensa aunque el que lo recibe o el que lo pronuncia no esté de acuerdo contigo, es la esencia de la democracia, si no es así no hay auténtica libertad.

No se hace política desde el apolitismo

Por Liliana Fasciani M.

El Universal

Muy mal estamos en este país nuestro de cada día si la sociedad, al reconocer en el movimiento estudiantil un liderazgo bien ganado, pretende, sin embargo, desconocer, por decepción o por desconfianza, la necesaria existencia e importante misión de los partidos políticos, endosándole a aquél las funciones de éstos. Por su parte, los estudiantes, alérgicos a las etiquetas, intentan hacer política desde el apolitismo.

Si hemos de luchar contra el monopartidismo, no hay otra forma de hacerlo que reforzando el pluripartidismo. Si vamos a combatir la hegemonía ideológica, es preciso debatir sobre las diversas ideologías. Si estamos defendiendo nuestros derechos de la arbitrariedad gubernamental, ese esfuerzo sólo puede realizarse mediante actividades políticas. Las protestas, las marchas, las asambleas de estudiantes, las denuncias públicas, los comunicados, los debates, el sufragio y todas las expresiones de pensamiento y opinión, orales o escritas, sean a favor o en contra de la oposición o del gobierno, son hechos políticos, conductas políticas.

¿Cómo interpretar, entonces, que los dirigentes estudiantiles insistan en que no son políticos cuando todo lo que han hecho, desde que el gobierno mutilara la libertad de expresión, es Política? Que no son políticos de oficio, se sabe. Que no quieran parecerse a los políticos tradicionales, se entiende. Que traten de deslindarse de los pseudos-políticos y de la politiquería, se aplaude. Pero que nieguen una y otra vez que no son políticos –a secas–, es, cuando menos, una contradicción, porque esa inquietud que los arranca del pupitre y los lleva a la calle con una pancarta y un lema, es la revelación de una voluntad política de cambiar el rumbo de las cosas, y, ¿por qué no?, las cosas mismas. No tienen, pues, por qué temerle a la palabra “política”, y mucho menos despreciar el arte de la Política. Sería como desdeñar la Democracia, solamente porque quienes gobernaron en su nombre fracasaron o la desprestigiaron.

Sin política no habría ciudadanos, ni pueblo, ni Estado, ni gobierno, como tampoco leyes, derechos ni deberes; no tendrían sentido la libertad, la igualdad, la justicia y ninguno de esos valores que con tanta vehemencia defendemos de quienes se empeñan en destruirlos; no existirían las ideologías, ni los movimientos, partidos y organizaciones.

La Política es el instrumento por excelencia para lograr las más elevadas aspiraciones de los seres humanos. Político es el individuo que se interesa por los problemas de su entorno, que piensa en cómo podría contribuir a solucionarlos, que se solidariza con el prójimo, que no tolera las injusticias, que sueña con un país mejor. Hacer política es asumir una determinada actitud “frente a” y “por” un ideal, una tendencia, una situación. Una persona hace política con sólo pararse en una esquina y ondear una bandera ante los conductores que esperan por el cambio de luz del semáforo.

No creo que sea posible hacer política desde una postura apolítica. En todo caso, los estudiantes venezolanos han sacado al pueblo del letargo y lo han puesto nuevamente en la calle, empleando medios políticos y, además, con objetivos políticos. ¿Hay algo más típicamente político que las manifestaciones? ¿Hay algo más inherente a la Política que la libertad de expresión?

Vamos, entonces, a sacudirnos los prejuicios y a comportarnos con la seriedad que la Política exige, pues en las actuales circunstancias nuestra mayor responsabilidad es política…, porque es con Venezuela.

La Nación venezolana vs. Patria, socialismo y muerte | I Parte

Por Oscar J. Márquez

En materia de derecho político son muchas las acepciones de difícil determinación. El término "Nación" es tal vez uno de los más complejos, ambiguos y discutidos, por lo que su definición ofrece dificultades y puede inducir a errores. De la misma manera el concepto de "Estado" ofrece dificultades insuperables, por lo que no pocas veces tendemos a confundir la idea de Nación con la de Estado y cuando quisiéramos identificar frente a ellos un Gobierno, ya sea democrático, parlamentario, socialista o de otra índole, la dificultad es aún mayor, porque no siempre resultan coincidentes sus bases ideológicas con los conceptos y valores de Nación y de Estado; además estos permanecen en el tiempo y el espacio y el gobierno pasa, cambia y se transforma.

No obstante, frente a la Nación, al Estado y ante el pueblo aparecen esporádicamente grupos de personas, caudillos, individuos o ciudadanos dentro de un territorio que se arrogan el derecho de imponer un poder supremo de dominación, ejerciendo el poder por el poder a través del elemento social, al cual tratan de imponerles ideologías, por lo general externas a la conciencia nacional, como lo viene a constituir la trilogía "Patria Socialismo o Muerte", que no es más que la reminiscencia o el desquite de la lucha ideológica en la América Latina durante la década de los sesenta.

Conocer el significado de cómo surge la expresión hoy arcaica de Patria o Muerte, nos permitirá rechazar y romper con este grito que de una u otra forma mantuvo y mantiene vivo el espíritu de una revolución extranjera, la Cubana desde que fue impuesta al pueblo cubano en 1959, y que mantuvo en el poder a Fidel Castro, bajo la premisa falsa de una agresión externa, especialmente por parte de U.S.A , (que aun hoy se espera, desde 1961). Luego de cuarenta y siete años, esta expresión de "Patria o Muerte" ha sido tomada por Hugo Rafael Chávez Frías, líder de la revolución Bolivariana Venezolana, copiada y reformada a "Patria Socialismo o Muerte" con propósitos de control político e ideológico, pretendiéndose imponérsela también a la Nación Venezolana especialmente en el seno de su Fuerza Armada Nacional, que por la característica de su verticalidad, su formación, disciplinaria, obediencia, y subordinación debería estar obligada a aceptarla.

La Nación venezolana – El Estado venezolano

El Estado tiene hoy en día gran importancia en la vida pública y privada de los ciudadanos y alrededor de él gira la sociedad. De acuerdo a los conocimientos actuales de la sociología, antropología, politología, la teoría y la filosofía políticas, en la obra “Teoría del Estado” del tratadista Gómez Sandoval Fernando se señala al Estado como:
"…Una asociación humana de tipo voluntario, esto es, como una realidad social y cultural, asentada sobre un espacio físico territorial cuya asociación está sometida a un poder político soberano, que genera la normativa jurídica de la asociación estatal y que la organiza como una estructura de poder institucionalizada jurídica y políticamente, por medio de una Constitución…"

De este concepto se desprenden claramente las condiciones existenciales en todo Estado y éstas son: territorio, población y gobierno. El territorio es el espacio donde se levanta y tiene asiento la comunidad del Estado y donde se establece el hombre para desarrollar sus actividades económicas, políticas y sociales. La población es la segunda condición natural por excelencia del Estado; es el grupo humano concentrado en un área determinada por fronteras y constituye una unidad política. Para alcanzar ésta, se requiere de unos sentimientos que unan con nexos íntimos a la población, como lo son religión, cultura, idioma, tradiciones, aspiraciones e intereses, todo lo cual, a través de una concepción histórica a través de generaciones, delinea las características específicas de un determinado pueblo.

La tercera condición existencial del Estado es el Gobierno el cual interpretamos como la acción y efecto de regir y administrar un Estado o corporación publica. Sin embargo éste no tiene la misma acepción en todos los países ni en todos los regímenes. En Europa, donde rigen los sistemas parlamentarios o de gabinete, sea Republicano o Monárquico, se considera que el Gobierno es el Poder Ejecutivo, con exclusión de los Poderes Legislativo, Judicial y Moderador, y el cual al Primer Ministro o Consejos de Ministros se le denominan Jefe de Gobierno.

En cambio los países de América se rigen por el sistema presidencialista. El Gobierno está integrado por tres poderes clásicos de acuerdo a la teoría de la separación de los poderes de Montesquieu, El Legislativo (que hace las leyes), el Ejecutivo (que las ejecuta), y Judicial (que decide las controversias). En Venezuela, a partir de la constituyente de 1999 se crearon dos poderes más, el Poder Electoral y el Poder Ciudadano que se ejerce éste último a través del Consejo Moral Republicano integrado por el Fiscal General, el Controlador General y el Defensor del Pueblo que vienen a constituirse en una especie de Poder Moral de acuerdo a lo sugerido por el Libertador Simón Bolívar en el Congreso de Angostura en 1819. Poder que a su vez se remonta al censor romano, el cual elaboraba una lista negra para evitar que los indignos pudieran ser elegidos para cargos públicos.

Se tiende a confundir los términos Estado, Nación y Pueblo y a utilizarlos como sinónimos, siendo la Nación el vínculo espiritual y jurídico-político por medio del cual se une un conjunto de personas en una sola tradición histórica y en un mismo destino político. Al respecto Niboyet establece que: "…es esencial por lo tanto, no confundir al Estado con la Nación y aun cuando estos dos conceptos pueden a veces coincidir, no siempre ocurre así. Una Nación, en Derecho, no es un Estado; por consiguiente, el Estado es el único que puede ejercer en las relaciones internacionales la autoridad política, la autoridad soberana…".

En este sentido la Nación es un fenómeno extrajurídico, objeto de estudios sociológicos, históricos y filosóficos, es el alma y conciencia Nacional, mientras que el Estado es un fenómeno político y jurídico, tributario del fenómeno nacional. Al respecto, la idea de Nación plantea un problema doble, el de su definición y el de sus relaciones con la noción de población del Estado.

En relación a la idea de Nación, tradicionalmente existen dos conceptos: El concepto llamado objetivo que considera que la comunidad está determinada por elementos tales como las características raciales, lingüísticas y religiosas. Este concepto fue formulado por el francés Gobineau y el inglés Houston Stewart Chamberlain, y tuvo una gran influencia en Alemania nazista, donde las teorías del Nacionalsocialismo lo llevaron hasta sus extremos.

El segundo concepto, llamado subjetivo, abre paso a elementos voluntaristas, ya que considera que el deseo de una vida común es el lazo esencial en la comunidad nacional. A esto se refería en parte el italiano Mancini, en su célebre curso de Derecho Internacional en la Universidad de Turín, en 1851, al definir a la Nación como "…Una sociedad natural de hombres a los que la unidad de territorio, de origen, de costumbres y de idioma, lleva a la comunidad de vida y de conciencia social…" Los filósofos y pensadores franceses hicieron hincapié sobre esta manera de vivir libremente escogida, que constituye lo esencial de la comunidad nacional. El concepto subjetivo no sólo es voluntarista por estribar en una noción de adhesión a un modo de vida, de pensar y de sentir, sino también histórico porque perdura en el tiempo. La Nación aparece como la expresión de una conciencia nacional lentamente moldeada por la historia.

Entre estos dos conceptos tan opuestos, el más adecuado al de Nación podría ser el subjetivo, como lo demuestra Suiza, una nación caracterizada por un querer colectivo que asegura la cohesión, no obstante ser una comunidad nacional con diferencias étnicas, lingüísticas y religiosas.

En cambio el Estado es definido por algunos autores como: "… una colectividad soberana, que no admite otra superior a él, puesto que dispone de la plenitud del poder político..." Charles Rousseau sostiene el criterio de la independencia; según su teoría, la colectividad estatal dispone de una competencia exclusiva en el marco de su territorio; esta competencia es autónoma, es decir, libre para actuar y por último es plenaria.
Por su parte, Colliard señala que "…la noción de independencia, aunque no pueda constituir un criterio jurídico decisivo, debe retenerse como elemento importante de carácter no jurídico…"

Extrañamente, en los textos constitucionales venezolanos ha existido una confusión manifiesta entre los términos Estado y Nación, como ha sido explicado por Ambrosio Oropeza en su libro “La Nueva Constitución Venezolana de 1961”, "…De tal forma ha persistido la confusión entre Estado y Nación a lo largo de nuestro proceso constitucional, con evidente predominio del concepto de Nación o nacionalidad, que todas las constituciones posteriores a la de 1811, no hablan de un Estado venezolano sino de la Nación venezolana, a la que declaran libre de toda dominación extranjera y en la que radica la plenitud de la soberanía…".
Sin embargo, la vigente Constitución de 1999 de la República Bolivariana de Venezuela, aprobada en un Referéndum popular, inicia su Preámbulo con el vocablo "pueblo" para indicar el poder constituyente originario.

Por otra parte, el constituyente, en el segundo aparte del Artículo 1ero cambió la mención jurídico-política de "República", por la mención sociológica de "Nación". Al hacer este cambio consideramos que el constituyente, se refiere al Pueblo como tal, y no al ente jurídico-político que es sujeto de Derecho Público.

Contrario a las Constituciones anteriores, la de 1999, le da predominio al concepto de Estado sobre Nación, al señalar en su Artículo 2º. "…Venezuela se constituye en un Estado democrático…"; Artículo 3º. "…El Estado tiene como fines esenciales…"; en el Artículo 4º. "… la República Bolivariana de Venezuela, es un Estado…"; Artículo 5º. Segundo Aparte: "…los órganos del Estado emanan...": Consideramos que esa confusión aparente de las anteriores constituciones queda subsanada con esta innovación, estabilizándose así la denominación de Estado que viene desde 1810, lo cual coincide con la opinión de los autores que consideran al Estado sometido al derecho o sea un Estado de Derecho (Estado democrático como la personificación jurídica de la Nación).

El verdadero Estado Democrático estructura la organización política de la Nación en principios democráticos. Sin embargo este concepto de Estado es manipulado, distorsionado y extremado en los actuales momentos por la actual administración de la República remplazando el concepto doctrinario de Estado Democrático, señalado en el preámbulo de la Constitución, por el de un Estado totalitario, intervencionista, y personalista parecido al de Cuba, Corea del Norte o al de la antigua URSS. Se pretende así ordenar y controlar el quehacer diario y no sólo las actitudes y actividades laborales y recreacionales de los ciudadanos, sino también sus valores y pensamientos, en nombre de la unidad y bienestar del pueblo venezolano, sin la libertad e independencia de los poderes públicos e instituciones nacionales.

La Democratización Venezolana - La Revolución Cubana

La década de los cincuenta estuvo signada por la guerra fría y Latino América no escapó a ella. Dos procesos enmarcaron esos años cuyas consecuencias aun hoy en día podemos apreciar: El comienzo del proceso de democratización de Venezuela que se inició el 23 de enero de 1958 y el proceso de imposición de una Revolución de corte totalitario a la isla más grande de las antillas, Cuba, un año más tarde, con la entrada triunfal de Fidel Castro y sus milicianos a La Habana el 08 de enero de 1959.
Nacían así estos dos procesos paralelamente, pero totalmente diferentes en sus formas de pensar, ideología, objetivos económicos, políticos, sociales y militares y que se enfrentarían y entrecruzarían desde su nacimiento y a lo largos de los años, como lo veremos en este artículo.

Luego de trascurridos cuarenta años de vida democrática, el proceso "revolucionario" ¿Bolivariano? del Presidente Hugo Rafael Chávez Frías desprestigia, desmonta y trata de sepultar el proceso de democratización venezolano para formar un eje u alianza junto a Fidel Castro y su vetusto proceso revolucionario cubano. Pareciera que fuera la búsqueda de una revancha frente a un pasado histórico que combatió y neutralizó la dictadura cubana por parte de los diferentes Estados democráticos legalmente establecidos en América, especialmente Venezuela, que combatió, derrotó y neutralizó a la guerrilla castrista.

El estudioso del proceso cubano Richard Gott se ha preguntado porqué los países Latinoamericanos no siguieron el patrón cubano después del triunfo de la revolución de Fidel Castro, y a su vez señala que pocos estudiosos se han molestado en averiguar porqué el proceso de democratización venezolano que se inició un año antes que el cubano, no llegó a desarrollar un mayor impulso cuando fue la primera Nación en restablecer la democracia en América Latina, a finales de la década de los cincuenta. Para tratar de entender esto, describiremos las diversas circunstancias y hechos que confluyeron para que el sistema democrático venezolano fuera influenciado de tal manera por la revolución cubana hasta llegar al extremo hoy en día de estar amenazarlo con hacerlo desaparecer.

Es conveniente hacer una retrospección de la influencia cubana en Venezuela y América Latina en las décadas anteriores a 1959. La cancillería Cubana ya desde principios del siglo XX conjuntamente con las de Buenos Aires y México, de alguna manera delineaban la agenda del continente y fijaban el rumbo de las relaciones entre Washington y América Latina. La Organización de Estados Americanos, el Tratado Militar Interamericano de asistencia reciproca de Río de Janeiro, la Política del Buen Vecino del Presidente Franklin D. Rooselvet, y otras iniciativas continentales se concretaron porque contaban también con el apoyo de la influencia de Cuba.

La Habana se había convertido en una ciudad abierta a las oposiciones democráticas de América Latina, el reducto de los exilados políticos antidictatoriales donde se refugiaron intelectuales expulsados por los dictadores de la región. Los cubanos alentaron la independencia de Puerto Rico, la nacionalización del petróleo mexicano por Lázaro Cárdenas, el esfuerzo de la democratización en la Guatemala de los cincuenta y el derecho de Argentina por las Malvinas y de Venezuela por la Guayana Esequiba.

Durante la República pre-castrista, los cubanos enviaron brigadas a la guerra civil española y se opusieron al caudillo Francisco Franco; sus combatientes lucharon al lado de Haile Selasssie cuando las tropas fascistas invadieron a Etiopía; prepararon incursiones al Cayo Confite al norte de la provincia oriental de Cuba, para derrocar a los dictadores Rafael Leónidas Trujillo y Anastasio Somoza; conspiraron contra el tirano haitiano Francois Duvalier; de una u otra manera los cubanos se involucraron en los disturbios que conllevaron al Bogotazo y en la política doméstica de Panamá. Determinados a expulsar por las armas a todos los déspotas del área, organizaron a fines de la década de los cuarenta la famosa Legión del Caribe, donde figuraron entre otros Rómulo Betancourt, José Figueres Ferrer (José Pepe Figueres cabeza política de este movimiento), Juan José Arévalo, Jóvito Villalba, Víctor Raúl Haya de la Torre, Manuel Cachorro Seine, Juan Bosch, Luís Marín, Luis Beltrán Prieto Figueroa y Fidel Castro, de acuerdo a lo señalado por Hubert Matos en sus memorias.

Venezuela desde los siglos XIX y primera parte del XX se había visto marcada por más de un centenar de revoluciones y golpes de estado que la habían sumido en el atraso. Gracias a la intensificación de la explotación petrolera durante el régimen dictatorial de Pérez Jiménez, a mitad del siglo, se habían producido algunos cambios esenciales en la infraestructura del país y se presenciaban progresos incipientes en lo económico, aunque el dictador tuviera secuestradas sus libertades civiles. El 01 de enero de 1958 en un intento de golpe militar en contra del gobierno de Pérez Jiménez, encabezado por oficiales de la Fuerza Aérea se capturó la ciudad de Maracay. El 02 de enero fue sofocado ese intento de golpe, pero el gobierno se había estremecido, y se produjo un movimiento popular espontáneo apoyado por el Ejército.
El 05 de enero, al iniciarse una manifestación en la Plaza O’Leary en el Silencio, por primera vez las brigadas de choque del Partido Comunista emplearon sus armas en contra de las fuerzas del gobierno. El 08 de enero se realizó otra protesta de mayor envergadura, repitiéndose el 14 otra más, esta vez por parte de los obreros y trabajadores y, finalmente, el 21 de enero se produjo un paro general que concluyó con el derrocamiento de Pérez Jiménez el 23 de enero, con la participación de las Fuerzas Armadas, el pueblo y las "…células armadas del partido comunista armas en mano…" de acuerdo a lo señalado por Douglas Bravo en Avec Douglas Bravo dans les maquis vénézuélien.

Inmediatamente tomó posesión del gobierno una Junta Militar compuesta por cinco personas, encabezada por el Comandante de la Armada, el Contra Almirante Wolfgang Larrazábal, y a petición de la Junta Patriótica fueron remplazados dos coroneles por los ciudadanos Eugenio Mendoza y Blas Lamberti. Esto sería criticado años después por el izquierdista Moisés Moleiro en su obra el MIR en Venezuela al señalar que esos señores "… eran tan reaccionarios como los militares…". Una vez en el gobierno, el Almirante Larrazábal emitió la declaración de rigor en el sentido de que Venezuela mantendría su amistad tradicional con los Estados Unidos y protegería las inversiones extranjeras.
El mismo 23 de enero, los dirigentes exiliados de los tres principales partidos políticos de Venezuela se reunían en Nueva York a fin de suscribir un acuerdo para evitar las rivalidades entre los diferentes partidos, hasta que la democracia se restableciera totalmente, suscribiéndolo Rómulo Betancourt, por Acción Democrática(AD), el Dr. Rafael Caldera por la Democracia Cristiana (COPEI) y Jóvito Villalba por la Unión Republicana Democrática( URD).
Acción Democrática había sido el partido más grande y mejor organizado de Venezuela pero había perdido su entusiasmo y la primera reunión masiva que logró concretar se realizó el 04 de julio de 1958 en el exilio. Según John D. Martz en la obra Acción Democrática: Evolucion Of. a Modern Political Party in Venezuela "…Betancourt aprovechó la ocasión para hacer una exposición larga y elocuente acerca de la historia del antagonismo del Partido Comunista internacional…" Prácticamente desde un principio se produjeron rivalidades y enfrentamientos dentro del partido AD así como una división generacional que se materializaría a partir de 1960 con Domingo Alberto Rangel y Simón Sáenz Mérida, este último "…partidario inflexible de las soluciones radicales, lector de marxismo, y entonces devoto admirador de un guerrillero cubano llamado Fidel Castro…".

Para algunos estudiosos del proceso político venezolano, en razón a lo señalado por Fabricio Ojeda, la reunión en el exilio constituyó un error ya que con esa declaración quedó sembrada la semilla de las futuras discordias y odios, entre los que habían permanecido en Venezuela enfrentando a la dictadura y aspiraban que a la caída de Pérez Jiménez se produjeran "… cambios revolucionarios…" mientras que los que se habían ido al exilio simplemente buscaban la oportunidad de "…retomar al juego político donde lo habían abandonado diez años antes…"
El 27 de enero Larrazábal prometió unas elecciones libres para elegir una Asamblea Constituyente y para elegir al Presidente. A pesar de las declaraciones de amistad de Larrazábal hacia U.S.A, existía un sentimiento popular anti estadounidense por haber encontrado exilio Pérez Jiménez en ese país. El 15 de mayo de 1958, al efectuar una gira por América Latina, el automóvil en que viajaba el vicepresidente Richard Nixon junto a su esposa (declarado por la municipalidad de Caracas "persona no grata…") fue prácticamente destrozado. El Almirante Wolfgang Larrazábal declaró públicamente que "…de ser estudiante habría hecho lo mismo…" Betancourt, Caldera y Villalba lo criticaron, pero no protestaron cuando Einsenhower, en prevención a cualquier contingencia respecto de la visita a Nixon, reforzó sus bases en el Caribe.

En julio de ese año el General Castro León, respaldado por varios oficiales exigió la reposición de la censura de prensa y la postergación de las elecciones por tres años, en tanto los sindicatos realizaron un llamado a paro general en apoyo al gobierno. El Almirante Larrazábal exigió entonces la renuncia de Castro León, la cual obtuvo. En septiembre hubo un intento de revuelta por militares descontentos que fue sofocada, y una vez más los sindicatos llamaron a una huelga en apoyo del gobierno la cual fue acatada en toda Caracas, lo que demuestra que el Gobierno tenía el apoyo de los sindicatos y las masas populares.

Para los analistas de esa época, el apoyo por parte de la Junta de Gobierno y del pueblo de Venezuela a la guerrilla castrista de Fidel en la Sierra Maestra con armas y dinero fue determinante. (Se recogieron más de $300.000 con La Marcha del Bolívar a la Sierra Maestra; organizada por José de Jesús Plana y Reinol González). Además en Caracas operaba una delegación del Movimiento 26 de julio abiertamente, lo que dejaba entrever un claro desplazamiento hacia las ideologías de izquierda y Wolfgang Larrazábal, deseando aprovechar esta situación, renunció como jefe de la Junta de Gobierno el 14 de noviembre de 1958, a fin de inscribir su candidatura presidencial como lo había prometido, presentándose como apolítico pero contando con el apoyo de la Unión Republicana Democrática (U.RD.) y el Partido Comunista (P.C.).

Justo antes de los comicios presidenciales de diciembre de 1958 los tres partidos principales Acción Democrática (A.D), la Democracia Cristiana (COPEI) y la Unión Republicana Democrática (U.R.D) firmaron una declaración conjunta de principios, conocida como el Pacto de Punto Fijo, que expresaba que ante el triunfo formarían "…un gobierno de unidad nacional, sin hegemonías partidistas, en el cual estarían representadas las corrientes políticas y los sectores independientes de la comunidad nacional…" pero dejaban por fuera al Partido Comunista Venezolano ( P.C.V.).
Con este pacto se sellaba el acuerdo de Nueva York y en la memoria de algunos dirigentes de la izquierda perduraría este desprecio a su ideología y partido, convertido hoy en día en resentimiento y revancha por algunos personeros del gobierno venezolano.

En los comicios presidenciales Rómulo Betancourt, quien había presentado un programa reformista enfocado hacia la clase media, obtuvo el triunfo con 1.284.092 votos. Larrazábal por su parte obtuvo 903.479 votos y Caldera en el último lugar, 423.262 votos, concurriendo el 93% del electorado a las urnas. No obstante las cifras a nivel nacional, en Caracas Larrazábal ganó con un elevado porcentaje de cinco a uno y durante los días 8 y 9 de diciembre del referido año, la capital fue escenario de violentos disturbios y manifestaciones al intentar sus partidarios que se anulasen los resultados hasta que el propio Larrazábal hizo un llamado a la calma. A pesar de los resultados presidenciales el P.C.V obtuvo tres senadores y doce diputados, Pompeyo Márquez miembro del buró político del Comité Central del Partido Comunista y Carlos Augusto León fueron elegidos Senadores por el Distrito Federal, y Jesús Farias Secretario General del P.C, fue elegido Senador por el estado Zulia, y entre los Diputados electos del P.C. se encontraban Gustavo Machado, Presidente del partido; Guillermo García Ponce, Eloy Torres y Héctor Rodríguez Bauza, por el Distrito Federal; Fernando Key Sánchez por el Zulia; Pedro Ortega Díaz por Anzoátegui; y Eduardo Machado hermano del Presidente del P.C, por Aragua.

Paralelamente a estos acontecimientos el capitán Enrique Jiménez Moya dominicano, de 47 años llegaba a la Sierra Maestra el 07 de diciembre de 1958 procedente de Venezuela en una aeronave C-46, conocida en su versión civil como DC-3, piloteada por José R. Segredo y como copiloto Humberto Armada. Había sido adquirida de la empresa Avianca, por intermedio de Oscar Villar, integrante prominente de la Sección Venezuela del Movimiento 26 de julio, constituyéndose una sociedad anónima, la Mofilonian Air Company cuya actividad económica sería el transporte de carga Caracas Miami y viceversa, todo esto con el visto bueno de las autoridades venezolanas de acuerdo con la ley y especialmente para esta misión.
La aeronave aterrizó en Cienaguilla, Municipio de Campechuela próxima a la Sierra Maestra en compañía de Manuel Urrutia, Luís Bush, Luís Orlando Rodríguez y Willy Figueroa. Llevaba en su carga una importante ayuda en armamento y pertrechos para el ejército rebelde de Fidel Castro enviados por el Contralmirante Wolfgang Larrazábal. Jiménez Moya era el portador de un mensaje para el jefe Guerrillero de la Unión Patriótica Dominicana de Venezuela que lo nombró como su representante en la misión de foguear en la lucha guerrillera a un grupo de jóvenes dominicanos que deberían llegar a la Sierra Maestra.

Venezuela, a partir de 1959 resultaba ser un país de una alta inestabilidad social y política ya que salía de una dictadura y el camino hacia la democracia se encontraba lleno de obstáculos. Con el Pacto de Punto Fijo se trató de neutralizar el caos al conformar un gobierno de unidad nacional. En su territorio se encontraban y se encuentran ricos depósitos de hierro, oro, petróleo y la producción de este último se refinaba en las islas de Curazao y Aruba, donde se localizaba la mayor refinería del mundo. Desde el punto de vista geopolítico de alguna manera todo esto proyectaba a Venezuela al contexto internacional.

La huida de Fulgencio Batista de Cuba el 31 de diciembre de 1958 le facilitó el triunfo a Fidel Castro y evitó un gran derramamiento de sangre. Indudablemente que la posterior entrada triunfal de Castro a La Habana el 08 de enero de 1959 impactó en toda Latino América, especialmente en la juventud venezolana. En esa entrada triunfal Castro señaló: "…estamos en un momento decisivo de nuestra historia. La tiranía ha sido derrotada. La alegría es inmensa y sin embargo, queda mucho por hacer todavía: no nos engañamos, creyendo que en lo adelante todo será fácil. Quizás en lo adelante, todo sea más difícil…" palabras premonitorias del destino del pueblo cubano.

La casi inmediata visita de Fidel Castro a Caracas el 23 de enero de 1959 quince días luego de su entrada triunfal a La Habana, y su primer viaje al exterior, constituyó la demostración de un sentimiento de gratitud por la ayuda moral y material brindada por los venezolanos a la causa de la revolución cubana y de reciprocidad para quienes lo habían invitado a celebrar el primer aniversario de la caída de Pérez Jiménez. Esta visita impactó aún más en Venezuela y creó desavenencias entre los distintos actores políticos del momento, al producirse ésta cuando Wolfgang Larrazábal, a pesar de los resultados electorales, aún mantenía su máxima popularidad además de su franca tendencia izquierdista por la que había ayudado a Fidel Castro al enviarle varios cargamentos con armas y municiones.

Es conveniente reseñar que una vez que triunfó la revolución en la isla de Cuba ello implicaba la necesidad inmediata de romper con la soledad insular del pueblo cubano. La realidad indicaba que todas las esperanzas de los cubanos se depositaron en un rápido triunfo revolucionario en Venezuela. Era natural que esta espontánea actitud se fundara en la evidencia; si la revolución triunfaba en Venezuela o en Centroamericana, se impondría una planificación conjunta de sus economías con las de Cuba. Además para Fidel Castro, Venezuela era el país más rico del continente Americano y una serie de hechos a lo largo de cuarenta y ocho años así lo han demostrado.
Una vez que Fidel llegó a Venezuela fue recibido como un héroe; asistió a la Plaza del Silencio donde pronunció un primer discurso, impactante para su época pero imprudente en su contenido por su condición de visitante, al señalar entre otra cosas: "si alguna vez Venezuela se volviese a ver bajo la bota de un tirano, cuenten con los cubanos, cuenten con los combatientes de la Sierra Maestra; cuenten con nuestros hombres y nuestras armas; que aquí en Venezuela hay muchas más montañas que en Cuba, que aquí en Venezuela hay cordilleras tres veces más altas que la Sierra Maestra, que aquí en Venezuela hay igualmente un pueblo enardecido, un pueblo digno y un pueblo heroico como en Cuba…".

Vale la pena resaltar otras de sus palabras que dejaban entrever sus aspiraciones referentes a Venezuela y que luego de cuarenta y ocho años se ¿han hecho realidad? "…¡Ojalá que el destino de nuestros pueblos sea un solo destino¡ ¿Hasta cuando vamos a estar en letargo? ¿Hasta cuando divididos, víctimas de intereses poderosos? Si la unidad de nuestros pueblos ha sido fructífera, ¿Por qué no ha de serlo más la unidad de naciones? Ese es el pensamiento bolivariano. Venezuela debe ser el país líder de los pueblos de América…".

Posteriormente, en la Universidad Central de Venezuela, en un segundo discurso, incitó e invitó a los estudiantes a participar en la lucha armada: "…Y ustedes los estudiantes, que han sido los defensores de todas las causas justas, que han sido la vanguardia de la libertad en nuestro continente; ustedes, que inspiraron esta idea, los estudiantes venezolanos, no deben descansar ni un minuto en el esfuerzo por ayudar a que se convierta en realidad este sueño de poder reunirnos algún día en la universidad de Santo Domingo, en la universidad de Nicaragua y en la universidad de Paraguay, con la ayuda de los pueblos, con la ayuda de los estudiantes…" y concluye su disertación: "…Yo sé que el día en que se esté combatiendo en Santo Domingo, no faltarán voluntarios, entre el estudiantado y entre el pueblo de Venezuela, que quieran ir a combatir allá. Lo que sí les puedo asegurar a los revolucionarios dominicanos es que no los dejaremos solos, y es con esa promesa con la que me quiero despedir de ustedes: nos veremos en la universidad de Santo Domingo…" Finalmente un tercer discurso fue pronunciado en el Congreso Nacional el día 24 de enero.

Fidel Castro sabía de antemano que Betancourt no sería un aliado contundente en su campaña anti estadounidense al visitar a Caracas; no obstante, Castro insistió en crear un eje político con Venezuela en contra de USA. El 26 de enero Fidel se entrevistaba con el Presidente electo Rómulo Betancourt en su residencia Maritmar en Baruta, durante dos horas diez minutos. Lo conversado no trascendió a la opinión pública. Sin embargo años después se conocerían las versiones a través de Manuel Vicente Magallanes en su obra Tiempo de Tinieblas y de Sanín, Rómulo, a través de anécdotas contadas por el propio Betancourt: "…Castro le propuso, sin preámbulo alguno, que al instalar su gobierno prestara al suyo trescientos millones de dólares, con el fin de hacerle, entre los dos, una jugada maestra a los gringos…" "… Después de escucharlo con paciencia –agrega Betancourt – le contestó que, exhausto y desfalcado como encontraría el tesoro publico, el gobierno en trance de iniciarse estaría más bien en condiciones, porque el déficit fiscal era alarmante, de buscar un empréstito a corto plazo por doscientos millones de dólares, para lo cual se continuaban las conversaciones iniciadas por el gobierno provisorio con un grupo de banqueros de Nueva York. Castro pareció no darle importancia a lo antes expresado, presentando como alternativa que el préstamo no fuera en dinero contante y sonante sino en petróleo. Betancourt le respondió entonces que el país estaba imposibilitado, por su crítica situación económica, tanto para hacerle prestamos en dinero contante y sonante como en petróleo, pues ésta era también una forma de préstamo en efectivo…".

Así se iniciaron las fricciones que recrudecerían con el paso de los meses y los años entre los dos gobiernos de Venezuela y Cuba que tantos enfrentamientos, divisiones, invasiones, sabotajes, muertes, asesinatos y destrucción le costaron a Latino América especialmente a Venezuela.
Sin embargo, todas estas viejas aspiraciones Fidelistas se cumplieron al ascender a la presidencia Hugo Rafael Chávez Frías al beneficiar al Gobierno cubano a través de una serie de tratados y convenios económicos, petroleros y de otra índole.

La ruptura de Betancourt con la izquierda o sea con el P.C.V, fue un hecho que recogía la frustración del golpe de estado de 1948, con un viraje a la derecha, producto por otra parte, de la crisis mundial inmediatamente anterior y del precario equilibrio del sector petrolero internacional. A su vez los problemas planteados por la revolución cubana acentuaron una actitud conservadora por parte de Rómulo Betancourt, por lo que la juventud democrática y comunista bien pronto abrazó el castrismo, ante la indiferencia de los políticos que habían regresado del exilio y que desoyeron sus planteamientos a los cuales tenían derecho por ser los que en su gran mayoría habían enfrentado y combatido a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Entre ellos destacaron las figuras del ex oficial Douglas Bravo, Eloy Torres, Teodoro Petkoff quien se había empeñado muy especialmente en la lucha contra la dictadura.
Una vez sellado el Pacto de Punto Fijo que excluía al P.C.V de participar con los otros partidos en la vida nacional, éste estrechó sus lazos con el Gobierno Cubano y exilados dominicanos para organizar una invasión a República Dominicana. El P.C.V le dio su apoyo al ahora Comandante Jiménez Moya quien luego de llevar a Cuba las armas enviadas por Wolfgang Larrazábal, había participado en el combate de Maffo, donde una esquirla de granada le perforó un riñón, regresando a Venezuela. Una vez repuesto, organizó una expedición con venezolanos que pertenecían al aparato armado del partido y a la juventud comunista venezolana. El 14 de junio de 1959 aterrizaban sorpresivamente en el aeropuerto de Constanza, República Dominicana, en un avión C-46 con insignias adulteradas de la Fuerza Aérea Dominicana con cincuenta y seis hombres abordo. Luego de breves combates en Constanza, Maimón y Estero Hondo con el objetivo de derrocar a Rafael Leónidas Trujillo perecieron casi todos los expedicionarios.
Cuando Fidel Castro asumió el poder en Cuba, los sindicatos venezolanos sucumbieron al control de los marxistas, al igual que los de Panamá, que siempre se habían subordinado a las orientaciones del viejo partido comunista de Cuba. Las maniobras de Blas de la Roca el máximo jerarca marxista cubano, había resuelto el viejo fraccionalismo comunista venezolano, eligiendo una "troika" compuesta por Juan Bautista Fuenmayor, Gustavo Machado y Pedro Ortega.

Seria largo de detallar los enfrentamientos entre los procesos de Democratización Venezolana y la Revolución Cubana. Infinidad de agresiones e intervenciones entre 1959 y 1970 (rebeliones militares, financiamiento, asesoramiento, entrenamiento, suministro de armas a la guerrilla, adoctrinamiento, invasiones etc.) a Venezuela por parte de Fidel Castro, incluso la ruptura con el partido comunista venezolano y sus integrantes a los que atacó con saña llamándolos cobardes, revisionistas, gusanos, mayameros, agentes de la CIA, etc. que lo motivó a publicar Críticas a la Dirección del Partido Comunista de Venezuela. Del lado venezolano existe una amplia bibliografía al respecto entre ellas los artículos, reflexiones y comentarios de ese persistente luchador social Pompeyo Márquez que reconoce el error histórico del PCV y del MIR en la lucha insurreccional. En sus artículos publicados en el semanario ¿Qué pasa en Venezuela?, dirigido por Jesús Sanoja Hernández fallecido recientemente, Orlando Araujo, y Federico Álvarez, escribían sus artículos recogidos en el folleto “Una Polémica Necesaria” y “Sobre la Paz Democrática”.

La Couvre, la historia de un oprobio

El carguero de bandera francesa La Couvre (incubadora) de 4.309 toneladas y 2.155 netas con un calado de 17.8 pies, con una tripulación de treinta cinco hombres y dos pasajeros, el fotógrafo estadounidense Donald Chapman y el reverendo Raoul Desobray dominico de nacionalidad francesa, al mando del Capitán Gerge Dalmas de 49 años, había zarpado del puerto francés de Le Havre a mediados de febrero de 1960, arribando sucesivamente al puerto belga de Amberes donde había estibado una carga de unas ochenta toneladas de material bélico destinado al Ejército Rebelde Cubano. Pasaría luego a los puertos germanos de Bremen y Hamburgo y al puerto inglés de Liverpool, antes de continuar su ruta final a Port Everglades en la Florida, previa descarga del material bélico en el puerto de La Habana.
La carga bélica consignada al Ministerio de las Fuerzas Armadas de la República de Cuba venia amparada por el manifiesto No 1621, partidas 19 y 20, con un total de 1.492 cajas distribuidas en la forma siguiente: 125 cajas de granadas marca M.D.N.F.N 623-750 Materie Explosive; 400 cajas de granadas de la misma marca 1271-750; 29 cajas de municiones 2642-2292; 205 cajas de municiones de seguridad marca M.D.N.F.N 3126-3750; 220 cajas de munición sureté; y 313 cajas de municiones de seguridad M.D.N 3751-4063, munición sureté.
Para su desestiba, se destinó el fondeo en el Puerto de La Habana en los muelles de Pan Americam, en el distrito de Arsenal contiguo a los almacenes de trasbordo, donde en efecto lo hizo a las 08:12 de la mañana del 04 de marzo de ese año de 1960. Se destinaron cincuenta y siete personas escogidas para esta labor entre los obreros portuarios. El personal de vigilancia estaba integrado apenas por dos oficiales del Ejército Rebelde y treinta alistados de la sección de Tanques y del Regimiento de Artillería para tan delicada descarga, y a su vez había concurrido el representante del Ministerio de las Fuerzas Armadas para recibir los pertrechos, el Capitán del Ejército Rebelde Carlos Mir Marrero, suscribiéndose el acta de recibo correspondiente entre el citado oficial y los funcionarios aduanales Carlos Alfaro Galbán y Julio González, procediéndose a la descarga a las doce de ese día.

Al pretender descargar las ochenta toneladas de municiones con el mayor secreto, se violaron todas las reglas marítimas de seguridad y del sentido común en vista de que el barco fue amarrado al muelle, para realizar tan peligroso trabajo, cuando la norma establece que las naves cargados de municiones deben anclarse en la bahía para disminuir las posibles pérdidas humanas y de bienes en prevención de cualquier contingencia tal y como se había realizado en otras oportunidades.

Siete horas más tarde, a las 03:15 p.m. de ese fatídico día, La Habana fue sacudida por una espantosa explosión, quizás al manipular mal las cajas en una de las bodegas del carguero que quedó dividido en dos partes. Se produjo un gran incendio y la parte delantera del buque había sido despedida hacia delante por la fuerza expansiva de la explosión montándose sobre el muelle. Al no tomar las medidas de seguridad que correspondían en este caso, cientos de personas más acudieron al lugar del accidente simplemente para prestar auxilio a las víctimas del desastre y observar la tragedia. Entonces se produjo una segunda explosión media hora más tarde, a las 3,45, de mayores proporciones que la primera. El buque perdió casi la mitad de la estructura, y su popa se destruyó. Se totalizaron más de un centenar de víctimas entre muertos y heridos y se causaron otros daños materiales incluyendo la destrucción de otras naves en los muelles aledaños estimados en más de dos millones de dólares de pérdidas.

Los primeros jefes revolucionarios en hacer acto de presencia fueron el Comandante Ernesto Che Guevara y el Comisionado Municipal Pepe Llanusa quienes se encontraban cerca, e inmediatamente hicieron presencia el Presidente Dorticós; el Primer Ministro Fidel Castro; el titular de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Raúl Castro el comandante Juan Almeida, jefe del Ejército y otros funcionarios del gobierno para dirigir las operaciones de salvamento.

La conclusión apresurada y sin ningún fundamento técnico ni científico obviando toda evidencia criminalística de que esta catástrofe fue el producto de un sabotaje, estuvo caracterizada por declaraciones dadas por las más altas figuras del gobierno que señalaban que el atentado había sido preparado en el puerto de origen, criterio éste que fue expresado ese misma noche públicamente por el líder de la Central de Trabajadores de Cuba CTC, David Salvador, y por José Pardo Llada en el canal 12 "…hemos recogido con plena conciencia la impresión de que estamos en presencia de un sabotaje, planeado y fraguado por los mismos que constantemente bombardean indiscriminadamente al pueblo de Cuba…".

Al realizarse las exequias de las víctimas, el gobierno revolucionario preparó con toda rapidez una marcha fúnebre, con la finalidad de ahogar las posibles manifestaciones de indignación nacional contra el gobierno revolucionario, así como la de utilizar cualquier incidente para denigrar y acusar a los EE.UU. (el imperio). En dicha marcha se concentraron cientos de miles de personas movidas por la solidaridad humana y ante la supuesta posibilidad de una nueva y brutal agresión a la soberanía nacional de Cuba, Fidel Castro, se aprovechó y explotó esta lamentable tragedia de " La Couvre", así como los sentimientos del pueblo cubano para mostrar públicamente la gran fuerza de la milicia, y mediante un largo discurso pronunciado al anochecer del sábado 5 de marzo desde la tribuna que se alzó en el medio del cruce de la intersección de las calles 23 y 12, manipuló la desgracia para su beneficio, y utilizó por primera vez lo que sería su grito o lema de "Patria o Muerte".

Anochecía el sábado 05 de marzo cuando Fidel Castro tomó la palabra. Por la trascendencia histórica de estos sucesos hoy olvidados nos vemos obligados a transcribir parte de ellas por la incidencia que de alguna manera se han visto reflejadas en Venezuela.
Antes que nada empezó diciendo: "…para que no se considere que nos dejamos arrebatar por la pasión, para que se vea claramente que hay un pueblo capaz de mirar de frente, con valor, y que sabe analizar serenamente, que no acude a la mentira, que no acude al pretexto, que no se basa en suposiciones absurdas, sino en verdades evidentes, lo primero que debemos hacer es analizar los hechos…".
Procedió seguidamente a señalar cómo se encontraba Cuba antes de estos lamentables sucesos: "…El país entregado a las nobles faenas del trabajo para vencer las grandes tareas que tenemos por delante: tranquilo y confiado. Y de pronto en una súbita transición, la ciudad estremecida por la explosión. El hongo siniestro alzándose sobre un espectáculo de dolor y de ruinas. La ciudadanía, que no cedió al pánico, localizando la ubicación del desastre para el combate o para el socorro…".

Fidel continuaba su análisis cínico, apresurado e incierto al no tener pruebas reales y concretas de la causa de la explosión a veinticuatro horas de haber ocurrido y señalaba: "… ¿A qué se debía aquella explosión? Se preguntarían muchas personas. ¿Sería un accidente? Es posible que para todos aquellos que no tengan experiencia o conocimiento en materias de explosivos cupiera, para ellos, la posibilidad de un accidente. Se sabe que los explosivos explotan, y es fácil imaginarse que pueden explotar fácilmente: sin embargo, no es así. Y en realidad no resulta fácil que los explosivos estallen; para que los explosivos estallen es preciso hacerlos estallar. Entonces, ¿de qué se trataba?"

Castro ante sus interrogantes se contesta a sí mismo de la siguiente manera: "…y la otra repuesta era que se podía tratar de un sabotaje, pero, un sabotaje ¿Cómo y dónde? ¿Es que los sabotajes se pueden llevar a cabo en presencia de numerosas personas? ¿Es que los sabotajes se pueden realizar en presencia de soldados rebeldes y de obreros portuarios, en pleno mediodía? Sí, era un sabotaje. ¿Cómo se pudo llevar a cabo aquel sabotaje? Y en primer lugar, ¿porqué un sabotaje y no un accidente?..."

Fidel Castro en su frenesí pasó a explicar exhaustivamente las razones que descartaban la imposibilidad de un accidente: "…la calidad de la firma que fabricaba ese tipo de granadas; la experiencia de los obreros que intervenían en la descarga; la vigilancia de los miembros de las fuerzas armadas; las excepcionales precauciones tomadas…".
Y volviéndose hacia sus ayudantes para tomar en sus manos dos objetos cilíndricos de color negro que eran granadas en su envoltura protectora idénticas a las que traía el carguero francés, especuló lo siguiente: "… que esa mañana habían sido lanzadas al espacio desde aviones que volaban a 400 y 600 pies de altura. Y no se registró ninguna explosión…".

Prosiguió su explicación tratando de descartar los culpables en la esfera de los que los trasportaban, custodiaban y descargaban la embarcación indicando: "…Luego había que señalar las otras posibilidades, ¿posibilidad de que hubieren sido los obreros, tripulantes de barco? Muy difícil muy improbable, porque nosotros hemos interrogado, uno por uno, y sobre todo, muy cuidadosamente, a las personas que tuvieron que ver con las bodegas, con la carga, con las llaves; y en primer lugar, las personas que tenían las llaves, que ese día abrieron las bodegas, para comenzar la descarga perecieron en la explosión…".

"…los oficiales del barco estaban en el barco cuando ocurrió la explosión. Y no es de imaginarse que alguien crea posible hacer estallar treinta toneladas de dinamita en un barco y salir ileso. Una parte grande de los tripulantes salvaron sus vidas, pero eso no quiere decir que nadie haya sido capaz de asegurar que al estallar treinta toneladas de explosivos en un barco pueda salir alguien con vida…".

"…de los treinta y seis tripulantes, solo había cuatro personas ausentes: tres mozos, después que habían servido los alimentos de la tripulación, y un engrasador que no estaba de servicio. Es decir, que solamente cuatro personas estaban ausentes en ese momento, por razones absolutamente lógicas. Los demás estaban en el interior del barco, incluyendo los dos pasajeros. Luego, era improbable que hubiese sido realizada aquella operación por algún tripulante del barco…".

Fidel Castro iba cerrando su disertación para buscar un enemigo externo a quien culpar de la tragedia humana que se cernió en el puerto de La Habana ese fatídico día y para lograr la cohesión del pueblo cubano en torno a su revolución, y señaló sin presentar elementos de convicción técnica que indicaran qué había ocurrido: "…la localización lógica del sabotaje había que ir a buscarla al puerto de embarque, donde, por razones obvias, ajenos al dramático acontecer americano, las precauciones serían de tipo rutinario. No era difícil en esas condiciones, instalar cualquier mecanismo capaz de provocar el estallido apenas se comenzara a manipular las cajas…".

"…los interesados en que no recibiéramos esos explosivos son los enemigos de nuestra revolución, los que no quieren que nuestro país se defienda, los que no quieren que nuestro país esté en condiciones de defender su soberanía. Nosotros sabemos los esfuerzos que se hicieron para que pudiéramos comprar esas armas y entre los grandes interesados en que no recibiéramos esas armas estaban los funcionarios del gobierno norteamericano. Y nosotros podemos afirmar, sin que esto sea un secreto, porque si es un secreto, será de esos secretos que lo sabe todo el mundo, y hasta incluso, no es que lo digamos nosotros, lo dijo el gobierno inglés, declaró que el gobierno norteamericano estaba interesado en que no adquiriéramos aviones en Inglaterra. Lo han dicho las propias autoridades norteamericanas, y los propios voceros que hicieron esfuerzos porque no se vendieran armas a Cuba…"

Como hemos podido observar y analizar sólo a través del uso de la palabra, de la retórica, y no de informes técnicos criminalísticos, Fidel Castro tuvo especial cuidado en descartar la conclusión obvia de que el carguero francés La Coubre había hecho explosión a causa del torpe manejo de municiones por inexpertos milicianos y de la posible inviabilidad de que la explosión ocurriere en un barco de bandera francesa con tripulación francesa lo que seguramente significaría la violación y provocación a un país aliado a los EE.UU.

Patria o Muerte

Una vez que Fidel Castro había preparado al público concentrado para las exequias y las había exaltado como suele hacerlo, pasó a utilizar por primera vez, tal y como lo hemos indicado, la frase "Patria o Muerte" sin que la larga fila de ataúdes con los cuerpos de los que habían perdido la vida en La Coubre lo hiciera recapacitar:
"… y sin inmutarnos por las amenazas, sin inmutarnos por las maniobras, recordando que un día fuimos doce hombres solamente y que comparada aquella fuerza nuestra con la fuerza de la tiranía, la nuestra era tan pequeña y tan insignificante, que nadie habría creído posible resistir; sin embargo, nosotros creímos que resistiríamos entonces, como creemos hoy que resistiremos cualquier agresión. Y no sólo que sabremos resistir cualquier agresión, sino que sabremos vencer a cualquier agresión y que nuevamente no tendríamos otra disyuntiva que aquella con que iniciamos la lucha revolucionaria, la de la libertad o la de la muerte; sólo que ahora libertad quiere decir algo más todavía: libertad quiere decir patria, y la disyuntiva nuestra sería patria o muerte…".

Nacía así la frase "Patria o Muerte" no como producto de esa disyuntiva sino de la manipulación del: "…estallido, el fragor inenarrable de la explosión: de materiales y cuerpos lanzados al aire, destrozados; las llamas abriéndose paso. Trozos del buque saltando. Hierros retorcidos. Sangre. Carne quemada, trucidada (despedazada) dispersa por mil lugares. Heridos arrastrándose entre la confusión. Restos humanos por doquier. Humo, dolor, muerte, destrucción…" y de la falsedad de quien o quienes fueron los culpables.

Esta frase se acuñaría a lo largo de los años para justificar el apego y la permanencia en el poder por parte de Fidel Castro desde que fue pronunciada hace cuarenta y siete años. Hoy en día después del tiempo transcurrido de ese lamentable suceso, nada se sabe de lo ocurrido con la explosión a bordo del "La Coubre". ¿Accidente? o ¿Sabotaje? creemos que sólo Dios lo sabe… y el que lo ocasionó.

A la expresión "Patria o Muerte" se le dio un vuelco con el transcurrir de los años agregándosele en el año 1961 la palabra "…Venceremos…" que encierra en ella simplemente el concepto de que la revolución cubana o triunfa o se muere por ella. Posteriormente el 16 de abril de 1961 en las exequias de los fallecidos producto del bombardeo previo a la invasión de Bahía de Cochinos, Playa Girón y Playa Larga, Fidel Castro declaró ante el mundo, "…el carácter Socialista de la Revolución Cubana…" y la decisión de continuar el proceso revolucionario; consecuentemente con las medidas de transformaciones económicas y sociales, nacionalistas y marítimas que fueron anunciadas en Moncada. Posteriormente, ante la caída del bloque soviético, Fidel modificó una vez más su célebre lema "…Patria o Muerte Venceremos…" por el de "…Socialismo o Muerte…" como una especie de reafirmación de su política desarrollada desde 1959, pasando así Cuba a convertirse en el último bastión del marxismo-leninismo, junto a Corea del Norte, pues ya entonces China había abandonado su tradicional posición remplazándola por el de una nación y dos sistemas económicos (Capitalista-Socialista).

Sin embargo existe una extraña coincidencia y manipulación de la voladura de "La Coubre" que venía a ser el mayor desastre ocurrido en el puerto habanero después de la voladura del "Acorazado Maine" de bandera estadounidense, ocurrida el 15 de febrero de 1898, y donde murieron 266 personas entre sus tripulantes. Se desató también en ese entonces una campaña publicitaria que enardeció al pueblo estadounidense, situación ésta que manejada hábilmente logró que el congreso de U.S.A, luego de exaltados debates, aprobase una resolución conjunta el 18 de abril de 1898 y fuese firmada por el Presidente Mc Kinley el 20 del citado mes.

La Resolución señalaba en su artículo 1º: El pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente; El 2º: Exigía que España renunciara a su soberanía sobre Cuba; el 3º: Se ordenaba al Presidente que hiciera cumplir lo anterior, confiriéndole poderes suficientes para usar las fuerzas militares y navales de la nación a dicho fin; el 4º: se dejaba constancia que los EE.UU. declaraban por la presente, que no tenían intención, ni deseo de ejecutar en Cuba, jurisdicción o dominio excepto para la pacificación de la isla y afirmaban su determinación de que cuando esto se hubiese conseguido, dejarían al Gobierno de Cuba, el dominio de su propio suelo.

Esta resolución dio lugar a la guerra hispanoamericana entre U.S.A. y España y permitió la intervención de los EE.UU. en Cuba; con la voladura "La Coubre" ocurrida sesenta y dos años más tarde ocurriría todo lo contrario: era el pretexto que necesitaba la revolución cubana para romper definitivamente con los EE.UU. Lo cierto del caso es que el gobierno cubano se vio obligado a indemnizar a la naviera y a los familiares de los marinos franceses fallecidos en la explosión por violar todas las reglas marítimas de seguridad. Sin embargo la representación teatral dio su resultado y había quedado para la posterioridad el lema "… Patria o Muerte…" el cual evolucionó a: "… Patria o Muerte Venceremos…" luego a "…Socialismo o Muerte…" y ahora en Venezuela "…Patria Socialismo o Muerte…" lemas que han sido repetidos por cientos de personas durante años sin saber su origen y manipulación.

En el funeral de las víctimas de La Coubre ocurriría otro hecho que trascendería el tiempo como lo es la famosa fotografía titulada años después como "Guerrillero Heroico". Fue realizada por el fotógrafo del diario La Revolución, Alberto Díaz (Korda) quien se encontraba a unos 8 o 10 metros de la tribuna donde hablaba Fidel Castro. Cuando se percató que el Che Guevara se acercaba a la baranda, donde se encontraban Jean Paul Sarte y Simone de Beauvier disparó su objetivo. El propio Korda lo relató al reseñar el hecho: "…El Che se había mantenido en un segundo plano. Se acerca a mirar el mar de pueblo. Lo tengo en el objetivo, tiro uno y luego otro negativo, y en ese momento el Che se retira. Todo ocurrió en medio minuto…". Procedió entonces a retirarse al periódico donde reveló el rollo. Korda pensó que era una excelente foto del Che, pero ésta no fue publicada en el periódico La Revolución.

Siete años más tarde esa imagen alcanzaría una dimensión sin precedentes convirtiéndose en un mito, cuando el editor italiano Giangiacomo Feltrinelli a principio de 1967 fue al estudio de Korda en busca de fotos de Che, enviado por la presidenta de la Casa de las Américas, Haydée Santamaría. Korda le obsequió dos copias de las fotos tomadas ese 05 de marzo de 1960. En octubre de 1967 el Che falleció y Feltrinelli imprimió la foto en un cartel de un metro por setenta vendiendo miles de ejemplares con la figura del Che que le ha dado la vuelta al mundo.